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En la homilía de este XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Carlos Castillo explicó que cuando compartimos el Pan del Señor en la Eucaristía, lo hacemos para renovar nuestra capacidad de abrirnos a los demás, compartir e incentivar la capacidad de la sutil solidaridad, abriéndonos a la creatividad del mismo Jesús que supo anunciar su Reino con gestos y signos capaces de penetrarnos: «Que al participar de la experiencia de compartir el Pan, podamos también auxiliar a nuestro pueblo en este momento, suscitando la imaginación, la prudencia, la entereza y la honradez en todos para resucitar nuestro Perú», dijo. (leer transcripción de homilía)

Homilía de Monseñor Carlos Castillo – Transcripción

Junto a la comunidad Salesiana, el Arzobispo de Lima presidió la Celebración Eucarística en acción de gracias por el Centenario de la Basílica María Auxiliadora, ubicada en Breña. La ceremonia contó con la presencia de Monseñor Nicola Girasoli, Nuncio Apostólico en el Perú; Monseñor Lino Panizza, Obispo de la diócesis hermana de Carabayllo.

«Esta celebración por el el Centenario de la Basílica María Auxiliadora es un acto de retoma del sentido de las cosas, del sentido de  por qué nosotros podemos pensar en vivir nuestra Iglesia como un signo del amor de Dios. Gracias hermanos salesianos y salesianas por haber hecho esta obra que es un signo de amistad tremendo y precioso. Muchas generaciones se han formado en vuestras obras de servicio y hemos podido tener experiencias bellísimas de personas que nos han asistido y nos han acompañado, como  Don Bosco y Santo Domingo Savio, quienes acompañaron a los pobres y a los jóvenes de Turín», expresó el Arzobispo.

Comentando el Evangelio de Juan (6, 24-35), Monseñor Castillo explicó que el signo del Señor de darnos de comer el pan apunta a algo mucho más grande: «El Señor trata de ayudar a su pueblo que lo busca como rey y lo busca ansiosamente. Todos los pueblos necesitan una dirección y buscan ansiosamente tener una estabilidad. Y en esa búsqueda el Señor les hace recapacitar pensando en que las búsquedas desesperadas de comer a cualquier precio, de poseer a cualquier precio algo que dé seguridad, no es suficiente. Somos hijos de Dios creados a su imagen para participar de su amor. Y detrás de nuestros deseos, nuestras ansias, nuestras ambiciones inclusive e intereses, se esconde la búsqueda de Dios que es mucho más grande».

El Primado de la Iglesia peruana afirmó que el sentido de la ayuda y el servicio, el sentido de la caridad, no puede existir si es que no es realmente algo que se comparte: «Si sabemos acoger a Dios en nuestro corazón, podemos encontrar los medios para conseguir el pan en la tierra. Pero si no profundizamos en aquello que deseamos, nos hacemos un ídolo que finalmente nos sumerge en el hambre», indicó.

Monseñor Carlos señaló que los gestos gratuitos de caridad deben realizarse para incentivar en toda la gente la capacidad de la sutil solidaridad: «Digo sutil porque nosotros ahora tenemos un templo en donde compartimos la Eucaristía, pero venimos a compartir la Eucaristía justamente para ser plenamente personas. Y la Iglesia quiere un pueblo lleno de creatividad, de personalidad, de vida, de cariño, de relaciones pacíficas, de tratamiento, de formación, de capacidades desarrolladas a plenitud en toda la gente».

«Â¿Cómo puede haber pan en el mundo para solucionar el problema del hambre? Acogiendo el amor gratuito de Jesús para irradiarlo en la humanidad y hacer como dice la Virgen María, María Auxiliadora: “Derribó los potentados de sus tronos, encontró a los humildes, a los hambrientos los llenó de bienes y a los ricos los dejó con las manos vacías” – no porque les haya quitado la plata de los bolsillos, sino porque abrieron la mano, porque compartieron su ser con los demás, porque se equilibraron las cosas – Y hoy día, en este momento difícil que vivimos, necesitamos comer el Pan del cielo que es Jesús para adquirir nosotros las características de Él y aprender a tratar las cosas con prudencia, con orden, con capacidad de apertura, de reconocimiento, saliendo de los sectarismos, de los enconos y abriendo el corazón», reflexionó el prelado.

«Somos hechos para lo sutil. Antonio Machado decía: ‘Yo amo a los mundos sutiles, impávidos y gentiles como pompas de jabón’. Esta belleza que tiene este templo nos hace no solamente compartir el pan, sino saber que estamos en un lugar en donde los salesianos y las salesianas quisieron que sintiéramos que somos acogidos, queridos», acotó Monseñor Carlos.

Necesitamos aprender de la belleza del amor de Cristo que en toda su desnudez y hondura, en toda su tragedia, nos mostró la belleza de su amor renunciando a presentarnos a un Dios que se venga de sus enemigos, quedándose en la Cruz por decisión libre, no por la fuerza de los clavos, sino por la infinita misericordia del Padre que Él nos quiso comunicar, para que no tuviéramos dudas de que, incluso en la peor adversidad, en la peor situación injusta y mortífera, Dios nunca nos abandona y siempre hay una esperanza que debemos buscar juntos y abrirnos a ella.

Por último, el Arzobispo de Lima pidió que nos unamos como peruanos para trabajar en los grandes desafíos de nuestro país: «demos gracias al Señor que nos pide que siempre trabajemos, no por el pan que perece, sino por el Pan que da la vida eterna, la vida sutil, la belleza y la apertura  al mismo Señor que nos ama».

