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El Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Monseñor Carlos Castillo presidió la Celebración Eucarística en la Basílica Catedral de Lima de este II Domingo del Tiempo Ordinario: «Jesús es el Cordero de Dios que nos quita la carga de tener «deberes» con el Señor para recibir su bendición. Jesús quita el pecado del mundo para cargar con nuestro peso, entregarnos sus dones gratuitamente, y hacernos libres para amar a manos llenas» – dijo durante su homilía.

Comentando la lectura del libro de Isaías (49,3.5-6) en que Yahvé le dice al profeta: “tú eres mi siervo de quien estoy orgulloso… pero es poco que seas mi siervo y que restablezcas las tribus de Jacob, te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra” – Monseñor Castillo explicó que Dios quiere engrandecer la misión del siervo más allá de Israel: «cuando asumimos vivamente el amor de Dios y la fuerza de su alegría no es para que quede en nosotros mismos, sino para el mundo, porque la persona que está llena del amor de Dios lo anuncia, lo dice, lo cuenta, es misionera» – indicó.

Por eso, cuando el Evangelio de Juan (1,29-34) nos cuenta que Jesús es el «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo», se está refiriendo a la entrega generosa y gratuita de su gracia, sin condicionamientos, sin la necesidad de recibir más sacrificios ni holocaustos de nuestra parte.

El peligro de una religión del sacrificio

Esta expresión, «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» pone fin a la idea de que, para obtener los dones de Dios, había que hacer sacrificios, es decir, una especie de negocio e intercambios de favores: «Eso existe en todas las religiones de la tierra – dijo el Primado del Perú – y si bien es noble como actitud, también esconde un elemento muy terrible: pensar que Dios es temor y puede castigarnos si no le damos sacrificios o nos flagelamos».

La religión del sacrificio es muy peligrosa porque se puede asumir que, por ofrecer sacrificios, tenemos derecho a todo: «Yo le he ofrecido un sacrifico y él tiene que responderme». Mucho cuidado.

«De igual forma, nosotros que somos uno de los pueblos más católicos y religiosos de América Latina, a veces pensamos que, si estamos haciendo sacrificios al Señor, vamos a obtener muchas cosas. En cambio, el Señor sólo nos pide que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado, y eso significa practicar los gestos y capacidades que Jesús ha hecho: acercarse a la gente, acompañarla, escuchar sus problemas, sanar a los demás», precisó Monseñor Castillo.

Jesús es el Cordero que mandó Dios a sacrificar para que no haya más sacrificios, ni holocaustos, ni flagelaciones, ni desgracias.

«Â¿Qué cosa nos revela la fe cristiana desde el Antiguo Testamento? Que Dios es un Padre, y los padres no piden a sus hijos que se flagelen, los padres no piden holocaustos y sacrificios, los padres piden solamente a sus hijos que sean obedientes a las buenas cosas que les dicen», acotó.

Jesús es el Cordero de Dios que nos quita la carga de tener «deberes» con el Señor para recibir su bendición. Jesús quita el pecado del mundo para cargar con nuestro peso, entregarnos sus dones gratuitamente, y hacernos libres para amar a manos llenas.

«Que a través de este camino entendamos que Jesús es el centro de nuestra vida, esa fuerza inagotable de vida que nos induce como hijos a amar a manos llenas. Ante las diversas situaciones pensemos siempre: ‘Señor ¿Cuál es tu voluntad en esta situación?’ para actuar de forma justa» – reiteró.

La ciudad de Lima se congregó en la Basílica Catedral de Lima para participar de la Misa en Acción de Gracias por el 485° Aniversario de Lima. Presidió la Celebración Eucarística el Arzobispo de Lima, Monseñor Carlos Castillo: «Este es un día para alegrarnos, para concentrarnos en que nuestra ciudad sigue estando necesitada de la apertura y la Palabra que nos comunica el Señor, la Palabra que nos podemos decir unos a otros para entender, comprender y apreciar lo que vivimos», comentó.

También se hicieron presentes el Dr. Jorge Muñoz, Alcalde Metropolitano de Lima; Mons. Nicola Girasoli, Nuncio Apostólico en el Perú; y los Obispos Auxiliares de Lima, Mons. Guillermo Elías y Mons. Ricardo Rodríguez.

«485 años han pasado desde que Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque caminaron hacia esta zona de la ciudad desde el Sur e intentaron fundar esta ciudad española bajo dos signos que voy a destacar el día de hoy, porque tienen que ver con las lecturas que hemos leído», comentó Mons. Castillo al inicio de su homilía.

Un Reino que tenga misericordia por los que más sufren

En primer lugar, la Lectura del primer libro de Samuel (8,4-7.10-22a) nos recuerda el gran gesto de Dios por atender el llamado del pueblo de Israel que pedía un rey: «lo habían pedido los ancianos a nombre del pueblo porque estaban hartos de ciertas maneras de organizar la vida que ya habían fracasado notablemente y que requerían un verdadero cambio – explica el Obispo de Lima – el rey debería ser reflejo de la justicia de Dios que tiene misericordia con la gente que sufre».

Este sentido de reinar con justicia es el mismo que Jesús viene a recordarnos durante su paso por este mundo: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, cuantas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus pollitos y nos ha querido (Mateo 23:37)” – éstas palabras de Jesús por la ciudad de Jerusalén son en el fondo las palabras de un Jesús que quiere reunir a la ciudad para que se convenza de que la justicia y el amor de Dios es el único camino – agrega el Primado del Perú – y a pesar que se siente un poco triste porque no lo han escuchado, Jesús no condena a la ciudad, sino que muere por ella».

«La ciudad que era el signo de David, el signo de la presencia del Reino, pudo haber hecho cantidad de sandeces y de maldades, también en nuestra historia en el siglo XVII se habla de que Lima era muy frívola porque había mucho dinero, y había grandes posibilidades económicas para los pocos y enormes desastres para las poblaciones indígenas y negras que tuvieron que soportar la esclavitud para poder levantar la economía minera. En todo caso, incluso con su pecado, Jesús llora y ora por Jerusalén, y nosotros también oramos por Lima para que siga mejorando y sea una sociedad justa y de paz», acotó.

Jesús dignifica al hombre como signo de su amor gratuito

Saludo del Arzobispo de Lima, Mons. Castillo y el Alcalde de Lima, Dr. Jorge Muñoz

El segundo signo podemos encontrarlo en la lectura del Evangelio de Marcos (2,1-12) que narra la curación del paralítico de Cafarnaúm. Aquí podemos ver cómo Jesús proponía la Palabra como un gesto que agudiza el sentido de diálogo y de justicia:

«Al proponerles la Palabra Jesús hacía algo que es muy importante: hablar para desahogarse – resalta Mons. Castillo – Jesús habla con los cuatro amigos del paralítico para dialogar con ellos, y un signo de que es una palabra prometedora, alentadora, es que Jesús, viendo la fe en la actitud de estos creyentes, se dirige al paralítico y le dice: tus pecados están perdonados”.

