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Monse√Īor Juan Jos√© Salaverry, en la Fiesta de Maria Auxiliadora, nos invita a seguir el ejemplo sinodal de Mar√≠a: viviendo en comuni√≥n con Cristo, participando en la vida de la Iglesia y compartiendo la misi√≥n de anunciar la Buena Noticia:

«Contemplemos la figura de Mar√≠a Auxiliadora que nos llama a vivir en comuni√≥n y en sinodalidad, participando en la construcci√≥n de una nueva humanidad. Sigamos las huellas de Mar√≠a y asumamos nuestra misi√≥n de ser portadores del Evangelio», reflexion√≥ en su homil√≠a.

En la Celebraci√≥n Eucar√≠stica estuvieron presentes el Alcalde de Lima, Miguel Romero Sotelo; el Alcalde de Bre√Īa, Jos√© Dalton Li Bravo; el Obispo del Vicariato de Pucallpa, Monse√Īor Mart√≠n Quijano; y la Superiora Provincial de las Hijas de Mar√≠a Auxiliadora, Sor Elsy N√ļ√Īez.

Monse√Īor Salaverry afirm√≥ que, en el d√≠a de Mar√≠a Auxiliadora, todos los cristianos «nos confundimos en un solo coraz√≥n puestos a los pies de Mar√≠a, tanto autoridades, pastores y laicos». El obispo hizo un llamado a acercarnos a la figura de Mar√≠a, que nos regala su auxilio, pero tambi√©n «nos exhorta a participar de ese auxilio que nos viene de Dios en la vida de la Iglesia».

Salaverry explic√≥ que debemos aprender a vivir a los pies de Mar√≠a, compartiendo la gracia de Dios como misioneros y reflexionando sobre las tres l√≠neas principales del S√≠nodo sobre la Sinodalidad: comuni√≥n, participaci√≥n y misi√≥n. «Mar√≠a Auxiliadora nos llama la atenci√≥n para que vivamos en comuni√≥n, para que participemos activamente y seamos misioneros de este proyecto de Dios», se√Īal√≥.

Necesitamos muchos auxilios que nos vienen de la mano de María, pero, para poder recibir estos auxilios, necesitamos construir una sociedad más unida, una Iglesia más unida, una ciudad más unida, donde no imperen los criterios personales, sino la ley del Evangelio que busca el bien de todos.

Comentando el Evangelio de Juan (2:1-11), que narra el milagro en las Bodas de Can√°, Monse√Īor Juan Jos√© se√Īal√≥ que Mar√≠a se muestra como gestora de comuni√≥n al pedir que su Hijo intervenga para llenar las tinajas de vino que estaban vac√≠as. «A trav√©s de este gesto, Mar√≠a nos ense√Īa la necesidad de actuar de una nueva manera, no solamente para alegrar el coraz√≥n de los hombres con este vino nuevo, sino para renovar la vida de los creyentes. Mar√≠a Auxiliadora participa en la vida de cada uno de nosotros, regal√°ndonos su auxilio, su protecci√≥n, intercediendo por nosotros e invit√°ndonos a participar tambi√©n en la vida y en la misi√≥n de la Iglesia», apunt√≥.

No podemos ser devotos pasivos de María Auxiliadora, esperando que de ella nos vengan la gracia y la intercesión. María siempre está en movimiento, siempre está en disposición de ayudar a su Hijo, a sus hijos, a los necesitados.

Finalmente, dirigi√©ndose a la comunidad salesiana, Monse√Īor Salaverry agreg√≥: «Queridos hermanos y hermanas salesianas, ustedes tienen el encargo de mostrar a todos los hombres que estamos asistidos por el auxilio constante de Mar√≠a. Que nuestro pueblo lo siga sintiendo as√≠, y que el Se√Īor regale a la familia salesiana el empuje para seguir viviendo su vocaci√≥n como hijos de Mar√≠a».

La Celebración Eucarística en honor a María Auxiliadora fue concelebrada por los sacerdotes de la familia salesiana. También estuvieron presentes representantes y religiosas de distintas congregaciones.

Al llegar el VI Domingo de Pascua, Monse√Īor Juan Jos√© Salaverry, presidi√≥ la Celebraci√≥n Eucar√≠stica en la Bas√≠lica Catedral de Lima. En su homil√≠a, el Obispo Auxiliar reflexion√≥ sobre la importancia de construir una Iglesia mejor y una sociedad mejor desde la capacidad de escucha mutua y la comprensi√≥n de las realidades distintas que nos tocan vivir: «Tenemos que escuchar a los otros y construir comuni√≥n desde la escucha, no solamente de la escucha de los que nos dan la raz√≥n, sino de la escucha de los que piensan distinto y nos ayudan a contrastar», dijo.

Al inicio de su homil√≠a, Monse√Īor Salaverry explic√≥ que la lectura del Apocalipsis (21,10-14.21-23), trae como eje central la representaci√≥n de un sue√Īo, una imagen preciosa de la ciudad de ‘Jerusal√©n celeste’ que baja del cielo: «De igual manera, cuando nosotros vivimos hundidos en una realidad dif√≠cil; cuando somos probados en nuestra fe y esperanza, en nuestra paciencia; cuando vemos que el horizonte es turbio, ¬°Qu√© bien nos viene so√Īar! El autor del Apocalipsis nos presenta esta visi√≥n como un sue√Īo, un sue√Īo producto de la Pascua, un sue√Īo producto de la entrega de Jes√ļs que muere en la Cruz, pero tambi√©n que resucita para darnos vida», acot√≥.

A veces vemos una realidad dif√≠cil de entender y de vivir, y a pesar de ello, podemos alentar nuestra vida desde el sue√Īo de una realidad mejor, de un mundo y un pa√≠s mejor, de una Iglesia mejor.

«¬ŅC√≥mo podemos llegar a construir una Iglesia mejor, una sociedad mejor y un pa√≠s mejor? Ni la sociedad ni la Iglesia est√°n exentos de divisi√≥n, pero el √°nimo de todos los creyentes, de los pastores y de los laicos, debe ponerse en las manos de Dios para entender las realidades distintas que nos tocan vivir», expres√≥ Monse√Īor Salaverry.

El √ļltimo s√°bado 21 de mayo, Monse√Īor Juan Jos√© Salaverry, cumpli√≥ un a√Īo de su ordenaci√≥n episcopal como Obispo Auxiliar de la Arquidi√≥cesis de Lima.

Las decisiones se toman en comunión, escuchando a todos.

En otro momento, nuestro Obispo Auxiliar afirm√≥ que, para hacer realidad el sue√Īo del Apocalipsis, necesitamos promover espacios de escucha que nos permitan entender las realidades nuevas, especialmente antes de tomar decisiones: «Y las decisiones no son unilaterales, las decisiones se toman en comuni√≥n, escuchando a los laicos, a las personas que no comparten nuestra fe, a aquellas realidades distintas a las nuestras. Solo as√≠ podremos tomar decisiones certeras y eficaces desde el orden de la gracia y de la salvaci√≥n», precis√≥.

Aprender a contemplar las realidades diversas.

Esta actitud de escucha y di√°logo fue la misma que tuvieron los ap√≥stoles en el Primer Concilio de Jerusal√©n, una actitud que, seg√ļn Monse√Īor Juan Jos√©, debemos saber imitar como laicos y creyentes: «Necesitamos aprender a contemplar y visualizar las realidades diversas que componen nuestro pa√≠s y nuestro mundo; aprender a escucharnos mutuamente, sinodalmente como dir√≠a el Papa Francisco, para tomar decisiones adecuadas y que esos sue√Īos se hagan realidad, decisiones para poder vivir de acuerdo al Evangelio y generar fraternidad».

En ese sentido, el Evangelio del d√≠a (Juan 14 23-29), nos recuerda que para construir ese sue√Īo del Reino, ese sue√Īo de la Jerusal√©n celeste, «necesitamos hacer caso al Par√°clito». Monse√Īor Salaverry hizo un llamado a no confundir la paz, que es un don de Dios, con el silencio c√≥mplice de no decir nada para evitar problemas, con la ‘paz’ de quedarnos callados y pensar en nuestros intereses: «La paz que nos viene de Dios, es la tranquilidad de conciencia de haber cumplido con lo que el Se√Īor nos pide, la tranquilidad de conciencia de estar bien con Dios y estar bien con los hermanos; la transparencia de nuestro coraz√≥n dispuesto a hacer testigos de la Resurrecci√≥n», subray√≥.

