Arquidiócesis

San Pedro y San Pablo: “dejarnos llevar por el Señor que nos redime”

La Iglesia de Lima celebró la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, en una misa a puertas cerradas en la Catedral de Lima. Presidió la Celebración Eucarística el Arzobispo de Lima, Monseñor Carlos Castillo; los Obispos Auxiliares, Monseñor Ricardo Rodríguez y Monseñor Guillermo Elías; y el Consejo Catedralicio de Canónicos.

“Vienen momentos muy duros que requerirán el testimonio de muchas personas – dijo el Arzobispo así como Pedro y Pablo, muchos han entregado su vida en estos días, y seguimos alegres porque, a pesar de la tristeza, ellos nos muestran que ése es el único camino que nos lleva a la salvación del Perú, de la Iglesia y de la humanidad ahora y siempre”.

“Hace un año, esta fiesta fue una ocasión para que el Santo Padre nos entregara este signo que llevamos los Arzobispos, el palio, que significa ‘cargar la oveja’, todo está hecho con lana de oveja, y justamente se trata de llevar el peso de las ovejas, porque estamos llamados a cargar con la vida de nuestro pueblo como servidores”, expresó Monseñor Castillo al inicio de su homilía.

No somos jerarcas, no somos burócratas, no jugamos con los intereses y necesidades de la gente, sino somos servidores para ayudar a los más débiles, para levantar a todos los que están caídos, nosotros no venimos de la alta alcurnia.

En la Solemnidad de San Pedro y San Pablo de 2019, el Papa Francisco empezó la misa recordando que celebramos la fiesta de dos pecadores: “esta expresión es muy fuerte porque tanto Pedro como Pablo, eran personas un poco distintas pero con el mismo ímpetu”– explica el Arzobispo de Lima.

Pedro: reconoció su pecado y se dejó llevar por el amor del Señor.

Pedro era un pescador, y al mismo tiempo, un hombre muy apasionado, tanto que siguió al Señor casi a ciegas, manifiesta Monseñor Castillo: “El Señor se había metido en su vida el día que visitó la casa de Pedro y curó a su suegra, y desde allí, empezó él a creer. El Señor le fue abriendo el camino poco a poco, porque le proclamó su cariño, su amistad, y Pedro se dejó llevar con entusiasmo, aunque muchas veces también negador, pecador, con tantas dificultades que tenía”, indicó.

Pedro tenía mucha fe, pero su fe estaba cruzada por la mentalidad de una época, en la cual, “ser responsable de algo significaba mucho, un poquito como lo somos nosotros los peruanos, que cuando nos dan una responsabilidad, ya nos creemos lo máximo”. Sin embargo, poco a poco “aprendió a renunciar cuando vivió un momento de crisis profunda, en donde la fidelidad le fue puesta en cuestión, y luego se echa a llorar amargamente por la negación que ha hecho. Desde allí, Pedro empezó a ser el jefe de la Iglesia, cuando reconoce su pecado y se deja llevar por el amor del Señor”.

Pablo: solamente desde lo pequeño podemos captar el sentido de las cosas.

Pablo, por su parte, que era fariseo y perseguidor de cristianos, es interpelado por Jesús cuando le dice ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’ – “él, que era un fariseo, conocedor de todas las leyes, es ’empequeñecido’ para comprender que, solamente desde lo pequeño, podemos captar el sentido de las cosas, el destino del mundo, el destino de la vida”, recalcó el Primado del Perú.

En el fondo, nuestras frivolidades, superficialidades, heridas, ambiciones y enroscamientos individualistas son un suicidio. Hoy celebramos esta fiesta de dos pecadores para decirle a todo el mundo que, en medio de nuestro pecado, podemos salir con la profundidad de la gracia y la oración.

“Dios quiere la vida, no quiere que nos suicidemos, no quiere que nos enredemos en nuestras cosas, sin abrir el corazón al don de Dios – subraya el Arzobispo de Lima – por esta razón, Él, por medio de la fe, hizo posible que Pedro fuera el jefe de la Iglesia, un pecador que finalmente se vuelve servidor y testigo, un agente de unidad, como todos los sucesores de Pedro, agentes de unidad de la Iglesia y del mundo que dan testimonio de su pecado y de la grandeza del amor de Dios”.

Dios nos redime del pecado, de las heridas y los males que nosotros hacemos, nos invita a tomar las cosas en profundidad. Nadie tiene que ser un gran intelectual, ni un gran sabio para convertirse, para ser profundo se necesita simplemente orar, porque la oración nos ensancha el corazón y hace posible que el Señor penetre y nos abra horizontes nuevos, la oración nos saca de la cárcel de nosotros mismos

“Nosotros también hemos de orar para que la Iglesia deje ‘salir al Señor’ a pasear por las calles, porque nuestra Iglesia se mantiene, muchas veces, encerrada para apropiarse del Señor y no compartirlo – recuerda Monseñor Carlos – la misionalidad de la Iglesia, el ser misionero, significa salir a anunciarlo con el testimonio de la vida, y la profecía no son muchas palabras, es el testimonio de una vida que se deja llevar por el Espíritu Santo”.

“Nosotros vamos a pedirle también que nuestra Iglesia en el Perú se deje guiar por ese Espíritu que nos permite amar a manos llenas, porque nuestro egoísmo no es suficiente para ese amor, y por eso, le vamos a pedir que nos permita abrirnos, sobre todo, en este momento difícil”, concluyó.