¿En qué momento se arrepintió? – preguntó – «Es bien interesante porque a nosotros nos dicen que antes de ser perdonados los pecados tenemos que arrepentirnos, pero Jesús lo da gratuitamente como un signo del amor de Dios que quiere dignificar a la persona».

Jesús viene a darnos el don del amor para que todos seamos dignos, porque sabe que somos hijos del Padre y, Él que es el Hijo, viene a alentar en nosotros la capacidad de ser una ciudad unida, fraterna, en donde tengamos posibilidades de vida.

El Arzobispo de Lima reiteró que Jesús no se dirige a un pueblo de pecadores para recriminarlo, sino para alentarlo: «después viene la corrección – añade – primero el aliento, primero la fuerza incontenible del amor, que hace posible que todo pecador se sienta no pecador, sino hijo, y así entonces esté dispuesto a cambiar».

Una Lima de esperanza, amistad y fraternidad

«Nuestra ciudad está muy necesitada de cambiar, y en medio de esta situación en la que vivimos, con feminicidios, tráfico caótico, polución, delincuencia, depredación natural, irresponsabilidad, gente marginada que vive en la calle, inseguridad, violencia social y familiar, descontento, hartazgo, problemas en el costo de vida, falta de trabajo, desesperación, apuro, maltrato y tantas cosas más, el Señor vuelve a acercarse mostrando un rostro amoroso que nos alienta y nos hace pensar ¿Por qué yo no puedo ser también un don para mi hermano?”, indicó Mons. Carlos.

Hoy que estamos reunidos para orar por nuestra ciudad, estamos necesitados de ir al centro de las cosas para crear una sociedad y una ciudad llena de esperanza, de amistad, donde nos curemos mutuamente las heridas y podamos entrar en el camino de la solidaridad, del perdón, de la fraternidad.

«Este es un día para concentrarnos en que nuestra ciudad sigue estando necesitada de la apertura y la Palabra que nos comunica el Señor, la Palabra que nos podemos decir unos a otros para entender, comprender y apreciar lo que vivimos», puntualizó.

¡Lima Levántate!; toma tu camilla y échate a andar

Antes de concluir, Monseñor Castillo recordó las palabras del Papa Francisco durante su visita a Lima:

“Jesús invitó a sus discípulos a vivir hoy lo que tiene sabor a eternidad: el amor a Dios y al prójimo; y lo hace de la única manera que lo puede hacer, a la manera divina: suscitando la ternura y el amor de misericordia, suscitando la compasión y abriendo sus ojos para que aprendan a mirar la realidad a la manera divina. Los invita a generar nuevos lazos, nuevas alianzas portadoras de eternidad.

Jesús camina la ciudad con sus discípulos y comienza a ver, a escuchar, a prestar atención a aquellos que habían sucumbido bajo el manto de la indiferencia, lapidados por el grave pecado de la corrupción. Comienza a develar muchas situaciones que asfixiaban la esperanza de su pueblo suscitando una nueva esperanza. Llama a sus discípulos y los invita a ir con Él, los invita a caminar la ciudad, pero les cambia el ritmo, les enseña a mirar lo que hasta ahora pasaban por alto, les señala nuevas urgencias. Conviértanse, les dice, el Reino de los Cielos es encontrar en Jesús a Dios que se mezcla vitalmente con su pueblo, se implica e implica a otros a no tener miedo de hacer de esta historia, una historia de salvación.

Jesús sigue caminando por nuestras calles, sigue al igual que ayer golpeando puertas, golpeando corazones para volver a encender la esperanza y los anhelos: que la degradación sea superada por la fraternidad, la injusticia vencida por la solidaridad y la violencia callada con las armas de la paz”. (21 de enero de 2018)

Con estas palabras, el pastor de Lima hizo un llamado a «seguir caminando por nuestra ciudad» para compartir la alegría del Evangelio y actuar ante la «globalización de la indiferencia». Y recordando el lema «Iglesia de Lima, a ti te digo ¡Levántate» que se eligió para la Asamblea Sinodal Arquidiocesana, Mons. Castillo expresó: «nuestro pueblo quiere una Iglesia de Lima que aliente, que esté cercana, que acompañe al pueblo y lo ayude a caminar. Del mismo modo, ahora también queremos decirle directamente a la ciudad: «Lima, también tú ¡Levántate!, toma tu camilla y échate a andar».

«Feliz día de Lima, feliz día de nuestra ciudad, y que las bendiciones puedan propagarse por todos los rincones de sus calles y de sus plazas», concluyó.

La Misa en Acción de Gracias por el 485° Aniversario de Lima contó con la presencia de distintos Embajadores y miembros del Cuerpo Diplomático acreditados en el Perú, Alcaldes distritales, Regidores Metropolitanos de Lima, Regidores Distritales, autoridades de instituciones gubernamentales, miembros de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú.

En la Solemnidad del Bautismo del Señor, Mons. Guillermo Elías, Obispo Auxiliar de Lima, presidió la Celebración Eucarística en la Basílica Catedral de Lima: «En esta fiesta del Bautismo del Señor renovemos también nuestro bautismo, porque hemos sido sumergidos en la vida de Cristo para vivirla. Que vivamos como bautizados cada día, que nos esforcemos porque esa gracia que nos confirió, se actualice y nos ayude a transformar esta realidad difícil, compleja» – dijo durante su homilía.

Monseñor Elías explicó que el Evangelio de Mateo que narra el Bautismo de Jesús resalta el programa en la vida de Jesús: «muchos acudían a ser bautizados por Juan, y entre ellos se une Jesús, desde Nazaret va a Galilea antes de iniciar su misión. Este hecho marca para Jesús un programa de vida que se desarrolla y culmina en la entrega de su amor gratuito» – indicó.

El Bautismo nos vuelve anunciadores de Cristo

La experiencia del Bautismo de Jesús se asocia con Juan y también se incorpora en nosotros: «esta experiencia profunda nos hace partícipes de la gracia del Señor. Nosotros hemos tenido la misma convocación. ¿Qué implica ser bautizado? – es ser hijo de Dios, ser miembro de la Iglesia Católica, ser sacerdote, ser profeta y ser rey. Sacerdote porque todo bautizado es sacerdote, el nuestro es un sacerdocio ministerial, un sacerdocio de servicio a la comunidad, pero tú también eres sacerdote por el bautismo. Profeta, estás llamado a anunciar a Cristo, especialmente en tu ambiente, en tu casa, en tu centro de trabajo, allí donde te mueves; y rey, la más grande dignidad es que eres hijo de Dios» – comentó Mons. Elías.