Necesitamos so√Īar y trabajar juntos, tanto Pastores como Pueblo de Dios, para construir este Reino de justicia y de paz. Pongamos nuestras manos y corazones bien dispuestos para que se haga realidad el sue√Īo de la fraternidad universal, el sue√Īo de una Iglesia m√°s evang√©lica y m√°s humana, el sue√Īo de la reconstrucci√≥n de nuestro pa√≠s.

La Celebraci√≥n Eucar√≠stica de este VI Domingo de Pascua cont√≥ con la participaci√≥n de representantes de distintas agrupaciones laicales que se reunieron en la II Asamblea Nacional de Movimientos Laicales del Per√ļ.

El √ļltimo s√°bado 21 de mayo, Monse√Īor Juan Jos√© Salaverry, cumpli√≥ un a√Īo de su ordenaci√≥n episcopal como Obispo Auxiliar de la Arquidi√≥cesis de Lima.

En el V Domingo de Pascua, Monse√Īor Guillermo Cornejo, Obispo Auxiliar de Lima, record√≥ la vida y el testimonio de servicio de Charles de Foucauld, nuevo santo de la Iglesia universal: ‚ÄúTenemos muy presente a Charles de Foucauld, todo su testimonio, su vida, su entrega y renuncia al mundo como una entrega generosa para dedicarle su vida a Dios y al pr√≥jimo, a los pobres, a los que m√°s sufren viviendo situaciones muy dif√≠ciles‚ÄĚ, remarc√≥ en su homil√≠a.

Comentando el Evangelio de San Juan (13,31-35), nuestro Obispo Auxiliar remarc√≥ el √©nfasis que pone Jes√ļs acerca del amor: ‚ÄúCuando entremos en la l√≥gica del amor, si descubrimos que Dios nos ha amado infinitamente para hacernos capaces de amar como √Čl, sin medida, como dice San Juan: ‚Äúam√©monos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios; el que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor‚ÄĚ, expres√≥.

Monse√Īor Cornejo reflexion√≥ sobre la importancia de vivir en fraternidad, incluso a nuestros enemigos, a los que nos odian o nos rechazan: ‚ÄúSiempre amemos no solamente a quien nos ama, sino tambi√©n incluso a quien no nos ama. Nuestro Se√Īor nos dijo que la caridad ser√≠a la se√Īal en que nos distinguir√°, que seremos realmente sus disc√≠pulos‚ÄĚ, reiter√≥.

La caridad es perdón; la caridad es comprensión; la caridad es bondad; la caridad es incapaz de negar a otro; la caridad es ser íntegro, es estar siempre atento para prestar un servicio a los demás; la caridad no piensa mal, no habla mal, no quiere mal para nadie ni siquiera para sus enemigos, a los que nos ofenden o maltratan.

De otro lado, Guillermo Cornejo se√Īal√≥ que, a pesar de los momentos dif√≠ciles que atraviesa nuestro pa√≠s, nos falta fe, esperanza y caridad: ‚ÄúLevantemos nuestro Per√ļ y a nuestra Iglesia con amor, con caridad, con fraternidad, siendo √≠ntegros viviendo ese amor que Jes√ļs nos est√° pidiendo hoy, sin olvidarnos de los que m√°s sufren, de los que est√°n pasando momentos dif√≠ciles y de aquellos que han muerto a causa del Covid-19‚ÄĚ.

Finalmente, nuestro Obispo Auxiliar de Lima recalc√≥ que s√≥lo con fe, esperanza y amor podremos superar todas las dificultades: ‚ÄúAmar no significa estar aceptando cosas a otros; amar no significa estar aceptando cosas negativas; amar no significa servilismo; amar no significa aceptar las cosas que otros hacen, porque son mis amigos cuando sabemos que es mentira. El verdadero amor es el que viene de Dios y si en nuestra patria hubiera m√°s amor, muchas cosas se resolver√≠an. Necesitamos fe, esperanza y caridad, y vamos a pedir al Se√Īor que se nos d√© todo ello con entrega, con humildad y con sencillez‚ÄĚ.

Al llegar el IV Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor, Monse√Īor Carlos Castillo reflexion√≥ sobre la misi√≥n que debemos seguir todos los cristianos: «anunciar el Evangelio con entra√Īas de misericordia» en cada situaci√≥n de la vida, especialmente las m√°s complicadas. En el d√≠a que festejamos a nuestras mam√°s peruanas, el Arzobispo de Lima dijo que toda madre es tambi√©n Pastora, porque a trav√©s de su capacidad generadora de vida, aprendemos que Dios es amor gratuito y que la vida solo tiene sentido cuando somos gratuitos y compartimos lo que tenemos:

«En cada situaci√≥n dif√≠cil, es necesario abrir la posibilidad de que volvamos a las entra√Īas de nuestra madre y podamos regenerar nuestra vida. Eso es urgente hoy d√≠a en la sociedad peruana, en la Iglesia peruana y en el mundo», coment√≥ en su homil√≠a.

Leer transcripción de homilía.

Monse√Īor Carlos agradeci√≥ a Dios por el testimonio de Mar√≠a Agostina Rivas L√≥pez, nuestra ‘Hermana Aguchita’, servidora y pastora de la Amazon√≠a que fue asesinada en 1990 por un grupo terrorista: «Aguchita, igual que el Se√Īor Jes√ļs, muri√≥ porque ella decidi√≥ entregar su vida para salvar la de otros. Ella se fue a meter en la boca del lobo en esos a√Īos del terrorismo para acompa√Īar a la gente, y eso le cost√≥ la vida. Por eso, Aguchita es m√°rtir de la Iglesia, testigo del amor de Dios. Hoy, la Amazon√≠a tiene una santa entra√Īable», expres√≥.

Comentando el Evangelio de Juan (10, 27-30), el Obispo de Lima explic√≥ que el Se√Īor se presenta como un Pastor que conoce a sus ovejas y suscita la capacidad de escuchar su voz: «Para ser cristianos, para ser plenamente seres humanos, para tener vida plena y eterna, se necesita ser conocido por el Se√Īor y escucharlo permanentemente», a√Īadi√≥.

Desarrollar nuestra capacidad de ser sinodales. Saber escucharnos y entendernos.

«Esta voz del Se√Īor nos hace disc√≠pulos – prosigui√≥ el Arzobispo Castillo en su reflexi√≥n dominical – nos hace seguirlo porque escuchamos su voz. √Čl nos conoce, nos contempla, nos comprende, nos ama y nos llama. Mar√≠a es disc√≠pula del Se√Īor porque se dej√≥ mirar y, suscitada por el amor de Dios, camin√≥ siempre seg√ļn la voluntad del Se√Īor, entregando a su propio hijo».

El Primado del Per√ļ reiter√≥ el llamado del Papa Francisco a desarrollar nuestra capacidad de ser sinodales: «Hemos caminado muy dispersos, cada uno con su carisma, cada uno con su manera de ser, cada uno con sus intereses, pero eso, luego nos dispersa y no nos une. Es importante la vocaci√≥n particular, pero unida a la vocaci√≥n de ser una unidad entre todos los humanos, participando todos con nuestra palabra, con nuestro entendimiento», precis√≥.

Esa idea de que hay una Iglesia en donde unos mandan y otros obedecen, no es como el Buen Pastor que conoce a las ovejas, conversa con ellas, las comprende, las acompa√Īa, las hace caminar juntas y es referencia para todos.

Monse√Īor Carlos asegur√≥ que la sinodalidad es el camino que trazar√° el futuro de la Iglesia: «Nos vamos a encontrar con situaciones in√©ditas y hay que saber consultar con la gente, hay que pedir su opini√≥n. Nos hemos habituado a una Iglesia en donde ‘ya est√° todo solucionado’ y simplemente repetimos las cosas, pero vamos a un mundo dif√≠cil en el que, solamente si conversamos y vamos construyendo juntos, escuch√°ndonos mutuamente y comprendi√©ndonos, va a ser posible que la Iglesia sea significativa».