Monseñor Juan José Salaverry, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Lima, presidió la Celebración Eucarística de acción de gracias por el Aniversario de Fiestas Patrias en el Bicentenario de la Independencia del Perú, organizado por la Provincia Mercedaria del Perú.

A continuación compartimos la homilía de Monseñor Juan José Salaverry:

Muy queridos hermanos de la Orden Mercedaria

Nos sentimos honrados de celebrar esta fiesta del Bicentenario de la Independencia Nacional a los pies de Nuestra Señora de la Merced, advocación que ha marcado el encarnado corazón del creyente peruano con el amparo de la Madre de la Misericordia y una devoción que se ha convertido un símbolo patrio de nuestra identidad.

A lo largo de toda nuestra historia, desde la llegada del Evangelio a nuestras tierras, llegó la Orden de la Merced con el “Cristo de la Conquista” que más que conquistar al pueblo con un afán político lo sedujo con la solidaridad divina de quien asumió el sufrimiento humano para luego redimirlo. Y junto al Cristo de la Redención, la Orden trajo al Perú a la Madre de Dios, que vestida de hábito blanco y con los brazos abiertos acogió a sus nuevos hijos para ser sus hijos.

Desde el arribo de La Merced, el pueblo creyente sintió la maternal protección de la Santísima Virgen, cuánta razón tuvo el Papa Francisco cuando al llegar a nuestras tierras dijo: “Lo primero que me gustaría transmitirles es que esta no es una tierra huérfana, es la tierra de la Madre». Ciertamente, la Madre de Dios ha estado presente a lo largo de la historia de la salvación y a lo largo de la historia de nuestro país.

La heroicidad de Judit y la Madre liberadora.

La liturgia de la palabra ha empezado con el veterotestamentario relato de Judit, la heroína redentora del pueblo de Israel que, confiando en la misericordia, con fe ardiente y valentía épica encara al generalísimo Holofernes para liberar a su pueblo.

El Papa Francisco en la audiencia del 25 de enero del 2017 decía que las palabras de aliento que Judit dio a su pueblo: “Es un lenguaje de la esperanza. Llamemos a las puertas del corazón de Dios, Él es Padre, Él puede salvarnos. ¡Esta mujer, viuda, corre el riesgo también de quedar mal delante de los otros! ¡Pero es valiente! ¡Va adelante!

Con la fuerza de un profeta, Judit llama a los hombres de su pueblo para llevarlos de nuevo a la confianza en Dios; con la mirada de un profeta, ella ve más allá del estrecho horizonte propuesto por los jefes y que el miedo hace todavía más limitado”.

La teología nos ha enseñado que en Judit podemos ver un antecedente de la misión de María: como intercesora por la liberación del pueblo y porque a través de ella se consiguió la ansiada liberación de Israel. De esta manera lo entendió el pueblo peruano que confió desde el primer momento en María, especial protectora que abogó por su pueblo, por eso fue reconocida en 1730: “Patrona de los Campos del Perú” y en los albores de la República, en 1823: “Patrona de las Armas de la República”. Es que Nuestra Madre compadecida por la opresión de nuestro pueblo, como dice el Santo Padre, elevó su voz de esperanza para llenarnos de confianza en Dios y para decirnos que tras puerta estrecha está el verdadero reino de justicia y de paz.

Que actual se hace este mensaje. Hoy como hace doscientos años nuestro país necesita escuchar la voz valiente de la Madre, que nos una y nos devuelva la confianza para poder construir justos un horizonte de promisión.

Nacido de mujer, la maternidad de María.

San Pablo en la segunda lectura nos regala el texto clásico y fundamental para entender la maternidad divina de María: “nacido de mujer, nacido bajo la ley”. Verdad dogmática definida por los padres conciliares de Éfeso (431), y que la Iglesia ha creído vivamente porque siendo hermanos de Cristo por el bautismo, hemos sentido que no solo hemos sido adoptados como hijos por el Padre, sino que la Theotocos nos ha recibido con ternura sinigual como madre. Por eso, desde siglos hemos invocado el auxilio de Nuestra Señora diciendo:

Sub tuum praesidium
confugimus,
Sancta Dei Genitrix.
Nostras deprecationes ne despicias
in necessitatibus nostris,
sed a periculis cunctis
libera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta.

La Orden de la Merced, al igual que otras religiones, nos ha enseñado a ponernos bajo el amparo de “Nuestra Madre”, con cuanta ternura podemos escuchar tanto a frailes ancianos como a imberbes jóvenes dirigirse a Nuestra Señora como verdadera Madre piadosa y amantísima. Nuestro pueblo ha grabado en su corazón este título y, desde pequeños, los que hemos bebido la sabia mercedaria en sus colegios, misiones y parroquias, la hemos invocado diciéndole: “Virgen Madre de Mercedes, reina de cielos y tierras, en la vida y en la muerte, ampáranos madre Nuestra”.

Hoy nuestro país necesita de la calidez de la madre que cuide nuestros sueños, nos consuele en medio de las aflicciones y nos sostenga en las debilidades, por que con la ayuda de María como Madre podrá hacerse realidad no solo “el sueño de la republica peruana” de la que hablaba Basadre sino el sueño de la nueva humanidad que estamos llamados a edificar, como nos lo pide el Papa Francisco en Fratelli tutti.

La herencia de una Madre y la solidaridad de los hijos.

