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Este miércoles 15 de noviembre, la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) entregó la medalla de Honor R.P. Jorge Dintilhac SS.CC. a sus eminencias, los cardenales José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, y Robert Francis Prevost, prefecto del Dicasterio para los Obispos, presidente de la Pontificia Comisión para América Latina y Obispo Emérito de Chiclayo.

Ambos fueron recibidos por el Dr. Carlos Garatea Grau, rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú; el Gran Canciller de la PUCP, Cardenal Pedro Barreto Jiménez; el Nuncio Apostólico en el Perú del Papa Francisco, Mons. Paolo Rocco Gualtieri.

También estuvo presente el Presidente del Episcopado Peruano, Mons. Miguel Cabrejos Vidarte; nuestro arzobispo de Lima, Mons. Carlos Castillo Mattasoglio; y el obispo auxiliar de Lima, Monseñor Juan José Salaverry.

El rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Dr. Carlos Garatea Grau, entregó la Medalla de Honor Jorge Dintilhac a los dos cardenales representantes de la Santa Sede.

«La visita de los cardenales Robert Prevost y José Tolentino Calaça de Mendoça demuestra de manera inequívoca que la relación que tenemos como Pontificia Universidad Católica del Perú con la Santa Sede y con la jerarquía de la Iglesia peruana es estupenda», expresó Garatea. «Además, es una relación fluida, de compañía, de diálogo y de una forma de buscar juntos siempre la mejora del bien común”, precisó.

Ante la presencia de sus eminencias, el Gran Canciller de la PUCP, cardenal Pedro Barreto, dijo: «Tenemos el privilegio, aunque sea de unas horas, de (recibir) a dos cardenales de la Iglesia. Para la Iglesia peruana, significa el reconocimiento importante de un obispo y hermano nuestro, como es el cardenal Robert Prevost. Él fue miembro de la Comisión Episcopal en la PUCP. Y el cardenal José Tolentino Calaça de Mendonça visita por primera vez a nuestra querida PUCP. Para nosotros, es un orgullo recibir a quien es como el ministro de Educación Católica de la Santa Sede, en representación del papa Francisco, para que la conozca directamente».

Después del recibimiento en las oficinas de Rectorado, todos se dirigieron al Complejo de Innovación Académica (CIA) para presentarse ante el Consejo Universitario, y entregar las Medallas de Honor R. P. Jorge Dintilhac a los cardenales Prevost y Tolentino. Los dos expresaron su alegría de estar en el campus de nuestra Universidad, así como el claro rol que la PUCP está teniendo como lugar de enseñanza.

«En su larga historia, la PUCP tiene un papel muy importante, sobre todo, en la preparación de las nuevas y futuras generaciones en cuanto a liderazgo y valores cristianos. La Universidad cumple un rol sustancial al tener presencia por ser católica. Además, puede enseñar tanto a la sociedad promoviendo valores, especialmente de paz, de diálogo, de saber resolver conflictos cuando los haya y que sufre el Perú tantas veces», comentó el cardenal Robert Prevost.

Por su parte, el cardenal José Tolentino Calaça de Mendonça manifestó: «La Universidad es, a su modo, una experiencia eclesial, porque es un lugar donde, por aquellas cosas que son específicas de una universidad –la búsqueda de la verdad a través de todos los saberes, la diversidad de los caminos del conocimiento–, todo eso, por fin, converge por la cuestión de los sentidos de nuestra existencia y de aquellas respuestas eternas a las grandes preguntas que el corazón del hombre, del ser humano, transporta siempre».

Durante su visita a la Pontificia Universidad Católica del Perú, el cardenal José Tolentino de Mendonça, Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, dedicó unas palabras a la comunidad universitaria sobre la importancia de una teología transdiciplinar comprometida con la realidad social.

Discurso del Cardenal Tolentino de Mendonça

Me alegra mucho poder visitarlos, aunque sea rápidamente, en este viaje cuyo destino es Chiclayo. Agradezco al cardenal Pedro Barreto y al rector Carlos Garatea por la invitación que me han hecho. Saludo a todos los presentes: autoridades eclesiásticas, civiles, académicas, así como también a los profesores y a los estudiantes de esta hermosa y querida Universidad. Quien les habla recibió del Papa Francisco la misión de darle “espíritu y realidad» al nuevo Dicasterio dedicado a acompañar y a promover la educación y la cultura en una indisoluble sinergia. Así la antigua Congregación para la Educación Católica, de la que ustedes conocen bastante, se ha fusionado con el Pontificio Consejo para la Cultura, con la finalidad de evangelizar la educación sin menoscabar la cultura, y la cultura como constante expresión de la educación. En palabras del Papa Francisco, se trata de convertir la educación en una tarea capaz de “cultivar sin desarraigar, hacer crecer sin debilitar la identidad, promover sin invadir” (Querida Amazonia, nro 28).

