Con el domingo XXIII del Tiempo Ordinario se dio inicio a la celebración del mes por la Familia, un tiempo que busca profundizar en la vida familiar, especialmente a través del diálogo, la oración y la corrección fraterna. La Eucaristía celebrada en Catedral de Lima reunió a miembros de la Comisión de Familia y Vida, laicos, sacerdotes y representante de la Hermandad del Señor de los Milagros de Nazarenas.
Monseñor Guillermo Elías Millares, celebrante de la Eucaristía en la Basílica Catedral de Lima, destacó la importancia de fortalecer los vínculos que se construyen en el hogar y de recuperar la familia como el espacio donde aprendemos a vivir nuestra vocación y nuestras relaciones con los demás.
«Que este mes hermoso de la familia…sea un eje conductual para recuperar esa dimensión tan trascendente como la Iglesia reconoce: el lugar donde aprendamos a ser esposos, hijos, padres, hermanos, abuelos», expresó.
La corrección fraterna como acto de amor
Durante la homilía, monseñor Elías reflexionó sobre el pasaje del Evangelio de Mateo (Mt 18, 15-20), que presenta el camino de corrección fraterna. Frente a una realidad en la que, muchas veces, se puede confundir el amor con el silencio o la tolerancia con la indiferencia, explicó que el verdadero amor también implica tener el valor de acercarse al hermano para ayudarlo.
«Esto requiere de parte nuestra humildad porque implicará mirar al otro no desde nuestra superioridad, sino desde la compasión que es intentar ponerme en los zapatos del Otro poque también nosotros somos pecadores», destacó.
En esa misma línea, monseñor Elías sostuvo que el objetivo de este camino no es excluir, sino conducir a la conversión. Incluso cuando persiste la cerrazón y la comunidad debe protegerse apartándose, la oración por la salvación del hermano no debe cesar.
“El objetivo no es excluir, sino invitar a la conversión hasta el último momento. Solo si persiste la cerrazón, la comunidad se protegerá apartándose, no apartándolo”, afirmó.

La oración comunitaria y la presencia de Cristo
El obispo auxiliar de Lima destacó que las decisiones y acciones que se viven en la tierra tienen una repercusión que alcanza también la vida eterna, y que esta realidad puede experimentarse de manera concreta dentro de las familias.
«Cuando dos o más se ponen de acuerdo, el Padre concede lo pedido. La unidad en la fe es un canal poderoso de gracia. Las familias católicas que perseveran y oran juntas no sólo se mantienen unidas, sino que se convierten en fortaleza contra el pecado y la división», manifestó.
Además, recordó que la promesa de Cristo de permanecer en medio de quienes se reúnen en su nombre está presente hoy, y que alcanza tanto a las familias como a las distintas comunidades, hermandades y grupos que tienen a Jesús como centro de su vida pastoral.
“Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. No importa cuán pequeña sea la reunión, si es en nombre de Cristo, está presente, guiando, sosteniendo, santificando”, expresó.
La familia como espacio de formación y salvación
Finalmente, Mons. Guillermo Elías vinculó la formación que se recibe en la familia con la manera en que cada persona asume sus decisiones y la trascendencia de sus propios actos.
Ante la actual realidad de corrupción y muerte que atraviesa el país, planteó preguntas sobre el papel que tuvo la familia en la formación de quienes toman decisiones que afectan a los demás.
“Hoy, cuando uno mira el país, cuando uno mira la ola demencial de corrupción y de muerte, se pregunta qué pasó con esa persona. ¿De qué familia viene? ¿Qué padre tuvo? ¿Qué familia tuvo? ¿Quién le corrigió? ¿Quién le ayudó realmente a entender la trascendencia de sus actos?”, acotó.
Para el Obispo Auxiliar de Lima insistir en la corrección fraterna, aunque pueda resultar en ocasiones incómoda y complicar la vida cotidiana, constituye un acto de amor y misericordia. Por ello, hizo un llamado a todos los participantes a no permitir que el miedo, la comodidad o el respeto humano impidan acercarnos al hermano cuando necesita ser ayudado.
“El Señor entonces hoy nos invita a la corrección fraterna como un acto supremo de amor y de misericordia que a veces evitamos porque complica nuestra vida. Claro, complica nuestra vida, pero no nos queda otra”, señaló.
La Santa Misa contó con la participación de los hermanos y niños de la Hermandad del Señor de los Milagros de Nazarenas, quienes, acompañados por la imagen del Cristo Moreno, participaron de la celebración eucarística en la Basílica Catedral de Lima.