Finalmente, la profunda lección del Evangelio de San Juan, que hemos leído, nos sitúa como herederos del precioso regalo que Jesús redentor nos concede desde lo alto de la cruz confiándonos a la custodia de María. Muchas cosas podemos decir de este pasaje: el dolor de nuestra Madre, su perseverancia hasta la cruz, la valentía de mantenerse de pie ante la muerte, su maternidad espiritual sobre la Iglesia…

Pero en este día, quisiera que nos fijemos en la solicitud del discípulo amado, que es hecho hijo de María y que la recibe en su casa. Los Padres de la Iglesia nos han enseñado que en San Juan se hace presente todo el colegio apostólico que acoge a la Madre del Señor. Compartiendo la esperanza de María, haciendo suyo su proyecto, pero al mismo tiempo Nuestra Señora acoge el proyecto de esa Iglesia naciente y lo acompaña.

A lo largo de la historia de la Iglesia peruana, esta simbiosis se ha repetido. La esperanza que María ha infundido en su pueblo, el proyecto de un futuro superior para el país, la promesa de tiempos nuevos y mejores, no solo ha movido los corazones de los devotos de Nuestra Madre, sino que ha implicado a los hijos de esta venerable Orden de la Merced.

Cuando se forjaba la independencia del Perú, los hijos de la “Patrona de las Armas” entendieron que “las ideas son tan potentes como las armas” y por eso la Orden de la Merced dio a nuestra patria frailes ilustrados, de gran cultura humanista, comprometidos con el evangelio y con el ideal de patria, como.

• El célebre “ciego de la Merced”, Fray Francisco del Castillo Andraca y Tamayo (1716 – 1770).

• Fr. Melchor de Talamantes (1765 – 1809). Ideólogo y prócer de la independencia americana.

• Fr. Cipriano Jerónimo Calatayud (1735 – 1814). Miembro de la “Sociedad Académica de Amantes del país”, y colaborador del “Mercurio Peruano”.

Sin embargo, también entendieron que no solo la fe y las ideas podían forjar la nueva república, sino sobre todo a través del compromiso de toda la Orden con la causa. Por eso, un día como hoy hace doscientos años, la Provincia Mercedaria del Perú, se hizo una con la independencia, cuando el Padre Provincial congrega a los frailes residentes en los conventos de Lima y en el Salón Capitular de este Convento Máximo de San Miguel de Lima, celebran la “Junta de Comunidad para jurar la Independencia del Perú” adhiriéndose a la causa libertaria y haciéndose ciudadanos de la nueva nación. 

Al iniciar los días de las celebraciones del Bicentenario, nos volvemos a poner a los pies de Nuestra Madre, para pedir su intervención liberadora sobre su pueblo, para invocar su protección de Madre pero también y sobre todo para pedirle que sus hijos de la familia mercedaria sigan fortaleciendo la fe, como lo hicieron los primeros frailes misioneros,  que Ustedes queridos hermanos iluminen la discusión teológica, humanista y patriota como lo han hecho aquellos frailes que gestaron la independencia, y sobre todo que Ustedes hermanos y hermanas de la Orden de la Merced sigan cuidando un auténtico y serio compromiso con el Evangelio y con este pueblo en el cual se sigue encarnando el Verbo.

Laus Deo

En el XVI Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Carlos Castillo afirmó que el Señor nos invita a «mirar profundamente los problemas de nuestra realidad» para atender las necesidades de nuestro pueblo, teniendo «la misma mirada y sensibilidad del Señor por lo que sufre la gente». El Primado del Perú hizo un llamado a «desistir de nuestras durezas y de las cosas que no permiten que se comprenda que Dios es amor y solamente amor(…) La paz se consigue con la actitud de Jesús: estando dispuesto a ceder por el bien de los demás» (leer homilía completa).

Leer transcripción de homilía de Monseñor Carlos Castillo.

Después de aceptar la misión de acudir a las casas de dos en dos para anunciar el Evangelio (ver homilía anterior), los discípulos regresan a Jesús para contarles todo lo que han hecho y enseñado. Según explica el Arzobispo de Lima, este detalle que narra el Evangelio de Marcos (6, 30-34) refleja que nuestra Iglesia, desde sus inicios, se construyó en salida hacia la gente, profundizando las cosas y dedicando espacios para la reflexión. Por eso el Señor llama a sus discípulos a un lugar apartado, para encontrarse con Dios mismo que es la fuente que nos enriquece en el amor y nos permite volver nuevamente a la acción, al servicio: «La Iglesia está en una constante sístole y diástole, se reúne y luego sale. Si solamente hacemos una Iglesia de sístole, entonces nos encerramos y hacemos una Iglesia a la intemperie que no profundiza, que hace muchas cosas pero no está inspirada en el Señor», añadió el prelado.

En ese sentido, Monseñor Castillo señaló que, en un mundo lleno de problemas y contradicciones, el Señor nos llama a reunirnos para erradicar el mal a través de vivir el bien del amor: «La firmeza en el anuncio de Jesús no está en la agresión, en la imposición o en la violencia. La firmeza de Jesús está en la fidelidad al amor, aceptando las situaciones difíciles. Inclusive cuando los violentos se organizan para matarlo, es preferible mostrar el signo más grande del amor, que es la entrega, para que todos sean y la paz se reproduzca».