Para el Obispo Auxiliar de Lima, la misión de ser anunciadores del Reino de Dios es un cometido urgente, especialmente por la situación que vive nuestro país: «hemos sido bautizados en un país marcado por muchas problemáticas e incoherencias, pero para que sea profunda la perspectiva del Reino, hoy la Biblia nos recuerda en los textos lo grandioso que ha sido el hacernos de parte de Dios, a través de Jesús, partícipes de la vida de Dios en nosotros».

La misión de renovar nuestro Bautismo

«En esta fiesta del Bautismo del Señor renovemos también nuestro bautismo, porque hemos sido sumergidos en la vida de Cristo para vivirla – prosiguió Monseñor Elías – Que vivamos como bautizados cada día, que nos esforcemos porque esa gracia que nos confirió, se actualice y nos ayude a transformar esta realidad difícil, compleja».

Por último, Guillermo Elías recordó la importante semana de Asamblea Sinodal Arquidiocesana que reunió a toda la Iglesia de Lima: «durante estos días pudimos recoger todo el bien que hemos recibido, de quienes presidieron, acompañaron, edificaron la Iglesia de Lima, tantos laicos y laicas, tantos religiosos y religiosas, sacerdotes, nuestros obispos. Hoy tenemos que seguir viviendo esta experiencia y esta tarea de vivir en medio de esta hermosa Lima que está próxima a su aniversario, vivir la gracia de haber sido hijos de Dios y partícipes de la gracia del Evangelio» – subrayó.

«Que todos renovemos nuestro bautismo, nos alegremos de ser partícipes de esta vida y que nos comprometamos a ser instrumentos de la vida, instrumentos de Dios», concluyó.

La Iglesia de Lima vivió la alegría de la Asamblea Sinodal Arquidiocesana que logró reunir a más de 800 representantes de las parroquias de nuestra arquidiócesis, entre jóvenes, adultos, párrocos, seminaristas y voluntarios. Monseñor Carlos Castillo, Arzobispo de Lima, presidió la Celebración Eucarística en acción de gracias por estos tres días de reflexión, debate y conversación: «Todos los problemas nuevos que todavía vemos y que tendremos por delante tienen una posibilidad de solución si tenemos un corazón ancho y un espíritu abierto, ese es el Espíritu de Dios, inspirados se pueden encontrar soluciones a todas las cosas»– dijo durante su homilía.

La Celebración Eucarística contó con la presencia del Nuncio Apostólico en el Perú, Mons. Nicola Girasoli; los Obispos Auxiliares de Lima, Mons. Ricardo Rodríguez y Mons. Guillermo Elías; y todos los sacerdotes de la arquidiócesis.

«Nuestra alegría es mucho más grande porque, además de las cosas que hemos hablado durante la Asamblea, algunos pudieron tomar la palabra desde el margen, desde lo que no se trató – dijo el Arzobispo de Lima – me refiero a los jóvenes que pidieron que tratemos el tema del trabajo, a una señora que pidió que pensemos en las diaconisas, y otras propuestas a pensar que no estaban previstas».

«Las lecturas que nos han tocado son bien importantes porque tienen que ver con lo que hemos hecho, la primera: “Amémonos unos a los otros y en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero, nos envió a su hijo como víctima para propiciación de nuestros pecados” – ¿Qué quiere decir esto entonces? que el amor gratuito de Dios, mostrado en Belén y en todo el camino de Jesús por esta tierra, es el signo de esperanza para la humanidad que deposita Dios en nuestro corazón para suscitar el aliento y el ánimo», explicó Mons. Castillo.

El Obispo de Lima resaltó que Dios creó al hombre y la mujer para enviarlos a una aventura y acompañarlos porque también es Padre: «No es el Dios que César Vallejo cuenta en “Los Dados Eternos”, que jugó a los dados y tiró la creación, sino que realmente Dios siente su creación, y por eso envió a Jesús para acompañarnos, para no separarnos, para abrirnos dentro de la maravilla de la anchura de su amor» – agregó.

El sentido de la compasión profunda de Jesús

Refiriéndose al Evangelio de Marcos (6,34-44) que narra la multiplicación de los panes y los peces, Mons. Castillo subrayó que el sentimiento de compasión de Jesús por alimentar a la multitud que lo seguía esconde un sentimiento mayor de compasión profunda de Dios por revelar su amor: «lo primero que hizo es darle de comer la Palabra – puntualizó – Dios quiere que su pueblo lo conozca y tenga la capacidad de poder andar en el mundo con la fuerza, la conciencia y el Espíritu Divino, y eso sólo se transmite por la Palabra».

Hemos sido creados por la Palabra, todo se ha hecho por ella y nada se hizo sin ella. La Palabra encarnada se ha hecho para suscitar la Palabra en las personas, no es para que se queden mudas, no es el Dios que habla solo sino que suscita la Palabra para que todo el mundo se exprese

«Estos días hemos vivido eso: en primer lugar hemos recibido la capacidad de escuchar la Palabra pero también de expresarla, y todavía nos queda mucho trabajo, mucha tarea para que eso se plasme y se encarne y se haga vida en la Iglesia» – acotó el Primado del Perú.

Esa compasión profunda que ve Jesús en su pueblo no ocurre precisamente en los discípulos, quienes ante la situación de la multitud deciden apartarse y no dejarse interpelar por la necesidad del otro: «Jesús sí se deja interpelar por el otro porque ve a Dios en el rostro de los demás, y entonces sabe responder cuando la gente dice cosas. Esa es la gran cuestión que nos hemos planteado estos días, tratar de ponernos en sintonía con lo que vive nuestro pueblo para responder a él, y en sintonía con el Dios que vive en nuestro pueblo, en el pueblo ungido de Dios, que sufre, que interpela, que puede tener muchas equivocaciones pero también cosas interesantes» – precisó Mons. Castillo.

«Ãšltimamente he estado diciendo en las predicas que con el mundo no hay que tener actitud de cruzada – prosiguió – es mejor discernir entre lo bueno y lo malo cada vez, entiendo que hay cosas y errores graves, pero mucho cuidado con «botar el agua sucia con el niño adentro», porque hay muchas cosas interesantes en este mundo que es necesario reconocer».

El cálculo, la compra, las finanzas, la ganancia, es el criterio que en este momento impera en el mundo. El problema de la sociedad y del hambre es un problema empresarial, es un problema de business. El criterio del dinero acaba, destruye, corroe definitivamente la vida de los pueblos, la vida de las Iglesias.

