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El Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Mons. Carlos Castillo presidió la Celebración Eucarística en la Basílica y Convento de San Francisco de Lima con motivo de la Fiesta de San Judas Tadeo:“Nos hemos reunido para celebrar la fiesta de San Judas Tadeo, apóstol mártir que entregó su vida a la evangelización y anunció con claridad la Palabra” – comentó al inicio de su homilía.

Dios es amor y nada más que amor

Mons. Castillo explicó que la experiencia de “vivir intensamente” nuestra relación interpersonal con el Padre nos hace “servidores que anuncian a toda la humanidad el mismo sentido universal de la salvación que el Señor quiso entregar cuando murió en la cruz”.

Por eso, al entregar su vida y resistirse a la tentación de bajarse de la cruz, Jesús nos enseña que la voluntad de Dios es “anunciar que Dios sólo es amor y nada más que amor”, que tenemos un Padre amoroso que envió a su hijo para “darnos aliento” y recordar que “la vida en el amor es la que marca toda la existencia de las personas, y todos los problemas se resuelven si partimos del principio de amor gratuito, generoso, generador de vida y que nos da gracia, no desgracia”.

El milagro de ser anunciadores del Evangelio

El obispo de Lima pidió que aprendamos a cuidar el amor gratuito que nos da el Señor y tomemos conciencia de su importancia en nuestras vidas:

“Cuando uno recibe un niño en la casa hay que cuidarlo – subrayó – cuando uno recibe la maravilla de la persona amada hay que cuidarla, especialmente a las mujeres, no hay que maltratarlas. Somos el cuarto país del mundo que mata mujeres, y por eso, los peruanos tenemos que corregirnos, comprender la maravilla del otro, cuidarnos mutuamente, no cuidarnos unos de otros, sino unos a otros, cultivar nuestras relaciones”.

Y recordando la profunda devoción del pueblo limeño por el Señor de los Milagros añadió: “No hay mejor milagro que ser anunciador del Evangelio como lo ha sido San Judas Tadeo, y en la misa venimos para alimentarnos del cuerpo y la sangre del Señor para ser testigos, para ser milagro para los demás”

“Nosotros pedimos milagros cuando somos un milagro” – resaltó – “dejemos que el Espíritu nos mueva y verán ustedes cómo se producen millones de milagros que podemos testimoniar”.

Necesitamos espacios para expresar lo que somos

Para tomar conciencia del amor generoso del Padre tenemos que apreciar al otro, “organizarnos para que hayan espacios de conversación, para tratarnos unos a otros y expresar lo que somos. Por eso nos damos este espacio de la oración y la devoción para sentir la presencia del Señor, expresarnos, cantar, y así entonces recuperar las fuerzas en el Señor”, agregó.

El Papa Francisco siempre dice que la Iglesia está en movimiento, en camino, en salida, y esa Iglesia es la que nos llena de vida porque salimos al encuentro del otro.

“Que Dios los bendiga, llénense de ese espíritu que nos mueve, déjense mover por Él y salgamos a anunciar el Evangelio porque nuestro país necesita la Palabra del Señor para crecer”, concluyó.