La Comisión Arquidiocesana de Fe y Cultura y la Congregación de la Misión presentaron el libro “Monseñor Emilio Lissón Chávez, un pastor humilde (1872-1961)”, publicación que busca acercar a nuevas generaciones a la vida, misión y legado del Arzobispo de Lima, en el marco de la causa de proceso de su canonización.

Escribe: Carmen López
La actividad se realizó en el salón parroquial de la Virgen Milagrosa, en Miraflores, y contó con la participación de diversos actores entre ellos: del Cardenal Carlos Castillo Mattassoglio, Arzobispo de Lima; el P. José Antonio Ubillús, presidente de la Comisión Arquidiocesana de Fe y Cultura; Kelly Montoya Estrada, directora del Archivo Arzobispal de Lima, sacerdotes, religiosas y laicos.
Durante la presentación, el Cardenal Carlos Castillo destacó la importancia de recuperar la historia de la Iglesia y comprender cómo su misión se desarrolla en medio de las distintas épocas y realidades. “El papel que la Iglesia va teniendo en el corazón de la sociedad peruana y la sociedad limeña también”, señaló el Arzobispo de Lima, quien explicó que la fe permanece en su esencia, pero está llamada a renovarse y responder a las circunstancias concretas de cada tiempo.
Esa vivencia va cambiando según la historia cambia, no en el sentido de hacer una nueva religión cada vez, sino en renovar y actualizar la profundidad de lo que recibimos.
CARDENAL CARLOS CASTILLO
Un pastor que abrió nuevos caminos
En otro momento de su intervención, el Cardenal Castillo resaltó la figura de Monseñor Lissón como un hombre capaz de innovar y, al mismo tiempo, recuperar elementos fundamentales de la tradición misionera de la Iglesia en el Perú, especialmente el camino iniciado por Santo Toribio de Mogrovejo.
“Lissón, al innovar y al retomar ciertas cosas de la tradición de nuestra Iglesia, como el camino de Toribio, ejemplo que se ha mencionado, logró, podríamos decir, en nuevas formas, dinamizar a la Iglesia”, sostuvo.
Para el Arzobispo de Lima, esta capacidad de generar nuevas iniciativas pastorales constituye uno de los aspectos más significativos del testimonio de Lissón. Recordando que la misión de la Iglesia pasa por construir comunidad, caminar juntos y buscar nuevas formas de anunciar el Evangelio.
También recordó que el testimonio de Lissón estuvo marcado por dificultades e incomprensiones, especialmente durante los últimos años de su ministerio como arzobispo. Sin embargo, destacó que, pese a esas circunstancias, continuó viviendo su misión y obedeciendo a la Iglesia. “Y por eso es más razón para que sea santo. No, porque normalmente los santos son los que han sufrido por la palabra de Dios y por el testimonio de Cristo”, expresó.
Una sólida formación intelectual
Por su parte, el P. José Antonio Ubillús destacó la formación intelectual y pastoral de Monseñor Lissón, frente a algunas de las acusaciones que históricamente se formularon contra él.
El presidente de la Comisión Arquidiocesana de Fe y Cultura recordó que Lissón recibió una formación inicial en Arequipa y posteriormente fue enviado a París, donde realizó el noviciado y continuó sus estudios filosóficos y teológicos.
“Monseñor Lissón, después de haber recibido esa muy buena formación en el Colegio San Vicente de Paúl, dirigido por el padre Hipólito Tumamel en Arequipa, y luego de ingresar a la congregación fue enviado a París”, explicó.
Asimismo, José Ubillús resaltó la faceta investigadora de Lissón y su interés por la historia, recordando la investigación que realizó en el Archivo de Indias y que posteriormente fue publicada en varios tomos bajo el título “Documentos para una historia de la Iglesia de España en el Perú”. “O sea que tenía una muy buena preparación intelectual”, concluyó.
Un testimonio que continúa hablando a las nuevas generaciones
Durante la presentación, Kelly Montoya Estrada, directora del Archivo Arzobispal de Lima, recordó algunos episodios del ministerio de Monseñor Lissón y destacó especialmente su cercanía con la misión y con las personas más necesitadas.
Entre los testimonios compartidos, recordó un episodio ocurrido durante una misión en los callejones del Solar de San Guillermo, donde, ante la petición de los vecinos de celebrar la Santa Misa y después de que esta les fuera negada en otros lugares, recurrieron al entonces arzobispo de Lima.
“Al final nos exigieron misa y, como en todas partes nos fuera negada, recurrimos al arzobispo de Lima, Mons. Emilio Lissón, quien la celebró en un callejón. Ante el éxito, nos ordenó seguir y reunirnos con él todos los domingos a las cuatro en el seminario”, relató.
Este episodio permite acercarse a una de las características que atravesaron el ministerio de Lissón: su capacidad para acercarse a las personas, acompañar las iniciativas evangelizadoras y abrir caminos para la misión.
Al finalizar su intervención, Kelly Montoya invitó a los presentes a acercarse a la publicación y conocer, a través de sus páginas, la vida y el testimonio de quien fuera Arzobispo de Lima.



