Tag

arquiactividades

Browsing

El Museo Catedral de Lima, el Ministerio de Cultura y la Asociación de Artesanos “Manos Creadoras”, inauguraron una edición de la feria “Manos Creadoras 2021”, que se llevará a cabo del 16 al 23 de diciembre en los exteriores de la Catedral de Lima. El ingreso es libre.

La feria ‘Manos Creadores’ cuenta con la participación de más de 30 maestros artesanos de diversas regiones de nuestro país, quienes vienen exponiendo piezas de arte utilitario, ceremonial y decorativo. Se trata de una linda oportunidad para apreciar la gran variedad de arte popular y adquirir diversos objetos hechos en madera, cerámica, vidrio y cuero, así como textiles, tapices, imaginería y joyería.

Asimismo, durante los 8 días de ‘Manos Creadora 2021’, los maestros artesanos realizarán talleres de artesanía, cerámica, arte colonial, cuero repujado, tejido en fibra vegetal, retablos ayacuchanos, bisutería shipiba entre otros.

Los talleres artesanales estarán disponibles durante la tarde, y junto a ellos, también se incluirán algunos espectáculos artísticos para niños y adultos como danzas típicas y música tradicional de nuestro país, títeres y cuenta cuentos.

Conmemorando también el Día Internacional del Migrante, el maestro artesano ayacuchano Gabriel Ataucusi y artistas venezolanos elaborarán un retablo en formato grande que será intervenido con pinturas que reflejan la riqueza cultural de ambos países acompañado de frases de unión e integración.

A puertas del cierre escolar 2021, Monseñor Juan José Salaverry, Obispo Auxiliar de Lima, presidió la Celebración Eucarística en Acción de Gracias por los maestros que integran la Oficina de Educación Católica (ODEC) del Arzobispado de Lima.

La Santa Misa se llevó a cabo en la Parroquia Santísimo Nombre de Jesús, en el distrito de San Borja, y contó con la participación virtual de los maestros de Educación Religiosa de los diferentes colegios de nuestra ciudad.

Al inicio de su Homilía, nuestro Obispo Auxiliar de Lima señaló que esta Celebración de fin de año es similar al momento del Ofertorio, porque le presentamos al Señor todo lo vivido: “Celebrar la Eucaristía de clausura es como un gran ofertorio, es presentar ante el altar del Señor todos nuestros esfuerzos, fatigas, ilusiones, pero también todas nuestras fallas, para que el Señor las reciba y con su gracia, purifique todas aquellas cosas que nos han faltado empujar un poquito durante el año”.

De otro lado, Monseñor Salaverry sostuvo que la tarea que los maestros de ODEC Lima realizan es una tarea ardua y con mucha responsabilidad, en favor de la fe puesta en el Señor: “La labor que ustedes realizan, la realizan en nombre de la Iglesia y de Cristo, por eso, la responsabilidad es doble, porque es hacia su propia vocación como docentes y como creyentes, como hombres y mujeres que transmiten la fe a aquellas personas que necesitan de la formación, del acompañamiento, de la presencia de la Iglesia que articula su misión con la ayuda de cada uno de ustedes”.

De otro lado, citando al profeta Isaías, nuestro Obispo Auxiliar se refirió a la misión que cada maestro tiene, la cual, además de impartir la fe, también es la de llevar esperanza a la humanidad: “necesitamos que ustedes sean portadores de esperanza, de la esperanza del profeta. La Iglesia necesita reavivar su esperanza, la humanidad necesita esperanza para vivir, tienen que ir construyendo la esperanza en estos jóvenes y niños que forman”.

Citando el Evangelio de San Lucas (7, 24-30), en la cual Jesús les habla a sus discípulos sobre Juan, el Bautista, Monseñor Salaverry refiere que, siguiendo este pasaje, invita a los maestros a ser primero, creyentes y ver en cada niño o adulto a su prójimo.

Finalmente, Salaverry agradeciendo nuevamente a los maestros, les pidió mantener viva la esperanza en Dios y en la humanidad para construir, en unidad, el Reino de Dios como el Papa Francisco lo cita en su Fratelli Tutti.

