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Escribe: Padre Juan Bytton, SJ.

“La escucha es un encuentro de libertad, que requiere humildad, paciencia, disponibilidad para comprender, empeño para elaborar las respuestas de un modo nuevo. La escucha transforma el corazón de quienes la viven, sobre todo cuando nos ponemos en una actitud interior de sintonía y mansedumbre con el Espíritu. No es pues solo una recopilación de informaciones, ni una estrategia para alcanzar un objetivo, sino la forma con la que Dios se relaciona con su pueblo. En efecto, Dios ve la miseria de su pueblo y escucha su lamento, se deja conmover en lo más íntimo y baja a liberarlo (cf. Ex 3,7-8). La Iglesia, pues, mediante la escucha, entra en el movimiento de Dios que, en el Hijo, sale al encuentro de cada uno de los hombres” (El valor de la escucha. Documento final del Sínodo sobre los jóvenes. Octubre, 2018)

Con estas palabras inspiradoras quisiera reflexionar brevemente sobre la importancia que tiene la escucha en el ser y quehacer de la Iglesia, más aún en estos tiempos donde la pandemia de la Covid-19 nos está haciendo redescubrir el profundo llamado de Dios a renovarnos desde la escucha de su Palabra, de los hermanos y hermanas, desde la historia y la vida.  

Escuchar la Palabra. Las Sagradas Escrituras son la escuela de todo oyente. La historia de la salvación allí narrada es la historia de un pueblo que busca seguir la voz de su Dios. Abraham escuchó (Gn 12, 1), Samuel escuchó (1 Sam 3), María escuchó (Lc 1, 29), los discípulos escucharon (Mt 4, 20; Jn 1, 40; par.). El mismo Jesús escuchando el sufrimiento de la gente (Mc 10, 49; par) transformó todo su entorno en esperanza, porque sanaba y perdonaba, prometiendo una vida plena (Jn 10, 10). Es Dios mismo quien nos enseña a escuchar el clamor del pueblo (Éx 3, 7-8). En esta realidad, estamos invitados a hacer sacramento la escucha de la Palabra, aprender de la sabiduría del Evangelio de manera creativa, alegre y generosa en el ámbito personal, familiar, eclesial y social.

Escuchar al Otro. En todo tiempo y en todo lugar, Dios se hace cercano al ser humano (CIC 3) La gracia actúa de manera tal que nada es ajeno al amor de Dios, porque lo esencial está presente en todo lo creado. Al escuchar al hermano/a, algo de Dios escuchamos. Al responder a las necesidades de los demás, algo de Dios transmitimos. La voz de Dios se hace Palabra en Jesús, Maestro de la escucha atenta y fraterna. Esa actitud lo acompañó a lo largo de su vida, en la cruz y en la Resurrección. Jesús nos enseña a escucharlo en la cruz y en las cruces de tantas personas que esta situación de enfermedad e incertidumbre está causando. Escuchamos la cruz para seguirla y ser llevados a la Resurrección. Este es un compromiso de fe, para que la vida de los que sufren se abra también a la esperanza de la salud, la justicia y la paz. En esta sola humanidad que somos todos, “si sufre un miembro, todos los demás sufren con él” (1 Cr 12, 26). Por eso, estamos invitados a hacer de la escucha un sacramento de vida que nos conduce al Dios de la vida. Acompañar al que sufre para transformar las realidades que hacen sufrir.

Escuchar la vida y la historia. ¿Dónde esta Dios en estos momentos? Seguramente esta pregunta ha llegado a nuestra mente y corazón muchísimas veces. Y es el mismo Dios quien nos invita a descubrirlo en las complejidades de la vida, empezando por la misma persona que hoy se cuestiona. Toda pregunta nos dinamiza, nos hace salir de nuestros propios esquemas y seguridades, para abrirnos a la libertad del que ama, la misma que hecha sus raíces en el deseo profundo de Dios: “que no se pierda ninguno de estos pequeños” (Mt 18, 14) ¿Al lado de quién está Dios? Está con el que sufre, porque el mismo sufrió. Y está con quien da la vida a diario por el bien de todos, porque dar la vida por los demás es la mayor demostración de fe (cf. Jn 15, 13).

Estar atentos a la realidad nos hace abrir los ojos y los oídos a la voz del Espíritu, quien es el que nos conduce en los momentos de prueba (cf. Mt 4, 1). ¿Dónde está tu hermano? (Gen 4, 9) es la voz de Dios hecha pregunta. Que nuestra respuesta sea esa capacidad profunda y confiada de renovación pastoral desde la escucha, para vivir la caridad como mística, la solidaridad como esencia de la evangelización y el amor al prójimo como el cumplimiento pleno de la ley divina (cf. Rm 13, 8).

Dios habla también a través de su creación como nos enseña la hermosa tradición viva de la Iglesia y el magisterio reciente del Papa Francisco. Que la angustia por la ausencia de lo que estábamos acostumbrados, no apague la esperanza de lo novedoso que nos trae el Espíritu: Una Iglesia que somos todos, donde Dios se hace presente de manera auténtica y real en cada uno de nosotros porque somos “hechura de Dios” (San Agustín). La misión de escuchar y consolar no es una misión exclusiva de unos pocos, Dios sigue obrando en todos y “no puede no estar” como señala una de las hermanas voluntarias al contestar una llamada.

La Pastoral de Escucha, a través del centro de llamadas (01) 2037700 – Opción 2, es una respuesta a la voz de la Asamblea Sinodal Arquidiocesana de enero último y se fue concretando a partir de las consecuencias que la pandemia de la Covid-19 está dejando en nuestro país. La Pastoral de Escucha reúne a un generoso grupo de voluntarios/as entre laicos/as, sacerdotes y religiosos/as y generando un espacio de cercanía y aliento para tantas personas que buscan en el otro, el encuentro fraterno con el Dios de la vida y de la historia capaz de “hacer nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5).