Ahora, bien, ¿cómo se aplicaría esta tarea, aquí, en esta Pontificia Universidad? Ciertamente que después de tantos años -más de cien- preguntas relacionadas con la identidad y con la misión hallan respuestas inmediatas y sopesadas. Esta Universidad, como reza su misión, “es una comunidad académica plural y tolerante, respetuosa de la libertad de conciencia y religión, inspirada en principios éticos, democráticos y católicos».

Con todo, vale la pena recordar que los constantes cambios que estamos viviendo nos impulsan a profundizar, sin descanso, en la identidad y en la misión de nuestras instituciones católicas. Es verdad que hay principios que no son negociables, pero también es cierto que, si no sabemos actualizarnos, correremos el riesgo de presentarnos como retrógrados o anticuados, o, lo que es peor, como adoradores del pasado que fue y que más nunca será. Por eso, se requiere valentía y creatividad para exponer aquello en lo que creemos y por lo cual actuamos. En otras palabras, me pregunto cómo decirle al universitario de hoy que la formación integral que ofrece la Pontificia ha sido inspirada en el Evangelio y en la milenaria experiencia educativa de la Iglesia. Cómo explicarle que no queremos ni pretendemos reducir su libertad, sino más bien hacerle entender que la humanidad necesita de seres humanos responsables, profesionales o inspirados en una experiencia integral de sentido. Cómo decirle a nuestra juventud que el presente y el futuro exigen cambios personales para lograr los cambios culturales. Reconozco que no es sencillo, pero, lleno de esperanza, puedo decir que es posible.

Al respecto, el papa Francisco escribió una contundente frase en su última exhortación Laudate Deum que, a mi modo de ver, merecía jornadas de reflexión personal, grupal e institucional. Dijo el Santo Padre: “No hay cambios duraderos sin cambios culturales, sin una maduración en la forma de vida y en las convicciones de las sociedades, y no hay cambios culturales sin cambios en las personas” (nro 70). 

En esta mañana, entonces, quisiera exponer, brevemente, un camino para suscitar el cambio en las personas (profesores y estudiantes). Cambio sin proselitismo y, sobre todo, con respeto a la propia libertad. Este camino tiene un nombre antiguo y un método, por así decirlo, novedoso. Se llama teología y a su criterio de estudio y aplicación se le conoce con el nombre de transdisciplinariedad. La teología, como afirma la Constitución apostólica Ex corde Ecclesiae, “desempeña un papel particularmente importante en la búsqueda de una síntesis del saber, como también en el diálogo entre fe y razón. Ella presta, además, una ayuda a todas las otras disciplinas en su búsqueda de significado, no solo ayudándoles a examinar de qué modo sus descubrimientos influyen sobre las personas y la sociedad, sino dándoles también una perspectiva y una orientación que no están contenidas en sus metodologías” (nro 19). Con ello se entiende que “la inteligencia humana se enriquece con la verdad superior que deriva del Evangelio” (nro 46). 

Cuando digo que acercarse a la teología para lograr ese plus en la inteligencia humana, me refiero a la incidencia del Departamento de Teología de esta Universidad, para decirle a la comunidad académica que existe la “necesidad de una auténtcia hermenéutica evangélica que ayude a comprender mejor la vida, el mundo, los hombres. No se trata de una mera síntesis sino de una atmósfera espiritual de búsqueda y certeza basada en las verdades de razón y de fe” (cf. Veritatis gaudium, Proemio, 3). 

Pero ¿cómo podría el departamento y los teólogos de esta casa de estudios alcanzar esta atmósfera? La constitución apostólica Veritatis gaudium del papa Francisco aconseja la transdisciplinariedad de la teología. Es decir, “no solo en su forma ‘débil’ de simple multidisciplinariedad, como planteamiento que favorece una mejor comprensión de un objeto de estudio, contemplándolo desde varios puntos de vista; sino también en su forma ‘fuerte’ de transdisciplinariedad, como ubicación y maduración de todo el saber en el espacio de Luz y de Vida ofrecido por la Sabiduría que brota de la Revelación de Dios“ (ibid, Proemio, 4c). 