En este Tercer Domingo de Adviento, también llamado Domingo de la Alegría, Monseñor Juan José Salaverry, Obispo Auxiliar de nuestra Arquidiócesis de Lima, nos invita a prepararnos para la llegada del Señor poniendo en práctica la solidaridad fraterna, con un sentido de justicia y ofreciendo nuestra vida a los demás.

En la reflexión de este III Domingo de Adviento, Monseñor Salaverry sostiene que todos estamos llamados a asumir nuestro proceso de conversión con esperanza y alegría: “Una conversión no es un proceso de tristeza y de melancolía por las cosas que dejamos de hacer o las que dejamos de tener, sino que está llena de alegría. Por eso, este es el domingo de la alegría y del gozo”.

Citando en Evangelio de San Lucas (3, 10-18), que relata la historia de Juan Bautista y su respuesta a las constantes preguntas que le hacía el pueblo para alcanzar el Reino de Dios, nuestro Obispo Auxiliar de Lima, explicó que este tipo de preguntas deben ser planteadas en nuestra vida diaria, disponiendo nuestros corazones para atender a la respuesta que recibamos de Dios:

«Nosotros también, hoy, debemos de preguntarnos qué debemos hacer con nuestras vidas, para poder alcanzar la promesa de este Reino que nos llena de alegría, de este Reino de justicia y de paz. A cada uno de nosotros se nos dará una respuesta distinta, porque cada uno de nosotros tiene distintos ministerios, tiene distintas responsabilidades, porque cada uno de nosotros es una historia distinta, pero todas nuestras historias y todos nuestros ministerios deben de encontrar la unidad en la disposición que asumamos durante este Adviento para prepararnos para la venida del Señor. Que cada uno, según su propia realidad, haga lo que tiene que hacer», comentó Juan José Salaverry.

El obispo auxiliar recalcó que el Adviento es un tiempo para compartir con los demás y practicar la solidaridad, especialmente con nuestros hermanos más olvidados: “Tal vez ya hemos tomado algunas actitudes, ya hemos marcado algunos propósitos, hemos preparado nuestra corona de Adviento, hemos armado el árbol de Navidad, estamos preparando el Belén para venerar al niño en la noche de Navidad, pero debemos de practicar la caridad, la solidaridad fraterna, entregar a los demás la otra túnica que tenemos, como dice el Evangelio, actuar en la justicia como les dice Juan a los publicanos, debemos de vivir en paz con los demás”.

La mañana del miércoles 8 de diciembre, la Catedral de Lima abrió sus puertas para llenarse del espíritu y la alegría de nuestros niños que realizaron su Primera Comunión. El encargado de presidir la Celebración Eucarística fue el Arzobispo de Lima, Monseñor Carlos Castillo.

Comentando el Evangelio de Lucas (1, 26-38), que narra la Anunciación del Ángel Gabriel, Monseñor Castillo explicó que este relato nos recuerda la delicadeza que tiene el Señor para dirigirse a María con un piropo: ¡Llena de gracia! Dice el Ángel, es decir, la abundante de gracia, porque es amada por Dios: «Cuando nosotros somos amados, siempre nos va bien, inclusive en las malas situaciones, porque nos quiere nuestro papá, nos quiere nuestra mamá, nos quiere María y nuestro Dios, que nos ama de corazón porque somos sus hijos», indicó.

El camino de Jesús en este mundo comienza con una palabra del Ángel Gabriel: ¡Alégrate! Entonces, estamos en la religión de la alegría, no de la tristeza. Y la alegría significa maravilla, plenitud, confianza, amistad, abundancia de bienes, de amistad y de compartir.

El Arzobispo de Lima aseguró que, a pesar que algunos no podamos entenderlo, todos somos amados gratuita y generosamente para vivir alegres en Dios, y desde esa alegría profunda que recibimos, poder enfrentar toda la vida que viene.

Así como María acogió, en su seno, la sombra del Espíritu que la hizo generar en esta vida a Jesús, nosotros también estamos llamados a vivir acogiendo a Dios que nos ama abundantemente.

