Como cada 30 de agosto, la Iglesia de Lima celebra a Santa Rosa de Lima, patrona del Perú, de la Policía Nacional del Perú y de Filipinas. Durante la celebración eucarística en la Basílica Catedral de Lima, Monseñor Guillermo Elías Millares, obispo auxiliar de Lima, destacó la vida de servicio, oración y valentía de la santa limeña, y animó a los fieles a reconocer que seguir a Cristo implica asumir también el camino de la cruz.
Escribe: Carmen López
Durante su homilía, Monseñor Guillermo Elías recordó parte del legado de Santa Rosa de Lima y destacó que su servicio estuvo acompañado de una profunda espiritualidad y de una mirada atenta a la realidad de su país y de su ciudad.
Al referirse a su ejemplo, destacó que la vida de Rosa continúa siendo una referencia para quienes están llamados a servir, especialmente frente a las dificultades y adversidades que atraviesa la sociedad.
«Su ejemplo de firmeza y oración frente a la adversidad inspira a cumplir su misión de resguardar la paz y la seguridad del país, desde la ética y desde ese compromiso de intercesión divina que mueve la vida de Rosa de Lima», expresó.
Un proyecto de vida en Cristo
Retomando el pasaje del Evangelio de Mateo (Mt 16, 21-27), Monseñor Elías presentó el contraste entre la profesión de fe de Pedro y su posterior reacción ante el anuncio de Jesús sobre su pasión, muerte y resurrección, para luego relacionarlo con la vida de Rosa de Lima.
Para monseñor Elías, Pedro, presentado como la piedra sobre la cual Jesús quería construir su Iglesia, todavía no había comprendido el proyecto de Dios. Su rechazo al anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo revela esa dificultad para comprender el camino que Jesús planteaba.
Asimismo, presentó a Santa Rosa de Lima como una mujer que comprendió el proyecto de Dios y buscó reflejar en su propia vida el sentimiento de Cristo, desde su realidad y desde una profunda espiritualidad.
“Rosa tenía perfecta cuenta de la realidad del país, de la realidad de su ciudad, pero también de una honda espiritualidad anclada en Jesucristo y quería, en su cuerpo, en su vida, reflejar el sentimiento de Cristo”, acotó.
Una fe que va más allá de lo anecdótico
En esa misma línea, también llamó a no reducir la figura de Santa Rosa a los aspectos anecdóticos de su vida o únicamente a sus sacrificios. Su ejemplo, explicó, debe ser comprendido desde la profundidad de su espiritualidad y desde la manera en que buscó vivir su fe en Jesucristo.
“Estamos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo individualista, caduco, en el que cada uno quiere sacarle provecho al otro, al país, a la ciudad, sino ser cada vez más conscientes de la necesidad, que la fatiga del cristiano es camino de contracorriente y que cuesta caminar arriba con los valores del Reino”, manifestó.
Seguir a Cristo implica asumir la cruz
Uno de los puntos centrales de la homilía fue la invitación a no separar el seguimiento de Cristo de la cruz. Monseñor Elías recordó que existe la tentación de querer seguir a un Cristo sin cruz, dejando de lado la dimensión humana, el sacrificio y la entrega que forman parte del camino cristiano.
“Seguir a un Cristo sin cruz es más de enseñar a Dios sin esa realidad humana que atraviesa la vida de Jesús. Pedro, no es esto lo que realmente quiero, no has entendido mi proyecto. Jesús nos recuerda que su vía es la vía del amor y no existe un verdadero amor sin sacrificio de sí mismo”, señaló.
En este sentido, la experiencia de Santa Rosa adquiere una particular relevancia. Su vida muestra, según lo planteado por el Obispo de Lima, que la fe no puede permanecer únicamente en el reconocimiento de Cristo, sino que está llamada a expresarse en una vida concreta de entrega, servicio y amor.
Una vida fecunda al servicio de los demás
Antes de concluir, Monseñor Guillermo Elías recordó también que Santa Rosa de Lima, como laica, alcanzó la gloria y dejó un testimonio que invita a poner los propios talentos, energías y responsabilidades al servicio del Señor.
“En cambio, vivir para el Señor, vivir el proyecto del Señor como padre, como madre, como hermano, como profesional, como policía, como enfermera, en el puesto en el que el Señor nos quiera, como cura, como responsable de una nación, como parte de un poder de gobierno, hará que nuestra vida no sea estéril, sino sea fecunda”, exhortando a reflexionar a los presentes desde sus distintas responsabilidades y las acciones o actos que desempeñan en la sociedad, haciendo que la existencia no sea estéril, sino fecunda.
Una oración por el Perú y por el cese de la violencia
Monseñor Elías pidió orar por el cese de la violencia en el Perú y recordó la muerte de Betsy Mallma, dirigente de las Ollas Comunes de San Juan de Miraflores, cuya labor estuvo vinculada al servicio de las personas más necesitadas.
“Que oremos este día porque cese la violencia en el Perú que cobró la vida de Betsy Mallma, dirigente de las Ollas Comunes de San Juan de Miraflores. Una pérdida de una vida hermosa a la que nada ni nadie podrá justificar”, expresó.
La Santa Misa Solemne por la Solemnidad de Santa Rosa de Lima contó con la asistencia de representantes de la Policía Nacional del Perú y del Colegio de Enfermeros del Perú, la celebración concluyó con el canto del Himno Nacional del Perú y del Himno de la Policía Nacional del Perú.
Finalmente, como parte de la celebración, se realizó la entrega de las reliquias de Santo Toribio de Mogrovejo por parte del Decanato 9 al sacerdote responsable del Decanato 10, en el marco de las actividades conmemorativas relacionadas con los 300 años de su canonización.