La teología de esta Universidad, de acuerdo con las palabras que recientemente pronunció el Santo Padre a la Pontifica Academia de Teología, debe ser una teología fundamentalmente contextual, capaz de leer e interpretar el Evangelio en las condiciones en que viven diariamente los hombres y las mujeres, en los diferentes ambientes geográficos, sociales y culturales, y que tenga como arquetipo la Encarnación del Logos eterno, su entrada en la cultura, en la visión del mundo, en la tradición religiosa de un pueblo. Debe ser, además, una teología que goce de una dimensión sapiencial. Esto es, que contribuya al debate que existe sobre la necesidad de repensar el pensamiento, mostrándose como un verdadero saber crítico, como un saber sapiencial, no abstracto e ideológico, sino espiritual, desarrollado de rodillas, preñado de adoración y oración; una teología que sea un conocimiento trascendente y, al mismo tiempo, atenta a la voz del pueblo, por tanto, una teología “popular”, dirigida misericordiosamente a las heridas abiertas de la humanidad y de la creación, y, dentro de los pliegues de la historia humana, la que profetiza esperanza. 

Estimado hermano, su eminencia, cardenal Barreto, Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica del Perú, ilustre rector, vicerrectores y demás autoridades. He querido centrar este mi primer mensaje a la Universidad en la teología, con la intención de recordar la importancia de esta hermosa ciencia. Debemos convencer a los teólogos a ser transdisciplinares y a quienes no lo son a no tenerle miedo a la teología. Antiguamente, se llegó a decir, por desgracia, que la filosofía era la esclava de la teología. Hoy, muchos estudiosos y profesionales consideran a la teología como una disciplina sin fundamento, sin sentido. Les pido unir fuerzas, incluso con los profesores de la Pontificia y Civil Facultad de Teología de Lima, para lograr que la teología en esta Universidad se haga cargo de los desafíos: no solo de los experimentados dentro de la Iglesia, sino también de los que afectan a todo el mundo y que se viven por las calles de Latinoamérica. Que los profesores de teología no se conformen con una teología de despacho (cf. Francisco, Carta en ocasión de los 100 años de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Argentina). Ese es mi deseo para esta Universidad. 

Finalmente, agradezco a todos ustedes por la distinción que me han otorgado como Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación. Pido al Espíritu Santo que siga iluminando la misión educativa que ustedes realizan. Que María, sede de la sabiduría, los bendiga. 

Mucha gracias.

Cardenal José Tolentino de Mendoça
Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación

Se ha publicado el Informe de Síntesis al término de la XVI Asamblea General del Sínodo sobre la Sinodalidad. Con vistas a la segunda sesión de 2024, se ofrecen reflexiones y propuestas sobre temas como el papel de la mujer y los laicos, el ministerio de los obispos, el sacerdocio y el diaconado, la importancia de los pobres y los migrantes, la misión digital, el ecumenismo, los abusos.

Leer síntesis de la XVI Asamblea General del Sínodo de los Obispos

Mujeres y laicos, diaconado, ministerio y magisterio, paz y clima, pobres y emigrantes, ecumenismo e identidad, nuevos lenguajes y estructuras renovadas, misiones antiguas y nuevas (también digitales), escuchar a todos y profundizar -no superficialmente- en todo, incluso en los temas más «controvertidos». Hay una mirada renovada sobre el mundo y la Iglesia y sus exigencias, en el Informe de Síntesis aprobado y publicado hoy por la XVI Asamblea General del Sínodo sobre la Sinodalidad. Tras cuatro semanas de trabajo, que comenzaron el 4 de octubre en el Aula Pablo VI, el evento eclesial concluye hoy su primera sesión en el Vaticano.

Unas cuarenta páginas del documento son el resultado del trabajo de la asamblea que «tuvo lugar mientras viejas y nuevas guerras asolan el mundo, con el drama absurdo de innumerables víctimas». «El grito de los pobres, de los que se ven obligados a emigrar, de los que sufren la violencia o padecen las consecuencias devastadoras del cambio climático ha resonado entre nosotros, no sólo a través de los medios de comunicación, sino también desde las voces de muchos, implicados personalmente con sus familias y pueblos en estos trágicos acontecimientos», se lee en el documento (Prólogo).

A este desafío y a muchos otros, la Iglesia universal ha intentado ofrecer una respuesta en los Pequeños Círculos y en los discursos. Todo confluyó en el Informe de Síntesis, dividido en tres partes, que traza el camino de los trabajos a realizar en la segunda sesión de 2024. A continuación compartimos el documento completo para ser leído y descargado de forma digital:

Leer síntesis de la XVI Asamblea General del Sínodo de los Obispos

La Conferencia Episcopal Peruana a través de Cáritas del Perú convocó a la Colecta Nacional “Mira con el corazón: no apartes tu rostro del pobre” que tendrá como día central el próximo domingo 19 de noviembre a propósito de la VII Jornada Mundial de los Pobres.