En otro momento, Monseñor Castillo resaltó la actitud que tuvo María al aceptar el don de Dios: «Ella no se creyó la divina pomada, ella aceptó humildemente la voluntad de Dios sin sentirse merecedora de ese amor. Y ésa es la vida que ustedes van a llevar ahora niños y niñas, ustedes van a acoger a Jesús en su seno también y en su ser».

El camino no es tanto temerle a Dios, sino comprender a Dios, tratar de colocarse en sintonía con el Señor, para poder hacer, según su voluntad, que en nuestra vida la fuerza del amor de Dios coincida con nuestras decisiones, y nuestras decisiones coincidan con la voluntad del Señor.

Monseñor Castillo reiteró que la comunión es aquella comida que nos vuelve hermanos de todos los seres humanos, porque es el Hijo del Padre el que nos hace hermanos: «El Padre nos manda a su Hijo que, a su vez, se quiso plasmar en el cuerpo y la sangre, en una presencia real que nos impulse a ser hermanos los unos de los otros», recalcó.

Este 08 de diciembre, Guillermo Elías Millares celebra 40 años de vida sacerdotal junto al Pueblo de Dios. Nuestro obispo auxiliar de Lima ha compartido con nosotros algunos recuerdos, anécdotas y experiencias en este largo camino de servicio y vocación. Este es su testimonio.

Escribe: Jessica Laurente.

Monseñor Elías nos comenta que inició su camino en la fe bastante joven, invitado por su primo a participar en la Parroquia Santa Rosa de Lince. El propósito inicial de esta invitación era conocer chicas, pues su vida transcurría entre el colegio y su casa, pero, finalmente, como él mismo lo dice entre risas: “fui a buscar chicas y terminé sacerdote”.

De esta forma, Guillermo Elías fue descubriendo el camino de la vida sacerdotal desde su experiencia como laico: “Descubrí a Cristo y lo hice mi amigo. Luego vino la duda de dónde vivir esa vida de Cristo, vino la inquietud y comenzó el discernimiento. Éramos varios jóvenes en la parroquia, me acuerdo que decidimos hablar con el párroco, nos escuchó a cada uno, algunos salieron desanimados y a mí me dijo: Memo, yo ya sé, yo ya lo sabía, pero ahora tienes que hablar con tu papá», recuerda el monseñor.

Elías confiesa que no fue nada fácil que su familia entendiera y aceptara su decisión de dedicar la vida al Señor, incluso por un largo periodo, tuvo que lidiar con el rechazo de sus hermanos mayores: “Cuando ingresé al seminario, mi mamá estaba feliz, pero mis hermanos, los cuatro mayores, se opusieron rotundamente. El mayor jugaba fútbol en la Selección de Perú, Roberto, él cuestionó que era una tontería esto y mi hermana me dejó de hablar casi 3 años. Pero con el tiempo, se fueron dando cuenta de mi vocación y terminaron siendo mis padrinos de ordenación sacerdotal”, agregó.

Aprender del Pueblo de Dios y de la gente más sencilla.

Ya ordenado sacerdote en 1981, nuestro obispo auxiliar trabajó en distintas parroquias de Lima: “Mi primer amor fue en la Parroquia San Lucas, cuando el cardenal Landázuri me había designado párroco. Apenas tenía 27 años y me asusté, pero recuerdo que él me dijo: ‘Yo sé lo que hago’. Y estuve casi 12 años. Luego me fui a estudiar un tiempo a Roma, regresé y el cardenal Vargas Alzamora me pidió ir a Comas. Esto fue para mi un giro de 180 grados. Me entregaron 13 capillas, más de 200 mil feligreses, fue todo un reto, pero tenía claro que quería ser sacerdote y aprender del Pueblo de Dios, de la gente más sencilla”, reveló.

Después de sus años en Comás, Guillermo Elías viaja a España, en Alicante, donde fue párroco unos años en San Antonio Abad (2006-2009). En este periodo, también realizó sus estudios de posgrado en Teología del matrimonio y la familia en el Instituto Pontificio de San Juan Pablo II.

