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En la Celebración del Miércoles de Ceniza, el Arzobispo de Lima hizo un llamado a superar nuestros intereses y ambiciones personales, actitudes no cristianas que sustituyen el bien común por el bien individual. Monseñor Carlos Castillo también pidió que, como Iglesia, evitemos centrarnos únicamente en los ritos y las formas exteriores que generan «una religión que es pura cáscara».

En el inicio del Tiempo de Cuaresma, las familias peruanas participaron desde casa preparando sus propias cenizas para impartirlas entre todos sus miembros: «unidos a todas las familias en sus casas, empecemos este camino de conversión partiendo del amor de Dios que nos transforma, nos hace semejantes a Él y limpia nuestros pecados. Solo cuando reconocemos nuestro pecado y le pedimos perdón al Señor como a nuestro pueblo, puede comenzar un tiempo de esperanza», comentó Monseñor Castillo al inicio de su homilía.

El prelado explicó que este Tiempo de Cuaresma es un camino de conversión eclesial, personal y social para recuperar la esperanza en medio de la desilusión, especialmente en estos momentos de indignación nacional al conocerse que cientos de altos funcionarios y sus familiares se adelantaron en secreto al proceso de inmunización: «hoy el Evangelio nos advierte que debemos cuidarnos de practicar nuestra propia justicia delante de los hombres. Practicar nuestra propia justicia es lo que hacemos cuando reaccionamos de forma inmediata a las cosas y sustituimos el bien de los demás por el nuestro», añadió.

En una Iglesia y en un pueblo peruano mayoritariamente creyente, es duro sentir que todavía persiste actitudes no cristianas, pensando en el interés y la ambición personal.

En ese sentido, el Evangelio de Mateo (6, 1-6. 16-18), nos propone actuar con prudencia y humildad, aprendiendo a vivir en lo secreto, porque Dios está presente en los escondidos de la historia: los que más sufren.

Nuestra caridad silenciosa, nuestra oración secreta, nuestro ayuno discreto y sencillo, sin muchos enredos ni ritos enredados, nos remite al Dios escondido en lo secreto, que se revela entonces con esperanza a la humanidad, porque está identificado con los que son silenciados en este mundo, con los que están escondidos, con los que no queremos ver o les quitamos bienes para enriquecernos.

El Tiempo de Cuaresma es una oportunidad para reconocer nuestros límites e identificarnos con los ‘escondidos de esta historia’, con los que sufren en silencio y en secreto: «hoy hay tantas personas que nos interpelan con un clamor impresionante en el país, como una campana que no queremos escuchar y que la llenamos del estruendo de los gritos de las ventas y las posesiones, la posesión del oxígeno, la posición del poder político», expresó el Arzobispo.

Monseñor Castillo indicó que el Señor nos invita a actuar en secreto para orar y asumir «nuestra condición solidaria con la humanidad sufriente», no para «tener privilegios, hacer cosas indebidas o burlarse de la gente. Tenemos que compartir nuestras fragilidades humanas y dar una mano», subrayó.

La Cuaresma es un tiempo para identificarnos con Aquel que murió en silencio y en el secreto de un pueblo perdido. A partir de lo secreto y lo profundo, el Señor anuncia a la humanidad que la esperanza está en ese don de vida sencilla que viene de los que más sufren como Él.

Finalmente, el Arzobispo exhortó a todas las personas vacunadas en secreto antes que las poblaciones en riesgo y grupos prioritarios, que reconozcan el mal hecho por el bienestar del país: «necesitamos rehacernos de tanta insolidaridad y falta de humanidad. Tenemos que desarrollar en nosotros entrañas de misericordia, no podemos pisotear a nuestro pueblo», acotó el prelado.

No hay nada más grande para el ser humano que, reconociendo sus límites y sus faltas, empieza a entender que el Otro también es alguien necesitado.


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