El Arzobispo de Lima hizo un llamado a pensar con otra categoría la economía, la vida de la gente y la vida de la Iglesia: «Estamos invitados por este Evangelio a hacernos responsables en algo fundamental de la vida de la gente pero que tiene otro principio, el principio para comer es compartir, es compartir inclusive si es poco».

Hacer comunidad para compartir la Palabra y el Pan

Día 1 de Asamblea Sinodal

Otro detalle importante en la multiplicación de los panes y los peces es que Jesús pidió que se sentaran en grupos de 100 y de 50: «eso es muy importante – indicó – si nosotros no hacemos comunidad y no compartimos en comunidad tanto la Palabra como el pan, nuestra vida se convierte en una absoluta soledad».

Hoy también nosotros podemos decir, a partir del Pan y de la Palabra que hemos compartido que comerán no solamente cinco mil hombres, sino los millones de hombres y mujeres que pueblan esta ciudad y este país.

Monseñor Castillo también comentó el gesto del Señor de alzar la mirada al cielo y pronunciar una bendición: «esto es muy importante porque cuando hacemos la Eucaristía y la compartimos, es para que ese principio se instale en la vida de nuestro pueblo, como principio organizador de las relaciones humanas y el principio organizador de nuestras vidas y de la vida de la gente».

Capacidad generativa para generar vida en la gente

Plenario (Día 3 de Asamblea Sinodal)

«El mundo actual que se va solamente por el criterio de la compra y de la venta, del negocio, de la especulación económica, piensa solo en la productividad, no en la generatividad, en la fecundidad, y justamente el llamado que hacemos para nuestra Iglesia, para ser signo de este mundo, es introducir la capacidad generativa, la capacidad del compartir que genera vida en la gente» – reiteró el Arzobispo de Lima.

Para tener en cuenta la necesidad de la gente debemos estar convencidos de que el amor de Dios es capaz de transformar los principios existenciales del mundo, sobre todo en un momento donde las periferias aumentan

El Obispo de Lima recordó que para transformar nuestra Iglesia y nuestra humanidad debemos estar dispuestos a crear entre nosotros los esfuerzos pastorales que permitan influir en el genio humano que produzca una economía distinta y justa: «para eso tenemos que implantar ese principio en la Iglesia y en la economía de la Iglesia, en el corazón de nuestra subsistencia» – insistió.

Solucionar los problemas con ancho corazón y espíritu abierto

Misa de acción de gracias por la Clausura de la Asamblea Sinodal

«Todos los problemas nuevos que todavía vemos y que tendremos por delante tienen una posibilidad de solución si tenemos un corazón ancho y un espíritu abierto, ese es el Espíritu de Dios, inspirados se pueden encontrar soluciones a todas las cosas».

«Vamos a darle gracias a nuestro Señor porque al implantar ese principio de la bendición nos permite a todos nosotros mirar con mucha más esperanza nuestra misión, nuestra tarea en esta tierra y especialmente en esta comunidad llamada Iglesia de Lima que nos ha llamado a levantar», expresó.

Por último, Monseñor Castillo añadió: «Les pido perdón porque tenemos también muchos límites, estamos aprendiendo a ser obispos, nunca hemos sido obispos, como máximo párrocos, o sea que somos como ustedes y tenemos los mismos problemas y las mismas fallas, pero si es que nos ayudamos podríamos volver al corazón de nuestra vocación»

«Que Dios los bendiga. Gracias por estos días excelentes y perdonen ustedes también por nuestros errores, muchas gracias», finalizó.

Comisión Central, responsable de la organización de la Asamblea Sinodal, junto a los jóvenes voluntarios y seminaristas

Agradecimientos:

Antes de concluir, Monseñor Castillo también expresó su agradecimiento a todas las personas, grupos y organizaciones que hicieron posible este histórico encuentro:

Tenemos que dar gracias a todos los que anónimamente, en el margen de nuestra comunión, han ayudado. Agradecemos a la Orden de los Agustinos, al Prior Gustavo Moreno, al rector del colegio San Agustín, el Padre Pablo, y a todo este lindo, acogedor y querido Colegio San Agustín que nos ha recibido con mucho cariño.

También a los seminaristas, a los jóvenes voluntarios del Instituto de Nuestra Señora de Montserrat y la Comunidad de Sant’egidio, que generosamente nos han acompañado y nos han servido a todos. A la Comisión Central y a todos los participantes que han tenido un trabajo arduo durante meses, a todos los medios católicos aquí presentes, al grupo de PAX TV, al grupo de Radio María, al grupo de Canal HN, al grupo de Radio Santa Rosa y Canal JN19. Finalmente al equipo de Comunicaciones del Arzobispado que me han mantenido en todas parte el conocimiento de este pequeño encuentro entre nosotros, pero parece que ya se ha conocido mundialmente.

«En el día de la Epifanía, hemos convocado a la Asamblea Sinodal para que conversemos juntos sobre cómo vamos a anunciar el Evangelio en las nuevas circunstancias, búsquedas, sueños, heridas, intereses y necesidades de los limeños», fueron las palabras del Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Mons. Carlos Castillo, a vísperas de iniciarse la Asamblea Sinodal Arquidiocesana de Lima 2020 en el Colegio San Agustín.

«La Epifanía significa la revelación de Dios a los pueblos que están más allá de Israel – explicó Monseñor Castillo durante su homilía en la Catedral de Lima – y en nosotros también se realizan aquellas extraordinarias y bellas palabras del profeta Isaías (60,1-6), que le anuncia al pueblo de Israel que ha de levantarse porque llega su luz»: ¡La gloria del Señor amanece sobre ti! El profeta. Isaías, por tanto, nos muestra que «Dios ama lo pequeño».

«No se hablaba de la gloria de una nación – continuó el Arzobispo de Lima – se hablaba de la gloria de los pobres de una nación. El anuncio del nacimiento de un rey que vino a traer nuevas maneras de vivir hizo temblar a una Jerusalén donde se imponía el abuso, el maltrato, el dominio de Herodes y su espantosa tiranía».

Discernir para encontrar el camino que el Señor nos propone

Y refiriéndose al Evangelio de Mateo (2,1-12) que narra el camino emprendido por los Reyes Magos, Mons. Castillo agregó: «Los Reyes Magos están abiertos a la novedad, dispuestos a encontrar a la nueva estrella que guíe sus vidas de otra manera. De igual forma nosotros necesitamos siempre de la apertura, porque el ser humano, con sus intereses, sus locuras y sus sueños, tiene que discernir para encontrar el camino que el Señor nos propone».