A su retorno a Lima, desde 2010 fue párroco de la parroquia El Señor de la Paz y vicario episcopal de la Comisión de Matrimonio y Familia de la Diócesis de Carabayllo. En el año 2019, es nombrado Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Lima por el Santo Padre: “Nunca soñé ni estuve pendiente de ser elegido obispo, pero por algo será. Estoy totalmente dispuesto y convencido que quiero morir sacerdote”, afirmó.

Visita a los hospitales durante el inicio de la Pandemia.

Por otro lado, durante los meses más intensos de contagio de la Pandemia Covid-19, Monseñor Elías, en representación de nuestra Arquidiócesis de Lima, visitó los hospitales, bendiciendo y dando la comunión a cientos de enfermos que, al verlo, se mostraron muy agradecidos por estar acompañados de la Iglesia.

“Pensamos en un plan que pudiera responder al reto tan complejo en el que el Perú y el mundo estaba, y el Arzobispado diseñó una respuesta a la Pandemia. Entonces, se activaron los programas de acompañamiento social, las ollas comunes, desarrollamos toda una presencia en los hospitales que me ayudó a entender la enfermedad con mayor profundidad, tanto para los enfermos de Covid, que eran muchísimos en condiciones terribles, estuvimos acompañando a los enfermos, a los médicos y a todo el personal”, acotó.

Vale la pena entregarle la vida a Dios…

Por otro lado, nuestro Obispo Auxiliar sostiene que, en estos 40 años, lo que ha marcado su vida es como Dios ha estado presente en cada paso de su camino sacerdotal: “Dios elige a quien Él crea, no elige al mejor necesariamente, pero elige para ser bueno, para ser Pastor. A mí me ha sorprendido verme dispuesto en todo tiempo, más allá de mi propia fragilidad”.

Al celebrar sus Bodas de Rubí, Guillermo Elías agradece a Dios por todo lo vivido y hace un llamado a los jóvenes que también sientan ese llamado a servir: “En 40 años, puedo decir que vale la pena entregarle la vida a Dios, más allá de tu fragilidad. Y si algún joven está escuchando esto, arriésgate, yo estuve así, un día sentado en mi parroquia, asustado, porque sentía la posibilidad del llamado y me asustaba. Dios ha sido fiel, me ha estimulado, me ha cuidado, protegido, y repito, soy un cura feliz. En estos 40 años, celebro la alegría de que mi vida ha tenido sentido”.

Un día como hoy, 08 de diciembre, Día de la Inmaculada Concepción, Monseñor Guillermo Cornejo fue consagrado sacerdote del Pueblo de Dios. Desde entonces, han pasado 27 años de un largo camino acompañando y escuchando a los sectores más marginados de nuestra ciudad.

Escribe: Jessica Laurente.

Desde muy pequeño, los padres del obispo auxiliar, Guillermo y Miguelina, inculcaron en el corazón de su familia valores como la fraternidad, el amor y la justicia. Así lo recordó con emoción Monseñor Cornejo: “Cuando terminé el colegio militar Leoncio Prado, ingresé a la parroquia y participaba en las comunidades visitando a los ancianos, a los presos. Todo lo que me inculcaron mis padres dio fruto en mis años de laico en la Parroquia La Encarnación, donde hice de Jesucristo en Semana Santa. Eso me marcó muchísimo”, expresó.

Es así que, poco a poco, nuestro Obispo Auxiliar de Lima fue descubriendo su vocación hasta que se animó a postular al Seminario Casa de Nazaret, y posteriormente al Seminario Santo Toribio de Mogrovejo: “La gente no creía que quería ser sacerdote porque era muy alegre, inquieto, muy movido. Salvo mi mamá, mi abuelita, mis hermanos y amigos más cercanos, nadie confiaba en mí», dijo entre risas.

Monseñor Cornejo y su experiencia en la Pastoral carcelaria.

Ya ordenado sacerdote desde 1994, el camino de Monseñor Cornejo ha tenido un paso importante por la Pastoral carcelaria y de la tercera edad en la Diócesis de Lurín: “Cuando era estudiante iba al Ermelinda Carrera, Maranguita y Santa Margarita. Pienso que todos los seres humanos somos buenos, porque somos hechura de Dios y semejantes a Él, entonces, incluso los que están en la cárcel, son personas valiosas”.