La madre también es pastora. Ella nos conoce y nos genera.

En esta misi√≥n de anunciar el Evangelio, no podemos olvidar el rol fundamental que cumple la mujer, especialmente la madre: «En la imagen de la madre, tenemos a una pastora que tambi√©n nos conoce. No hay nadie que nos conozca mejor que nuestra mam√° y nos llev√≥ en el vientre. Y ese Se√Īor, que tambi√©n es Padre y Madre para nosotros, es generador de nuestra vida permanentemente, porque es un Dios que nos regenera», acot√≥ el prelado en su homil√≠a.

Si hay algo fuerte de una mujer, es su capacidad generadora, tan fuerte e importante que Jes√ļs lo tomaba como ejemplo. √Čl llora por Jerusal√©n y emplea una f√≥rmula femenina, dice: ‚ÄúJerusal√©n, que matas a los profetas, cu√°ntas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina re√ļne a los pollitos‚ÄĚ. Es una imagen femenina que es muy importante para nosotros porque todos tenemos esa dimensi√≥n generadora que une, que llama a la unidad y no crea divisiones.

En el d√≠a que tambi√©n oramos por las vocaciones en todo el mundo, el Arzobispo de Lima afirm√≥ que la vocaci√≥n humana universal es ser unidos en el bien com√ļn de todos: «La Iglesia, tanto los sacerdotes que van a dirigir la Iglesia sinodal como los laicos, son agentes activos, protagonistas de la construcci√≥n de la unidad entre todos», resalt√≥.

Volver a las entra√Īas de misericordia para refundar el mundo.

El Monse√Īor Carlos explic√≥ que «estamos teniendo un mundo, una sociedad y una Iglesia est√©riles, infecundos y secos», y por eso, necesitamos «volver a las entra√Īas de misericordia para que todo tenga sentido, alegr√≠a y belleza».

Antes de concluir, el Arzobispo Castillo pidi√≥ que todos seamos agentes activos y sujetos de evangelizaci√≥n que susciten el amor de Dios el mundo, sin imponerse: «Seamos disc√≠pulos y disc√≠pulas misioneros para que el amor de Dios se suscite desde la ra√≠z m√°s honda de este mundo y de la humanidad. Es posible un mundo distinto si volvemos a la belleza y grandeza de lo que hemos recibido: el amor gratuito de Dios que viene por la sangre de nuestra madre, por el canto de nuestra madre y por su respiraci√≥n antes de nacer».

En el III Domingo de Pascua, Monse√Īor Carlos Castillo afirm√≥ que todos estamos llamados a reconocer a Jes√ļs Resucitado, presente en nuestra historia de manera sutil y servicial: «Tenemos que ir captando c√≥mo el Se√Īor est√° presente y dejarnos guiar por su mano. Esto es muy importante porque, solamente cuando se tiene esa actitud, no triunfalista, no alharaca, la Iglesia puede crecer, porque el Se√Īor puede ir llen√°ndonos con su Esp√≠ritu e inspirarnos a hacer sus obras, sus acciones», reflexion√≥ en su homil√≠a en la Catedral de Lima.

Leer transcripci√≥n de homil√≠a de Monse√Īor Carlos Castillo.

Al comentar el Evangelio de hoy (Juan 21,1-19), el Arzobispo de Lima explic√≥ que el Se√Īor quiere la madurez de sus disc√≠pulos, por eso, aparece de manera sutil y servicial para acompa√Īarlos en este nuevo proceso: «Si este acontecimiento no se hubiera vivido, los pescadores se hubieran dedicado √ļnicamente a la pesca y no hubieran ido a pescar hombres», subray√≥.

Más allá de la normalidad. La actitud de los discípulos después de la tragedia.

Jes√ļs Resucitado ha querido aparecerse ante sus disc√≠pulos de manera inc√≥gnita, pero ellos a√ļn se encuentran en la ambig√ľedad, intentando trabajar con normalidad despu√©s de la crisis que experimentaron por la muerte del Se√Īor: «Ellos quieren volver a la antigua normalidad, y el Se√Īor les va a hacer pensar y entender que esto no es posible, porque es necesario emprender algo nuevo. Y para ello, tiene que convencerlos de que su resurrecci√≥n tiene un fruto», se√Īal√≥ el prelado.

Un eco de la resurrecci√≥n en los disc√≠pulos ocurre cuando el Se√Īor les pide echar las redes a pescar. Aunque no logran reconocer a Jes√ļs, ellos se muestran m√°s obedientes: «Hay signos de resurrecci√≥n en los propios ap√≥stoles que les han quedado del camino seguido con Jes√ļs, pero ellos no lo saben. El Se√Īor se aparece para hacer consciente lo que est√° ocurriendo, porque resucitado no es que se ha ido solamente al cielo, sino que est√° presente en la vida diaria de nosotros, viviendo permanentemente en el coraz√≥n de nuestros trabajos, de nuestros esfuerzos, de nuestros dolores, de nuestras crisis y de nuestros pesimismos por tanta tragedia que tenemos todav√≠a hoy», argument√≥ Monse√Īor Carlos.

La compa√Ī√≠a sutil y servicial de Jes√ļs Resucitado.

La sorpresa de la compa√Ī√≠a sutil del Se√Īor contrasta con el lenguaje triunfante y glorioso que presenta el texto del Apocalipsis (5,11-14): ‚ÄúSentado en el trono, tiene la gloria y el poder‚ÄĚ. Es verdad que el Resucitado ha triunfado, pero no ha dejado la forma sutil y sencilla con la que camin√≥ con sus disc√≠pulos. Por eso, el Se√Īor aparece desconocido, como un servidor que invita, prepara el desayuno y acompa√Īa.

Jes√ļs est√° escondido en la historia y nosotros estamos escondidos con Cristo en Dios. √Čl aparece sutilmente si nosotros nos disponemos a dejarnos llevar por √Čl.¬†

Pedro reconoce los l√≠mites de su amor y Jes√ļs lo alienta.

En otro momento, el Arzobispo Castillo profundiz√≥ sobre la actitud de Pedro, que antes de la muerte del Se√Īor, crey√≥ que Jes√ļs era una especie de l√≠der pol√≠tico que iba a resolver todos los problemas. ‚ÄúTe seguir√© hasta la c√°rcel y la muerte‚ÄĚ, incluso proclam√≥.

«Ahora, los disc√≠pulos se encuentran golpeados por la situaci√≥n y est√°n algo cambiados, reconociendo sus debilidades y errores, aceptando la realidad para dejarse guiar por la mano del Se√Īor y por su Esp√≠ritu», explic√≥ el Obispo de Lima en su homil√≠a.

En ese sentido, Monse√Īor Carlos indic√≥ que hay un di√°logo que revela el aprendizaje de Pedro y el reconocimiento de sus l√≠mites:

En la primera pregunta, Jes√ļs emplea la palabra √°gape: ‚Äú¬ŅMe amas m√°s que estos?‚ÄĚ. Y Pedro responde con otra palabra: ‚ÄúS√≠, Se√Īor, T√ļ sabes que te quiero‚ÄĚ. No es un te quiero con un amor total, sino que, la vida le ha mostrado que su amor es muy pobre. Pedro est√° queriendo decirle a Jes√ļs que su amor existe, pero que tiene sus l√≠mites.

En la segunda vez sucede lo mismo, ‚ÄúSim√≥n de Juan, ¬Ņme amas?‚ÄĚ, y √©l responde: ‚ÄúT√ļ sabes que te quiero‚ÄĚ. La tercera vez es distinta, porque es una nueva pregunta: ‚ÄúSim√≥n de Juan, ¬Ņme quieres?‚ÄĚ, es decir, me ‚Äúfileo‚ÄĚ, ‚Äú¬Ņsolamente me quieres?‚ÄĚ. Al o√≠r esto, Pedro se entristeci√≥ y respondi√≥: ‚ÄúS√≠, Se√Īor, T√ļ lo sabes todo, T√ļ sabes que solamente te quiero‚ÄĚ, o sea, que mi amor es todav√≠a muy poco.

