Cardenal Castillo: La fe cristiana no es una conquista, es una inspiración en el Señor

En su homilía del XXI Domingo del Tiempo Ordinario, el cardenal Carlos Castillo reflexionó sobre la identidad de Jesús como el Mesías que entrega su vida. El arzobispo de Lima llamó a comprender la fe como una inspiración que orienta la vida hacia el bien, la gratuidad y la construcción de una paz que no se impone por la fuerza.

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A partir del evangelio de Mateo (16, 13-20), el cardenal Castillo presentó la conversación de Jesús con sus discípulos como un momento de formación para quienes están llamados a continuar su camino. Explicó que Jesús quiere que sus discípulos comprendan progresivamente quién es Él y cómo debe vivir su Iglesia:

«El Señor quiere educar a sus discípulos para que su Iglesia continúe el camino de Jesús con fidelidad y no se desvíe por alguna senda un poco tortuosa o incapaz de poder ser fiel». Esta educación – añadió – ocurre a través de la escucha y del diálogo con sus discípulos para que ellos puedan ir comprendiendo su identidad y su misión.

Los “mesías” que inventamos

Durante su reflexión, el Primado del Perú diferenció la concepción del heroísmo en la cultura peruana respecto a la de otras naciones. Argumentó que, mientras en diversos países la figura del héroe suele asociarse de manera prioritaria a los triunfos bélicos y a la victoria por medio de las armas, en la historia del Perú la noción colectiva de héroe ha estado ligada estructuralmente a la dimensión del mártir: «Los grandes historiadores de nuestra patria dicen que el Perú “es una promesa”, porque todavía no termina de cumplirse». Y añadió:

«Hemos tenido diversas imágenes de quién debe resolver los problemas. Tenemos ideas de “mesías” que inventamos», afirmó. Desde esta perspectiva, la pregunta de Jesús a sus discípulos adquiere una profundidad particular: no basta con reconocerlo como Mesías; es necesario comprender qué significa ser el Mesías.

El Mesías que presenta Jesús no responde a la imagen de alguien que está por encima de las exigencias de la vida. Es, por el contrario, quien entrega su vida. Comprender este misterio nos ayuda a comprender que Dios quiere mostrarnos que nos ama sin medida, para que reconozcamos y sintamos que nunca nos abandona, inclusive, si somos pecadores.

Una paz desarmada basada en el amor y el servicio

Explicó que esta paz no es aquella que termina imponiéndose mediante la fuerza. «No la paz armada que se arregla y después el más fuerte lanza su bomba y, entonces, todos tenemos que obedecerlo; sino acordada, conversada, comprendida profundamente, resolviendo problemas juntos», afirmó.

La expresión “paz desarmante” fue vinculada con la disposición a entregar la propia vida por el bien de los demás. Y puso como ejemplo el caso de los bomberos voluntarios que ponen en riesgo sus vidas para salvar las nuestras: «Muchos de ellos han perdido la vida sin mirarse a sí mismos y han hecho esa línea preciosa que tenemos en nuestra historia, que es la de los mártires del Perú», precisó.

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Cardenal Castillo junto a familiares de víctimas del conflicto armado interno en el Perú.

El Dios que nos sostiene y nos ama

La respuesta de Pedro —«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente»— permitió al arzobispo de Lima profundizar en la imagen de Dios que presenta Jesús: no se trata de un Dios identificado con el poder, sino que «se humilló para salvarnos, un Dios muy diferente de las ideas arrogantes que tenemos como humanos», advirtió.

El Señor no nos condena. Él siempre nos está llamando a recapacitar y a volver al seno del Padre. Por eso decimos que, cuando hacemos algo que está mal y no queremos aceptar esa experiencia de Dios, nos autocondenamos.

En otro momento, el arzobispo limeño reiteró que la fe cristiana «no es una conquista, es una inspiración». Esta inspiración, acotó, no significa vivir solamente de las propias ilusiones, sino aprender a reconocer la presencia de Dios en las circunstancias concretas y orientar desde allí la propia vida.

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Cardenal Castillo junto al Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú (CGBVP)

El cardenal Castillo invitó a reconocer el legado de quienes perdieron la vida sirviendo a los demás. No se trata únicamente de recordar su sacrificio, sino de reconocer aquello que su entrega deja como enseñanza para la sociedad: «nos dejaron un gran legado: el legado de la esperanza de que la humanidad, solamente cuando ama, es verdadera humanidad, no cuando desprecia ni maltrata». Desde allí, hizo una exhortación final a reconocer en quienes sirven y entregan su vida por la paz una expresión concreta de esa humanidad que nace del amor y de la esperanza.

La Eucaristía celebrada en Catedral de Lima contó con la presencia de delegaciones de bomberos voluntarios y de representantes de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS), acompañados por familiares de personas fallecidas en las movilizaciones ciudadanas. También destacó la participación del Coro Nacional de Niños.

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