“Los invito a sumarse solidariamente, acoger e integrar todos los peruanos a través de la red más grande del Perú que es la Iglesia Católica. Que Cáritas sea la caricia de nuestra iglesia especialmente de los más pobres y olvidados”, señaló el Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, Monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, durante la ceremonia de lanzamiento.

A su turno, el Nuncio Apostólico en el Perú, Monseñor Paolo Rocco Gualtieri, destacó el amor que tiene Cristo con el Pueblo de Dios y exhortó que “tenemos que mirar como Cristo nos mira con compasión a cada uno de sus hijos”. Cáritas fortalece la mirada de amor con nuestro pueblo, es el momento de convertir nuestra fe en una realidad concreta, apuntó.

“Esta colecta se sitúa en la jornada de oración por el pobre y es un intercambio sencillo que produce un fondo que se convierte en fondo concursable para hacer proyectos de prevención y de carácter mitigable ante los fenómenos naturales que se avecinan”, anotó el Arzobispo de Lima, Monseñor Carlos Castillo Mattasoglio.

Finalmente, el Primer Vicepresidente de Cáritas del Perú, Mons. Guillermo Cornejo Monzón, saludó el gran apoyo de las Cáritas diocesanas para alcanzar el objetivo porque tenemos que mirar con el corazón y apoyar a todos los hermanos que nos necesitan y nos necesitarán por mucho tiempo.

La colecta nacional de Cáritas del Perú aprovisionará un Fondo de Emergencia para facilitar una respuesta rápida en situaciones de emergencia a nivel nacional o regional.

Para hacer realidad este fondo, el Secretario General de Cáritas del Perú, Manuel Huapaya,invitó a todas las empresas, instituciones y personas de buen corazón que desean colaborar con la campaña a donar a través de las siguientes cuentas bancarias:

BANCO DE CRÉDITO DEL PERÚ – CÁRITAS DEL PERÚ
Cta. Soles: 193-1572690-0-56CCI: 002-193001572690056-14

Cta. Dólares: 193-1569857-1-49 
CCI: 002-193001569857149-12

BBVA
Cta. Soles: 0011-0661-0200060789 
CCI: 011-661000200060789-61

Así como a través del Yape: 996 379 390 

Con tu ayuda podremos marcar la diferencia en la vida de las personas más vulnerables de nuestro país y brindarles un rayo de esperanza.

La comunidad parroquial Inmaculado Corazón del distrito de La Molina participó en la Toma de Posesión de su nuevo Párroco, el Padre Martín Herrera. La Eucaristía estuvo presidida por el arzobispo de Lima, Monseñor Carlos Castillo.

La ceremonia tuvo lugar el último domingo 05 de noviembre, donde también se hicieron presentes sacerdotes amigos del decanato 12, entre ellos: el Pbro. Rafael Reátegui, Pbro. Carlos Carrillo, Pbro. César Valdivia, Pbro. Santiago Caballero, Pbro. Hermes Cama y el Pbro. Tomás Garván.

En su Homilía, Monseñor Castillo reflexionó sobre la importancia de la misión y vocación del sacerdote: “El Señor vino a anunciar a Dios y a refundar el sacerdocio porque, en sus orígenos, los sacerdotes de Israel solo fueron los servidores del rey. Pero con Jesús aprendimos que todo Pastor ha venido para servir y acompañar a su comunidad», indicó.

Nuestro arzobispo explicó que nuestra misión en la Iglesia es progundamente humana, por lo que debemos vivir el hermanamiento y buscar maneras de pacificar todo tipo de situaciones, especialmente, aquellas que son más difíciles. Por eso, el sacerdote cumple un rol fundamental: cuidar de su pueblo, pero no como político, sino como humanizador.

“Nuestra tarea, la tarea de la Iglesia, es afrontar las situaciones más difíciles, inclusive, las situaciones de crisis social, política, económica, ecológica, pero siempre desde el punto de vista del aporte del Evangelio a la humanización de la sociedad”, remarcó.

El Monseñor Carlos hizo hincapié en la necesidad de ir al fondo de la vida humana para encontrar una solución a los problemas. Y reiteró que la Iglesia «no es de derecha, ni de izquierda, ni de centro… somos del fondo de la vida humana, somos de Dios. Todos somos hijos e hijas de Dios, llamados a ser hermanos los unos de los otros, reconociendo a Dios como el mismo Padre”.

Finalmente, dirigiéndose al Padre Martín, el arzobispo de Lima le pidió «encaminar la vida de esta comunidad parroquial que confío en tus manos».

Querido Martín, tu juramento a todas las leyes y concepciones de la Iglesia fielmente, obedece a lo que el Señor nos ha invitado: a ser hermanos y construir una Patria con un valor cristiano que se propone, no se impone. Y esto implica un proceso de paciencia y de comprensión.