El Obispo de Lima manifestó que no estamos en una época para construir muros sino puentes, para acercarnos y ser hermanos: «El Papa Francisco ha escrito la ‘Fratelli Tutti’ porque quiere la paz de todos. Por eso ha dicho claramente que toda América Latina está convulsionada y todos los sistemas están crujiendo. Esta semana el hermano pueblo de Cuba está sufriendo el embate de esta situación crítica y formas organizativas de la sociedad que ya ‘crujen’, que no pueden seguir vigentes, hay que hacer reformas. Y tenemos que hacerlas en todas partes, en Perú y en Colombia. Lo están haciendo en Chile actualmente».

En diversas partes de América Latina, nuestro pueblo es como este pueblo sencillo que narra el Evangelio, que cuando ve una pizca de solidaridad, sensibilidad, sigue a los discípulos y acude masivamente. Y todo nuestro pueblo en diversas partes y en distintas formas, está clamando por una reforma. Y eso va dirigido especialmente a quienes dirigimos, a quienes orientamos la vida de este continente, tanto a las autoridades de la Iglesia como a las autoridades civiles. Y eso implica una cosa nueva: tener la misma mirada del Señor y tener sensibilidad por lo que sufre la gente.

Al desembarcar y encontrarse con la multitud, el Evangelio de Marcos nos dice que Jesús tuvo el gesto de mirar profundamente (en griego: eiden). Es decir, no solo vio a la multitud, sino que la apreció y comprendió lo que estaba sucediendo: «Y justamente porque mira profundamente a los problemas de la gente, se le remecieron las entrañas (en griego: esplagniste). O sea, le dolió profundamente que la gente sufriera de esa manera. A eso le decimos en castellano: sintió compasión, sintió misericordia. Y eso es lo que no encontramos en nuestros dirigentes e inclusive en la propia Iglesia, porque somos indiferentes a los problemas de la gente y vamos por nuestro camino», recalcó el Primado del Perú.

Somos amorales cuando hacemos lo que nos da la gana y no pensamos en los demás, cuando no sentimos ni vemos el dolor humano. Y necesitamos urgentemente ver con misericordia, porque cuando se tiene misericordia, cuando se pone atención a los problemas y se responde a los problemas, se atiende a las necesidades y uno sale de sus locuras, de sus pasiones, de sus ambiciones, acepta la realidad y se convierte.

Carlos Castillo aseguró que podemos empezar a perder la fe «cuando creemos que ser cristiano es ‘conquistar el mundo’ para Cristo. Y entonces, sacamos armas inclusive para conquistarlo – Es como ese chiste de Mafalda en donde está una señora con su hijita que llora, le manda un bofetazo y le dice: ¡Paz! Y Mafalda le dice: ¡Alegórica la señora! – Así no se obtiene la paz, la paz se obtiene educando, como hace el Señor»

Alegórica, la señora. Autor: Joaquín Salvador Lavado (Quino)

El Evangelio de Marcos también cuenta que el Señor sintió compasión por la multitud porque estaban como ovejas sin pastor. Ante esto, Jesús se puso a enseñarles largamente, es decir, empleando largo tiempo para acompañarlos, para explicarles los problemas, para comprender las situaciones: «Jesús los educaba, por eso le llamamos maestro, porque nos educa, Él no hace que nos enredemos en nuestras ambiciones, en nuestros sentimientos primarios y nos volvamos todos ciegos. Es un Dios que nos abre los ojos y despierta nuestro corazón, nuestra capacidad de amar», precisó.

En este momento histórico en que toda la humanidad está un poco enloquecida, nosotros estamos llamados a anunciar el Evangelio con sencillez, sin imposición, con pedagogía, con paciencia. Nos dirigimos a todos los seres humanos, inclusive aquellos que discrepan o tienen críticas a nosotros, a todos nos dirigimos para poder construir una Iglesia pacificadora, que incentive el cariño por la gente, la comprensión de nuestro pueblo.

En la homilía de este XV Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Carlos Castillo, Arzobispo de Lima, recordó que el Señor nos invita a quedarnos en la casa de los que más sufren, para profundizar en nuestra misión de «hospedarnos en la vida de los problemas de la gente». También dijo que la Iglesia «está para servir, no para imponerse (…) Solamente sirviendo sencillamente, sin estruendos, sin poderes, sin violencias, podemos ir suscitando una capacidad muy grande para acercarnos y espantar nuestros demonios». (leer homilía completa)

El prelado hizo hincapié en la importancia de acudir a los vacunatorios para la pronta recuperación de toda la sociedad: «Por favor, no temamos, la vacuna es algo importante. La gente ha hecho esfuerzos en elaborar algo que sirva realmente para la salud de la gente».

Leer transcripción de homilía – Monseñor Carlos Castillo

Comentando sobre el Evangelio de Marcos (6,7-13), Monseñor Castillo explicó que el Señor quiere que sus discípulos sigan un camino profético en comunidad. Al enviarlos de dos en dos, Jesús les encomienda la misión de situarse en cada casa para acompañar a las personas y levantarlas de sus problemas: «Dios quiso que los profetas salieran del corazón de la vida del pueblo sin necesidad de que tuvieran dinastía, sino que fueran gente del común, porque en la palabra sencilla de nuestro pueblo mora el Señor», acotó.

En ese sentido, el Primado del Perú reiteró la importancia de ser profetas y pastores capaces de recoger el sentir de la vida, especialmente en las situaciones de sufrimiento, en las búsquedas y los sueños de nuestro pueblo: «Nunca el Señor evade las situaciones difíciles, sino que sabe afrontarlas», añadió en su reflexión.