La verdadera actitud del cristiano resucitado es reconocer, con realismo, lo poco que somos, lo pecadores que somos. Solamente se puede ser vicario del Cristo en la tierra, responsable de la Iglesia, obispo o clero, si lo hacemos como un servicio humilde y sencillo. Y para eso tenemos que reconocer nuestro límite.

Somos cristianos pecadores, no cristianos triunfalistas.

Finalmente, Monse√Īor Castillo exhort√≥ a reafirmar nuestra actitud como creyentes y cristianos resucitados, recordando que el Se√Īor est√° escondido en nuestra historia presente: «no somos supermanes, somos personas que tenemos que ir captando c√≥mo el Se√Īor est√° presente, y obedeci√©ndolo poco a poco, dej√°ndonos guiar por su mano», enfatiz√≥.

El Arzobispo de Lima reiter√≥ el llamado del Papa Francisco a vivir un tiempo de la misericordia para llamar a las personas a recapacitar e insistir que la Palabra de Dios puede remover monta√Īas, entrar en la entra√Īa de cada persona y convertirnos en seres que capaces de amar y actuar solidariamente.

Se necesita que todos los sectores del pa√≠s, desde los m√°s sencillos hasta los m√°s grandes, desde los que tienen una funci√≥n de ciudadano y los que tienen una funci√≥n de dirigente del pa√≠s, todos tenemos que ir cediendo, poco a poco, pero no ceder ante las componendas, tenemos que ceder ante el bien com√ļn, y eso supone un crecer y un madurar.

La Celebraci√≥n Eucar√≠stica de este III Domingo de Pascua cont√≥ con la participaci√≥n de Monse√Īor Alfredo Vizcarra, Obispo de Ja√©n, quien agradeci√≥ los gestos de solidaridad durante la campa√Īa de ayuda humanitaria por el terremoto ocurrido en la regi√≥n norte de la Amazon√≠a.

En la Solemnidad de Santo Toribio de Mogrovejo, Monse√Īor Carlos Castillo hizo un llamado a retomar el camino de la gran tradici√≥n que nos dej√≥ Toribio y transmitir su legado en las nuevas circunstancias: «En este momento de dificultad de nuestro pa√≠s, encontremos cu√°les son las nuevas formas de servir de la Iglesia y del Clero, c√≥mo dise√Īamos un modelo que s√≥lo sea servicio y no servirnos de los dem√°s, para hacer de la Iglesia palpitaci√≥n, sentimiento profundo, vida aut√©ntica y testimonio del Se√Īor, como lo hizo Santo Toribio», reflexion√≥ el prelado durante su homil√≠a.

Leer transcripci√≥n de homil√≠a de Monse√Īor Castillo.

En el d√≠a que la Iglesia recuerda a Santo Toribio de Mogrovejo, Monse√Īor Castillo afirm√≥ que es necesario aprender y reflexionar en torno a la vida y gestos de Toribio, que supo situarse en un momento √°lgido de la historia y generar una Iglesia capaz de acompa√Īar a la gente y proponerle formas de vida, con un testimonio cristiano profundo capaz de convencer y generar algo realmente nuevo.

«Evangelizar siempre implica una consonancia con el pueblo, hablando su lenguaje, sus gestos y sus maneras. Y tenemos hoy d√≠a un pueblo muy sufrido y diversificado que necesita que le hablen en su lenguaje de sufrimiento y de dolor, para hablarle con esperanza», indic√≥.

El Arzobispo Castillo record√≥ que el nombramiento de Santo Toribio se dio en medio de circunstancias tr√°gicas para el pa√≠s: A fines del siglo XVI, T√ļpac Amaru I hab√≠a sido asesinado vilmente en la Plaza de Cuzco, despu√©s de ser encarcelado en Sacsayhuam√°n y llevado a la pena del garrote. Ante esta situaci√≥n, el virrey Toledo fue retirado del Per√ļ por encargo del rey Felipe II. ‚ÄúYo te mand√© a servir reyes y evangelizarlos, no te mand√© a matarlos‚ÄĚ, fue el reclamo de Felipe II. En este contexto de crisis, resistencia y desaz√≥n, Toribio emerge como la persona indicada para gobernar con criterio y justicia, pero, sobre todo, con conocimiento de la realidad:

«Felipe II busc√≥ no a un cura, no a un obispo, no a un religioso, busc√≥ a un laico, porque, en ese momento, era la persona que mejor pod√≠a estar a la altura de la situaci√≥n. Y, por esa raz√≥n, pens√≥ que era mucho mejor que alguien que conociera la realidad y tuviera el criterio y juicio, pudiera gobernar la ciudad y la Iglesia del Per√ļ», narr√≥ Monse√Īor Castillo.

Entre sus gestos m√°s destacados, Santo Toribio fue uno de los principales gestores del Tercer Concilio L√≠mense, el punto de partida para que se normen formas de evangelizar distintas, en las que se promueva la dignidad de los indios: «Tanto Toribio como los propios sacerdotes, eran representantes de la protecci√≥n de los indios y el rechazo de cualquier tipo de abuso, representantes de la promoci√≥n de las personas, para hacer posible que la gente surgiera y se respondiera a la demanda tremenda que se hab√≠a generado», explic√≥ el Arzobispo.

El Arzobispo de Lima presidi√≥ la Eucarist√≠a acompa√Īado de sus obispos auxiliares, el Clero de Lima, los j√≥venes seminaristas y el Pueblo de Dios.

La Iglesia evangeliza, no polariza. No poner la religiosidad en piloto autom√°tico.

Siguiendo los pasos de Toribio de Mogrovejo, el Monse√Īor Castillo asegur√≥ que la Iglesia debe persistir en anuncia el Evangelio, no en polarizar o tomar posiciones partidarias que generen divisiones: «Hay que tener mucho cuidado de poner la religiosidad en piloto autom√°tico y preocuparnos √ļnicamente en hacer nuestro horario de misa en la ma√Īana, en la tarde y en la noche. Todos sabemos que un sistema as√≠ no es capaz de generar algo nuevo, o al menos, lo puede hacer de forma remota», acot√≥.

Toribio decidi√≥ no poner la religiosidad en piloto autom√°tico, sino ponerse √©l como misionero para ir a cada pueblo, sentarse a ense√Īar, aprender el quechua para hablar con la gente y escucharla, especialmente a la poblaci√≥n m√°s ind√≠gena.

Carlos Castillo reiter√≥ que Santo Toribio busc√≥ a la gente y no esper√≥ a que vinieran a √©l: «Cuando busc√≥ a la gente, aprendi√≥ a construir formas de Iglesia, por eso fue uno de los santos que m√°s practic√≥ la sinodalidad, no s√≥lo con el Tercer Concilio Limense, sino con todos los encuentros que tuvo a lo largo de su camino», precis√≥.

Santo Toribio de Mogrovejo supo enraizar la fe en el corazón de la gente por conocimiento directo. Evangelizar siempre implica una consonancia con el pueblo que tienes delante, hablando su lenguaje, sus gestos y sus maneras.

Finalmente, dirigi√©ndose al Clero de Lima, el Arzobispo de Lima a√Īadi√≥: «Que a nadie le quepa duda de que Jesucristo est√° pasando cuando est√°n en un hospital, en la parroquia, en el trato de la gente, en la organizaci√≥n del problema de la gente y en la palabra que dicen».

Queridos sacerdotes, entre ustedes tiene que desarrollarse la capacidad de autenticidad más profunda, como así lo quiso Toribio, una Iglesia misionera, una Iglesia espiritual, una Iglesia santa, pero también una Iglesia capaz de dar vida y esperanza a todo nuestro país.

