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En este Domingo XXV del Tiempo Ordinario, Monseñor Carlos Castillo hizo un llamado a superar esa visión salvaje de la vida que consiste en las ambiciones personales, compitiendo violentamente y entendiendo al otro como enemigo: «Todavía no tenemos estructuras servidoras, organización nacional servidora, mentalidad servidora, y para eso necesitamos promover una cultura de servicio y no de sirvientes, desde el primer lugar hasta el último, para estar disponibles a ayudar al Otro sin sacar ventaja o beneficio personal». (leer homilía completa)

Al cumplirse 100 años del nacimiento de Paulo Freire, padre de la pedagogía crítica, el Arzobispo Castillo destacó la misión educadora del reconocido pedagogo brasileño, que a través de ‘palabras generadoras’ de la vida cotidiana de la gente sencilla, estableció una educación integradora a partir del diálogo y el reconocimiento digno de las personas: «Su aporte a la educación y también a la Iglesia fue grande, porque estábamos habituados a una Iglesia que daba normas y hacía que la gente obedezca. Y lo que él hizo fue promover a las personas, a los pobres y a los sencillos, a los campesinos y a los que no sabían leer ni escribir», añadió.

Leer transcripción de homilía de Monseñor Castillo.

Comentando el Evangelio de Marcos (9, 30-37), el Arzobispo de Lima explicó que Jesús ha querido conversar íntimamente con sus discípulos para transmitirles algo que viene de lo más hondo de su ser: el Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará.

«Estas cosas habían pasado con muchos profetas en la historia del pueblo de Israel, como ha pasado en nuestra historia peruana», indicó Monseñor Castillo, «tantos justos que han muerto por la Patria, tantas personas abandonadas por quienes gobernaban, cuántos héroes nacionales nuestros son actualmente mártires, porque fueron abandonados por quienes deberían haberlos ayudado».

En ese sentido, Jesús ubica a esas personas en su historia y recoge esta imagen del  Hijo del hombre, que también hace referencia a todo aquel que ha vivido de forma justa y no ha respondido con las mismas artimañas de los vengativos: «Jesús ha anunciado el Evangelio, Él decide ir al centro, a Jerusalén mismo – donde están quienes quieren matarlo – para anunciarles una novedad: Dios es amor y sólo amor. Él ha venido para poner como principio que el Hijo del hombre está para servir y no para ser servido», acotó el Arzobispo.

Esta situación de dolor y de injusticia también se vive en el día a día, cuando las personas son insultadas, ofendidas y agredidas, como es el caso de Alex Gensollen Vera Tudela, un joven de 38 años que esta semana perdió la vida en aparentes circunstancias de violencia en una tienda local de San Borja. «Esas cosas terribles nos suceden porque existe una actitud de encerramiento y codicia que nos impide ver al Otro, ver las necesidades de los demás», agregó el prelado.

Superar esa visión salvaje de la vida de ambición, competencia violenta y egoísmo.

En otro momento, Monseñor Castillo reflexionó sobre la actitud de los discípulos, quienes discutían sobre cuál de ellos sería el primero: «Cuando las ambiciones poseen a la gente nos olvidamos de los demás, actuamos en base a lo que es conveniente individualmente. ¿Quién es primero? ¿Quién es más fuerte que otro? ¿Quién es mi competidor para poder destruirlo? Esa visión salvaje de la vida en donde estamos todo el tiempo compitiendo casi violentamente, entendiendo al Otro como enemigo, es lo que el Señor quiere que superemos», precisó.

Para explicar eso, Jesús instruye a sus discípulos sobre la importancia de ser el primero, pero situándose sencillamente como servidores, sin buscar prestigios ni alardear, sino proponer maneras inventivas de anunciar el Evangelio del Señor en medio de nuestra vida cotidiana:

«Todos estamos llamados a seguir este camino. La insistente presencia de las personas que más han trabajado por nosotros en esta Pandemia, siempre requiere nuestro homenaje y nuestro agradecimiento, pero todavía no tenemos estructuras servidoras, organización nacional servidora, mentalidad servidora, y para eso necesitamos promover una cultura de servicio y no de sirvientes, desde el primer lugar hasta el último, para estar disponibles a ayudar al Otro sin sacar ventaja o beneficio personal», resaltó el Primado de la Iglesia peruana.

Dios nos llama desde el Otro, nos interpela.

El Arzobispo Carlos Castillo explicó el gesto que tuvo Jesús al colocar a un niño en medio de todos: «Los niños, en el tiempo de Jesús, no tenían  derechos, un niño era un ‘no humano’, porque al no tener derechos, se podía hacer lo que se quisiera con él. Un niño es puesto en el medio por Jesús para decir que todo creyente, todo verdadero discípulo del Señor, y todo ser humano, está llamado a acoger al ‘no persona’, al que es considerado sin derechos, al que es considerado ‘nada’. Y nadie tiene derecho de burlarse de él o decir improperios que destruyen su persona y la denigran. Todos somos humanos, todos  somos valiosos, todos somos necesarios, aquí nadie sobra», reiteró.

Por esa razón es que Jesús recibe al niño, lo abraza y nos recuerda que recibir a un pequeño, a un necesitado, a un pobre, a un niño, es recibir al mismo Dios: «Esto nos muestra que la identidad entre Dios y los pobres es fundamental, y esto tiene una importancia muy grande para nuestra fe, porque a veces creemos que Dios simplemente es ‘el que está arriba’. Dios ‘es el que está’ en el corazón de cada ser humano, especialmente en el ser humano herido, y por lo tanto, Dios llama desde el Otro, nos interpela».

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