Hoy es el día del encuentro de todos los pueblos de la tierra con Jesús, desde sus intuiciones, sus sueños, sus búsquedas, sus pasiones, sus ideales, sus utopías, y el Señor viene a alentar en nosotros lo mejor de nuestras búsquedas

«Hoy también es indispensable alentar las cosas buenas en nuestra sociedad y en nuestra ciudad de Lima, porque también estamos llenos de sueños, llenos de esperanzas, llenos de heridas, llenos de búsquedas, llenos de pasiones y llenos de intereses» – precisó el Primado del Perú.

Una Asamblea Sinodal en el día de la Epifanía

El obispo de Lima también recordó la Asamblea Sinodal Arquidiocesana convocada para este lunes 06, martes 07 y miércoles 08 de enero en el Colegio San Agustín que reunirá a todos los delegados, párrocos, religiosos, vicarios parroquiales y obispos de nuestra arquidiócesis: «En el día de la Epifanía, hemos convocado a la Asamblea Sinodal para que conversemos juntos sobre cómo vamos a anunciar el Evangelio en las nuevas circunstancias, búsquedas, sueños, heridas, intereses y necesidades de los limeños» – subrayó.

Queremos acordar entre nosotros cómo vamos a anunciar el Evangelio con esperanza para que se cumpla también el amor, la paz y la justicia del Señor en nuestra ciudad, en un mundo complejo y difícil pero que está ansioso de encontrar una luz en medio del Señor. La muestra más grande de la paz, es la evangelización.

«La Iglesia debe anunciar el Evangelio dialogando con la gente – prosiguió – ayudando a comprender y mostrando que Jesús ha nacido para traer esperanza y no para darnos miedo».

«Que Dios bendiga nuestra ciudad y que todos podamos seguir alentando la evangelización y el anuncio; que cada uno, cada cristiano, cada comunidad, cada familia sea anunciadora del evangelio dialogando y conversando dentro y fuera de las familias, ayudándonos mutuamente», finalizó.

El Arzobispo de Lima, Mons. Carlos Castillo, presidió la Celebración Eucarística con motivo de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios en la Basílica Catedral de Lima: «María, que humildemente se mostró disponible a la Palabra del Señor y se dejó llenar de su gracia, nos muestra el camino de cómo en la vida hemos nosotros de caminar en ese amor infinito, gratuito y generoso de este Dios que se humilla en ella», expresó.

Concelebraron Mons. Nicola Girasoli, Nuncio Apostólico en el Perú; y Mons. Ricardo Rodríguez, Obispo Auxiliar de Lima.

«La Santa Madre Iglesia ha querido en el primer día del año celebremos la Solemnidad de Santa María Madre de Dios», comentó al inicio de su homilía. Monseñor Castillo destacó el acto de humildad que tuvo Dios al «tomar uno de nosotros» y acompañar a la humanidad desde una persona sencilla y humilde como María. A través de ella estamos llamados a «entrar en la paciencia del ancho corazón de Dios».

A diferencia de otras religiones, en nuestra experiencia de fe mostrada por la revelación de Dios a lo largo de la historia, «Dios quiere tener madre – explicó el Arzobispo de Lima – Dios quiere dignificar, reconocer y embellecer más profundamente a nuestra humanidad, recogiendo la propia humanidad nuestra para que todos sepamos que estamos destinados a la gloria».

María, que humildemente se mostró disponible a la Palabra del Señor y se dejó llenar de su gracia, nos muestra el camino de cómo en la vida hemos nosotros de caminar en ese amor infinito, gratuito y generoso de este Dios que se humilla en ella.

La actitud de María nos llama también a «dejarnos abandonar a la voluntad de Dios» y «dejarnos conducir por la fuerza de su amor» para ser guiados por la mano del Padre. En ese sentido, Monseñor Castillo recordó que María ha sido una mujer reflexiva, sabia y profunda: «María se toma en serio la hondura de lo que está ocurriendo y, por eso, está atenta a todo lo que ocurre para ir guardándolo e ir conociendo bien el sentido de su misión. Guardar no es esconder al Señor, es ahondarlo para vivirlo dinámicamente en un servicio a los demás.» – acotó.

Para que María sea Madre de Dios ha tenido que meditar y comprender a Dios, un Dios diferente, un Dios que se hizo humanidad, que se hizo una persona humilde.

El camino de la meditación honda para transparentar a Dios en la vida

¿Cómo vamos a hacer para transparentar a Dios en la vida? – preguntó el Obispo de Lima – «estamos llamados a anunciar, a ser responsables de que el mundo se llene de la fuerza amorosa de Dios y no podemos serlo simplemente por apresuramiento. Tenemos que hacer las cosas con la profundidad de quien medita las cosas», resaltó.

«María como Madre de Dios nos enseña el camino de la meditación honda – prosiguió – nos enseña el camino de la delicadeza para entrar en lo profundo de nuestro ser, nos enseña el camino de la sabiduría para obrar y no detenernos en cosas banales, ir al fondo de las cosas».

María va de prisa a acompañar a Isabel, pero no se apura en la reflexión para entender las cosas, se apura en ayudar porque medita hondamente en su corazón las cosas.

Ser una bendición para nuestro pueblo

Al comenzar este año, Monseñor Castillo quiso recordar el saludo del Señor a Moisés que nos recuerda la lectura del libro de los Números (6,22-27): “Que el Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor, que el Señor se fije en ti y te conceda la paz»:

«Estas palabras son de bendición – agregó – y nosotros no sólo somos receptores de bendición, sino somos también recreadores de bendición. En todo este tiempo, hemos querido recordar que los cristianos estamos para bendecir, no para maldecir».

«La Iglesia de Lima necesita hoy bendecir a todo nuestro pueblo, es decir, rescatar las mejores cosas que tiene para llevarlo adelante y alentarlo. De esta manera estamos reconociendo la presencia de Dios, que es nuestra tarea», precisó.

«Damos gracias a María que nos precede en este camino, que es la que ha sabido donar a su hijo porque, meditando las cosas en su corazón, ha reconocido la sed de Dios que tiene la humanidad, y esa sed debe darse a través de gestos reales de entrega generosa y de amor. Que todos los que conformamos este pueblo fiel, nos toque el Señor con la misma actitud de María y así podamos también comunicar al Señor con toda bondad, con todo servicio y con toda claridad», concluyó.

Monseñor Carlos Castillo, Arzobispo de Lima, participó este 25 de diciembre del tradicional Almuerzo de Navidad con los Pobres que cada año organiza la Comunidad de Sant’Egidio, esta vez en el corazón de la capital limeña, en la Parroquia Nuestra Señora de Montserrat y San Sebastián: «Dios se hizo niño, y niño pobre, para que todos los pobres recobraran aliento y se dieran cuenta de que en el fondo, en el corazón de la vida humana, solo los pobres pueden ver las cosas de una manera distinta y pueden hacer posible un mundo distinto», comentó durante su homilía.