La noche del domingo 29 de octubre se llevó a cabo la Toma de Posesión de la Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes en Barrios Altos – Cercado de Lima, por el Padre Tomás Garban. La emotiva ceremonia fue presidida por nuestro arzobispo de Lima, Monseñor Carlos Castillo y concelebrada con los sacerdotes que integran el decanato 2 de la Arquidiócesis.

Al inicio de su Homilía, Monseñor Castillo se dirigió a toda la comunidad para agradecerles por el cariño hacia su nuevo Párroco: “Es importante hacer un cambio para que las cosas siempre se lleven bien en la Iglesia y para que aprendamos a tratarnos con respeto y, sobre todo, con cariño”.

Nuestro arzobispo explicó el significado del nombre de la Parroquia de Barrios Altos, indicando que la palabra «Mercedes» quiere decir «regalo». Por tanto, hacer una merced a alguien se refiere a estar a su merced, a su servicio, es decir, «regalar nuestro servicio a los demás”.

Retomando la idea central del Evangelio de San Mateo (5,1-12), que nos habla sobre el mandamiento más importante de todos: “Amarás al Señor, Tu Dios, con todo tu corazón, con todas tus fuerzas, con toda tu alma” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, Castillo Mattasoglio indicó que ambos mandamientos se complementan y están basados en el amor: «Para poder obedecer el mandamiento de la ley de Dios, hay que tener una actitud humana que pueda acoger ese amor y desarrollarlo en nosotros. Nosotros no amamos a Dios simplemente porque lo buscamos, sino porque Él nos da su gracia para amarlo”, aseveró.

“Todo cristiano tiene que ser el testigo del amor que ha recibido. Y eso tiene mucha importancia para el Párroco, porque todo Párroco no solamente es el Padre que viene en nombre de Dios a predicarnos el Evangelio, sino a decirlo con el sabor, el color y la forma de hablar de los mercedarios”, reflexionó el Monseñor Carlos.

Y dirigiéndose al Padre Tomás Garban, el Primado del Perú recordó que, cuando las cosas se hacen en base al amor y la hermandad, los problemas se pueden resolver con la inspiración del Espíritu del Señor:

“Sabemos que hay males en el barrio y problemas, pero cuando hay cariño, amistad, amor, esas cosas se van evaporando producto de la intensidad del amor y el servicio que hacemos. Por eso, sobre todo, quisiera especial atención, querido Tomás, con los jóvenes de nuestro barrio, porque tenemos bastantes que nos necesitan. Que esta casa sea de todos, especialmente de todos ellos, para que todos sientan que esta es su casa”, recalcó el prelado.

En el día de Todos los Santos, el Pueblo de Dios se congregó para acompañar al Señor de los Milagros en su último recorrido procesional. Durante la Eucaristía, Monseñor Carlos Castillo hizo un llamado a vivir un cristianismo en movimiento, como nuestra procesión, que sea signo de esperanza para toda nuestra Patria y humanidad.

Frente a la imagen del Cristo Crucificado y acompañado de una multitud inmensa, el Primado del Perú entonó algunas líneas del vals criollo «El Plebeyo», cuya letra es una expresión de cómo la fe de nuestro pueblo puede ayudarnos a vivir un camino de santidad y amor universal en medio de la gran diversidad cultural que somos como país.

Leer transcripción de Monseñor Carlos Castillo

«Una muchedumbre inmensa que no se podía contar» llegó hasta los exteriores del Santuario de Las Nazarenas para caminar junto al Señor de los Milagros por las calles de la capital peruana. En su último recorrido procesional del año, el arzobispo de Lima meditó sobre el camino a la santidad que debemos seguir como cristianos.

Ciertamente, la santidad es un don y un camino dado por el Señor, y en esa libertad que nos da, corremos el riesgo de enredarnos y confundirnos cuando «no vemos lejos, no vemos al Crucificado que va guiándonos». Por ello, el Monseñor Carlos explicó que caminar firmemente, como en la procesión, significa seguir el camino y mirar al Señor que nos acompaña y está en nuestro fundamento porque somos hechos a su imagen.

En este camino es necesario «ir haciendo un discernimiento» y «una reflexión», de manera tal que cada día decidamos ser cristianos y vivir la santidad. «El camino de santidad siempre es un camino de iniciativas, de apertura, de discernimiento y de perdón si nos equivocamos. Y qué bonito es aprender a pedir perdón y rectificarse de una cosa que hizo uno mal. Por eso, la Iglesia, siempre ha querido ser un signo de una Iglesia de pecadores y de santos», afirmó el Prelado.