En el II Domingo de Pascua, Domingo de la Divina Misericordia, Monse√Īor Carlos Castillo asegur√≥ que es necesario un cambio fundamental en nuestro pa√≠s y en nuestra Iglesia que atienda el clamor de los pobres: «El Se√Īor abre caminos en medio de las crisis, esas crisis son tanto sociales como personales, e implican, por nuestra parte, siempre considerarlas como una fuente inagotable para salir adelante y para crear. Miremos y toquemos las heridas, aprendemos a creer, inclusive, viendo lo contrario, porque nuestra fe en el Jes√ļs Resucitado y misericordioso es irreversible e inalterable», expres√≥ el prelado en su homil√≠a en la Catedral de Lima.

Leer transcripci√≥n de homil√≠a de Monse√Īor Castillo.

Comentando el Evangelio de Juan (20, 19-31), el Arzobispo de Lima explic√≥ que Jes√ļs Resucitado ha querido expresar su misericordia hasta en tres ocasiones. Al decir: «Paz a ustedes» a sus disc√≠pulos, el Se√Īor se coloca en medio de ellos, es decir, se aparece en medio de la crisis que viv√≠an: «Como ha se√Īalado el Santo Padre en el Angelus de hoy, las crisis no son pecado, son caminos que se abren para poder resolver problemas, porque son puntos de partida confusos para ir haciendo un camino y salir de ellas. Y solo salimos cuando el Se√Īor nos da su paz para enfrentarlas y, curiosamente, nos da su paz mostr√°ndonos sus heridas, aquello que ha sido el fruto m√°s terrible de la crisis, de la tensi√≥n, de la agresi√≥n, de la mentira», manifest√≥.

«Esas huellas, esas heridas que dej√≥, son las que les dan la paz. Es curioso, porque nosotros a veces cuando sentimos necesidad de paz, necesitamos, m√°s bien, estar lejos de todas las heridas y de todos los problemas. Y aqu√≠ el Se√Īor los hace enfrentar, conocer y tocar los problemas. ¬ŅY por qu√©? Porque detr√°s de esas heridas, hay el amor infinito de Dios que siempre nos perdona», reflexion√≥ el Obispo de Lima.

Todo cristiano, inclusive con dudas o crisis, también es amado de Dios.

El Primado del Per√ļ indic√≥ que, as√≠ como los disc√≠pulos ten√≠an sus dudas y temores, es normal que como cristianos pasemos por un momento de crisis o incredulidad. Sin embargo, todos somos amados de Dios: «Todos necesitamos una Iglesia que comprenda que no todo lo podemos conseguir en el primer momento. Es una Iglesia que est√°, poco a poco, renunciando a creerse un grupo de perfectos y hacer una Iglesia cercana que comparte, tambi√©n, la imperfecci√≥n humana, los problemas, las dudas y las crisis», anunci√≥.

La misericordia de Dios es eterna, inconmensurable e infinita. Dios siempre perdona, porque quiere hacernos participar de su amor gratuito, incondicional, sin tantas reglas ni normas. Este es un llamado a que todos podamos crear a partir de sentirnos y reconocernos amados misericordiosamente por el Padre.

En otro momento, Monse√Īor Castillo se√Īal√≥ que los disc√≠pulos, despu√©s de ver y tocar las heridas de Jes√ļs, creyeron en lo que hab√≠a acontecido: «Es bien interesante, porque el Evangelio (Jn 20, 19-31) dice ‚ÄúPorque has tocado, has cre√≠do. Bienaventurados los que crean sin haber visto‚ÄĚ. Podr√≠amos decir que los ap√≥stoles son los primeros que creen viendo. Nosotros, los que venimos despu√©s, creemos en la palabra de ellos y, por lo tanto, creemos sin ver».

Creer viendo lo contrario. Creer contra la corriente.

«Pero hay una generaci√≥n que comenz√≥ a gestarse durante la Colonia y que sigue hoy d√≠a hasta la Rep√ļblica, en donde tenemos un modelo de cristiano nuevo. Los cristianos de Am√©rica Latina, especialmente, los pobres creyentes, los que sufren maltratos, los que sufren agresiones, maledicencias, creen viendo lo contrario hecho por los cristianos. Es una tercera forma de creer, es decir, creer viendo lo contrario», reflexion√≥ el Arzobispo Castillo.

En ese sentido, Monse√Īor Carlos record√≥ el pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Peruana sobre la compleja crisis pol√≠tica, social y econ√≥mica que vive nuestro pa√≠s: «Los obispos del Per√ļ hemos hecho un pronunciamiento sobre el drama que est√° sufriendo nuestra naci√≥n por falta de sensibilidad humana, en donde los intereses se parapetan entre ellos y se olvidan de la gente sencilla, pero sobre todo, olvidan que est√°n para servir y no para ser servidos», acot√≥.

El llamado que el Papa Francisco ha hecho para realizar la mejor política en el mundo y superar toda esa politiquería que solamente está llevando a la destrucción de nuestro país, necesita la atención de nuestra parte para salir de esta crisis. Y, por eso, nosotros estamos llamados a creer contra la corriente, a creer viendo lo contrario a lo que podríamos ver.

El Arzobispo de Lima hizo un llamado a salir de los entrampamientos y de los enredos: «Hay una tarea nuestra de ser buenos ciudadanos y, para eso, tenemos que organizarnos como ciudadanos, pac√≠ficamente, pero con la capacidad fortalecida por nuestra fe de inventar juntos soluciones que vayan en el sentido de la solidaridad», subray√≥.

Un cambio fundamental que atienda el clamor de los pobres.

Monse√Īor Castillo se solidariz√≥ con el Cardenal Pedro Barreto, quien en los √ļltimos d√≠as fue insultado: «Monse√Īor Barreto, trat√≥, intent√≥ llamar a una forma de organizar las cosas en donde los mejores ciudadanos pudieran participar y crear mejores condiciones de personas para poder dirigir lo que est√° pasando y rectificar este caos en el que estamos. Desgraciadamente, ha sido insultado, pero eso es lo de menos, porque sabemos que el Se√Īor perdona y nosotros estamos para perdonar. Pero es necesario que se diga con toda claridad, como lo ha hecho nuestra Conferencia Episcopal, que es necesario un cambio fundamental que atienda el clamor de los pobres, porque tenemos heridas grav√≠simas que no est√°n siendo solucionadas. Y esas cosas no se arreglan con peque√Īos consejos o peque√Īas conversaciones. ¬°No! Se arregla con gente honesta y seria que enfrente las cosas, y que no sea un grupo de personas que, simplemente, se retroalimentan entre ellos», exhort√≥.

A m√°s de dos a√Īos del inicio de la Pandemia, el Pueblo de Dios se congreg√≥ en la Bas√≠lica Catedral de Lima para celebrar la alegr√≠a de la Pascua y el anuncio de Jes√ļs Resucitado. En su homil√≠a, Monse√Īor Carlos Castillo explic√≥ que, en medio de la situaci√≥n tr√°gica y dram√°tica que vive la humanidad, estamos llamados a renovar nuestra fe en la resurrecci√≥n, meditando y profundizando en nuestras acciones a partir del di√°logo fecundo entre todas las instituciones:

«La Iglesia debe ayudar a fortalecer la capacidad amante de todos los cristianos del Per√ļ y orientar a anunciar el Evangelio con amor. Tenemos que saberlo hacer sobre la base de un amor y respeto profundo basado en la justicia, para que no sea un barniz lo que anunciamos, sino un testimonio real de que aqu√≠, solucionando nuestro problemas, aportamos a solucionar los de la humanidad», anunci√≥.

Leer transcripci√≥n de homil√≠a de Monse√Īor Castillo.

El Arzobispo Carlos Castillo asegur√≥ que, con el acontecimiento de la resurrecci√≥n, nuestro amor y nuestra esperanza se ha renovado, especialmente despu√©s de la injusta condena que recibi√≥ el Se√Īor: «En medio de la tragedia que estamos viviendo, sigamos tenazmente basados en la fuerza del Se√Īor para buscar soluciones h√°biles que permitan la paz, renunciando a las cosas accesorias y apuntando a lo central: responder a las necesidades de nuestro pueblo, llenar las ollas comunes vac√≠as, ponernos de acuerdo para tener trabajo digno y que no suba el costo de vida», afirm√≥.

Esta es una tarea, no solamente de los gobernantes, es tarea de todo el pueblo, nuestras familias y barrios, para aprender a conversar, escucharnos y organizarnos.