Recapitular en Cristo para suscitar la capacidad de amar en la gente.

El Arzobispo de Lima precisó que estamos llamados a ‘recapitular en Cristo’, es decir, poner a Dios como cabeza para que el mundo se reordene: «Cristo ha venido a contarnos y a vivir con nosotros el amor, para que nosotros también, como prolongación de su Cuerpo, podamos suscitar en la gente la capacidad de amar para que todo pueda recapitularse y unirse».

Hoy el Papa Francisco recordaba que el Sacramento de la Unción a los enfermos tiene su raíz en esta misión que encarga el Señor a los doce discípulos. En esa Unción de los enfermos no está solamente el óleo santo, está también la cercanía, el acompañamiento.

En otro momento, Monseñor Carlos afirmó que Jesús pone prioridad a la misión de espantar espíritus inmundos porque se vivía en una sociedad poseída por la enfermedad y el sufrimiento: «Si bien Dios no nos abandona y el Espíritu del Señor mora en las personas, existen en las sociedades modos de vivir donde se inculca la indiferencia y se abandona a la gente. Acabamos de ver cómo se puede cometer la vileza de entrar traicioneramente y matar a un presidente en Haití, o vemos esos asesinatos horribles que han ocurrido en Canadá por años. Esas cosas son los espíritus diabólicos que nos inundan a los seres humanos a pesar de que Dios nos ha creado a su imagen».

Nos endemoniamos cuando creamos organizaciones, estructuras, modos de actuar, modos de proceder violentos, destructivos, pesimistas, en donde todo aparece perdido y donde no hay ya ninguna esperanza.

Carlos Castillo manifestó que Jesús mandó a sus discípulos en comunidad para recuperar en nosotros la capacidad de ir a la hondura de lo que somos, para aprender a amar inclusive en las situaciones difíciles: «Es verdad que en nuestro país tenemos muchísima hambre, pero como decía Berdaiev: ‘Cuando yo tengo hambre es un problema material, cuando el Otro tiene hambre es un problema espiritual’. Y estamos llenos de millones de problemas espirituales porque todavía no se instala la justicia en nuestro pueblo», aseguró el obispo.

Monseñor Castillo recordó que la misión encomendada por el Señor consiste en hospedarnos en la casa de los desvalidos y llevando poco equipaje: «Los discípulos van solamente con un bastón para no caerse cuando suben a los cerros. Esto es muy importante porque nos recuerda que la Iglesia misionera no se basaba en el dinero, ni estaba viendo cómo hacer para ir a la mejor casa y comer rico».

Finalmente, el Arzobispo de Lima recalcó que la misión de anunciar el Evangelio debe realizarse de manera sencilla y sin imponerse: «No hay que estar, podríamos decir, imponiendo el Evangelio, no somos proselitistas. La Iglesia está para servir, ayudando a que los demonios se espanten. Y no se van a espantar los demonios si agarramos y nos metemos a la casa e imponemos las cosas».

Todos somos a imagen del Señor, nuestra mirada todavía es para adelante, nuestros brazos todavía son para abrazar. Y hechos a imagen del Señor, nosotros hemos de caminar hacia allí.

Monseñor Juan José Salaverry presidió la Celebración Eucarística en honor a los maestros peruanos. El Obispo Auxiliar de Lima encomendó en sus intenciones a los profesores de la Oficina de Educación Católica de Lima (ODEC) y la Asociación de Instituciones Educativas Católicas (AIEC).

Comentando el Evangelio de San Marcos (6,30-34), Monseñor Salaverry señaló que la misión de enseñar de Jesús y que comprendía la explicación de la ley de los profetas en la sinagoga, la explicación del reino a través del lenguaje sencillo con el cual él predicaba y la explicación que él hacía desde su propia vida.

Luego, dirigiéndose a los maestros, el Obispo Auxiliar les recordó la importante misión que ellos cumplen en favor de la educación de los niños y jóvenes: “Esta misión que el Señor les ha ofrecido es una misión sumamente delicada, porque lo más preciado que tiene la sociedad, la Iglesia y las familias, son nuestros niños y jóvenes que ponemos en sus manos”.

En esa misma línea, Monseñor Salaverry remarcó que gracias al desempeño de los docentes es que se puede forjar un mejor futuropara los estudiantes de nuestro país: “Ojalá que estos niños y estos jóvenes que están en las manos de ustedes, aprendan muy bien de ustedes, de esa enseñanza larga con la palabra y con la vida, para que el futuro del Perú no sea un futuro incierto, sino un futuro promisorio”.

De igual manera, el prelado señaló que los docentes han recibido la confianza de Dios para que sean partícipes de su misión profética: “No defrauden la confianza de Dios, de los padres de familia, de la Iglesia, pero tampoco defrauden su propia vocación, porque tal vez el docente en nuestro país no es el más valorado o remunerado, pero el docente que cumple a plenitud largamente su vocación, se siente feliz de hacer lo que le gusta, lo que llena su vida por el bien de los demás”, expreso el Obispo Auxiliar.

Asimismo, Monseñor Salaverry indicó que junto a los maestros, todos los demás miembros de las instituciones educativas, debemos esforzarnos por brindar una educación de calidad: “tenemos que esforzarnos todos, los pastores, los promotores, los padres de familia, los alumnos y los maestros, porque la misión de construir el Reino no la podemos ejercer solitariamente, sino desde la comunión y desde la solidaridad”.

