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En la Eucaristía de este V domingo del Tiempo Ordinario, celebrada en Catedral de Lima, Monseñor Juan José Salaverry, a partir del pasaje de la curación de la suegra de Pedro, recordó que todos tenemos la misión de acercarnos a los demás, sostener al hermano que sufre y, como lo hizo Jesús, devolver al hombre la dignidad y la vida:

«A veces, estamos cruzados de brazos y envueltos en la fiebre de la indiferencia, esperando ser servidos y atendidos, como esta mujer enferma. Pero, el Señor está ahí delante de la suegra de Pedro y delante de la humanidad enferma, ofreciéndonos su amor porque quiere contar con nosotros, con las autoridades de la Iglesia y las autoridades del país, con las instituciones de la sociedad, no para que seamos servidos, sino para que, con una humanidad sanada por la gracia, nos convirtamos en servidores.  Así acerquemos al verdadero proyecto del Evangelio, servir al prójimo y no servirnos de los demás», comentó en la homilía.

El Evangelio de hoy (Mc 1, 29-39) nos presenta a Jesús concluyendo la jornada de Cafarnaúm, con la curación de la suegra de Pedro, que delira porque hierve en fiebre; también la primera lectura nos muestra a Job deprimido, que se hunde en el hoyo del sufrimiento y no ve sino signos de muerte. En ambos personajes, por la fiebre o la depresión se les encuentra «desconectados de la realidad».

«La humanidad de hoy, también, en ocasiones, hierve en fiebre, como la suegra de Simón o se encuentra deprimida como Job. La humanidad de hoy sufre algunas enfermedades que la desconectan con la realidad: la fiebre del poder y la corrupción, la fiebre de la avaricia y la ira, el odio, la venganza y la codicia. Hay diversas situaciones que nos hunden en el sufrimiento y nos deprimimos porque no encontramos esperanza sino solo dolores que nos impiden ver cuál es nuestra realidad y qué lo que necesitamos es la presencia de Jesús que se acerca, toca nuestra realidad y nos levanta devolviéndonos la vida», reflexionó el Monseñor.

Hoy, que junto con la religiosidad de nuestro pueblo celebramos a la Candelaria, recordamos que la luz de Cristo se manifiesta como «una luz de esperanza en medio de la dificultad» y nos ayuda a salir de nuestras tristezas y frustraciones, porque que el Señor «nos ha creado para una vida digna, para estar de pie ante los demás y para servir al prójimo».

Los tres gestos de Jesús: se acerca, nos toma de la mano y nos levanta

Monseñor Juan José también resaltó tres acciones de Jesús en la curación de la suegra de Pedro: se acerca, la toma de la mano y la levanta. Estos gestos evidencian «la acción de Dios a lo largo de nuestra vida», porque Él quiere acercarse a cada uno de nosotros, sobre todo, «a los pueblos que sufren la injusticia».

Jesús se acerca para que sintamos el calor de Dios que nos calienta el corazón y nos reanima. Él nos da su mano para sostenernos y levantarnos, para devolvernos la vida y resucitarnos con su amor.

El obispo auxiliar de Lima hizo un llamado a que todos nos comprometamos en la misión de acercar la luz de Jesús a todos aquellos que lo necesitan: «No podemos quedarnos cruzados de manos, no podemos pecar de omisión frente a la necesidad de impartir justicia. Necesitamos acercar la luz de Jesús a los demás con nuestra propia vida y con nuestra fe», precisó.

La Virgen de la Candelaria enciende en devoción a nuestro pueblo

Al frente de la imagen de la Virgen de la Candelaria, Monseñor Salaverry se dirigió a los representantes de la Asociación Central Folklórica de Puno que llegaron a nuestra Catedral de Lima: «Nos unimos a la fe de nuestro pueblo que acompaña a la Virgen de la Candelaria. Ella enciende en devoción a nuestro pueblo sencillo, de manera especial, a los pueblos del Altiplano, en Puno», expresó.

El Señor es esa luz que nos calienta y vitaliza, es la luz de la esperanza, portada en manos de María, la Virgen de la Candelaria.

La Eucaristía de este V domingo del Tiempo Ordinario también contó con la presencia de la Hermandad del Señor de los Milagros de Salamanca, y la Archicofradía del Santísimo Sacramento de la Basílica Catedral de Lima y el Convento de Santo Domingo.

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