Las reliquias de Santo Toribio recorrieron en peregrinaje el decanato 4 de nuestra arquidiócesis limeña. Su decano, el Padre Miguel Ángel Vassallo, resaltó la sensibilidad de nuestro santo patrón en defensa de la dignidad humana y su ímpetu por impulsar una Iglesia en salida.

Escribe: Carmen López
Las comunidades parroquiales de Magdalena del Mar y San Miguel han recibido la bendición de la visita de las reliquias de Santo Toribio de Mogrovejo, patrón del episcopado peruano. En una reciente entrevista concedida a nuestra oficina de prensa, el Padre Vassallo reflexiona en torno al testimonio de cercanía e inculturación con los pueblos nativos, un ejemplo que debemos interiorizar en la vida de la Iglesia.
Las parroquias del decanato 4 recibieron las reliquias de Santo Toribio de Mogrovejo, ¿cómo se ha vivido este encuentro en las comunidades parroquiales?
Ha sido recibido con especial veneración y respeto, también con emoción. No es algo común que la reliquia de un santo visite una comunidad. Para la Iglesia de Lima, su figura representa una gran bendición por el testimonio de su vida y entrega.
El traslado de las reliquias no solo se hizo en las parroquias, también visitó los colegios de nuestro decanato y otros centros de estudios, porque todos necesitamos que el misterio de su presencia en nuestra historia nos acompañe y nos inspire. Definitivamente, el fruto espiritual más concreto ha sido el querer conocer más a Santo Toribio: su vida, su persona y su espíritu misionero.

El Cardenal Carlos Castillo nos ha recordado la importancia de no vivir un catolicismo ‘estándar’, sino una fe que valore la diversidad, ¿cómo aplicar este llamado en la vida de nuestras comunidades?
A partir del ejemplo de Santo Toribio de Mogrovejo, estamos llamados a crecer y salir de nuestras comunidades. En la evangelización urbana, por ejemplo, podemos encontrar una diversidad de modos de vivir de la gente. Nosotros salimos a visitar plazas, a hacer bendiciones de edificios, y eso enriquece lo que ya veníamos haciendo.
En un mundo marcado por conflictos y divisiones, el Papa León XIV insiste en el diálogo como camino, ¿cómo puede la Iglesia ser un espacio de encuentro y no de división?
La Iglesia siempre está abierta a abrazar a todos. Esto tenemos también que entenderlo como una aplicación de la tolerancia. La tolerancia es respetar al que piensa distinto, sabiendo que la otra persona también va a respetar lo mío.
Yo no tengo por qué devaluar mi fe frente a una persona que piensa distinto, pero sí puede haber una convivencia maravillosa y realizar acciones comunes, porque todos buscamos el bien de la sociedad. Entonces, la parroquia da apertura a todos los que deseen un diálogo con nosotros, una búsqueda de Dios, una búsqueda de Cristo. Jamás debe ser un espacio de división, sino de encuentro y de comunión.

Por último, ¿qué mensaje le puede dar a todas nuestras comunidades parroquiales después de la experiencia de estos días?
Yo creo que, a ejemplo de Santo Toribio, tenemos que destacar, primero, la dimensión misionera. Santo Toribio no se quedó en su sede, no se quedó sentado: él salía a evangelizar. Tener esta cultura del encuentro, la cultura misionera, la búsqueda de caminar juntos, la sinodalidad.
Después, también, no olvidar que la Iglesia no es solamente un grupo humano, sino que es una realidad querida por Cristo. Santo Toribio, lo primero que hacía al levantarse, era orar. Entonces, su ejemplo nos tiene que llevar a ser comunidades orantes, que lo busquen a Él para después anunciarlo, anunciar lo que nosotros estamos viviendo.
Luego, rezar siempre por el clero. Santo Toribio fue una persona muy dedicada al clero. Se preocupó siempre porque la gente rece para tener pastores según el corazón de Dios.
La caridad concreta también: Santo Toribio buscaba condiciones más dignas para la gente sufriente, en ese tiempo los indígenas y los esclavos; y donde iba, donde misionaba, trataba de mejorar las condiciones de trato, promoviendo la misma dignidad para todas las personas, independientemente del estatus social en el cual se encuentren.
Yo creo que va por ahí el compromiso que tenemos todos: salir, la vida interior, la caridad. Y, como todos los santos, Santo Toribio también es un ejemplo de amor a la Virgen Santísima. Tenemos el milagro de la Virgen de Copacabana, una imagen asignada para que nuestros hermanos indígenas la veneren. La devoción mariana es parte esencial en nuestra vida comunitaria y cristiana.
