Hna. Dilce Pasini sobre Toribio de Mogrovejo: un legado de servicio, acogida y esperanza

Cada 27 de abril, el Perú celebra a Santo Toribio de Mogrovejo, pastor incansable que recorrió extensos territorios para acompañar a su pueblo. Siglos después, ese espíritu de cercanía y entrega sigue haciéndose visible en obras concretas donde el cuidado y la atención se traducen en signos de esperanza. Así lo ha querido recordar la hermana Dilce Pasini, directora de la Casa Hogar Arzobispal Nuestra Señora de la Salud.

Escribe: Carmen López

La Casa Hogar Arzobispal Nuestra Señora de la Salud es un reflejo del legado de servicio, acogida y esperanza que recibimos de Santo Toribio de Mogrovejo. Esta casa hogar acoge a pacientes de bajos recursos provenientes de distintas regiones del país, y les dan hogar, atención médica y digna en medio de la fragilidad en la que se encuentren.

Este legado de Toribio de Mogrovejo – sostiene la hermana Dilce Pasini – se encarna a través del amor, la caridad y la acogida que se brinda de manera desinteresada: «Atendemos a personas que llegan con la salud debilitada, muchas veces sin recursos, y buscamos responder de manera concreta a sus necesidades más urgentes», expresó.

En este espacio, el servicio no se limita a la ayuda material. Alojamiento y alimentación van de la mano con una atención integral que busca sostener también lo emocional y espiritual. «Se les brinda no solo ayuda, sino tranquilidad y confianza, favoreciendo su proceso de recuperación», añadió.

Traducir el anuncio del Evangelio en cercanía y amistad

Si algo marcó la vida de Santo Toribio fue su cercanía con las personas. Hoy, esa misma característica se expresa en una forma concreta de vivir el acompañamiento. «Servimos a quienes más sufren reconociendo en ellos la presencia de Cristo. Por eso procuramos recibirlos con respeto, sin distinción, a través de una presencia que escucha, acompaña y consuela», manifestó la religiosa.

En esa línea, cada gesto cotidiano adquiere un sentido más profundo. No se trata solo de asistir, sino de estar verdaderamente presentes, especialmente cuando el dolor y la incertidumbre se vuelven abrumadores.

Acompañar significa también saber guardar silencio, sostener con la oración y ayudar a descubrir que, incluso en medio del sufrimiento, Dios permanece cercano.

Acompañar en la fragilidad

El trabajo con personas enfermas y sus familias plantea desafíos constantes, muchas veces aparece la impotencia de no poder cambiar la situación, y eso forma parte del día a día en la casa hogar.

«Es una misión exigente que requiere paciencia, sensibilidad y una fe profunda. Sin embargo, en medio de esa realidad, también surgen signos que pueden devolver la esperanza; es ahí donde uno descubre que Dios actúa», comentó.

Este acompañamiento se sostiene gracias a un equipo multidisciplinario, que permite ofrecer una atención más cercana e integral donde cada persona es atendida en su totalidad.

Hna. Dilce Pasini

Asimismo, la religiosa subrayó la importancia de vivir el llamado del santo mediante gestos concretos en los que se haga visible el cuidado. «Implica hacerse cercano no solo con palabras, sino con acciones: escuchar, acoger sin juzgar y compartir el dolor del otro con respeto». Esa entrega, que se extiende las 24 horas, refleja una forma de vivir la fe desde lo cotidiano, donde cada acción -por pequeña que parezca- puede convertirse en un signo de consuelo y dignidad.

Un legado que sigue vivo

A más de cuatro siglos de su paso por el Perú, la huella de Santo Toribio de Mogrovejo no se limita a la memoria. Se hace presente en cada gesto de servicio, en cada historia acompañada y en cada vida sostenida en medio de la enfermedad.

En espacios como la Casa Hogar Nuestra Señora de la Salud, su legado continúa tomando forma, recordando que la verdadera cercanía no se proclama: se vive, especialmente allí donde más se necesita.

Equipo de la Casa Hogar Nuestra Señora de la Salud

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