Asamblea Sinodal de los Movimientos Laicales: un camino de comunión y misión

Los Movimientos Laicales de la Arquidiócesis de Lima vivieron con alegría su Asamblea Sinodal como signo de compromiso y renovación hacia una Iglesia que escucha, dialoga y discierne los desafíos de nuestro tiempo. El encuentro se desarrolló en el Colegio Nuestra Señora de Copacabana, en el distrito del Rímac, y reunió a laicos, jóvenes, adultos mayores, agentes pastorales y sacerdotes, quienes reafirmaron su compromiso con una Iglesia diversa y sinodal. 

Escribe: Carmen López

La jornada inició con la ponencia de Silvia Cáceres, asesora de la Comisión Episcopal para Jóvenes y Laicos y secretaria general de Cáritas Lima, quien reflexionó sobre el papel de los laicos en la vida de la Iglesia y su compromiso con la realidad social.

Durante su intervención, recordó que la vocación laical está llamada a hacerse presente en medio de los desafíos de nuestro tiempo: “Estamos llamados a vivir una fe encarnada, inserta en la vida, en nuestra sociedad, en nuestra gente, en nuestro pueblo y en nuestra comunidad”.

Asimismo, destacó la importancia del discernimiento como una actitud permanente para descubrir la voluntad de Dios en cada circunstancia. “No solo queremos conocer lo que hiciste, Señor; queremos preguntarte hoy qué tenemos que hacer para seguirte”, expresó.

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Cáceres también subrayó la responsabilidad de los laicos en la construcción del bien común y en la transformación de aquellas realidades que afectan la dignidad humana, animando a los participantes a vivir su compromiso cristiano desde el servicio, la corresponsabilidad y la cercanía con quienes más lo necesitan. 

La sinodalidad como camino de participación y discernimiento  

En otro momento, el padre Juan Bytton S.J., asesor de la Comisión de Sinodalidad en la Arquidiócesis de Lima explicó la metodología de la Conversación en el Espíritu señalando que este proceso se desarrolla en tres momentos —yo, tú y nosotros—, donde la escucha, el discernimiento y la construcción de consensos permiten reconocer la acción del Espíritu en la comunidad.

“Se aprende a ser sinodales practicando la sinodalidad”, afirmó, al destacar que este estilo de Iglesia se fortalece en la experiencia concreta del encuentro, la escucha mutua y la participación activa de todos los miembros de la mesa.

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Asimismo, precisó el rol de los facilitadores y secretarios en cada grupo de trabajo, encargados de acompañar el diálogo, ordenar los tiempos y recoger los frutos del discernimiento comunitario. En ese sentido, subrayó que el objetivo del proceso no es la toma de decisiones inmediatas, sino la acogida de las distintas voces para construir juntos un camino común. 

La Iglesia sinodal no es democracia ni un parlamento; el Espíritu Santo tiene otro modo de trabajar: el consenso

P. JUAN BYTTON S.J.
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Frutos del diálogo y discernimiento comunitario  

Durante el plenario, los secretarios de las mesas compartieron los principales frutos del diálogo y discernimiento realizado durante la Asamblea. Entre las coincidencias más destacadas surgió el llamado a fortalecer la presencia evangelizadora de los movimientos laicales en medio de los desafíos actuales, especialmente entre los jóvenes, las personas alejadas de la vida eclesial y quienes más necesitan acompañamiento.

Uno de los participantes expresó que el desafío es que “nuestros movimientos sean agentes evangelizadores, acorde a los tiempos y necesidades actuales, en salida, sin miedo, con buena actitud y de forma creativa, especialmente hacia quienes más lo necesitan”. En ese sentido, se propuso impulsar nuevas formas de anunciar el Evangelio a través del arte, la música, la cultura y la educación, como caminos de acercamiento a las nuevas generaciones.

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Asimismo, los representantes de las mesas coincidieron en la importancia de continuar fortaleciendo la formación de los laicos y de leer con atención los signos de nuestro tiempo. “Necesitamos escuchar los gritos reales de la sociedad, descubrir sus necesidades y aprovechar todos los carismas de la Iglesia para responder juntos a los desafíos contemporáneos”, señalaron. 

Mons. Guillermo Cornejo: una riqueza que debe compartirse  

Al concluir la Asamblea, monseñor Guillermo Cornejo, Obispo Auxiliar de Lima y encargado de la Comisión de Movimientos Laicales, agradeció la participación de los distintos movimientos y destacó la riqueza de los testimonios compartidos durante la jornada de escucha. 

“Escuchar su vida, su testimonio y su compartir ha sido muy enriquecedor. Hay una gran riqueza que no puede quedarse aquí ni permanecer solamente en cada movimiento; tenemos que ofrecerla y ponerla al servicio de los demás”, expresó.

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Asimismo, animó a los participantes a seguir fortaleciendo su compromiso con la Iglesia local, valorando los diversos carismas presentes en la Arquidiócesis de Lima y su aporte a la misión evangelizadora. En ese sentido, recordó que el reconocimiento más importante nace del servicio generoso a Dios y a los hermanos.

“Los valoramos muchísimo y tienen una gran riqueza. Nuestra Iglesia los quiere y los necesita. Con mayor razón, ahora que caminamos juntos en este proceso sinodal, estamos llamados a seguir ofreciendo nuestros dones para el bien de toda la comunidad”, señaló.

Finalmente, invitó a los movimientos a compartir con otros lo vivido durante la Asamblea Sinodal y a continuar anunciando con alegría el Evangelio desde sus distintos espacios de servicio pastoral. 

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