Finalmente, nuestro Obispo Auxiliar, agradeció a los docentes peruanos en nombre de nuestro Arzobispo de Lima, Monseñor Carlos Castillo. Y deseándoles un feliz día, los alentó a mantenerse “siempre alegres”, porque han recibido el don de la docencia.

En el XIV Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Guillermo Elías, Obispo Auxiliar de Lima, presidió la Celebración Eucarística y reflexionó sobre la dimensión del verdadero profeta: “El verdadero profeta es el que recibe el Espíritu de Dios, por eso, no se vende a nadie, siendo siempre perseguido. Vivir la verdad y vivir de la verdad a la que él está abierto, cuesta de verdad, por eso es dura la misión del verdadero profeta.”

De igual manera, reflexionando sobre la Primera Lectura, tomada del Libro de Ezequiel que narra la llamada profética, Monseñor Elías recordó que en nuestro “se nos ha conferido ser profetas, sacerdotes y reyes, es una experiencia que, a veces, parte en 1000 pedazos a este hombre o a esta mujer de Dios”.

El Obispo Auxiliar reiteró la misión de los profetas y las consecuencias que viven a causa de proclamar la Buena Nueva: “El profeta aviva la Palabra de Dios y es por ello, que son perseguidos, porque no hablan por hablar ni a causa de sus propias ideas, sino por la fuerza misteriosa del Espíritu que los impulsa más allá de lo que es una tradición y costumbre, incluso de lo que debe hacerse”.

Por otro lado, Guillermo Elías profundizó sobre la figura de Pablo, citada en la Segunda Lectura, en la cual relata el Obispo, se aprecia la confesión más humana de Pablo, donde habla de un aguijón punzante, que según los estudiosos del texto bíblico, alude a que podría ser una enfermedad o a los adversarios que Pablo tenía.

Y continuando con Pablo, el prelado comentó que el profeta se muestra en su misión con sus debilidades: “Pablo aparece débil, quiere combatir por el Evangelio que anuncia y por el mismo, su experiencia la percibe en debilidad y los que lo escucharon, también la percibieron. Por ello, Pablo recurre a la gracia de Dios, porque lo hace fuerte en la debilidad, lo hace autoafirmarse, no en la destrucción ni en la vanagloria, sino en aceptarse como es y lo que Dios le pide, construir una pequeña y hermosa teología de la cruz”.

De otro lado, comentando el Evangelio de Marcos (6,1-6) que relata el regreso de Jesús a su pueblo de origen, Nazareth, y donde recibe el desprecio de sus familiares y vecinos, por lo cual no realizó ningún milagro, Monseñor Elías señala que ese momento de crisis entre Jesús y su pueblo se pone de manifiesto por la falta de fe.

“Cuántas veces en nuestra propia vida tendríamos que replantearnos sí estamos en la apertura a las sorpresas, de un Dios que actúa a través de ellas. Sin la apertura, nos decía el Santo Padre, sin ese asombro que produce y requiere la fe, nuestra fe se convertirá en una letanía cansada que, lamentablemente se apaga ante el misterio de Dios que actúa en lo cotidiano y muchas veces en personas sencillas que están a nuestro alrededor, tendríamos que tener los ojos abiertos y el corazón libre de prejuicios para abrirnos a esa novedad”, señaló.

Finalmente, Monseñor Elías, reflexionando sobre la misión profética que Dios le pide a Ezequiel, Pablo y Jesús, nos recuerda que en la fragilidad, Dios nos muestra su Espíritu y nos motiva a ser profetas hoy: “el bautismo nos ha configurado esta dimensión profética, y hoy más que nunca, debemos ser profetas, anunciar la Buena Nueva en casa, en el trabajo, en nuestra vida cotidiana. Recordar que el profeta no debe tener miedo y que costará, porque nadie es profeta fácilmente en el lugar donde viva” como dice Jesús”.

En la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, nuestra Arquidiócesis de Lima participó de la Santa Misa celebrada por nuestros cuatro obispos auxiliares: Monseñor Guillermo Cornejo, Monseñor Juan José Salaverry, Monseñor Guillermo Elías y Monseñor Ricardo Rodríguez.

Monseñor Guillermo Elías reflexionó en su homilía sobre la vida de San Pedro: a través de él, vemos en San Pedro al primer Papa, instituido por el mismo Jesucristo dándole las llaves del reino del cielo. Y hoy, al recordar la imagen de Pedro, celebramos la fiesta del Papa y como Iglesia de Lima nos unimos para orar por nuestro Santo Padre que nos pide orar por su pontificado”.

Comentando el Evangelio según San Mateo (16,13-19), Monseñor Elías explicó las características de San Pedro: «un humilde pescador que, con determinación, empezó la edificación de nuestra Iglesia, la cual hoy nuestro Santo Padre también nos llama a seguir construyendo».

Nuestra Iglesia de Lima se une a esta propuesta del Santo Padre y está llamada a vivir con humildad, reconocer en nuestra realidad, las fortalezas y debilidades, para juntos afrontar desde este presente que nos ha tocado vivir.

Guillermo Elías afirmó que la fe de San Pedro, a pesar de sus miedos y dudas, lo llevan a creer ciegamente en Jesús y reconocerlo como Mesías, Hijo de Dios. El prelado indicó que tanto Pedro como Pablo cumplieron su misión en este mundo y ayudaron a levantar los pilares de la Iglesia: «ambos tienen en común el amor radical a Jesucristo, con estilos completamente diferentes, pero con una fe esperanzadora. Comprendamos la autoridad de Pedro y sus sucesores, pero también la libertad de Pablo, ambas necesarias para mantener una Iglesia en novedad, guiada por el Espíritu Santo, aliento imprevisible en un mundo en movimiento”.

