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En el inicio del Mes Morado, Monseñor Carlos Castillo hizo un llamado a «tener las mismas actitudes de Jesús» para salir de los entrampamientos humanos que nos impiden vivir verdaderamente nuestra fe. El prelado advirtió del peligro que corremos al practicar un «cristianismo de apariencia» que nos impide afrontar los problemas serios y nos conduce a un «proceso de decadencia», en donde la fascinación por el dinero «genera la destrucción de la Iglesia».

En la Eucaristía concelebrada con Monseñor Jordi Bertomeu, el arzobispo de Lima reconoció el trabajo dedicado y acucioso de los periodistas, tantas veces maltratados en su afán por querer conocer la verdad.

Leer transcripción de homilía del arzobispo de Lima

El Evangelio de hoy (Mateo 21,28-32) nos presenta la parábola de dos hijos que son convocados por su padre para ir a trabajar a la viña. El primero no quiso, pero, después, lo pensó bien y fue; el segundo, en cambio, respondió que sí, pero, luego, no fue. Sobre ello, Monseñor Castillo afirmó que nuestra vida «está surcada por decisiones que tomamos», muchas de ellas «pueden ser contradictorias» o hacernos «perder el norte».

A través de esta parábola, el Señor toma el ejemplo de las personas que son mal vistas (las prostitutas y los publicanos) para decirnos que, a pesar de estar «marcadas» por la sociedad como pecadores públicos, todo aquel que busca rectificar su vida y está abierto a cambiar «nos preceden en el camino del Reino de Dios». Este no es el caso del segundo hijo que, por más comprometido que se mostraba, no fue a la viña a trabajar, es decir, no hizo la voluntad del Padre.

Muchas veces, recordó el arzobispo de Lima, queremos quedar bien con Dios de palabra y apariencia, pero las apariencias en la fe «son muy peligrosas, porque entramos en un proceso de decadencia, no afrontamos los problemas, las ambiciones que tenemos, y generamos la destrucción de la Iglesia».

Actitud de autocrítica y restitución en la Iglesia

Es necesario, por lo tanto, una actitud de autocrítica en la Iglesia para «ver las cosas malas que hemos hecho y rectificarlas realmente». Por eso, el testimonio de los periodistas (que hoy celebran su día en el Perú) es importante, porque nos ayudan a «entender que estamos en una maraña seria en el país y en la Iglesia», y tenemos que «afrontar la grave situación para no darnos ilusiones de que somos un país lindo, católico y precioso, pero, después, resulta que somos los peores corruptos».

«Hoy quisiéramos agradecer a los periodistas, sobre todo, a los periodistas de investigación, que son muy acusados y golpeados porque quieren saber la verdad y ayudar a que afrontemos cara a cara y reparemos lo que hemos hecho mal», señaló el prelado.

Estamos para servir, no para sentirnos superiores

En este camino de reforma, el liderazgo del Santo Padre ha hecho posible que se inicie un proceso de esclarecimiento en la Iglesia universal, para que sepamos «afrontar los problemas» y «reconocer los signos de bondad que existen en las personas que viven con una cierta coherencia, a pesar de que pueden ser lejanas y pecadoras».

Muchas veces, existe gente que no viene a la Iglesia, pero es más honesta que los católicos. Y nosotros, a veces, nos sentimos y nos creemos más, pero los católicos estamos para servir, no para sentirnos superiores y condenar al resto.

Citando la carta de san Pablo a los Filipenses (2,1-11), Monseñor Carlos exhortó a que tengamos las mismas actitudes de Jesucristo, el cual, siendo de condición divina, no retuvo para sí su condición de Dios, sino que se anonadó, tomó la condición de servidor y pasó por uno de tantos. El prelado aseguró que necesitamos «aprender a ser cristianos de otro modo, no creyéndonos la comunidad privilegiada, sino aprendiendo a compartir los dolores de la gente y reconociendo que también somos pecadores».

Cuidarnos de la fascinación al «dios» dinero

En otro momento, el Primado del Perú advirtió que no podemos poner a Dios en segundo lugar y usarlo para robarle a la gente o hacer apariencias de cosas bondadosas. Uno de los problemas más serios que tenemos – sostuvo el prelado – es que la Iglesia hace ese tipo de cosas. «Hay una especie de fascinación por el dinero, y esa fascinación nos impulsa a adquirir el dinero con mañas y, a veces, usando el nombre de Dios», recalcó.

A puertas del Sínodo de la Sinodalidad, Carlos Castillo llamó a que unamos esfuerzos para discutir juntos cómo mejorar la Iglesia hacia el futuro, con un clero y obispos «al servicio del camino que hacemos todos y no al servicio de sí mismos».

Llenémonos de esperanza porque el Señor de los Milagros nos acompaña y, en esa compañía, nosotros queremos también acompañar el Sínodo del Santo Padre.

La Santa Misa de este domingo XXVI del Tiempo Ordinario fue concelebrada por monseñor Jordi Bertomeu, y un grupo de sacerdotes provenientes del país hermano de Chile. También recibimos la visita de la Asociación Nacional de Periodistas del Perú y nuestro Coro Juvenil Arquidiocesano.

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