Hasta el día de hoy, Monseñor Cornejo sigue asistiendo a las cárceles y compartiendo experiencias con los internos de los penales: “Cada vez que voy al penal me siento muy bien con mis hermanos internos. Ellos se conmueven, quieren invitarme cosas, yo también estoy ahí queriendo apoyarlos. Allí uno se da cuenta que Dios no ha hecho nada malo, sino que, muchas veces, ellos se han sentido abandonados y la tentación ha sido grande”, reflexionó.

Reconocer y valorar el protagonismo de los jóvenes.

Recientemente, Guillermo Cornejo representó a nuestra Arquidiócesis de Lima en la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. El obispo auxiliar ha querido destacar la gran participación de los jóvenes durante el proceso de escucha, y por eso, afirma que es necesario reconocer y valorar el protagonismo de los jóvenes: «ellos son agentes de transformación en la comunidad eclesial y en la sociedad», resaltó.

Por otro lado, Monseñor Cornejo también considera relevante que la Iglesia afiance aún más los procesos de sinodalidad y escucha: “Yo creo que, si fomentamos ello, vamos a ser realmente entes transformadores. Queremos cambiar, queremos mejorar, queremos convertirnos, queremos empezar una nueva vida, queremos transformarnos, queremos una Iglesia más sensible, una Iglesia abierta, una Iglesia acogedora, una Iglesia transformadora y transformada, una Iglesia de conversión, una Iglesia donde acojamos a todos, especialmente a los pobres, a los excluidos, a los que sufren, a los ancianitos, a los que están en la cárcel, a los enfermos y a todos los que tienen dificultades”, es la esperanza del obispo auxiliar.

Al cumplirse 27 años de vida pastoral, Cornejo hace un llamado a seguir forjando una Iglesia misionera en salida y a no desanimarmos en las situaciones de adversidad: “Hoy más que nunca, necesitamos una nueva Iglesia, pero eso va a depender muchísimo de que nos convirtamos y que tengamos una nueva actitud en estos momentos difíciles. Ya es tiempo de mejorar, ya es tiempo de cambiar y empezar una nueva vida en el nombre del Señor», señaló.

En el incio del Segundo Domingo de Adviento, Monseñor Ricardo Rodríguez, Obispo Auxiliar de Lima, nos invita a prepararnos para la llegada del Señor saliendo en misión al encuentro del hermano que sufre y nos necesita: «La mejor manera de esperar el acontecimiento del nacimiento del Señor es saliendo a su encuentro, porque ese acontecimiento necesita nuestra colaboración, es decir, abrirnos a la gracia, abrirnos a lo que Dios nos ofrece», reflexionó.

Monseñor Rodríguez explicó que el Adviento es un tiempo privilegiado y bendecido por el Señor para «rescatar y vivir en profundidad algunas características del cristiano como la esperanza, la caridad, el perdón y la oración».

Poner en práctica la palabra del Maestro es no solamente hacer lo que Él hizo o repetir sus obras, también es sentir como Él sintió y pensar como Él pensó.

En ese sentido, Ricardo Rodríguez afirmó que el tiempo de Adviento «nos recuerda la esencia de la esperanza cristiana que, a diferencia de cualquier otro concepto que se ha desarrollado en el tiempo, tiene la acción como virtud actuante, es decir, no se trata de aguardar que algo suceda o venga, yo espero en el Señor haciendo las cosas del Señor».

Salir al encuentro para abrirnos a la gracia de Dios.

En esta segunda semana de Adviento, el Obispo Auxiliar de Lima señaló que la esperanza cristiana por el nacimiento de Jesús no puede detenerse en la contemplación o la adoración, también es necesaria la acción cristiana de cada día:

«La esperanza cristiana tiene como primera característica la actitud y la acción, es decir, yo espero un acontecimiento, pero salgo al encuentro de ese acontecimiento, porque ese acontecimiento necesita nuestra colaboración, abrirnos a la gracia, abrirnos a lo que Dios nos ofrece. Pero otra característica de la esperanza cristiana es que es transformante, nos renueva y nos convierte».