En el día de Navidad, mientras todas las familias se reunían en sus hogares para saludarse e intercambiar regalos, había una familia especial, pequeña y pobre que se congregó en el Centro de Lima para compartir la mesa. Al término de la Celebración Eucarística que presidió Monseñor Castillo, el templo de la Parroquia Nuestra Señora de Montserrat y San Sebastián se convirtió en un comedor para recibir a cientos de personas que duermen en las calles.

Los jóvenes de la Comunidad de Sant’Egidio junto a las Siervas del Plan de Dios atendieron a todos los asistentes con música en vivo y mucha alegría. En una de esas mesas también estaba el Arzobispo de Lima, escuchando las experiencias de aquellas personas que viven en pobreza, y como él bien indica: «muchas veces no queremos ver o nos ‘hacemos de la vista gorda'».

«Tenemos que hacer un cristianismo distinto – dijo en su homilía – porque en nuestra sociedad prima la indiferencia. Tenemos que hacer que toda la sociedad peruana aprenda a compartir, no solamente con limosnas».

Dios nos habla a través de su hijo que se hizo niño y pobre

Refiriéndose a la lectura de la Carta a los Hebreos (1,1-6) que dice «de muchas maneras nos habló Dios, pero en el último tiempo nos ha hablado por medio de su hijo», Monseñor Castillo explicó que «en nuestra fe Dios no es mudo, habla, se muestra y explica las cosas principales, habla por medio de los profetas, y siempre hay alguien que en nombre de Él nos anuncia y nos explica».

Y para explicar las cosas a través de los hechos, envía a su hijo que debía hacer algo importante: «elegir vivir entre los últimos de la tierra, las personas más marginadas y golpeadas, desde la pequeñez de la humanidad. No se trataba entonces que Dios hablara cualquier cosa, sino que hablara de aquellas cosas que nos permiten vivir y ser verdaderamente felices».

Dios se hizo niño, y niño pobre, para que todos los pobres recobraran aliento y se dieran cuenta de que en el fondo, en el corazón de la vida humana, solo los pobres pueden ver las cosas de una manera distinta y pueden hacer posible un mundo distinto

El Arzobispo de Lima explicó que Dios se hizo «niño, y niño pobre» para «enriquecernos con su pobreza», es decir, para que conociéramos la riqueza que tiene la pobreza: «evidentemente no se trata de que vivamos pobres toda la vida, porque nadie quiere ser pobre y nosotros no estamos llamados a vivir eternamente pobres – aclaró – estamos llamados a tener una condición humana digna».

Lo que se opone a la pobreza no es la riqueza, es la dignidad, y nosotros de la pobreza misma podemos aprender el camino de la dignidad humana.

Salir de nuestras comodidades para ver el rostro de los pobres

Y dirigiéndose a la comunidad de San’t Egidio señaló: «Nos hemos reencontrado después de un tiempo, en especial porque ustedes son un grupo de jóvenes cristianos entusiastas bien definido que se está uniendo en favor de los pobres desde hace tiempo».

«Empezaron en Roma y después en todas las ciudades del mundo ¿Empezaron a buscar a quién? A los grupos de personas que viven en la calle, a cielo abierto, como nuestro Dios que nace también a cielo abierto porque no tenía posada», agregó.

«La Comunidad de San’t Egidio aprende de las experiencias compartidas con nuestros hermanos que viven en la calle, como nosotros aprendemos del Niño Jesús, contemplamos su misterio y aprendemos a salir un poco de nuestras comodidades, nuestros estilos, y empezamos a adquirir el rostro, la imaginación, el sentimiento, la manera de ser, las ideas que circulan entre los pobres», precisó el Arzobispo de Lima.

De igual manera, Jesús conocía muy bien las cosas y las situaciones que sólo los pobres saben: «Jesús sabía que el Reino de Dios se parece a una semilla que plantó un campesino en su huerto y creció y se formó árbol – acotó Monseñor Castillo – Jesús anunció que para poder ser verdaderamente feliz en el mundo, necesitamos escuchar la sabiduría de los pobres y él se hizo sabiduría para que nosotros entendiéramos las cosas de otra manera».

Adquirir el punto de vista de los pobres

El Primado del Perú hizo un llamado a que todos podamos adquirir el punto de vista de los pobres para que «desde los pobres reine Dios», porque el Reino de Dios no es de este mundo, «reino de gente armada y poderosa, sino reino de amor y de justicia».

«Esta fiesta de la Navidad es para llenarnos de los mismos sentimientos que tuvo Jesús, tomar la condición y el camino de los pobres, el que siendo de condición divina se anonadó, se hizo esclavo, se hizo siervo y asumió la muerte, una muerte en cruz, una muerte en la solidaridad con quien sufre», subrayó.

Hoy es un día lindo porque vamos a intercambiar comiendo juntos, la alegría de ser hermanos en el camino de la esperanza para este mundo

«Los cristianos no estamos para ‘hacernos de la vista gorda’, tenemos que enfrentar y ver los dolores de la gente y repararlo, sobre todo reparar quienes los cometen, pero si no lo hacen ellos lo tiene que hacer la Iglesia. Tenemos que ser una gran Iglesia que acoge y sane lo que este mundo quiere desperdiciar y marginar», concluyó.

El Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Mons. Carlos Castillo presidió la Misa de Nochebuena en compañía de todo el pueblo de Lima, el Nuncio Apostólico en el Perú, los Obispos Auxiliares, y las voces de los niños del Coro del Colegio Montserrat: «Esta fiesta es para que todos volvamos a lo simple, a este pequeño niño que nos enternece y nos hace salir de nosotros mismos para acogerlo. Si hay algo maravilloso que tiene nuestra fe es que siempre parte de las cosas simples y pequeñas» – comentó

La tradicional Misa de Gallo contó con la presencia de Mons. Nicola Girasoli, Nuncio Apostólico en el Perú; Mons. Ricardo Rodríguez y Mons. Guillermo Elías, Obispos Auxiliares de Lima; la Ministra de Justicia, Sra. Ana Teresa Revilla Vergara; el Ministro de Comercio Exterior, Sr. Edgar Manuel Vásquez; y el Embajador de Bolivia en el Perú, Sr.Gustavo Rodríguez Ostria.

«El Señor nos abre las puertas, se nos revela y nos anuncia que Dios no es motivo para tener miedo, que Dios solamente es amor, que acompaña y es uno con el ser humano. Por eso, nos muestra su amor a través de un niño que es hijo de una mujer santa, hijo del Padre, y también hijo adoptado por un hombre justo», expresó al inicio de su homilía.

