Misa por el Perú: Descubrir la presencia de Dios en nuestra realidad peruana

En el XVII Domingo del Tiempo Ordinario, el cardenal Carlos Castillo recordó que Jesús nos revela la presencia de Dios en las personas y en la historia, llamándonos a vivir una fe alegre y dialogante capaz de rastrear al Dios de la historia en el corazón de los problemas.

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La Eucaristía este domingo en Catedral de Lima fue ofrecida especialmente por la semana de la Patria, inspirados en el lema: «Unidos en Cristo, con Santo Toribio de Mogrovejo, por un Perú desarmado y desarmante». En este contexto, el arzobispo de Lima remarcó que el anuncio del Evangelio nos conduce a descubrir la presencia de Dios en medio de las dificultades, los sueños y las esperanzas del pueblo peruano. Y agregó:

El cristiano no es una persona que, pretendiendo salvar su alma, se desentiende de la realidad. Dios nos ha creado por amor para que comprendamos su presencia amorosa en la vida y todos lo busquemos en las dimensiones más hondas, en el corazón de la experiencia peruana.

A la luz de la primera lectura, dedicada al joven rey Salomón (1 Re 3, 5.7-12), el cardenal destacó que la petición del nuevo gobernante no estuvo orientada al poder ni a las riquezas, sino al don de la sabiduría para servir a su pueblo: «Salomón nunca pide ni grandezas, ni riquezas, ni poder; pide capacidad, sabiduría para discernir qué es bueno y qué es malo, cómo puede gobernar uno mejor a la gente». Esa actitud – añadió el prelado -es la que agrada a Dios porque permite ejercer la autoridad desde el discernimiento.

En ese sentido, el Primado del Perú sostuvo que la verdadera inteligencia no consiste simplemente en acumular conocimientos, sino en aprender a comprender la vida: «La sabiduría verdadera no es la que reúne a una persona que sabe muchas cosas y ha aprendido, ha leído un montón, sino la persona que sabe penetrar en la vida». Y destacó el significado más hondo de la palabra «inteligencia»: “intus” y “leggere”, es decir, “leer dentro” de las cosas.

Superar un cristianismo «mecánico»

Al comentar el Evangelio de Mateo (13, 44-52), el cardenal Castillo explicó que las parábolas del tesoro escondido y de la perla de gran valor muestran cómo el Reino de Dios se hace presente en la vida cotidiana como un don que espera ser descubierto y acogido con decisión. Por eso, advirtió sobre el riesgo de vivir la fe de manera «mecánica», reduciendo toda la experiencia testimonial y comunitaria al cumplimiento de normas:

«Estamos muy acostumbrados a un cristianismo “mecánico”, en donde aplicamos exactamente lo que dice una ley, pero no la interpretamos. Tenemos que buscar a Dios en las realidades. Dios nos ha enseñado, por medio de Jesús, la verdadera Verdad. Y la Verdad es el amor», reflexionó.

El arzobispo de Lima reiteró que no existe una fe automática o instantánea: «No hay cristianos ipso fácticos. “Yo soy cristiano ipso facto”, algunos pueden pensar. “Yo me bauticé y ya soy católico, apostólico, romano”. Pero resulta que, luego, desprecias a la gente, te crees la divina pomada. ¡Eso no es ser cristiano! Ser cristiano es aprender a comprendernos permanentemente todos, unos de otros, corregirnos. Por lo tanto, no hay una fe cristiana instantánea».

La Iglesia tiene que ser Sinodal; es decir, una Iglesia que comparte, que discute y aclara las situaciones. Conversando tenemos que descubrir por dónde está la presencia de Dios y cómo la alentamos.

Citando un pasaje de José María Arguedas, recordó que el Señor puede manifestarse en quienes parecen ‘insignificantes’ a los ojos del mundo: «Hay muchos aquí que no conocemos a Dios, pero por lo que somos, podemos ser realmente de Dios, porque somos sus hijos». Por último, hizo una nueva exhortación:

«Abramos los ojos y el corazón a la presencia de Dios en nuestro país en medio de toda la tragedia que estamos viviendo. Vamos a rescatarlo y a dejarnos guiar por Él para amarnos de verdad y hacer el Perú que siempre hemos soñado; el Perú de todas las sangres, que se unen y se aman, se apoyan, se alientan y superan todos los problemas y dificultades que podemos tener».

Durante el momento de la ofrenda, un grupo de niños hizo una representación de los santos en el Perú, recogiendo, a través de este gesto sencillo, toda la diversidad cultural de esta tierra ensantada. Junto a este signo, se ofreció la bandera peruana, una variedad de panes y las sagradas imágenes que recogen toda nuestra tradición cultural.

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