Comentando el Evangelio de Juan (20, 1-9), Monse√Īor Carlos explic√≥ que la resurrecci√≥n fue algo dif√≠cil de comprender en los disc√≠pulos del Se√Īor, golpeados con el drama de su muerte y enfrentados a muchas situaciones adversas: «Son pocos los que comienzan a recapacitar y a darse cuenta. La esperanza siempre es dif√≠cil, pero est√° escondida en el coraz√≥n de las situaciones dif√≠ciles, porque est√°n marcadas por el pecado; y el ser humano necesita de la ayuda de Dios para superar situaciones de pecado personal y social, inclusive de pecado mundial», acot√≥.

El Evangelio de hoy nos permite entender la primera actitud de contrariedad que tuvo Mar√≠a Magdalena al encontrar el sepulcro vac√≠o: «Esta piedra quitada del sepulcro, en vez de anunciarle que Jes√ļs ha resucitado, la asusta y desespera. Entonces ech√≥ a correr a contarle a los disc√≠pulos la ‘mala noticia’: ¬°Se han llevado del sepulcro al Se√Īor y no sabemos d√≥nde lo han puesto! Es decir, ha interpretado las cosas sobre la base de lo primero que vi√≥, con una mirada superficial», manifest√≥ el Obispo de Lima en su homil√≠a.

‚Äú¬°Se han robado al Se√Īor!‚ÄĚ. Es lo que nos pasa a todos los peruanos y a todo el mundo cuando existe algo serio y exageramos las cosas, nos desesperamos, nos angustiamos y decimos las primeras palabras que se nos dan como reacci√≥n inmediata.

Por su parte, los disc√≠pulos tambi√©n salen a correr preocupados, como todos nosotros que estamos preocupados por los problemas que ocurren en nuestro pa√≠s y en el mundo: «El Santo Padre ha dicho que despu√©s de una terrible Pandemia de dos a√Īos, esper√°bamos que las cosas pudieran retomarse y ordenarse con paz. Pero algunos ‘Ca√≠nes’ han decidido que suframos mucho m√°s, con el dolor de los ni√Īos, de las mujeres, de las ciudades bombardeadas, de la cantidad de peregrinos que hay en el mundo. Lo mismo ocurre con nosotros cuando salimos a las calles porque hay una injusticia que se est√° produciendo y tiene que cambiarse», subray√≥ Carlos Castillo.

«Ver profundamente» con el alma y el coraz√≥n para encontrar a Jes√ļs Resucitado.

Al llegar al sepulcro, se producen distintas miradas en los disc√≠pulos, reitera nuestro Arzobispo: «Y estas miradas son muy importantes para aprender a creer, recobrar la esperanza y creer en la resurrecci√≥n, para ser disc√≠pulos misioneros en salida».

Pedro, por ejemplo, entr√≥ y vio las vendas en el suelo, mientras que el sudario con el que hab√≠an cubierto la cabeza del Se√Īor estaba enrollado, puesto aparte. Cuando esto sucede, la mirada superficial de Mar√≠a Magdalena se transforma, ahora, en una mirada mucho m√°s tranquila. Y Pedro «mira», analiza las cosas, pero eso siempre tiene un problema: es una mirada objetiva y anal√≠tica, fr√≠a, por lo tanto, Pedro a√ļn no cree lo que acaba de acontecer.

Finalmente entr√≥ otro disc√≠pulo, el que hab√≠a llegado primero al sepulcro, pero al entrar ‚Äúvi√≥ y crey√≥‚ÄĚ. ¬ŅQu√© tipo de ‚Äúver‚ÄĚ es este? ¬ŅEs un ‚Äúver‚ÄĚ superficial? ¬ŅEs un ‚Äúver‚ÄĚ anal√≠tico y fr√≠o? No, se trata de un «ver profundamente», «ver con el alma y con el coraz√≥n» para creer.

Este es el destino de todo creyente: no ser un creyente superficial que se impresiona por las cosas fácilmente, ni uno frío o analítico. El creyente debe dejarse interrogar por las cosas, pero luego, profundizarlas y tomarlas con responsabilidad.

Monse√Īor Castillo se√Īal√≥ que creer en la resurrecci√≥n es tambi√©n una exigencia y una responsabilidad, porque tenemos que comprometernos con la causa de Jes√ļs: «Esto siempre nos cuesta un poquito m√°s, porque somos humanos y fr√°giles. Y el Se√Īor, que sabe esto, tiene la paciencia de ayudarnos poco a poco a madurar en la fe», precis√≥.

La Iglesia debe ayudar a fortalecer la capacidad amante de todos los cristianos del Per√ļ y orientar a anunciar el Evangelio con amor. Tenemos que saberlo hacer sobre la base de un amor y respeto profundo basado en la justicia, para que no sea un barniz lo que anunciamos, sino un testimonio real de que aqu√≠, solucionando nuestro problemas, aportamos a solucionar los de la humanidad.

La Celebraci√≥n Eucar√≠stica en el Domingo de Pascua cont√≥ con la participaci√≥n de la Hermandad de la Sant√≠sima Virgen del Carmen y el Colegio de Bi√≥logos del Per√ļ.

Vigilia Pascual – S√°bado de Gloria (Catedral de Lima).

En el Santuario de Las Nazarenas, se llevó a cabo el tradicional Sermón de las Siete Palabras, con la participación de los sacerdotes de nuestra Arquidiócesis de Lima. A continuación compartimos las frases más destacadas de este Viernes Santo.

Primera Palabra: «Padre, perd√≥nalos porque no saben lo que haces»

Reflexión del Padre César Oré

La primera palabra de Jes√ļs en la Cruz es una invocaci√≥n a Dios, es una s√ļplica, pero no por s√≠ mismo, sino por los dem√°s. √Čl es el inocente que se inmola, el sentenciado injustamente con la complicidad de aquellos que ten√≠an que buscar la verdad y la justicia, aquel que calla y no se atrinchera ante sus verdugos, ni tampoco se victimiza.

El rostro de Dios que Jesucristo nos muestra, no es el de un Dios vengativo y justiciero, de un Dios lejano e imponente; es el Dios cercano que se deja ver en los gestos sencillos de amor verdadero, de ternura, de solidaridad, de compasión y de perdón; y que hemos podido ver a lo largo de estos tiempos difíciles que nos toca afrontar.

A√ļn nos conmueve el dolor humano por el fallecimiento de nuestros seres queridos a lo largo de esta Pandemia, as√≠ como las im√°genes desgarradoras del sufrimiento producido por la guerra, el desentendimiento, la falta de posibilidades para el desarrollo de los pueblos, el hambre, la miseria, la enfermedad, la desolaci√≥n, el abandono, la injusticia, la corrupci√≥n, la desesperaci√≥n y el olvido.

Jesucristo no ‚Äúutiliza‚ÄĚ a Dios, ni el nombre de Dios para invocar una violencia que venga de lo alto, como s√≠ se lo insinuaron en un momento algunos de sus disc√≠pulos: ‚ÄúSe√Īor, ¬Ņquieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?‚ÄĚ (cfr. Lc 9,54).

No se puede utilizar la religión para justificar la violencia en el mundo, no se puede pretender utilizar a Dios para justificar el odio y la muerte, que tanto vemos a nuestro paso, signos de inhumanidad, signos de oscuridad, de ceguera; no se puede pretender utilizar a Dios para los propios fines y conveniencias: Dios no se presta al juego de la destrucción de sus hijos y de sus creaturas, de aquello que en su bondad nos ha sido confiado.

Una religi√≥n sin coraz√≥n, sin amor y perd√≥n, es una religi√≥n sin Dios, pues ‚Äúel nombre de Dios es misericordia‚ÄĚ (Papa Francisco); el Dios de Jesucristo, el Padre, es misericordia. Jesucristo se abraza a la Cruz tan fuertemente en la entrega generosa de su vida que no puede hacer otra cosa que perdonar viviendo lo que ha aprendido y visto en el Padre, en su Padre.

