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En el XVI Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Carlos Castillo afirmó que el Señor nos invita a «mirar profundamente los problemas de nuestra realidad» para atender las necesidades de nuestro pueblo, teniendo «la misma mirada y sensibilidad del Señor por lo que sufre la gente». El Primado del Perú hizo un llamado a «desistir de nuestras durezas y de las cosas que no permiten que se comprenda que Dios es amor y solamente amor(…) La paz se consigue con la actitud de Jesús: estando dispuesto a ceder por el bien de los demás» (leer homilía completa).

Leer transcripción de homilía de Monseñor Carlos Castillo.

Después de aceptar la misión de acudir a las casas de dos en dos para anunciar el Evangelio (ver homilía anterior), los discípulos regresan a Jesús para contarles todo lo que han hecho y enseñado. Según explica el Arzobispo de Lima, este detalle que narra el Evangelio de Marcos (6, 30-34) refleja que nuestra Iglesia, desde sus inicios, se construyó en salida hacia la gente, profundizando las cosas y dedicando espacios para la reflexión. Por eso el Señor llama a sus discípulos a un lugar apartado, para encontrarse con Dios mismo que es la fuente que nos enriquece en el amor y nos permite volver nuevamente a la acción, al servicio: «La Iglesia está en una constante sístole y diástole, se reúne y luego sale. Si solamente hacemos una Iglesia de sístole, entonces nos encerramos y hacemos una Iglesia a la intemperie que no profundiza, que hace muchas cosas pero no está inspirada en el Señor», añadió el prelado.

En ese sentido, Monseñor Castillo señaló que, en un mundo lleno de problemas y contradicciones, el Señor nos llama a reunirnos para erradicar el mal a través de vivir el bien del amor: «La firmeza en el anuncio de Jesús no está en la agresión, en la imposición o en la violencia. La firmeza de Jesús está en la fidelidad al amor, aceptando las situaciones difíciles. Inclusive cuando los violentos se organizan para matarlo, es preferible mostrar el signo más grande del amor, que es la entrega, para que todos sean y la paz se reproduzca».

El Obispo de Lima manifestó que no estamos en una época para construir muros sino puentes, para acercarnos y ser hermanos: «El Papa Francisco ha escrito la ‘Fratelli Tutti’ porque quiere la paz de todos. Por eso ha dicho claramente que toda América Latina está convulsionada y todos los sistemas están crujiendo. Esta semana el hermano pueblo de Cuba está sufriendo el embate de esta situación crítica y formas organizativas de la sociedad que ya ‘crujen’, que no pueden seguir vigentes, hay que hacer reformas. Y tenemos que hacerlas en todas partes, en Perú y en Colombia. Lo están haciendo en Chile actualmente».

En diversas partes de América Latina, nuestro pueblo es como este pueblo sencillo que narra el Evangelio, que cuando ve una pizca de solidaridad, sensibilidad, sigue a los discípulos y acude masivamente. Y todo nuestro pueblo en diversas partes y en distintas formas, está clamando por una reforma. Y eso va dirigido especialmente a quienes dirigimos, a quienes orientamos la vida de este continente, tanto a las autoridades de la Iglesia como a las autoridades civiles. Y eso implica una cosa nueva: tener la misma mirada del Señor y tener sensibilidad por lo que sufre la gente.

Al desembarcar y encontrarse con la multitud, el Evangelio de Marcos nos dice que Jesús tuvo el gesto de mirar profundamente (en griego: eiden). Es decir, no solo vio a la multitud, sino que la apreció y comprendió lo que estaba sucediendo: «Y justamente porque mira profundamente a los problemas de la gente, se le remecieron las entrañas (en griego: esplagniste). O sea, le dolió profundamente que la gente sufriera de esa manera. A eso le decimos en castellano: sintió compasión, sintió misericordia. Y eso es lo que no encontramos en nuestros dirigentes e inclusive en la propia Iglesia, porque somos indiferentes a los problemas de la gente y vamos por nuestro camino», recalcó el Primado del Perú.

Somos amorales cuando hacemos lo que nos da la gana y no pensamos en los demás, cuando no sentimos ni vemos el dolor humano. Y necesitamos urgentemente ver con misericordia, porque cuando se tiene misericordia, cuando se pone atención a los problemas y se responde a los problemas, se atiende a las necesidades y uno sale de sus locuras, de sus pasiones, de sus ambiciones, acepta la realidad y se convierte.

Carlos Castillo aseguró que podemos empezar a perder la fe «cuando creemos que ser cristiano es ‘conquistar el mundo’ para Cristo. Y entonces, sacamos armas inclusive para conquistarlo – Es como ese chiste de Mafalda en donde está una señora con su hijita que llora, le manda un bofetazo y le dice: ¡Paz! Y Mafalda le dice: ¡Alegórica la señora! – Así no se obtiene la paz, la paz se obtiene educando, como hace el Señor»

Alegórica, la señora. Autor: Joaquín Salvador Lavado (Quino)

El Evangelio de Marcos también cuenta que el Señor sintió compasión por la multitud porque estaban como ovejas sin pastor. Ante esto, Jesús se puso a enseñarles largamente, es decir, empleando largo tiempo para acompañarlos, para explicarles los problemas, para comprender las situaciones: «Jesús los educaba, por eso le llamamos maestro, porque nos educa, Él no hace que nos enredemos en nuestras ambiciones, en nuestros sentimientos primarios y nos volvamos todos ciegos. Es un Dios que nos abre los ojos y despierta nuestro corazón, nuestra capacidad de amar», precisó.

En este momento histórico en que toda la humanidad está un poco enloquecida, nosotros estamos llamados a anunciar el Evangelio con sencillez, sin imposición, con pedagogía, con paciencia. Nos dirigimos a todos los seres humanos, inclusive aquellos que discrepan o tienen críticas a nosotros, a todos nos dirigimos para poder construir una Iglesia pacificadora, que incentive el cariño por la gente, la comprensión de nuestro pueblo.

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