Finalmente, el Obispo Auxiliar hizo un llamado a imitar la fidelidad de ambos santos en nuestras vidas: “Qué la fe ciega de San Pedro y San Pablo en Jesús, su entrega total a la palabra, pueda lograr en nosotros, una vida mucho más profunda”.

En el XIII Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Juan José Salaverry,  Obispo Auxiliar de Lima, presidió la Celebración Eucarística en especial intención por los cientos de fallecidos en las hermandades, movimientos y cofradías de nuestra Arquidiócesis de Lima: «Antes de cerrar este mes de junio, mes de comunión, hemos querido celebrar esta Eucaristía junto con ustedes, queridos hermanos. Y nos unimos frente a nuestra Iglesia al dolor de nuestras instituciones que están marcadas por el luto a causa de la Pandemia», reflexionó durante su homilía.

Comentando el Evangelio de Marcos (5, 21-43), que narra el despertar de la hija de Jairo, el obispo auxiliar explicó que también hay otros signos de muerte que están presentes en nuestra realidad y que se manifiestan a través de variadas crisis: económica, social, política y falta de trabajo: «nos encontramos con varios signos de muerte, de dolor y de crisis que no nos dejan vivir», afirmó.

Juan José Salaverry dijo que nos encontramos frente a una humanidad ‘desgastada’ como la hemorroísa del Evangelio de hoy: «Nuestra tierra también se encuentra desgastada en sus 200 años de Bicentenario. Perú está buscando la salud, la sanación, la estabilidad, la paz y la verdadera vida. Y para eso, tenemos que ir en busca del Señor, abandonando lo que estamos haciendo como lo hizo Jairo o la hemorroísa, para ir a buscar a Jesús como fuente de vida, para encontrar en nuevas maneras y formas la fuerza salvadora de Dios que nos da salud y fortalece nuestras vidas”.

Monseñor Salaverry sostuvo que no podemos ser parte del grupo de plañideras que lloran sobre la muerte: “Nuestra fe nos tiene que hacer pasar hacia la otra habitación donde está Jesús con aquellos que quieren la vida, para constatar que Dios no se complace en la muerte de los creyentes, sino que Dios quiere la salud para sus hijos”.

Por eso, recuerda el obispo auxiliar, debemos confirmar hoy, más que nunca, nuestra fe en el Dios de la vida «que no se queda dormido frente al sufrimiento de la humanidad. Dios está dormido en la popa de la embarcación donde dirige el rumbo de la barca, porque Dios está ahí para dirigir el rumbo de la Iglesia, de la humanidad y de la vida de cada creyente”.

Salaverry reafirmó que Jesús ha venido para decirnos que no todo termina con la muerte, que somos hijos de la promesa de la vida verdadera. Por eso le dice a la niña: A ti te digo ¡Levántate!

Ojalá que nosotros escuchemos desde lo más profundo de nuestro corazón: A ti te digo ¡Levántate! En medio de estas situaciones de muerte, en medio de las crisis que vivimos que son signos de muerte y de inestabilidad. ¡Levántate! Porque Dios te ha creado para la vida, para la paz, para el desarrollo.

Monseñor Juan José señaló que el poder de Jesús viene del verdadero amor, un amor gratuito y generador de vida que de ninguna manera puede sembrar terror: “Es la fuerza de Jesús que nos quiere decir nuevamente a nosotros, los creyentes y a toda la humanidad: A ti te digo ¡Levántate! Frase fuerte que llega a nuestro corazón para levantar nuestra vida y sentir que el Señor quiere curarnos, darnos la salud verdadera y nos toma de la mano como hace con la niña, para alimentarnos con su gracia”.

En el XII Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Guillermo Cornejo, Obispo Auxiliar de Lima, presidió la Celebración Eucarística y envió una especial bendición en el Día del Padre: «Este es un día grande donde tenemos que demostrar todo nuestro cariño y nuestro amor a nuestros queridos papitos, teniendo como ejemplo a Dios Padre, teniendo como ejemplo grande a nuestro querido San José en este año que le dedicamos, agradeciendo su vida, su testimonio, padre adoptivo de Jesús», expresó durante su homilía.

Comentando el Evangelio de Marcos (4,35- 40), que narra el acontecimiento de la tempestad calmada, Monseñor Cornejo explicó que debemos estar preparados para enfrentar situaciones de dificultad: «aunque parezca que todo está perdido, a nadie le preocupa más lo que nos ocurre que a Jesús. Él es verdadero hombre, es el verdadero Dios que se levanta a increpar al viento y el mar», agregó.

Guillermo Cornejo hizo un llamado a confiar siempre en nuestro Señor Jesucristo, a creer con esperanza y con fe aún en las realidades adversas: «el amor de los padres es el gran amor que más se parece a Dios, porque es un amor desinteresado, porque dan la vida por sus hijos. Seamos papitos con amor, con ternura, siguiendo el ejemplo de nuestro San José. Súbete a la barca de la familia sin miedo en el Señor y apoya a tus hijos siempre con amor», recalcó.

