Escuchar para caminar juntos: rostros de una Iglesia cercana 

En medio de las dificultades y del ritmo acelerado de la vida, escuchar a los demás puede abrir caminos de esperanza y recordarnos que no estamos solos. A pocos días de la visita apostólica del Papa León XIV al Perú, cuatro testimonios nos invitan a preguntarnos: ¿qué Iglesia somos y qué Iglesia estamos llamados a ser? En sintonía con la reflexión del Santo Padre sobre el documento Gaudium et spes, estas historias nos acercan a una Iglesia que escucha, aprende de quienes encuentra en el camino y se compromete con sus vidas.

A pocos días de la visita apostólica del Papa León XIV al Perú, cuatro testimonios nos invitan a reflexionar sobre la Iglesia que estamos llamados a ser. A la luz de la reflexión del Santo Padre sobre Gaudium et spes, estas experiencias nos recuerdan que prepararnos para este encuentro también significa aprender a escuchar, acoger y acompañar a quienes encontramos en nuestro camino. 

Desde la acogida a los migrantes hasta el acompañamiento a los jóvenes, estas historias muestran que ser Iglesia es vivir nuestra fe en acciones concretas, siguiendo el ejemplo de Jesús y comprometiéndonos con la vida de los demás. 

P. Ricardo Medrano: Una Iglesia que escucha y aprende de quienes llegan  

Desde la parroquia Santa Teresita del Niño Jesús, en el Cercado de Lima, el padre Ricardo Medrano acompaña a la comunidad migrante venezolana a través de la Pastoral Divina Pastora. En este encuentro, la acogida no se limita a abrir las puertas del templo: también implica escuchar las historias de quienes han dejado atrás a sus familias y deben comenzar una nueva vida lejos de su tierra. 

«La primera necesidad que ellos tienen es de escucha, de escucha, porque vienen con el dolor de haber dejado familia, de haber dejado sus cosas allí en Venezuela; vienen a un país extraño muchas veces, donde vienen solos, donde no hay nadie que los reciba», explicó el sacerdote. 

Pero este acompañamiento también se convierte en una oportunidad para aprender de quienes llegan. Para el padre Ricardo, la fe y la fortaleza con las que los migrantes afrontan las dificultades son un testimonio que interpela a toda la comunidad. 

«Aprendemos de ellos, de que la vida a veces nos puede golpear muy duro y a no perder la alegría, no perder la esperanza», añadió. 

Beatriz Durán: encontrar una familia lejos de casa  

Para Beatriz Durán, migrante venezolana y coordinadora de la Pastoral Divina Pastora, acercarse a la parroquia Santa Teresita del Niño Jesús significó reencontrarse con su fe y descubrir una comunidad que la acompañaría en el Perú. 

Su experiencia de acogida se ha hecho especialmente visible en los momentos difíciles. Beatriz recuerda cómo la comunidad parroquial se acercó a ella y a sus compañeros para brindarles consuelo y apoyo. Más que un gesto aislado, fue una muestra de que no tenían que afrontar solos las situaciones dolorosas. 

En ese camino, la parroquia y la comunidad migrante se han convertido en un espacio de confianza y pertenencia. «He conseguido aquí una familia, una familia en quien apoyarme, una familia en quien contar», señaló. 

Esta acogida también ha permitido que las distintas culturas se encuentren y enriquezcan la vida parroquial. A través de celebraciones, bingos, kermeses y otras actividades, los hermanos migrantes comparten sus costumbres y se integran a la comunidad. Para Beatriz, esta convivencia ha generado «una sinergia, una sincronía bien bonita como parroquia», añadió. 

Ariana Neciosup: acompañar al Otro también nos transforma  

A sus 20 años, Ariana Neciosup ha descubierto que el servicio no consiste únicamente en ofrecer algo a los demás, sino también en dejarse transformar por cada encuentro. 

Como voluntaria del programa Experiencias Solidarias, del Centro de Asesoría Pastoral Universitaria (CAPU-PUCP), participa en espacios de acompañamiento donde las conversaciones, los gestos sencillos y las historias de vida adquieren un significado especial. 

A través de estas experiencias, ha aprendido a mirar al otro más allá de sus circunstancias y a reconocer que todos necesitamos ser escuchados, acompañados y valorados. «Después de tantos encuentros, aprendí a reconocerme en el otro y a reconocer al otro en mí», expresó

Para Ariana, estar cerca de una persona no siempre significa tener las palabras correctas o encontrar una solución a todos sus problemas. A veces, el acompañamiento comienza con algo tan sencillo como compartir una conversación, una canción, una broma o sentarse a escuchar. 

Esta experiencia también ha transformado su manera de comprender la fe y el servicio. Como ella misma señala, «cuando creemos que vamos a acompañar, terminamos siendo nosotros quienes también somos acompañados». 

Desde esa vivencia, Ariana comparte un mensaje para la Iglesia, especialmente ante la próxima visita del Papa León XIV: los jóvenes necesitan encontrar una comunidad que los escuche, los acompañe y les permita reconocer que tienen un lugar en ella. 

«Una Iglesia que no solo nos diga qué hacer, sino que camine a nuestro lado mientras aprendemos a hacerlo», afirmó. 

Marcos Gallardo: escuchar a los jóvenes antes de dar respuestas  

Desde su participación en la Comisión Promotora de la Vicaría de la Juventud, el seminarista Marcos Gallardo ha podido reconocer que detrás de las búsquedas de los jóvenes hay, muchas veces, una necesidad profunda de pertenencia, acompañamiento y encuentro con Dios. 

Por ello, considera que la pastoral juvenil está llamada a escuchar sus inquietudes y comprender sus realidades antes de ofrecer respuestas. No se trata de juzgar sus procesos, sino de generar espacios donde puedan compartir sus dudas y dificultades con confianza. 

«Hemos comprendido que el primer paso de la pastoral con jóvenes no es dar respuestas preconcebidas, sino abrir espacios seguros donde sus dudas, dolores y búsquedas reales sean acogidas con empatía y sin juicios», explicó. 

Este camino también supone reconocer a los jóvenes como protagonistas de la vida de la Iglesia y de su misión. Para Marcos, acompañarlos significa confiar en ellos, caminar a su lado y permitir que descubran cómo poner sus dones al servicio de los demás. 

Ante la próxima visita apostólica del Santo Padre al Perú, los jóvenes desean encontrarse con él, escuchar su mensaje y compartir sus inquietudes, su alegría y su deseo de participar activamente en la misión de la Iglesia. Quieren, además, seguir construyendo una comunidad en la que puedan vivir su fe y servir junto a otros. 

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