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La dignidad inherente de ser hijos de Dios – Mons. Ricardo Rodríguez

«La persona que quiere seguir a Jesucristo debe reconocer no solamente su propia dignidad, sino la dignidad del otro», comentó Mons. Ricardo Rodríguez, Obispo Auxiliar de Lima, en su reciente mensaje sobre la dignidad humana.

Mons. Rodríguez explicó que cuando pensamos en la dignidad humana debemos pensar en la libertad «que Dios nos da a todos» para interactuar y relacionarnos: «el derecho a la vida es algo inherente a la persona, entonces la dignidad es algo propio, me pertenece desde el momento de la existencia», expresó.

«Desde el Génesis encontramos en el acto creador una idea de dignidad» -continuó – «y la Iglesia desde sus inicios reconoció en cada cultura según su condición, que el hombre y la mujer tenían igual dignidad». Por eso, la dignidad de la persona «le viene de Dios en el acto creador».

«El acto creador en el relato del Génesis es una maravilla, un relato impresionante. Mira cómo el relato nos ha puesto este detalle: lo tomó, lo formó, sopló y lo llevó a vivir con él. Dios lleva al hombre a vivir con él y la dignidad de hijo de Dios no se pierde, el pecado no te quita la dignidad de hijo de Dios, no solo tú tienes dignidad de criatura, sino que ahora Cristo a través de su cruz redentora ha hecho que el hombre pase de una dignidad de criatura a una dignidad de hijo de Dios», añadió.

Plantear el tema de la dignidad de la vida

En otro momento señaló que muchas veces el tema de la dignidad ha sido tomado como «estandarte» para introducir excusas como el aborto, atentando de manera injustificada «contra la dignidad de la vida».

En ese sentido, Monseñor Rodríguez hizo un llamado a abordar el tema de la dignidad de la vida y la persona humana en todos los ámbitos de la vida: en el centro de trabajo, en el centro de estudio, en la mesa del hogar, en la escuela o en la universidad.

Y refiriéndose a las diferencias que se establecen en los roles sociales entre hombres y mujeres recordó que la dignidad «no es mayor o menor, vale tanto la vida del hombre como la vida de la mujer, vale tanto la vida de un ser que esté en el vientre materno como la vida de un anciano de 90 años, en el ocaso. Al final, ambos tienen dignidad, ambas vidas se tienen que cuidar».

Tenemos una dignidad inherente

Por último, el obispo auxiliar de Lima envío un mensaje a todas las personas que se sientan avasalladas y agredidas por su dignidad. «¡No se desanimen!» – indicó – porque todos somos personas dignas y «tenemos nuestra dignidad inherente, la tenemos desde el acto creador».

«Uno no es más digno que el otro, uno no vale más que el otro, ni el anciano vale más que el niño, ni el hombre que la mujer, ni el casado más que el soltero». Es por eso que debemos aprender a respetar al prójimo.

Y recordando la parábola del Buen Samaritano, Mons. Rodríguez exhortó a pensar en la dignidad de los que más sufren: «no te hace menos bajar de la cabalgadura y tomar de la mano al que sufre, subirlo a la cabalgadura y compartir la dignidad».

«Ámate a ti mismo, valórate a ti mismo y vas a ver que el mundo puede ser diferente para todos. Que Dios te bendiga», concluyó.