De cara a la visita del papa León XIV por Perú, Argentina y Uruguay, el cardenal Carlos Castillo sitúa a la región de América Latina en el centro del debate global contra el desprecio a los migrantes, la explotación extractivista y la deshumanización tecnológica. El arzobispo de Lima también abordó las dimensiones teológicas, sociales e históricas que supone el histórico viaje apostólico de siete días al Perú.
En diálogo para el programa «León XIV vuelve a casa», impulsado por la oficina de comunicaciones del Arzobispado de Lima, el cardenal Castillo destacó la decisión de visitar las tres regiones del Perú como un gesto que reconoce y abraza la pluralidad de nuestro país.
Reivindicar la dignidad de América Latina
El purpurado sostuvo que uno de los principales problemas en el mundo es que «no se reconoce que somos una sola humanidad». Destacó que la elección de estos tres países sudamericanos es un gesto intencionado del Santo Padre para visibilizar el valor intrínseco de la región en el mapa global, rechazando la mirada puramente mercantilista con la que potencias u organismos internacionales suelen tratar a los pueblos latinoamericanos:
«Hay un mensaje de fondo a toda la región. América Latina tiene una diversidad humana y cultural muy grande; ha logrado integrar diversos aspectos en su proceso. Pero, desgraciadamente, algunos países nos ven solamente como una mina de oro o de minerales raros, y nos ven por el negocio, nada más. Nosotros no somos cosas: somos seres humanos que tenemos una historia y una vida», advirtió.

El Primado de la Iglesia peruana precisó que es necesario reinvidicar la dignidad humana en América Latina y «aprender a reconocer lo que somos en nuestra grandeza», defendiendo «nuestra independencia y nuestra soberanía como países», declaró en conversación con el periodista Juan José Dioses.
Hemos visto la injuria que significa que se llegue a vapulear a nuestras naciones o el desprecio por los migrantes, que es un drama humano grande y serio en nuestro continente.
Al reflexionar sobre el viaje apostólico del papa León XIV al Perú, del 11 al 17 de noviembre, abarcando la costa en Chiclayo y Lima, la selva en Pucallpa y la sierra en el Cusco, el arzobispo Castillo señaló que esta decisión del Santo Padre recoge toda la diversidad que converge en el país andino.
En ese sentido, insistió en que la preparación para este acontecimiento no debe limitarse a la logística ni a la búsqueda de la fotografía anécdotica, sino a un ejercicio comunitario de reflexión y meditación:
El Perú es como un mundo en pequeño, es reflejo de lo que vive la región. La unidad no es simplemente homologación o masificación; la unidad es compartir dialógicamente nuestra diversidad para irnos uniendo en lo que vale la pena reconocer como propio y distinto.

«Lo primero que yo diría es que todos en nuestros corazones hagamos un acto de meditación y oración personal. El Papa textualmente me dijo en la última conversación que tuvimos en Roma que quería que la gente hablara. Para esta visita apostólica, vamos a prepararnos en distintos grupos para preparar nuestras preguntas y que el Papa nos escuche», explicó.
Sinodalidad y una voz continental ante la amenaza tecnológica
En otro momento, el Cardenal Castillo enlazó la experiencia del Sínodo y de la sinodalidad con las denuncias de León XIV en Magnífica Humanitas, asegurando que América Latina está llamada a proponer un modelo de comunidad y diálogo humano frente a la automatización de la vida y el peligro de la guerra deshumanizada.

«La sinodalidad implica que todos construimos la Iglesia y redefine el concepto de autoridad: es la pirámide al revés: el pueblo arriba, los curas al medio y abajo los obispos como servidores. Si constituimos una Iglesia donde aprendemos a escucharnos mutuamente y a decidir juntos, generamos una inspiración a la sociedad para que vuelva a los caminos del diálogo», comentó el prelado.
Nuestra humanidad está decayendo producto de la rapidez, la ligereza del lenguaje y el desprecio. Se está perdiendo la capacidad de conversar, de vernos cara a cara. Ante esta avidez profunda de ser seres humanos, el Papa pone el acento en eso y llama a que reconformemos los sistemas de vida.