La conversión, el cambio, siempre es exigente, implica sacrificio, esfuerzo, implica abandonar actitudes y hasta maneras de pensar que no van en el camino del Evangelio.

Finalmente, Monseñor Rodríguez hizo un llamado a vivir el misterio de la esperanza en nuestros hogares: Hoy quiero enviarles a ustedes un mensaje de aliento, de acompañamiento, para que recuerden que la Navidad que pronto celebraremos no solamente es la celebración de un acontecimiento, sino será vivir en el acontecimiento de la Navidad, vivir en Navidad, es decir, llevarle un momento nuestros dones como lo hicieron los magos, será también adorarlo como lo hicieron los pastores, pero también será salir del pesebre a anunciarle a los demás que el pueblo que andaba en tinieblas ha recibido una gran luz, ha llegado a nosotros el Enmanuel y no solamente está con nosotros, está entre nosotros», reflexionó.

Quiero invitarlos para que vivamos en cada hogar el misterio de la esperanza, pero una esperanza que hace, una esperanza que obra y que el primer espacio donde obra es dentro, esa esperanza que obra en mí y que, gracias a esa acción divina, puede llevarnos también a trascender en la vida de los demás.

La Municipalidad de Lima, Cáritas Lima y el Arzobispado de Lima, anuncian una campaña solidaria para apoyar a nuestros hermanos damnificados por el reciente terremoto de magnitud 7.5 que viene afectando a la región amazónica del norte de Perú. ¡Tenemos hasta el 12 de diciembre para participar!

El Arzobispado de Lima anuncia que convertirá todas sus iglesias en centros de acopio para recibir donaciones de agua, alimentos no perecibles, artículos de aseo y frazadas. Todo será destinado a nuestros hermanos damnificados por el terremoto en la región norte del Amazonas. Bajo el lema: «Unidos y solidarios con nuestros hermanos damnificados por el terremoto», nuestra ciudad de Lima se moviliza para llevar una luz de esperanza a las miles de familias afectadas en la región norte del Amazonas.

¿De qué manera puedo apoyar?

Del 1 al 12 de diciembre, todas las parroquias de nuestra Arquidiócesis de Lima se convertirán en centros de acopio para recibir donativos.

En alianza estratégica con Cáritas Lima, la Municipalidad de Lima habilitará diferentes espacios para entregar tus donaciones hasta el 12 de diciembre:

-Circuito Magico del Agua
-Parque de la Exposición
-Pasaje Santa Rosa (Plaza Mayor de Lima)

Por otro lado, si deseas comunicarte con Cáritas Lima, puedes hacerlo llamando al número: (01) 203-7700 – Opción 1. También acudir personalmente a dejar tus donaciones a los almacenes de Cáritas en: Jirón Chancay 282 – Cercado de Lima.

Todas las donaciones económicas que surjan espontáneamente pueden realizarse en las cuentas de Cáritas Lima:

BBVA soles: 0011 – 0661 – 0100078524
CCI: 011 – 661 – 000100078524 – 64

BBVA dólares: 0011 – 0661 – 0100079024 – 64
CCI: 011 – 661 – 000100079024 – 64
Código SWIFT: BCPLPEPL.

Es importante señalar que en este momento se necesita con urgencia: agua, alimentos no perecibles, artículos de aseo y frazadas.

Convencido de que es posible anunciar el Evangelio a través de la música, conversamos con el Padre Cristóbal Fones, sacerdote jesuita, cantante y compositor chileno que visitó nuestro país para ofrecer una serie de recitales y momentos de reflexión bajo la consigna de que el encuentro íntimo con el Señor, a través de la oración y el canto, nos inspira a salir en misión: «El Señor nos llama a la reconstrucción del tejido social por medio de la fraternidad, es decir, tratarnos como hermanos. Estamos aquí para amar, para servir, no simplemente para succionar la vida, para asegurarnos la vida para sí, sino para regalarla», indicó.

Después de una grata experiencia por Jaén, Piura y Condorcanqui, Cristóbal Fones se dio un espacio para conversar con nosotros antes de su presentación en el Seminario Santo Toribio de Mogrovejo, en lo que fue una edición especial de ‘La Oración Cantada y Misionera’.