Crecer y aprender a amar como Dios nos ama

Comentando el Evangelio de hoy (Mateo 5,1-12), el arzobispo de Lima aseguró que el Señor quiere salvarnos a todos, sin excepción. «Ã‰l quiere que todos crezcamos y aprendamos a amar como Él nos ama. Por eso ha mandado a su Hijo, a Jesús, al Señor de los Milagros, para que nuestra vida progrese en amor y nos dé la sabiduría para lograr acertar en el amor», recalcó.

El Señor nos ha dado el don de la santidad, pero hay que realizarlo ayudándonos unos a otros, aconsejarnos, conversar, discernir. La vida de santidad es preciosa porque es una aventura a la que estamos llamados a vivir todos juntos.

Monseñor Carlos indicó que cada cosa que sea producto de nuestra humanidad se hace con un objetivo o una búsqueda. Nuestra misión, como cristianos, es hacer un discernimiento para tomar todo lo bueno que tiene nuestra humanidad. En ese sentido, el obispo recordó que la música criolla es una de esas expresiones humanas bellas que también pueden transmitirnos algo de fe. Y puso como ejemplo la obra de Felipe Pinglo, quien supo reflejar cómo la fe de nuestro pueblo ha quedado marcada en nuestras historias y enamoramientos.

Dice la letra de «El Plebeyo»:

Trémulo de emoción, dice así, en su canción:
El amor, siendo humano, tiene algo de divino
Amar no es un delito porque hasta Dios amó
Y si el cariño es puro, y el deseo es sincero
Por qué robarme quieren la fe del corazón.

Inspirado en este vals criollo, el arzobispo de Lima aseveró que podemos «rescatar toda la médula de lo lindo que tenemos». El camino de la fe implica formar comunidad, conversar, ayudarnos y vivir «un cristianismo en movimiento, no estancado».

Vivir el amor universal en nuestra diversidad cultural

En otro momento, Monseños Castillo precisó que nuestra diversidad cultural es síntesis de todo lo que somos y todo el amor que el Señor nos tiene. Por ello, debemos vivir el amor universal y relacionarnos con todos por el cariño que Dios nos tiene. «Nosotros tenemos a Jesús que nos acompaña en el corazón de nuestra fe, y podemos irradiar algo nuevo. ¡Esa es nuestra misión! El Perú debe tener una Iglesia completamente creyente y fiel, una Iglesia en salida misionera hacia todos los pueblos de la tierra, y todos seamos discípulos y misioneros, seguidores del Señor», acotó.

En una misa multitudinaria celebrada en exteriores del Santuario de Las Nazarenas, el pueblo sencillo de Dios acompañó en procesión al Señor de los Milagros en el día de su Solemnidad. El arzobispo de Lima presidió la Eucaristía junto al Nuncio Apostólico en el Perú, Monseñor Paolo Rocco Gualtieri.

En su homilía, Monseñor Carlos Castillo explicó que la procesión nos acerca a Dios porque «todos caminamos en forma igual», sintiendo el peso del camino y acompañándonos en nuestros sufrimientos y dolores. «La procesión es para igualarse, no para jerarquizarse y separarse de los demás. Solo organizándonos codo a codo, entre iguales, entre hermanos y autoridades serviciales, podemos transparentar al Señor en nuestra vida y ser un milagro para nuestro país», reflexionó.

Leer transcripción de homilía de Monseñor Castillo

El arzobispo de Lima inició su homilía recordando que el gesto de levantar al Señor y acompañarlo multitudinariamente en procesión es «para ayudarnos a todos a mirarlo y dejar que su Espíritu venga a nosotros», para reconocer que somos hijos de Dios y Jesús es nuestro hermano mayor.

Por lo tanto, todos estamos llamados a vivir la hermandad en medio de la diversidad de nuestros pueblos y culturas. Lamentablemente, durante muchos años, el desprecio por el Otro ha predominado en la historia de nuestro país y en las relaciones humanas: «Somos el país del ‘choleo’, del ‘negreo’, del ‘gringueo’ y todos los ‘eos’, pero todos hemos venido al mundo sin grandes ropajes ni ambiciones, sino pequeños y pobres», señaló el prelado.

Comentando el Evangelio de San Juan (3, 11-16), Monseñor Castillo explicó que la palabra ‘Nicodemo’ significa ‘victorioso pueblo’. En alusión a ello, refirió que, aunque el Perú no es un pueblo muy victorioso, «nos gusta decir que tenemos victorias», de tal manera que asumimos una condición triunfalista y elitista y rechazamos cualquier posibilidad de conversión «porque somos de la ‘high’, pero nosotros somos un pueblo sencillo y pobre, como todos los que hemos venido acá», aseveró.

Todos caminamos en forma igual. La procesión nos hermana.

