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En el XXI Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Carlos Castillo explicó que Jesús es el Pan de Vida que nos llama, nos transforma, nos hace saborear, sentir y ser también comunicadores del sabor del Señor: «Para eso es necesario que, con el sentido de amor gratuito que nos da el Señor, podamos crear la solidaridad que necesitamos para salir juntos de todos los entrampamientos en los cuales vivimos. La vida de la Iglesia tiene que ser una permanente expresión del amor que Dios nos da con su Eucaristía, a través de gestos de amor que muestren que somos eucarísticos porque somos testigos», recalcó el Primado de la Iglesia peruana. (leer homilía completa)

Homilía de Monseñor Castillo – Transcripción

Comentando el Evangelio de Juan (6, 60-69), el Arzobispo de Lima explicó que Dios se ha encarnado en nuestra humanidad a través de su Hijo para estar cerca de nosotros. Y por lo tanto, «ya no podemos decir simplemente que creemos en Dios ‘a secas’, sino que tenemos siempre que especificar que es el Dios que se revela en Jesús y en nuestra carne, en nuestra historia, y sobre todo, en todos los que más sufren».

Esta nueva revelación representó un cambio importante en la educación judía, habituada a ver a Dios ‘muy lejos’, con temor y temblor. Los sacerdotes habían instalado un sistema complejo y difícil para acceder a Dios a través de una serie de prácticas legales basadas en el mismo principio de temor.

Son estos mismos sacerdotes, explica Monseñor Castillo, quienes se escandalizan cuando Jesús dice que es el Pan de Vida: «ellos habían creado toda una recua de mandamientos para alcanzar la vida eterna, es decir, se habían puesto en el medio de la historia de Israel de tal manera que la gente no podía tener relación con Dios sin permiso de los sacerdotes», acotó el prelado.

Vivir en el amor como vivió Jesús y ser aliento para los demás.

Pero no sólo se escandalizan por el lenguaje que Jesús utiliza, sino por lo que implica su mensaje: si yo como el Pan del Cielo, tengo que vivir como Jesús porque recibo la capacidad de amar gratuitamente como Él lo hizo en la Cruz, por amor gratuito, por misericordia con la humanidad y para ser aliento de su pueblo, esperanza de su pueblo.

Jesús llega a nosotros para hacer las cosas más sencillas: Él se da en sacrificio por nosotros, se da en comida gratuitamente. Por lo tanto, si asumimos esta comida en la Comunión, hemos de amar como Él nos ha amado. Esta revelación va a causar una división en la comunidad cristiana, aseguró Monseñor Carlos: «un grupo ya no va a seguir a Jesús, se va. Es decir, se queda en la ritualidad anterior y en las costumbres que recibieron y no quieren asumir que hemos de ser testigos del amor de Dios. Se rehusan a vivir en el amor como vivió Jesús y pretenden que no hay ninguna otra posibilidad de salvarse sino con las prescripciones legales que habían creado los sacerdotes».

La Eucaristía nos convierte en personas gratuitas.

«Todos tenemos costumbres y podemos ‘domesticar’ a Dios, inclusive en algunas ocasiones se ha hablado de que los católicos tenemos un sistema y después no queremos salir del que ya hay, y no nos abrimos al rostro del Otro, a los problemas del Otro. Y decir que tenemos que comer el Pan de la Vida es afirmar que hemos de respetar la vida y Dios. Y por lo tanto, respetar significa respetarlo en el Otro, en las mujeres abandonadas y maltratadas, en los pequeños, en todas las personas que sufren. Nuestra vida es una entrega y dedicación permanente», declaró el Obispo de Lima.

¿Qué cosa significa Eucaristía? Dar gracias, ser agradecido y ser una persona gratuita, un pueblo gratuito. La Eucaristía porque es gratuita, entonces, nos convierte en personas gratuitas y genera vida, y vida plena, vida abundante y vida eterna.

En otro momento, Monseñor Castillo meditó sobre las palabras que Pedro le dijo a Jesús: ‘Tú tienes palabras de vida eterna’. «Esto quiere decir que las palabras del Señor son tan profundas que se pueden entender en su sentido más hondo. Pedro le está diciendo que ellos intuyen que aquí hay algo que no pueden abandonar ni separarse. Por eso le dice: ¿A dónde vamos a ir? Si hemos aprendido de Ti que solo se puede vivir con un sentido hondísimo de amor y compartirlo. Y vemos que todo lo que se pudo haber inventado, en el pasado, para relacionarse con Dios, Tú lo solucionas simplemente con un testimonio vivo porque nos has enseñado que Tú estás con nosotros, Dios vive en nosotros y nosotros somos imagen de Dios y que hemos de realizar esa imagen», indicó.

El Señor nos ha comunicado su Espíritu y palabras de vida porque Él tiene, no «dice palabras» de vida, sino «tiene palabras» de vida, porque Él es la Palabra de vida.

El Arzobispo de Lima recordó que en la historia de nuestro país hay muchos testimonios de vidas que nos han enseñado el legado del sentido de ser peruano: «Todos nuestros héroes nacionales, Bolognesi, Alfonso Ugarte, todos los grandes fueron asesinados, maltratados y abandonados inclusive por las personas que se dedicaron a sacar su partido y sus propios intereses, olvidándose de todo el sentido común, el bien común que todos necesitamos. Digo esto porque nosotros somos mayoritariamente un país católico y cristiano, y tenemos verdaderos cristianos que nos han mostrado eso. Grau se inmoló para que la dignidad de nuestro país quedara incólume y nos enseñó a ser personas dignas. ¿Pero de dónde lo sacaron? De nuestra fe cristiana. Y no sólo ellos, mujeres como María Parado de Bellido, todas esas personas que han perdido su vida para darnos vida a nosotros. Y ahora tenemos esos testimonios multiplicados en nuestras enfermeras, en los policías, el personal de servicio, los sacerdotes también que han perdido su vida, en muchos casos por estar con la gente, por ser aliento de su pueblo», reflexionó.

El riesgo más grande que corremos todos es hacer cosas sin sentido, locamente, apurarnos y no pensar bien lo que vamos a hacer. Necesitamos meditar bien y hacer las cosas en forma justa, no por reacción.

Finalmente, Monseñor Castillo explicó que Pedro reconoce en Jesús al ‘Santo de Dios’: «Miren qué interesante, porque para los hebreos la palabra ‘santo’ era una persona que estaba alejada. Y acá está hablando del «Santo de Dios» que está cercano, comprometido con nosotros, entropado en nuestros problemas», reiteró.

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