Agentes pastorales, capellanes y representantes de diversas jurisdicciones eclesiales, junto a miembros de Cáritas Lima y del Perú, participaron en el Encuentro Regional Lima de la Pastoral de Cárceles. La Eucaristía celebrada en Catedral de Lima fue oficiada por Mons. Jorge Izaguirre, CS.C., obispo de Chosica; y concelebrada por Mons. Guillermo Cornejo, obispo auxiliar de Lima.
Durante el encuentro se reafirmó la misión de la Iglesia de acompañar, dignificar y anunciar el Evangelio a las personas privadas de su libertad, renovando el compromiso de una pastoral que se encarna en la realidad de los establecimientos penitenciarios del país.

Escribe: Carmen López
El Encuentro Regional realizado en la Basílica Catedral de Lima reunió a agentes de la Pastoral Carcelaria del Perú en un espacio de reflexión, formación y comunión eclesial, en el marco del proceso sinodal que vive la Iglesia.
Durante la celebración eucarística, el P. Martín Salgado Arroyo, miembro del Equipo Nacional de la Pastoral Carcelaria y capellán del penal de Chimbote recordó que el centro de la misión evangelizadora es la persona privada de libertad, llamada a ser acompañada desde una mirada de misericordia, esperanza y dignidad.
En ese sentido, invitó a los participantes a reconocer el rostro concreto de quienes han marcado su vocación pastoral en el servicio a los establecimientos penitenciarios.
“Este es el contenido y el reto de la Pastoral Carcelaria: encarnarnos en su realidad, en los penales. Y, si el hacinamiento es el problema fundamental, debemos estar dispuestos a encarnar con ellos sus gozos y esperanzas, sus tristezas y sus sufrimientos”, señaló.
Una Iglesia llamada a tocar, sanar y dignificar
A la luz del Evangelio de la curación del leproso (Mt 8, 1-4), el Padre Salgado reflexionó sobre la actitud de Jesús que se acerca, toca y devuelve la dignidad a quienes eran excluidos de la sociedad.
De igual manera, destacó que la Pastoral Carcelaria está llamada a hacer presente ese mismo estilo de Cristo en los establecimientos penitenciarios, promoviendo una acción pastoral que no discrimina y que acompaña con misericordia.
“Nuestra tarea pastoral en las cárceles tiene que saber expresar la acción de Jesús, que toca sin discriminar; que toca perdonando; que expresa su querer a la sanación, dignificando a la persona”, acotó.
Asimismo, manifestó la necesidad de contribuir a superar los prejuicios sociales hacia las personas privadas de libertad, promoviendo caminos de reconciliación y auténtica resocialización
El testimonio de una vida acompañada por la Iglesia
Como signo del acompañamiento de la Iglesia en los establecimientos penitenciarios, se compartió el testimonio de una interna del penal de Cambio Puente, en Chimbote, quien vivió su proceso de enfermedad acompañada por su familia y la comunidad.
Su historia fue recordada como expresión concreta de la cercanía de la Iglesia con quienes sufren la privación de libertad: “La señora Jackie amó hasta la muerte a Jesús y en quien esperó con esperanza cristiana de eternidad. Ella esperó con esperanza el abrazo definitivo de su Señor”, recordó el capellán.
Mons. Jorge Izaguirre: la Iglesia debe acompañar, acoger y ofrecer vida nueva
Al finalizar la celebración, Mons. Jorge Izaguirre, destacó que la misión de la Pastoral Carcelaria es anunciar el Evangelio en todos los espacios del sistema penitenciario y judicial, promoviendo una cultura de respeto, dignidad y justicia restaurativa.
En ese sentido, afirmó: “las personas privadas de libertad están llamadas a ser acompañadas por una Iglesia que escucha, acoge y camina con ellas, ofreciendo signos concretos de esperanza y vida nueva”, señaló.
La celebración culminó con una representación de la Palabra de Dios por parte de jóvenes de la Pastoral Social de la Casa de Huachipa, y con la presentación de una imagen del Buen Pastor elaborada por internas del Establecimiento Penitenciario Anexo Mujeres de Chorrillos, como signo de fe, esperanza y compromiso pastoral.