El sacerdote jesuita explicó que volver a cantar presencialmente ha significado un regalo de Dios que lo ha llenado de mucha alegría: «La música es un ministerio, un servicio pastoral. Esta experiencia es semejante a la de un sacerdote que vuelve a celebrar misas presenciales, a los maestros que se reencuentran con sus alumnos, o las familias que se abrazan después de tanto tiempo. El corazón late y nos vincula, y en mi caso, a través de las canciones, estar presencialmente ha sido un regalo de Dios”, comentó emocionado.

Un tiempo para repensar nuestros lazos y reconstruir el tejido social.

El cantante chileno no es ajeno a la dura realidad que venimos afrontando desde hace dos años: la Pandemia por el Covid-19 que ha devenido en una crisis sanitaria, social y económica en todo el mundo. Por eso, el Padre Fones afirma que durante este tiempo se han «visibilizado muchas de las fragilidades humanas que cargamos como la desigualdad, la exclusión, el desamor y la indiferencia». Estas realidades, manifiesta Cristobal Fones, nos interpelan hondamente a la «reconstrucción del tejido social por medio de la fraternidad, es decir, tratarnos como hermanos, que va en sintonía con lo dicho por el Papa Francisco.

Este tiempo nos invita a repensar nuestros lazos. Yo siempre he entendido que la música hace eso, genera lazos, es una especie de ensayo del Reino donde hay distintos ritmos. Y por ahí van los caminos que vamos a tener que construir entre todos, el deseo y la necesidad de que algo nuevo surja después de todo esto.

Hay mucha esperanza en la Iglesia del Perú.

Respecto a su reencuentro con nuestros hermanos del Amazonas, en la Plaza de Santa María de Nieva, el Padre Cristóbal expresó su entusiasmo y agradecimiento por el cariño que ha recibido en los distintos pueblos que visitó. También destacó la gran riqueza cultural que tenemos como país y sus diversas expresiones para vivir la fe: «Hay mucha esperanza en la Iglesia de Perú, la noto súper viva, los jóvenes confían en Dios y en la mediación que Él les ha regalado a través de la Iglesia Católica. Tenemos que aprender a escucharnos, y este proceso lo veo muy posible aquí en Perú, porque está lo esencial que es el cariño, la confianza y la apertura», acotó.

Estamos aquí para amar y servir, no para succionar la vida.

En sintonía con la reciente Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, el Padre Cristóbal hizo un llamado a vivir nuestra fe cristiana como discípulos misioneros en salida, para servir con amor a nuestros hermanos más vulnerables y desfavorecidos de la sociedad: «Estamos aquí para amar, para servir, no simplemente para succionar la vida, para asegurarnos la vida para sí, sino para regalarla», recalcó.

Los animo a vivir juntos esa esperanza, sobretodo, en estas circunstancias tan difíciles que hemos vivido. Salgamos al encuentro, volvamos a ser Pueblo de Dios.

Al iniciarse el Tiempo de Adviento, Monseñor Guillermo Elías, Obispo Auxiliar de Lima, nos invita a realizar una profunda revisión de nuestra vidad para hallar aquellos signos que nos acercan a Dios a través del rostro de nuestro hermano.

Monseñor Elías explicó que el inicio del Tiempo de Adviento es una oportunidad para recordar el marco complejo que vivimos a causa de la Pandemia. Y pese a ello, el horizonte de la Palabra nos abre a algo nuevo: «Es muy importante mirar nuestra realidad personal, nuestra realidad comunitaria, nuestra realidad social», añadió.

El Obispo Auxiliar de Lima aseguró que durante este Primer Domingo de Adviento, el Señor nos llama a hacer una profunda revisión de vida: «Â¿De qué manera cierras este Año Litúrgico? ¿De qué manera has vivido este año que casi se ha terminado? Hoy estamos llamados a abrirnos a un Dios que viene hacia nosotros», destactó.

Que el nuevo Adviento que el Señor te regala este año, sea un tiempo de gracia en familia, en grupo, en el barrio, en la parroquia. ¡Ábrete a este Dios que viene! Pero estate atento, mira alrededor y mira en positivo tu interior.

Central telefónica
(511)2037700