Nuestra fe parte de las cosas sencillas y pequeñas

«Jesús viene a hacerse niño para decir que la belleza de las cosas empieza por la sencillez y la pequeñez – prosiguió el Arzobispo de Lima – y si hay algo maravilloso que tiene nuestra fe es que siempre parte de las cosas simples, y Jesús inicia esta historia entregando su vida por nosotros».

Monseñor Castillo recordó que Jesús siempre «mostró su vida caminando, acompañando a la gente, reconociendo lo bueno que tenían, haciendo comparaciones preciosas que seguramente María le enseñó y tienen una fuerza impresionante para hacer que el ser humano vuelva a entender el sentido de las cosas».

La gran cuestión humana y cristiana es desenredar para volver siempre a lo simple. Esta fiesta es para que todos volvamos a lo simple, a este pequeño niño que nos enternece y nos hace salir de nosotros mismos para acogerlo.

Capacidad generativa y diálogo

«La navidad es el punto de partida para intentar juntos renacer, dejarnos engendrar por el amor de Dios, y hacer que de nosotros también haya capacidad generativa – señaló el Primado del Perú – uno de los  problemas más grandes que tenemos en la historia actual es que hay productividad pero no hay generatividad. Hay ganancia pero hay esterilidad. Tenemos que dialogar para cambiar la mentalidad».

«La Iglesia católica está llamada a dialogar para proponer otras formas de hacer la vida que no impliquen la desesperación de las personas – continuó – la aceleración del tiempo no permite intuir la grandeza y belleza de lo que somos y, por eso, la Iglesia en sus liturgias vuelve a recordar lo fundamental: que no podemos olvidar al ser humano».

Tiempo para renacer y mirar los problemas con los ojos de Dios

Monseñor Castillo insistió que el tiempo de la Navidad es una invitación para renacer y ser reengendrados por Dios: «es un tiempo que nos puede ayudar a todos a pensar en los tantos problemas que existen en el mundo y nuestra patria» – dijo.

«Hay que mirar con el corazón, hay que mirar con los ojos de Dios. Y este niño nos enseña un camino excelente para aprender a mirar y a sentir la vida. Aprendamos también a ver que los demás son nuestros hermanos, especialmente los más desvalidos de la humanidad, entre ellos nuestros hermanos migrantes, que hoy ocupan un papel tan importante en nuestra sociedad», precisó.

Renacer desde la Iglesia para restañar las heridas

«Tenemos que abrir nuestro corazón a todas las personas marginadas, a todas las personas que sufren, que necesitan» – reiteró el Arzobispo de Lima – «La Iglesia ha hecho un esfuerzo en los últimos años gracias al Papa Francisco de hacer posible que todo lo que se ha dañado sea reparado».

«Reparar la Iglesia significa aprender a tener una Iglesia que camina con la gente, sabiendo que está también limpiando sus propios pecados, no una Iglesia que cree ser poseedora de la verdad y la solución de todas las cosas, sino una Iglesia humilde que sabe reconocer sus errores, que llama la atención y se une a los poderes civiles por causas justas», indicó Monseñor Castillo.

La Iglesia se da cuenta que parte de nuestro camino en el mundo es restañar las heridas juntos, elevar la voz contra la injusticia, y practicar dentro de la propia Iglesia esa justicia

«Nuestra vida gracias a este niño no solamente se enternece y se vuelve sensible, se vuelve capaz de emocionarse y conmocionarse ante el dolor humano. La Iglesia se inspira en este niño para actuar en favor de él, y para hacer posible que juntos superemos las cosas terribles que ocurren en el mundo», acotó.

«Que Dios bendiga a toda nuestra ciudad de Lima, a todo nuestro país y que haga posible que en el Niño Jesús encontremos un punto de confluencia para recomenzar el camino de la esperanza. Dios bendiga a la Iglesia, Dios bendiga al Papa Francisco, y Dios nos bendiga a todos como peruanos», finalizó.

«José es el hombre justo que nos muestra que, teniendo a la Ley de su lado, sabe discernir e ir más allá de lo estrictamente mandado. Ser justo, por tanto, es tener la capacidad de obrar según la situación, comprendiendo toda su complejidad, diversidad y dificultad», fueron las palabras del Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Mons. Carlos Castillo, durante la Celebración Eucarística de este IV Domingo de Adviento en la Basílica Catedral de Lima.

Refiriéndose al Evangelio de Mateo (1,18-24), Monseñor Castillo comentó que «la Iglesia ha querido colocar este texto que nos enseña el modo que tiene José de esperar». Él estaba comprometido con María, y ella estaba esperando en su vientre al Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo.

Ante este inconveniente, la Ley decía que una mujer que había quedado en cinta a raíz del encuentro con otro hombre debía ser lapidada – «Esta es una situación trágica para Israel por su dureza, pero también para José. Por eso, el texto nos dice que este hombre justo no quería denunciarla, él la amaba y ciertamente que denunciar suponía una destrucción para ella» – explicó.

José es el hombre justo que nos muestra que, teniendo a la Ley de su lado, sabe discernir e ir más allá de lo estrictamente mandado. Ser justo, por tanto, es tener la capacidad de obrar según la situación, comprendiendo toda su complejidad, diversidad y dificultad.

«Ya antes de la revelación del Ángel Gabriel hay una finura de parte de José que nos enaltece, porque si bien María ha sido preservada del pecado, él no, él vive en un espíritu justo más profundo que le permite no excederse porque la ama y está abierto, no se cierra», agregó.

La gran apertura humana y espiritual de José

«Digo esto porque hace poco el Papa Francisco se dirigió a la curia romana para decirles que tenemos que curarnos de la rigidez, porque ésta nos lleva a perder el contacto con los demás que tienen una serie de variedades, de culturas, de modos de pensar, que necesitamos primero dialogar para poder avanzar en la humanidad, y que ponernos a la altura de los problemas actuales requiere comprender toda esta complejidad humana que estamos viviendo».

«La actitud de justicia de José implica una gran apertura humana y espiritual – indicó el Arzobispo de Lima – eso dice mucho del ser humano que tiene capacidad de ver más lejos, porque si hemos sido creados a imagen y para ser semejantes a Dios, lo natural está ya asistido por Dios y, por eso, el ser humano tiene la capacidad de ser bueno y de ser justo».

Dios nos creó abiertos, no cerrados, soñadores y no obtusos, imaginativos y no encajonados. Por eso, hemos de aprender todos juntos a escuchar al Señor en medio de nuestras intuiciones

Esperar al Señor con capacidad de justicia y entendimiento

Apenas José había tomado esta resolución (repudiar a María en secreto), se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»

«En ese camino, José, cuando se despierta, se llena de la sensibilidad nueva que ha alimentado el ángel – precisa Monseñor Castillo – cuando Dios nos revela algo alimenta las buenas intenciones que tenemos. Por eso, José decide llevar a casa a su mujer, decide, en la fe, el poder realizar su ser justo, y el ser justo no es incompatible con la fe».

