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En compañía de las madres de las ollas comunes de nuestra ciudad, Monseñor Carlos Castillo presidió la Eucaristía por la Solemnidad de Pentecostés. El prelado hizo un llamado a dejarnos llevar por el Espíritu Santo que nos «convoca a salir de los encerramientos» y nos envuelve con una «fuerza que emerge y contagia todas las relaciones humanas» para superar los dramas históricos que afrontamos y convertirnos en seres capaces de actuar generosamente.

«El Espíritu Santo suscita en nosotros acciones serviciales, capaces de imaginar juntos nuestro Perú y nuestro mundo unido. Y así, la guerra acabe, las tensiones acaben, los odios y los afanes de poder desmedidos terminen», expresó en su homilía (leer transcripción).

Leer transcripción de homilía de Monseñor Castillo.

La Iglesia de Lima vivió la Fiesta de Pentecostés con la presencia significativa de nuestras madres de las ollas comunes. Junto a ellas, también acudieron los principales actores que participaron durante el llamado urgente a la solidaridad (en tiempos de huaicos y lluvias): agentes pastorales, voluntarios, empresarios, cáritas hermanas, colegios, universidades, hermandades y familias donantes.

En su homilía, el arzobispo de Lima aseguró que la celebración de Pentecostés es un signo vivo de que el Espíritu Santo continúa haciendo su misión y labor en toda nuestra historia humana, porque «nos hace conducir, por obra de Él, a entregar nuestra vida a la gente sencilla, perdonándola y animándola a vivir en la esperanza de que vamos hacia al Padre, hacia la vida plena».

Monseñor Castillo precisó que es importante que nos dejemos guiar por la fuerza del Espíritu, que nos interpela como Iglesia y sociedad, y nos convoca a responder a las necesidades con iniciativas de hermandad. Un claro ejemplo es toda la experiencia comunitaria y solidaria de las hermanas de las ollas comunes, «transmisoras del Espíritu», porque representan esa fuerza arrolladora y promotora capaz de recrear y contagiar al mundo con su amor:

«Ellas, inspiradas, han logrado darnos un mensaje de fondo, porque han testimoniado al Espíritu Santo y se han dejado llevar, a veces, sin darse cuenta. Solamente cuando alguien actúa, puede ser testigo del Espíritu», reafirmó.

En el momento de la ofrenda se formó una cadena solidaria para representar simbólicamente la red del hermanamiento que hace posible el sostenimiento de las ollas comunes.

Una fuerza que emerge y contagia todas las relaciones.

En alusión a la Liturgia de hoy, el Primado del Perú explicó que se había producido en los discípulos un encerramiento por el miedo y temor. Es en esta situación de dificultad y contrariedad que el Espíritu Santo se manifiesta como un viento huracanado, y se dispersa en ellos como un fuego suave, un fuego de amor que los hace hablar en diferentes lenguas y, aún así, entender lo que dicen. ¿Qué clase de lenguaje es este?

«Ese es el lenguaje de Cáritas, ese es el lenguaje de las ollas comunes, ese es el lenguaje de todas las instituciones, colegios, grupos voluntarios que han hablado en el último tiempo, de nuestros empresarios y amigos que se han unido a esta causa. Ese es el lenguaje que todo el mundo entiende, el lenguaje del amor que, además, atraviesa todas las lenguas de la Tierra, y que es el único que permite entender el sentido verdadero de lo que es la humanidad», aseveró el Monseñor.

Este Espíritu que nos dinamiza es el mismo que nos impulsa a salir a ver y servir a los hermanos, así lo señaló el arzobispo Castillo: «Si estamos reunidos, ahora, aquí, es para salir después a servir, para hacer algo más grande, de acuerdo a lo que el Espíritu nos vaya inspirando», puntualizó.

El Espíritu Santo es creador, convocador y suscitador.

En otro momento, el obispo de Lima hizo eco de las palabras del Papa Francisco en la misa de hoy celebrada en San Pedro: el Espíritu Santo es un Espíritu creador, convocador y suscitador.

«Es creador porque, actuando, transforma la vida triste y dividida de los seres humanos, para superar los dramas históricos que se desarrollan en distintas partes por el cambio climático, para unirnos por la paz y acabar con la guerra», reflexionó el prelado.

«Es un Espíritu convocador a ser Iglesia, porque la Iglesia es convocada a salir de los encerramientos por miedo y temor. Siempre hay el riesgo, en la Iglesia, de encerrarse, de mirarse el ombligo, de estar todo el día quejándose y, sobre todo, hay esos encerramientos que son para planear el mal y desarrollar los propios egoísmos. El Espíritu convocador nos saca de esos encierros», argumentó Monseñor Carlos.

Y finalmente, el Espíritu suscitador «es el que sopla sobre sus discípulos y efunde, es decir, nos vuelve efusivos, sensibles y capaces de actuar generosamente.

Con la Palabra se recapacita, con el Espíritu se hace caso a la Palabra, y con la fuerza del Espíritu se realiza la esperanza de la humanidad de ser hermanos, que es la esperanza de Dios.

Finalmente, el obispo de Lima hizo un llamado a rectificar aquellas actitudes que nos impiden vivir una verdadera conversión y «sanar el alma de los peruanos». Para ello, debemos disponernos a acoger al Espíritu:

«Vamos a pedir al Señor que ahí donde hay conciliábulos diabólicos, “amarres” e intereses propios en función de ambiciones, se transformen en actitudes rectificadoras por medio de la fuerza general de la transmisión del Espíritu que hacemos», acotó. 

Que Dios las bendiga, hermanas de las ollas comunes. Gracias por sus iniciativas, por enseñarnos ese camino. Gracias a nuestras  Cáritas Lima y a las Cáritas hermanas que han trabajado hondamente en esta red solidaria. A los colegios, a los empresarios, a las comunidades, a las hermandades, a las voluntarias, a las parroquias de Lima que se han asociado vivamente en todo este camino.

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