El perdón que Dios ofrece es gratuito y transformante. Es mucho por lo cual tenemos que pedir perdón a Dios por nuestros pecados, nuestras fallas y limitaciones; somos frágiles sostenidos por Dios y estamos puestos en sus manos.

Vivamos este Viernes Santo como día de perdón desde la profundidad de la vida cristiana que hemos recibido y que quiere ser fecunda a través del perdón, el amor y la misericordia.

Segunda Palabra: «Yo te aseguro que hoy estar√°s conmigo en el Para√≠so»

Reflexión del Padre Arturo Alcos.

El buen ladr√≥n le dice: «Jes√ļs, acu√©rdate de mi cuando entres a tu Reino». En el lenguaje de la Biblia, este verbo, acu√©rdate, tiene una fuerza particular porque es una palabra de certeza y de confianza. Y ante este pedido, Jes√ļs le responde: «Yo te aseguro que hoy estar√°s conmigo en el Para√≠so».

El Se√Īor decidi√≥ mirar con misericordia a un hombre que hab√≠a cometido muchos pecados, un asesino, revoltoso. Pero este buen ladr√≥n tuvo 4 cosas:

En primer lugar, se reconoci√≥ pecador como un gran ejemplo de conversi√≥n. Dimas sabe que la vida de los tres se va de un modo inexorable. El buen ladr√≥n recuerda la Justicia divina, muy superior a la justicia humana, y como es l√≥gico le invade el temor. Por eso le invita al arrepentimiento al otro ladr√≥n; dici√©ndole: ¬ŅNi siquiera estando en el suplicio temes a Dios?

En segundo lugar, el buen ladr√≥n comprende que s√≥lo perdona de verdad el que ama. Y Jes√ļs, en su primera palabra, perdonaba a los que le clavaron al madero. No pide un alivio para el dolor que padece, sino el consuelo del nuevo Reino que Jes√ļs hab√≠a instaurado.

En tercer lugar, el buen ladr√≥n supo defender a Cristo. Y defender a Cristo significa defender la vida y la dignidad de la persona. La Iglesia Cat√≥lica proclama que la vida humana es sagrada. Tenemos que defender la vida desde el primer instante de su concepci√≥n, hasta el √ļltimo aliento. Creemos que toda persona tiene un valor inestimable, que las personas son m√°s importantes que las cosas y que la medida de cada instituci√≥n se basa en si amenaza o acrecienta la vida y la dignidad de la persona humana. Por lo tanto, toda persona tiene un derecho fundamental a la vida y un derecho a todo lo necesario para vivir con decencia.

Finalmente, el buen ladr√≥n supo sufrir y acept√≥ morir: «Esto me toca a mi porque me lo merezco», es decir, acept√≥ lo que le correspond√≠a en lugar de proferir insultos como el otro ladr√≥n, renunciando a pelear contra Jes√ļs. Ya en esta vida, la mayor felicidad se consigue en la amistad, porque el ser humano es esencialmente amoroso. En el cielo, la amistad plena y feliz, se da con Jes√ļs Dios y Hombre verdadero, con Dios Padre, con Dios Esp√≠ritu Santo, con la Virgen Sant√≠sima y con todos los santos. Que asi sea. Que Dios los bendiga.

Tercera Palabra: «Mujer, ah√≠ tienes a tu hijo. Hijo, ah√≠ tienes a tu madre»

Reflexión del Padre Víctor Soliz.

El Se√Īor ha querido fijar su mirada en el disc√≠pulo amado y Mar√≠a. ¬ŅQui√©n es ese disc√≠pulo amado? Nos dice la tradici√≥n que es el ap√≥stol Juan, pero en realidad ese disc√≠pulo amado, esa disc√≠pula amada, somos t√ļ y yo hoy d√≠a.

¬ŅEstamos recibiendo a Mar√≠a como nuestra madre? ¬ŅLa aceptamos como nuestra? Ella, asume en ese momento junto a Jes√ļs, la voluntad del Padre Dios para que se involucre en el misterio de lo que est√° sucediendo. Y Mar√≠a quiere ense√Īarnos a ser disc√≠pulos de Cristo en cada momento y en cada circunstancia.

Hoy estamos llamados a seguir a Jesus, a seguir a Mar√≠a, a dejarnos inspirar por su Esp√≠ritu, a sentir cada palabra del Evangelio y llenar nuestro coraz√≥n de alegr√≠a. Como buena disc√≠pula, Mar√≠a meditaba todo lo que dec√≠a y hac√≠a Jes√ļs. En sus actitudes, hay que aprender de sus gestos, hay que aprender de sus palabras.

Cuarta Palabra: «¬°Dios m√≠o, Dios m√≠o!, ¬Ņpor qu√© me has abandonado?»

Reflexión del Padre Jaime Llamas.

En mayor o menor medida, todos comprendemos lo que es la soledad o el abandono, as√≠ como los efectos que eso puede llegar a tener en una persona. Cu√°ntas profundas heridas a causa del abandono, cu√°ntas vidas heridas por el ego√≠smo y la indiferencia. Es doloroso constatar que a√ļn hay padres que abandonan a sus hijos, o hijos que abandonan a sus padres ancianos o en necesidad. Es duro reconocer que, en nuestra sociedad, hay tantos que son descartados y a los que a veces no prestamos atenci√≥n ni ayudamos. Y nuestras indiferencias llevan a algunas personas a dudar de Dios o a sentirse abandonados de √Čl.

En labios de Jes√ļs la frase: ‚ÄúEl√≠. El√≠, lam√° sabaktan√≠‚ÄĚ que traducimos como ‚ÄúDios m√≠o, Dios m√≠o. ¬Ņpor qu√© me has abandonado?‚ÄĚ no es una frase que manifieste falta de fe, ni mucho menos una ofensa a Dios. Hay que considerar que, por una parte, el Se√Īor Jes√ļs expresa el sentimiento que lo embarga en ese momento, con ese dolor f√≠sico y moral indescriptibles, pues estaba cargando con las culpas de los hombres y mujeres de todos los tiempos. Pero tambi√©n con esta frase, representa a la humanidad sufriente y abre para ella una perspectiva de esperanza.

Por ello, no dudemos ni reneguemos de Dios en la tribulaci√≥n. M√°s provecho espiritual sacar√≠amos al tomar conciencia de las muchas veces que los seres humanos abandonamos a Jes√ļs para ir tras falsos dioses. En verdad, cu√°ntas veces sustituimos a Dios al hacernos √≠dolos: el dinero, el desenfreno, el hedonismo, etc. Esa toma de conciencia de nuestros abandonos a Dios puede ser el inicio de una sincera conversi√≥n. En la Cruz, Jes√ļs tambi√©n experiment√≥ nuestros injustos abandonos, sin embargo, nos sigue amando hasta el extremo y llamando a volver a √Čl.

Quinta Palabra: «Tengo Sed»

Reflexión del Padre Dionicio Alberca.

No se trata simplemente de la sed de un hombre crucificado que est√° a punto de morir, sino del √ļltimo deseo del Dios hecho hombre, la Palabra hecha carne que puso su moral entre nosotros. Jes√ļs tiene sed de hacer de este mundo el Reino de Dios, √Čl tiene sed de restablecer la comuni√≥n con Dios y la comuni√≥n entre los seres humanos.

Se ha exigido tantas veces – y se contin√ļa exigiendo – que todos se laven las manos para no ser contagiados por el Covid-19, pero mucha gente no tiene agua para satisfacer sus necesidades b√°sicas, y tiene que comprar el agua a precios exorbitantes. Nuestro pueblo tiene sed de un clamor que lamentablemente a√ļn no es atendido, pero tambi√©n hay otros tipos de sed que est√°n a niveles m√°s profundos y que se ignoran en todos los √°mbitos de la vida.

Ante la crisis política, económica y moral, tenemos sed de bienestar, sed de justicia frente a una cultura del descarte y de tanta desigualdades, sed de paz en un mundo que se desangra por la violencia y la guerra, sed de asistencia médica gratuita y de calidad, sed de vivir con la dignidad de ser seres humanos e hijos de Dios.

