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En la Eucaristía del IV domingo de Adviento, celebrada en la Catedral de Lima, Monseñor Carlos Castillo hizo un llamado a seguir las actitudes de María, que después de escuchar y discernir el anuncio del Ángel, acepta la voluntad de Dios y se levanta para salir a servir. «Para caminar como María, siempre tenemos que escuchar y discernir. Y eso nos permite pasar del miedo a la confianza y a la alegría», comentó el Prelado.

Leer transcripción de homilía de Monseñor Castillo

En su alocución al Evangelio de hoy (Lucas 1,26-38), el arzobispo de Lima reflexionó sobre la experiencia de María en el camino de su maternidad. Al principio, ella se turba, pero también se cuestiona para tratar de comprender las cosas que ocurren.

Esta «demora» de María en responder al llamado del Señor, nos recuerda la importancia de hallar el sentido de las cosas en cada decisión que tomamos. En ello consiste la sabiduría que debemos tener los cristianos – sostuvo el Monseñor – siendo capaces de salir de los entrampamientos a partir de la comprensión de lo que sucede.

El camino de María, por tanto, tiene tres actitudes importantes: escuchar, discernir y caminar. Esta mañana, el Papa Francisco lo recordó en el Ángelus, además de interpelarnos a «ser abiertos y acogedores ante la presencia de Dios, que con mansedumbre viene a salvarnos».

Sobre ello, el arzobispo Carlos Castillo indicó que, antes de caminar, «siempre debemos escuchar y discernir», porque eso nos permite «pasar del miedo a la confianza», «de la confusión a la alegría». Y ese es el paso que debemos hacer en nuestro país y en nuestra Iglesia del Perú: «una Iglesia que haga pasar a nuestro pueblo del miedo a la confianza y la esperanza».

Ante todos los golpes que podamos sufrir, siempre ponemos la cara de la esperanza porque creemos en el Dios que nos tiene confianza y nos acompaña.

María escucha al Ángel que la llama «llena de gracia», es decir, la llena de aliento, reconociendo el valor que tiene como mujer. De igual forma, todos podemos encontrar la gracia que nos hace valiosos como seres humanos, pero sin calcular ni ambicionar más allá de nuestros límites.

Ante el anuncio, María plantea varias preguntas al Ángel y escucha la explicación. El temor comienza a disiparse a través de la reflexión y el razonamiento. No se trata de aceptar una propuesta sin pensar en el camino que hemos de recorrer. «Así también es el camino de la fe inteligente que aclara las cosas con la ayuda del Señor», agregó el obispo de Lima.

Una vez discernido, entonces, María da una respuesta: acepta y sale presurosa a servir a Isabel. «Hay una disposición de todo el cuerpo y el ser de la Madre de Dios para movilizarse hacia los que más nos necesitan», recalcó.

Desde la experiencia de la maternidad de María nace también la Iglesia universal, sin embargo, el Monseñor Carlos advirtió que, a veces, no corremos el riesgo de asumir los cambios en nuestra vida, sino que «nos estancamos» y «nos cerramos» a la novedad que nos trae el Señor.

No hay verdadera fe cristiana sin una fe cristiana abierta que está siempre atenta a las situaciones, comprendiendo el mundo de otra manera.

La Eucaristía del IV domingo de Adviento contó con la participación de los jóvenes de la Confirmación de la Parroquia El Sagrario.

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