El Obispo Auxiliar de Lima ha subrayado la importancia de tener una actitud más humana y solidaria en este tiempo de Pandemia, especialmente ahora que nos encontramos a puertas del Bicentenario: «necesitamos cambiar nuestro Perú, dejar de lado las diferencias y los partidismos para actuar en favor de los más necesitados. No tengamos miedo a la Pandemia, no tengamos miedo a los más necesitados, no tengamos miedo a decir la verdad, no tengamos miedo a convertirnos, no tengamos miedo a cambiar nuestra vida, a ser iguales, a saber perdonar, a saber perder, a saber pedir perdón, a ser bondadosos, a ser testimonio de vida», aseguró.

El amor del Padre es todo un testimonio de vida, tengamos fe, esperanza y caridad, seamos muy humildes y sencillos. Todo esto nos debe de hacer cambiar, mejorar, ser otros.

Este domingo 6 de junio, día en que la Iglesia universal celebra la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Monseñor Carlos Castillo, Arzobispo de Lima, presidió la Celebración Eucarística que se compartió virtualmente a través de las redes sociales: «Estamos llamados a reconocer que Jesús está en nosotros y somos nosotros el Cuerpo de Cristo también, porque somos Iglesia. Y todo laico, toda persona de a pie, que tiene un poquito de fe, ya tiene dentro de sí el Cuerpo del Señor que pasa por las calles bendiciendo a toda la población. Por eso, cuando salgamos, entendamos que somos otros Cristos que estamos saliendo a tomar decisiones desde una actitud profunda de comprensión, de perdón y de amistad, para reconstruir la amistad social desde nuestro pueblo mismo, prestos a hermanarnos y a romper aquellas cosas que han impedido que nos tratemos de forma adecuada», expresó el obispo durante su homilía.

Comentando el Evangelio de Marcos (14, 12-16. 22-26), que narra la institución de la Eucaristía, Monseñor Castillo explicó que Jesús tuvo signos anunciadores: «En su momento decisivo, Jesús quiso instituir la Eucaristía como un signo indeleble para que nosotros nos alimentáramos en diversas situaciones muy similares a las cuales Él vivió, sintamos su presencia y podamos hacer las decisiones adecuadas y justas, porque el Señor sabe que la vida del ser humano es una constante decisión», añadió.

En ese sentido, hoy los peruanos y las peruanas nos situamos en un momento decisivo de nuestra historia, porque tendremos que elegir con nuestra participación ciudadana y democrática, al próximo presidente del Perú. Ante esto, el Arzobispo recomendó: «nuestra tarea es inspirarnos en el Señor, dejarnos penetrar hondamente y tomar una decisión que no será fácil, pero que requiere por parte nuestra, hacer las cosas con disposición y buena voluntad, con el Espíritu del Señor, de tal manera que cada uno tome su decisión de acuerdo a lo más profundo que tenemos, que es el amor de Dios», indicó.

Una cosa es decidir con las razones  humanas que uno tiene, pero al ser creados por el Señor, necesitamos abrirnos a una dimensión más amplia que es el espíritu universal, la humanidad, especialmente los alejados, los pobres, las personas marginadas, las personas que sufren.

El Arzobispo recordó que Jesús tuvo que tomar una decisión en un momento de total derrota, sabiendo que lo iban a matar. Él pudo escaparse, rechazar la cruz y vengarse, pero «Jesús no operó localmente, Él quiso leer los ‘ríos profundos’ de su realidad, y a partir de ahí, decirle: ‘Señor, que se haga tu voluntad y no la mía’ (…) Por eso es que, cuando uno pasa por la fe y la experiencia cristiana, nunca olvida esa sensibilidad profunda con la cual el Señor se entregó sin reservas, para mostrar que Dios es amor, que no se venga de sus enemigos y no es rencoroso. Y eso cuesta quitárselo de la cabeza y del corazón, porque estamos habituados a la amenaza permanente, al miedo, al terror. Y esas cosas el Señor ha querido quitarlas de Dios, porque Dios no es venganza, ni es terror ni es miedo, Dios es confianza, Él confía en nosotros», manifestó el prelado.

Es muy importante ejercitar la libertad profunda de conciencia, pero siempre inspirados y pidiéndole al Señor que, aquello que hagamos, sea lo más correcto posible.

Dada la polarización en que nos encontramos, será difícil y complejo enfrentar lo que viene, adelantó Monseñor Carlos: «tenemos que pedirle al Señor que nos ayude a sobrellevar todo periodo difícil que viene, que no es fácil ni para nosotros ni para el mundo en este momento, porque en todo el mundo hay crisis difíciles de solucionar, una crisis generalizada muy grande», anunció.

«Es tremenda la manera cómo se ha producido esta tensión, además de una enorme propaganda de miedos y de agresiones que deben ser superadas en el próximo tiempo con una actitud profunda de comprensión, de perdón y de amistad, para que desde nuestro pueblo mismo, podamos seguir cívicamente lo que viene y gestionarlo, de tal manera que vayamos a buen puerto», recalcó el Arzobispo de Lima.

Que al comer el Cuerpo y la Sangre de Cristo, dones gratuitos, nosotros nos convirtamos también en un país gratuito, generoso y generador de un nuevo proceso humano, humanizador, para todo nuestro pueblo, para toda nuestra gente.

Antes de finalizar su homilía, Monseñor Castillo hizo una última reflexión: «Pidámosle al Señor que hagamos las cosas con seriedad, sin apasionamientos, con verdad. Y sobre todo, pidámosle que no nos olvidemos en nuestra decisión de los pobres, de los indefensos».

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