El Señor nos enseña a esperarlo abriendo nuestra capacidad de justicia, a entender y comprender las cosas dentro de nuestros límites.

Monseñor Castillo resaltó que los católicos necesitamos encontrar las razones profundas en el ser que hemos recibido de Dios para ponernos en el lugar del otro: «a veces no nos ponemos en la situación en que se encuentra mucha gente que no cree o que vive lejana a la Iglesia – señaló el Primado del Perú – de alguna manera, tenemos que abrirnos para conocer y comprender».

«Que Dios esta Navidad, a través de este acontecimiento que celebramos hace más de 20 siglos y que nos llena de ternura y esperanza, pueda llenarlos a ustedes también de la justicia de José», concluyó.

«El Adviento siembra en nosotros los sentimientos de Jesús que hacen posible que el mundo recapacite. Gracias al don generoso del amor de Dios, todos podemos, con anchura de corazón, recibir al Señor y cambiar», fueron las palabras del Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Mons. Carlos Castillo, durante el III Domingo de Adviento.

Mons. Castillo explicó que el III Domingo de Adviento, llamado también el domingo de la alegría (Dominica Gaudete en latín), nos acerca a la fiesta de la Navidad y nos recuerda «la esperanza de Israel de vivir una alegría inmensa por la presencia de su Dios después del exilio».

«Hoy también, hermanos y hermanas, necesitamos esa alegría, y los cristianos no solamente creemos que la Navidad ocurrió hace 20 siglos, sino que Jesús viene para renacer en nuestras vidas y para llenarnos de esa alegría que permite reedificar el mundo de otra manera», comentó el Arzobispo de Lima.

Amplitud de visión para cambiar los arquetipos

Esa alegría por la llegada del Señor implica que «nuestra espera tenga el carácter de la paciencia» que la Carta del Apóstol Santiago (5,7-10) nos recuerda – «Pero esa paciencia no debemos entenderla como una actitud pasiva – precisa Mons. Castillo – la palabra paciencia en la Biblia se dice ‘Makrothumia’: [thumia] significa corazón y [makro] significa ancho, en síntesis: ancho corazón».

Esperar la venida del Señor con ancho corazón significa con amplitud de visión, de criterio, disponibles a cambiar los arquetipos que siempre repetimos constantemente.

Este llamado a la amplitud de visión que refiere Monseñor Castillo es el mismo que debió comprender Juan el Bautista, que en palabras del Papa Francisco, tuvo que convertirse de sus arquetipos, de sus deseos propios y de ese juicio apresurado que tenía respecto a un Dios vengativo que intervendría con fuego sobre el mundo y traería alegría únicamente a un pequeño grupo de «purificados».

Por eso, según narra el Evangelio de Mateo (11,2-11), el Señor se percata de las dudas de Juan «acerca del camino y la forma en que Jesús está presentándose».

Jesús se presentó siempre como aquel que restaura las heridas, enjuga las lágrimas, acompaña a su pueblo silenciosamente y como dicen las lecturas – “hace ver a los ciegos, hace que los inválidos anden, que los leprosos queden limpios, que los sordos oigan, que los muertos resuciten” – pero sobre todo, anuncia el Evangelio, la buena noticia a los pobres

Anchura de corazón para recibir al Señor

Concelebraron Mons. Germano Penemonte, Secretario de la Nunciatura Apostólica en el Perú; y el padre Nivaldo Feliciano Silva, Secretario Ejecutivo Nacional Pastoral de Movilidad Humana (Conferencia Episcopal Peruana).

«Probablemente, a Juan le parecía muy poco lo que estaba haciendo el Señor, como nos parece muy poco las actividades que hacemos en la Iglesia por el bien del pueblo pobre – indica el Arzobispo de Lima – pero Jesús tampoco hizo demasiado, sembró la semilla para que todo tuviera ese carisma, para que esos sentimientos de amor que tenemos en este tiempo sean signos de lo que vendrá».

El Adviento siembra en nosotros los sentimientos de Jesús que hacen posible que el mundo recapacite. Gracias al don generoso del amor de Dios, todos podemos acceder a su generosidad y, con anchura de corazón, recibir al Señor y cambiar

Para recibir al Señor debemos estar dispuestos a llenarnos de su amor, «el amor puro, el amor generoso de Dios, que es un don gratuito, que no cobra». Medir y hacer un cálculo de nuestras relaciones humanas, en cambio, nos aleja del «sentido de gratuidad y generosidad».

Jesús nos enseñó a ver el rostro de las personas y a responder a sus necesidades, atenderlas poniéndonos en el lugar del otro. Jesús se insertó en nuestra historia para que todos comprendiéramos la vida no solamente en favor de los pobres, sino como los pobres la comprenden. Por eso se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza.

Entrar en el camino del Reino como pequeño es entrar y renacer del amor de Dios

«Esos ojos del Señor que perciben la realidad de otra manera, permiten también a Juan insertarse en el camino. Juan era un hombre sincero, capaz de denunciar las injusticias, de vivir pobremente y, sobre todo, de sufrir la consecuencia de lo dicho», dijo el Arzobispo de Lima.

«Entrar en el camino del Reino como pequeño es entrar y renacer del amor de Dios – prosigue – el Papa dice que, en esta Navidad, deberíamos intentar dejarnos regenerar por el Señor, renacer a un mundo nuevo desde cada uno de nosotros, pero uniéndonos también como sociedad».

Jesús es la Palabra que nos hace dialogar con todas las naciones, los pueblos, los creyentes, los creyentes de otras religiones, y los no creyentes. Por eso, el Papa Francisco también recordó que, si María ha venido como Virgen de Guadalupe, es porque María es mestiza y quiere llegar a todos, especialmente en nuestros países donde tenemos pueblos tan distintos pero tan necesitados de la presencia diversificada y unida de nuestra Iglesia.

«Que Dios nos bendiga, nos llene de alegría, y que en el corazón de la Navidad, podamos todos renacer también como país», concluyó.

La Celebración Eucarística en la Basílica Catedral de Lima contó con la presencia de representantes de la Mesa de Trabajo Intersectorial para la Gestión Migratoria; la Asociación de ex alumnos del Colegio de Nuestra Sra. de Guadalupe; el economista Igor Garafulic Olivares, Coordinador Residente del Sistema de las Naciones Unidas en el Perú.

Concelebraron Mons. Germano Penemonte, Secretario de la Nunciatura Apostólica en el Perú; y el padre Nivaldo Feliciano Silva, Secretario Ejecutivo Nacional Pastoral de Movilidad Humana (Conferencia Episcopal Peruana).