Es necesario discernir los tipos de sed que tenemos como sociedad y como Iglesia de Lima. Todos tenemos sed de alegr√≠a, tratamos de evitar el vinagre de la amargura del odio y del rencor. Y para ello, es necesario hacer el discernimiento de la realidad para descubrir la voluntad de Dios. ¬ŅQu√© nos pide el Se√Īor ante las necesidades y aspiraciones de nuestro pueblo? La sed de Jes√ļs nos compromete a satisfacer la sed de nuestro pueblo sufrido.

Sexta Palabra: «Todo est√° cumplido»

Reflexión de Fray Rafael Hurtado.

La muerte de Jes√ļs representa tambi√©n un acto de amor y de amistad por nosotros, especialmente por sus predilectos, los pobres, los excluidos, los migrantes, los pecadores. Elevado en la Cruz, Jes√ļs muere amando, obedeciendo y confiando en la voluntad de Aquel que le ha enviado.

Al t√©rmino de su vida, Jes√ļs entendi√≥ que deb√≠a morir para dar vida, entreg√°ndolo todo para ganarnos a todos y confiar en su Santa obediencia a la voluntad del Padre. Jes√ļs nos ense√Īa que vivir no significa pasar por encima de los obst√°culos, ni mucho menos al t√©rmino de nuestra existencia, ganando el mundo entero con todas sus apetencias. La confirmaci√≥n de nuestra misi√≥n en la vida, como en la de Jes√ļs, consistir√° a√ļn aceptar la vida del Padre eterno.

Jes√ļs carg√≥ el pecado del mundo sobre sus hombros, y las faltas humanas cayeron sobre su cuerpo. Por eso, la plenitud y la consumaci√≥n de nuestro Se√Īor Jesucristo fue el amor total y completo que nos dio y dej√≥ al mundo entero.

Con sus √ļltimas palabras, Jes√ļs nos ofrece la continuidad de su misi√≥n en clave de minoridad y salvaci√≥n. √Čl nos insiste en despertar del sue√Īo torpe e ilusorio al que la modernidad individualista y ego√≠sta nos inducey fuerza a creer. Ahora es tiempo de consumar nuestra misi√≥n siguiendo a Jes√ļs.

S√©ptima Palabra: «Padre, en tus manos encomiendo mi Esp√≠ritu»

Reflexión del Padre César Mesinas.

Con su √ļltima palabra: ‚ÄúPadre, en tus manos encomiendo mi Esp√≠ritu‚ÄĚ, el Se√Īor est√° afirmando que ha cumplido con su misi√≥n, ha hecho lo que ten√≠a que hacer y cumplido con el encargo que el Padre le dio. El Se√Īor ha dado la vida por todos, ha muerto por el bien de todos, y ahora, se dispone en las manos del Padre.

El Se√Īor, a trav√©s del sacrificio de su vida, nos ha dejado muchas ense√Īanzas. Nosotros estamos llamados a aprender a ser como Jes√ļs, a imitar sus gestos y sus actitudes, a recorrer sus mismos caminos, a ir de pueblo en pueblo para anunciar el Evangelio.

La respuesta de Jes√ļs antes de su muerte, debe ser tambi√©n la nuestra. Alg√ļn d√≠a nos tocar√° partir, porque todos tendremos que morir, no sabemos cu√°ndo, unos antes, otros despu√©s, alg√ļn d√≠a tendremos que dejar esta historia. Lo mejor que nos podr√≠a pasar es que, cuando salgamos de este mundo hacia el encuentro con el Padre, podamos decirle al Se√Īor, a nuestro Padre Dios: ‚Äú¬°Misi√≥n cumplida!‚ÄĚ, porque en la rendici√≥n de cuentas nos van a preguntar qu√© hemos hecho con nuestra vida. No nos van a preguntar cu√°nta plata ten√≠amos o qu√© ropa us√°bamos, la pregunta principal girar√° en torno a lo que hemos hecho en esta vida, cu√°nto hemos hamado y si hemos logrado cumplir con nuestra misi√≥n en el mundo.

Que esta Semana Santa nos ayude a todos a crecer como cristianos y a ser m√°s efectivos en el cumplimiento de la misi√≥n que nos toca realizar. Am√©n. 

Monse√Īor Carlos Castillo presidi√≥ la Celebraci√≥n de la Cena del Se√Īor e imit√≥ el gesto del Se√Īor de lavar los pies a sus disc√≠pulos. Este a√Īo, el grupo representativo estuvo conformado por nuestros j√≥venes de la Pastoral Juvenil: «El Se√Īor se ha querido poner en el coraz√≥n de los j√≥venes, de los servidores(…) Los j√≥venes de todo el mundo est√°n queriendo algo realmente nuevo, y eso nuevo el Se√Īor lo viene a traer», expres√≥ el prelado en su homil√≠a.

Homil√≠a de Monse√Īor Castillo (Leer transcripci√≥n)

La Bas√≠lica Catedral de Lima se llen√≥ de la alegr√≠a y el esp√≠ritu de los j√≥venes, elegidos para participar en el Lavado de los Pies. Comentando el Evangelio de Juan (13, 1-15), el Arzobispo de Lima explic√≥ que el Se√Īor nos invita a todos a ser servidores por medio de la instituci√≥n de la Eucarist√≠a y el Lavado de Pies, dos gestos diferentes pero que esconden el mismo significado:

«Hoy d√≠a, como cada a√Īo, cuando celebramos este rito de la √öltima Cena, celebramos tambi√©n el recuerdo de la consagraci√≥n del Cuerpo y Sangre del Se√Īor mediante las formas del pan y del vino, pero introducimos esta peque√Īa ceremonia del Lavado de los Pies, que significa el punto de partida concreto de lo que es la Eucarist√≠a: compartir el pan y servir con el mismo camino de sencillez gratuita y generosa de tantos servidores, de tantos inocentes, de tanta gente que sufre y que sostiene el mundo con su trabajo, pero que no es compensada por el ego√≠smo humano», reflexion√≥ el Obispo de Lima.

Es posible cambiar el mundo en favor de toda la humanidad.

En otro momento, Monse√Īor Carlos asegur√≥ que estamos al borde de un cambio completo de √©poca, y son los j√≥venes quienes van a heredar este mundo marcado por la desgracia y la ambici√≥n del poder: «Tenemos que transmitir el sentido que la Iglesia tuvo desde su origen para salvar al mundo: el servicio», reafirm√≥ el Primado de la Iglesia Peruana. «Si nosotros tenemos la desgracia de no poderles entregar un mundo mejor, por lo menos les entregamos lo que luchamos como creyentes, como testigos del Evangelio en este mundo, para que ustedes mantengan la esperanza y la expectativa de que hoy es posible cambiar el mundo en favor de toda la humanidad, en especial, de los m√°s necesitados», precis√≥.

El Se√Īor ha venido a lavarnos para que nosotros aprendamos a lavar a los dem√°s. √Čl nos ha querido ense√Īar que los primeros est√°n para servir a los √ļltimos.

El Arzobispo de Lima afirm√≥ que, para comprender a Dios, √ļnicamente necesitamos comprender el misterio de su amor gratuito y generador de vida: «Dios decidi√≥ crearnos a nosotros, al mundo, y decidi√≥ anonadarse para que existi√©ramos. Por eso decimos que hemos sido creados de la nada, porque Dios se anonada como la madre cuando tiene que parir al hijo, y cuando tiene que llevarlo en su seno; se anonada para que el otro sea. La l√≥gica de la vida es el servicio, anidar al otro para que sea», subray√≥.

El amor verdadero es el amor que deja existir, promueve, retira sus propios intereses y renuncia a sus propios poderes.

El grito solidario de un pueblo que clama justicia.

Antes de finalizar, Monse√Īor Castillo se pronunci√≥ sobre las manifestaciones en todo el pa√≠s para pedir justicia por el caso de una menor de 3 a√Īos, v√≠ctima de secuestro y abuso en la ciudad de Chiclayo: «Los gritos que escuchamos en las calles, son gritos de solidaridad y de exigencia, de clamor y de justicia en favor de una peque√Īa ni√Īa. Estas cosas terribles y monstruosas que ocurren en nuestro pa√≠s necesitan ser radicalmente corregidas».

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