En su reflexión por el XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, el cardenal Carlos Castillo afirmó que el milagro de la multiplicación de los panes educa a la Iglesia en la gratuidad, el compartir y la solidaridad como fundamento de la vida humana y de la misión cristiana. El arzobispo de Lima recordó que Jesús invita a superar una lógica centrada en la compra, la ganancia y el cálculo para vivir una humanidad fundada en el don gratuito de Dios.
Comentando el Evangelio de Mateo (14, 13-21), el cardenal Carlos Castillo explicó que este pasaje no solo relata un signo realizado por Jesús, sino que también ofrece una enseñanza sobre la forma de vivir y organizar la vida de la Iglesia.
El prelado recordó que Jesús desarrolla su misión en medio de una sociedad marcada por criterios impuestos por el Imperio romano y asumidos también por parte de las autoridades religiosas de su tiempo. Entre esos criterios destacó la lógica del intercambio económico: «Todo se compra, de tal manera que todo tiene un valor económico; y aquí, al revés, se nos dice que Dios ‘da de balde las cosas'».
El Primado del Perú ha insistido en la importancia de recobrar el fundamento de toda experiencia humana: la gratuidad: «El fundamento de todo cuál es? El amor gratuito de la mamá. Y, por lo tanto, la intuición humana fundamental es el amor gratuito, porque somos concebidos gratuitamente, como un don», expresó.

Para el cardenal Castillo, precisamente esa experiencia originaria es la que Jesús propone conservar y extender en la historia: «Lo que nos enseña Jesús y enseña su Iglesia es cómo nosotros vamos a continuar con ese principio gratuito de amor en la humanidad diaria para que el cálculo no nos invada y nos destruya todo».
Educarnos en la gratuidad y no en el cálculo
Por otro lado, al detenerse en el relato evangélico, el arzobispo limeño destacó los gestos de misericordia y compasión que Jesús tuvo ante la multitud que lo acompañaba, actitud muy diferente a la de los discípulos, que pretendían despedir a la gente y no hacerse cargo.
Frente a esta situación, la respuesta de Jesús coloca en el centro la reflexión principal de este domingo: «Denles ustedes de comer.» Según explicó el purpurado, esa respuesta contrasta con una lógica basada exclusivamente en la compra, la ganancia y el beneficio económico.
Nuestra tarea es realizar el don gratuito de Dios en esta historia. Esa es la tarea del discípulo para que toda la historia sea una humanidad gratuita y generosa.
El arzobispo Castillo reiteró que la gratuidad responde a lo más profundo de la condición humana, porque «el ser humano es gratuito constitutivamente. En el fondo, ‘ser’ ser humano, hombre o mujer, es ser solidario, constitutivamente solidario». Por eso, sostuvo que estamos hechos «para adelante, para abrazar, para mirarnos las caras» y para vivir en relación con los demás.
La salvación de Dios alcanza a todos
Ante la hermosa experiencia del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, el cardenal Carlos subrayó que la misión de Jesucristo consiste en restaurar plenamente la humanidad mediante el amor: «Jesús vino a salvar la humanidad, salvar la historia, a salvarnos. Toda nuestra humanidad está invitada a vivir en el amor».
Uno de los puntos más fuertes de la homilía se enfocó en un serio llamado a superar cualquier forma de cristianismo individualista, indiferente a lo que ocurre en la realidad. Por eso, el arzobispo añadió: «No se llega al cielo con una serie de oraciones individualistas, en donde yo pienso en mí nada más y salvar mi alma, y al otro que ‘lo parta un rayo’. Eso no es gratuito; eso es egoísmo. Hay egoísmos espirituales también», advirtió.
El cardenal precisó que la oración debe conducirnos siempre al bien común para que «nos salvemos todos y nos unamos, nos apreciemos, sobre todo, con las personas más pobres, más indefensas».
Compartir el pan para sostener la vida del mundo
El acto de compartir y vivir solidariamente es el mensaje principal que nos deja la liturgia de hoy: «Compartir el pan, para la fe cristiana, no solamente es un derecho humano; es la actitud fundamental con la cual vivimos: lo gratuito. Y, por lo tanto, todos somos importantes y todos somos necesarios. Nadie está de sobra», sostuvo.
Todos somos hijos de Dios y todos somos amados por Dios, inclusive, los más grandes delincuentes que existen en el mundo hoy día. Pero lo que nos dice el Señor es: convirtámonos, salgamos de estas categorías o de pensamientos productivistas, comerciales. ¡Vayamos más allá de eso!
Finalmente, el arzobispo de Lima recurrió al poema El pan nuestro, de César Vallejo, para ilustrar cómo el compartir nace de un corazón reconciliado con los demás. Recordó que el poeta expresa un profundo deseo de salir de sí mismo y de responder al sufrimiento humano mediante un gesto sencillo, pero lleno de significado:
«Y en esa hora fría, en que la tierra trasciende
a polvo humano y es tan triste,
quisiera yo tocar todas las puertas
y suplicar a no sé quién, perdón,
y hacerle pedacitos de pan fresco
aquí, en el horno de mi corazón».
El cardenal Carlos Castillo destacó que Vallejo experimenta la necesidad de pedir perdón y, al mismo tiempo, de reconciliarse compartiendo el pan con los demás: «Él se siente culpable, pide perdón y, simultáneamente, quiere reconciliarse. ¿Cómo? Haciendo pedacitos de pan fresco en el horno de su corazón para todos». Por eso invitó a cultivar «la misma sensibilidad de Vallejo», recordando que la vocación cristiana no puede separarse de la condición humana.
Para ser cristianos, se necesita ser profundamente humanos.
Antes de concluir la Santa Misa, se hizo entrega de las reliquias de Santo Toribio de Mogrovejo a las comunidades del decanato 9. Por estas semanas, las reliquias de nuestro santo patrón visitarán las parroquias de la zona.