La procesión nos recuerda que «todos caminamos en forma igual». Si bien no todos cargamos, sí sentimos el peso del camino y nos unimos en nuestros sufrimientos y dolores. El Primado del Perú aseguró que la procesión «es para igualarse, no para jerarquizarse y separarse y despreciar al Otro. La procesión nos iguala, nos hermana».

Vivir en hermandad supone reconocer el valor del Otro, y eso requiere – adelantó el Monseñor – aprender a identificar el rostro del Señor y su Palabra sobre las cosas de la tierra, aprender a escucharlo en los hechos simples y no complicarnos las cosas.

Y ¿cuándo complicamos las cosas? Cuando colocamos la ambición por el dinero en todo lo que hacemos, incluso, nos valemos del culto religioso para crear ritos y volverlo ‘sagrado’. «Esas cosas existen en nuestra fe y tenemos que revisar eso entre todos», advirtió el arzobispo.

Ese es el fundamento de la Paz: considerar al Otro hermano mío, hermana mía, estando dispuestos a vivir según esa hermandad, renunciando a los enredos y las decoraciones.

Para des-complicarnos de tantos enredos, el Papa Francisco nos invita a vivir la sinodalidad, para que, conversando y ayudándonos juntos, se puedan abrir posibles caminos de Paz en todo el mundo. Y para hacer énfasis a este llamado, Monseñor Castillo hizo eco de las palabras del Santo Padre en la 18ª Congregación General de la asamblea sinodal:

Jesús, para su Iglesia, no asumió ninguno de los esquemas políticos de su tiempo: ni fariseos, ni saduceos, ni esenios, ni zelotes. Ninguna “corporación cerrada”, simplemente retoma la tradición de Israel: “tú serás mi pueblo y yo seré tu Dios. Me gusta pensar la Iglesia como este pueblo sencillo y humilde que camina en la presencia del Señor (el pueblo fiel de Dios)”.

Una de las características de este pueblo fiel es su infalibilidad; sí, es infalible in credendo. Y lo explico así: cuando quieras saber lo que cree la Santa Madre Iglesia, andá al Magisterio, porque él es encargado de enseñártelo, pero cuando quieras saber cómo cree la Iglesia, andá al pueblo fiel.

El arzobispo de Lima recordó que la Iglesia no es una «corporación cerrada», la Iglesia es abierta porque todos caben y, sobre todo, se caracteriza por la fe de las mujeres, como bien lo señala el Papa:

Los miembros de la Jerarquía venimos de ese pueblo y hemos recibido la fe de ese pueblo, generalmente de nuestras madres y abuelas (…) una fe transmitida en dialecto femenino, como la Madre de los Macabeos que les hablaba “en dialecto” a sus hijos (…) La mujer del santo pueblo fiel de Dios es reflejo de la Iglesia. La Iglesia es femenina, es esposa, es madre.

En la misma línea, Carlos Castillo explicó que no debemos olvidar que el fundamento de la Iglesia es femenino y, por lo tanto, tenemos que superar el machismo desde su jerarquía y dirección.

Es por eso que el Papa precisa que el clericalismo es un látigo y una forma de mundanidad que ensucia y daña el rostro de la esposa del Señor; esclaviza al santo pueblo fiel de Dios. Y el pueblo de Dios, el santo pueblo fiel de Dios, sigue adelante con paciencia y humildad soportando los desprecios, maltratos, marginaciones de parte del clericalismo institucionalizado.

Hacia una Iglesia sinodal y sencilla

El Monseñor Carlos reiteró que todos debemos asumir el compromiso de superar aquellas cosas que nos separan de la gente, del pueblo fiel de Dios. Y esta es una exhortación dirigida especialmente a los sacerdotes y obispos, quienes, a veces, «pensamos más en la función y en el cargo que en la misión y la vocación».

El obispo de Lima afirmó que nuestra Iglesia debe tener más apertura hacia lo novedoso y no mantener ciertos esquemas que se han repetido por mucho tiempo: «Yo creo que uno de los problemas más grandes de ser curas y obispos es que hay un esquema al cual uno se adapta: “¡ya está hecho!”, se piensa. Pasa también en la procesión: “¡siempre se hizo así!”, pero puede ser distinto, depende de que, racionalmente y con comprensión, revisemos las cosas y las cambiemos manteniendo el mismo espíritu», acotó.

El Santo Padre quiere que la Iglesia sea del pueblo sencillo de Dios, es la única alternativa para predicar el Evangelio con el corazón y pacificar el mundo.

Además de la presencia del Nuncio Apostólico en el Perú, Monseñor Paolo Rocco Gualtieri, la Eucaristía por la Solemnidad del Señor de los Milagros contó con la asistencia de Monseñor Juan José Salaverry, obispo auxiliar de Lima.

