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Papa Francisco

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Comentando el Evangelio dominical que relata la sabia respuesta de Jes√ļs a la insidiosa pregunta de sus adversarios ¬ę¬ŅEs l√≠cito pagar tributo al C√©sar, o no?¬Ľ(v. 17), el Papa Francisco explica que con sus palabras, el Maestro nos ense√Īa a ser ciudadanos honestos y se sit√ļa por encima de la pol√©mica: “Por una parte, reconoce que se debe pagar el tributo al C√©sar, porque la imagen sobre la moneda es la suya; pero, sobre todo, recuerda que cada persona lleva en s√≠ otra imagen, la de Dios, y por tanto es a √Čl, y solo a √Čl, a quien cada uno debe la propia existencia”.

Sofía Lobos РCiudad del Vaticano

El domingo 18 de octubre, vig√©simo noveno del tiempo ordinario, el Papa Francisco rez√≥ la oraci√≥n mariana del √Āngelus asomado desde la ventana del Palacio Apost√≥lico del Vaticano.

Francisco ofreci√≥ su habitual comentario del Evangelio dominical (cfr. Mt 22,15-21) que en esta ocasi√≥n relata c√≥mo Jes√ļs afronta la hipocres√≠a de sus adversarios respondiendo sabiamente a la pregunta insidiosa que le hab√≠an lanzado para ponerlo en una situaci√≥n dif√≠cil y desacreditarlo ante el pueblo.

¬ę¬ŅEs l√≠cito pagar tributo al C√©sar, o no?¬Ľ (v. 17).

Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.

“En aquel tiempo, en Palestina, el dominio del imperio romano era mal tolerado, tambi√©n por motivos religiosos”, explic√≥ el Papa haciendo hincapi√© en que para la poblaci√≥n, el culto al emperador, “subrayado incluso por su imagen en las monedas, era una injuria al Dios de Israel”.

‚ÄúLos interlocutores de Jes√ļs est√°n convencidos de que no existen m√°s respuestas a su pregunta: o ¬ęs√≠¬Ľ o ¬ęno¬Ľ. Pero √Čl conoce su malicia y se libra de la trampa. Les pide que le muestren la moneda del tributo, la toma en sus manos y pregunta de qui√©n es la imagen impresa. Ellos responden que es del C√©sar, es decir, del emperador. Entonces Jes√ļs replica: Pues dad al C√©sar lo que es del C√©sar, y a Dios lo que es de Dios‚ÄĚ

Asimismo, el Santo Padre indic√≥ que con esta respuesta, Jes√ļs se sit√ļa por encima de la pol√©mica: “Por una parte, reconoce que se debe pagar el tributo al C√©sar, porque la imagen sobre la moneda es la suya; pero, sobre todo, recuerda que cada persona lleva en s√≠ otra imagen, la de Dios, y por tanto es a √Čl, y solo a √Čl, a quien cada uno debe la propia existencia”.

Edificar la civilización del amor.

En este punto, Francisco destac√≥ que de esta sentencia de Jes√ļs, “no solo se encuentra el criterio para la distinci√≥n entre la esfera pol√≠tica y la religiosa, sino que de ella tambi√©n emergen orientaciones claras para la misi√≥n de los creyentes de todos los tiempos, incluidos nosotros hoy”.

‚ÄúPagar los impuestos es un deber de los ciudadanos, as√≠ como cumplir las leyes justas del Estado. Al mismo tiempo, es necesario afirmar la primac√≠a de Dios en la vida humana y en la historia, respetando el derecho de Dios sobre todo lo que le pertenece‚ÄĚ

Al respecto, el Papa asever√≥ que de aqu√≠ deriva la misi√≥n de la Iglesia y de los cristianos: “hablar de Dios y testimoniarlo a los hombres y a las mujeres del propio tiempo. Se trata de esforzarse con humildad y con valor, dando la propia contribuci√≥n a la edificaci√≥n de la civilizaci√≥n del amor, en la que reinan la justicia y la fraternidad”.

En la dignidad humana est√° impresa la imagen de Dios.

Antes de despedirse, el Santo Padre pidió a María Santísima que nos ayude a huir de cualquier hipocresía, a ser ciudadanos honestos y constructivos.

“Y que nos sostenga a nosotros, disc√≠pulos de Cristo, en la misi√≥n de testimoniar que Dios es el centro y el sentido de la vida”, concluy√≥ Francisco deseando a todos los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro un buen almuerzo e impartiendo su bendici√≥n apost√≥lica.