«Dios nos ama gratis y no nos cobra». Con estas palabras, el Cardenal Carlos Castillo ha querido recordar, en la Fiesta del Ascensión del Señor, la entrega generosa del Hijo que nos ha educado en su amor para servir a la humanidad y no servirnos de ella. En tiempos en que la ambición del «dios dinero» corrompe instituciones y personas, el Primado del Perú saludó la actitud de los jóvenes que, a través de su voz sincera, claman un mundo más solidario y menos indifirente a los problemas.
El arzobispo de Lima inició su homilía recordando que el misterio de la Ascensión nos ayuda a comprender que Dios «no es indiferente a nuestras realidades», y que nos deja, a través de sus discípulos, sus gestos y enseñanzas para seguir irradiando el amor que nos mostró. Hoy, la Iglesia está llamada a continuar este camino: «acercándonos a los pueblos y dando testimonio del Dios que se ha abajado para identificarse con nosotros y no excluye a nadie».
En ese sentido, el Cardenal Castillo reflexionó en torno a la pedagogía de Jesús para educar a sus discípulos con la delicadeza del Padre que ama a sus hijos y comprende al ser humano, no lo castiga ni condena, sino que lo invita a compartir la experiencia del don gratuito de su amor.
Incluso, después de su Resurrección, el Señor se aparece a ellos, les da instrucciones y los guía: «Vayan a todos los pueblos y bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». ¡Sin excluir a ninguno!
Su Eminencia reiteró que la educación que recibimos de Jesús es «una educación humana que quiere, ante todo, formar a la persona para que crezca, sea libre y constituya una relación de hermandad que dé vida a todos».

La educación no es un negocio
En otro momento, el arzobispo de Lima rechazó severamente las lógicas de la especulación económica que corroen nuestras instituciones educativas y nos vuelven egoístas. Afirmó que, en este último tiempo, «se está infiltrando, en el corazón de nuestro país, el convertir la educación en un negocio», lo cual impide que las personas que estudian «se formen como seres humanos al servicio de los demás». Y agregó:
Ahora la moda es: “Convirtamos las universidades en negocios para sacar nuestra buena ganancia”. Y no importa que el país se destruya o se hunda.
En este contexto, Carlos Castillo se solidarizó con el justo reclamo de estudiantes de dos reconocidas universidades en el país: la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Insistió en que el enriquecimiento a costa de la educación no puede ser el principio rector en el país. «Venimos a pedir al Señor que espante de nosotros una educación que lo único que busca es ganar dinero y olvidarse de las personas, especialmente, las más pobres».
El arzobispo Castillo alzó enérgicamente su voz para advetir:
La ideología del dinero, hermanos y hermanas, es el principal enemigo del cristiano y de Dios.
Dirigiéndose a los jóvenes estudiantes de ambas universidades, pidió el cese de toda acción violenta y saludó el clamor que nace de ellos para reclamar «por una sociedad que atienda a todos y declare la guerra a la ambición del dinero».
«¿Saben por qué el dinero es más peligroso para Jesús que el diablo? Porque la gente ve el dinero crecer, lo ‘cultiva’, lo ‘adora’ y le prende velitas», denunció. Frente a este escenario, el prelado aseveró que sólo el camino del servicio nos puede ayudar a salir del entrampamiento, pensando en el bien común antes que llenarse los bolsillos.

La Eucaristía de este domingo VII de Pascua contó con la presencia de la Hermandad del Señor de Áncara y el coro de niños de la Parroquia San Lucas.