También se hizo presente un grupo representativo del clero de Lima, jóvenes seminaristas y miembros de la Hermandad del Señor de los Milagros.

Los colegios parroquiales de la Asociación de Instituciones Educativas Católicas (AIEC) se reunieron para vivir un encuentro deportivo en un clima de fraternidad y unión. Tras el encendido de la antorcha, se dio inicio a la inauguración de los juegos deportivos AIEC 2023.

Más de mil personas, entre directores, estudiantes, profesores, coordinadores de deporte, personal administrativo y todo el equipo de AIEC Lima, se congregaron en el Colegio Parroquial Reina de las Américas de la Victoria, para participar de una jornada de integración entre las diferentes instituciones.

El evento deportivo inició con una emotiva ceremonia, en donde se realizó el juramento de todas los equipos participantes. Carlos Torres, vicepresidente de la AIEC, expresó su agradecimiento «por el apoyo incondicional y compromiso por parte de los involucrados para la realización de los juegos deportivos».

Torres enfatizó que el compañerismo y la unión entre los colegios hermanos «debe ser motivo de confraternidad para el espíritu deportivo y la solidaridad entre los competidores».

Por su parte, el anfitrión y director del Colegio Reina de las Américas, Marco Antonio Martínez, instó a todos los jóvenes a vivir un momento de amistad y compañerismo: «Que este día sea una oportunidad para confraternizar en la fe, y que cada uno de ustedes represente, lo mejor posible, a su institución, con valores, respeto y esfuerzo», recalcó.

Antes de dar inicio a la jornada deportiva, el Padre Isaías Peña reflexionó sobre la importancia de reconocer la presencia de Dios en cada gesto de amistad y compañerismo: «Dios ilumina todas las actividades de nuestra vida, por eso, debemos aprender a vivir como hermanos para una integración sana y respetuosa».

Los Juegos Deportivos AIEC concluirán este 28 de octubre con la participación de los equipos finalistas.

Más de 300 jóvenes de las diferentes parroquias, decanatos, colegios y comunidades juveniles, llenaron de alegría y fiesta la Plaza Mayor de Lima para rendir homenaje al Señor de los Milagros con un baile colectivo.

Acompañados por nuestro arzobispo de Lima, y guiados por el lema: «Los jóvenes de Lima, con paso firme, renovamos nuestra fe», nuestra juventud le cantó al Cristo Moreno y ofreció una medalla que llevaba el siguiente mensaje inscrito: «Patrono de la Juventud limeña».

Este miércoles 18 de octubre, la imagen del Señor de los Milagros llegó hasta los exteriores del Palacio Arzobispal, donde fue recibido con todo el entusiasmo y la algarabía de cientos de jóvenes, quienes bajo el unísono «Â¡Somos Iglesia joven!, ofrecieron un sentido homenaje.

«Señor de los Milagros, como Iglesia de Lima, venimos a darte todo nuestro ser. Aquí están todos estos jóvenes que representan la fuerza renovadora de nuestra Iglesia y nuestro pueblo. Recibe nuestro homenaje a nombre de todos ellos. Y en nombre de la Iglesia de Lima, te damos gracias por tus dones y la fuerza de tu amor», manifestó Monseñor Carlos Castillo en su breve alocución.

Posterior a la reflexión del arzobispo, el Coro Arquidiocesano Juvenil interpretó el tema «Le voy cantando», mientras cientos de jóvenes iban danzando para el Señor de los Milagros en un baile colectivo. Todos en sus camisetas llevaban grabado el lema elegido para este Mes Morado: «Los jóvenes de Lima, con paso firme, renovamos nuestra fe».

En otro momento del homenaje, dos jóvenes miembros de Consejo Decanal Juvenil entregaron la medalla de la Pastoral Juvenil, que desde ahora será: «Patrono de la Juventud limeña».

Y gritando a viva voz: «Â¡esta es la juventud de Lima!», nuestros jóvenes se despidieron entre bailes y cánticos.

El Homenaje Juvenil contó con la asistencia de los directores y coordinadores de los colegios parroquiales, además del apoyo de nuestros jóvenes seminaristas. La organización estuvo a cargo de la Comisión Central Promotora de la Pastoral Juvenil, quienes, motivados por los frutos de la Jornada Arquidiocesana de la Juventud 2023, decidieron auto-organizarse y abrir una convocatoria masiva.

Necesitamos la fuerza para levantarnos de tantas dificultades. Y los jóvenes quieren mostrar que estamos hechos para levantarnos y ser como «el Dios que baila con nosotros».

MONSEÑOR CARLOS CASTILLO
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