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Desde el año 2020, venimos padeciendo una severa crisis sanitaria a causa de la Pandemia por el Covid-19. El colapso de los sistemas de salud, la falta de trabajo y los altos índices de pobreza extrema son algunas de las consecuencias de este nefasto episodio en la historia de nuestra humanidad.

Nuestro país no ha sido ajeno a esta realidad, y en el último año hemos sido testigos del martirio de miles de familias para conseguir oxígeno o una cama UCI. Con ocasión de celebrar el Día Mundial de la Salud, hoy queremos compartir los esfuerzos de un grupo de laicos de la Parroquia Nuestra Señora de los Ángeles, quienes se han organizado para implementar centros de atención en salud para los personas con bajos recursos.

Nuestra Oficina de Prensa del Arzobispado de Lima conversó con el Fray Enrique Díaz, encargado del Policlínico Parroquial Nuestra Señora de los Ángeles, perteneciente a la Provincia Misionera de San Francisco Solano del Perú. Este centro de salud está integrado por diversos profesionales de la salud, quienes bajo la dirección médica del Dr. José Maya, vienen trabajando desde hace 27 años en favor de la preservación de la salud de miles de hermanos.

A la fecha, el Policlínico Parroquial Nuestra Señora de los Ángeles recibe un promedio de 360 pacientes a diario. Y en lo que va del año, ya se atendieron a más de 28 mil personas: “Hemos buscado en equipo, guiados por la Sra. Erika Javier y el Dr. Maya, las formas de poder seguir brindando nuestros servicios, manteniendo nuestros costos sociales, ingeniando múltiples maneras para que todos los hermanos puedan atenderse, incluso contamos con un área que colabora con aquellos que no cuentan con los recursos, porque comprendemos que en estos momentos muchos pasan por serias dificultades y necesitan nuestro apoyo en servicios de salud y también espiritual”, sostuvo  el religioso.

Ubicado en el distrito del Rímac, la comunidad parroquial cuenta con un sistema integrado para una atención de calidad. De esta forma, al llegar la Pandemia en marzo de 2020 tuvieron que reinventarse para hacer frente a la urgencia de atenciones médicas en tiempos de Covid-19:

«Luego de implementar nuestro Policlínico con todas las medidas de bioseguridad y preparar al equipo de salud, se dispuso la atención en todas las especialidades, e incluso se habilitó un área específica para diagnosticar y brindar atención a pacientes Covid», explicó Fray Enrique.

Dios me hizo sacerdote para estar cerca de quienes más me necesitan. Vivir en Cristo no significa la ausencia de problemas, pero es necesario, ser conscientes de nuestra realidad, asumirla. Invito a nuestros hermanos a confiar en el Señor e identificar qué mensaje tiene para cada uno de nosotros.

Apoyo espiritual para pacientes de Covid-19.

Por otro lado, Enrique Díaz contó que se viene dando acompañamiento espiritual a los hermanos que sufren del Covid-19: “Muchos hermanos se han visto muy afligidos, con temor. Y en ese momento, reafirmamos nuestro sentido de solidaridad y humanidad, recordando que el hombre es cuerpo y alma, y por ello, les brindamos también el soporte para alimentar su vida espiritual, a través de la oración, la confesión o la unción, para que sepan que Dios está luchando junto a ellos su batalla”, remarcó.

Fray Enrique recordó que en estos momentos tan difíciles, es necesaria la presencia de Cristo «para comprender el sufrimiento de nuestros hermanos». Y en esa línea, nos invita a aceptar la nueva realidad en la que vivimos, actuando inteligentemente para preservar nuestra salud.

Si deseas obtener más información sobre las atenciones del Policlínico Parroquial Nuestra Señora de Los Ángeles, puedes acudir personalmente a la siguiente dirección: Alameda Los Bobos 199 – Rímac, o llamar al teléfono: (01) 3990120

En el Domingo de Resurrección, el Arzobispado de Lima anuncia la publicación de una versión popular de ‘Fratelli Tutti’, la nueva Encíclica del Papa Francisco presentada en una edición resumida por el Padre Mateo Garr, SJ. El documento fue diseñado para el trabajo pastoral y comunitario en las Parroquias de nuestra Arquidiócesis.

La primera versión popular de ‘Fratelli Tutti’ ya es una realidad. Desde este Domingo de Resurrección, el Arzobispado de Lima ha puesto a disposición del público una edición digital, resumida y descargable de la última Encíclica escrita por el Santo Padre. Este esfuerzo ha sido posible gracias a la experiencia y enorme creatividad del Padre Mateo Garr, quien inspirado en el llamado de Francisco a la fraternidad y a la hermandad, decidió escribir una versión popular que incluye preguntas para meditar en nuestras Parroquias.

Versión Popular de ‘Fratelli Tutti’ – Descargar

«El texto está escrito para leer en grupo, en una comunidad. Y es presentado en frases cortas, letras grandes y algunos dibujos que hagan más amigable esta importante enseñanza social del Papa Francisco, en una forma que la gente pueda comprender mejor», explicó Mateo Garr.

El Padre Garr indicó que esta versión popular y resumida de Fratelli Tutti es «el producto de una Iglesia realmente participativa», una invitación permanente al diálogo, «el mismo diálogo que el Papa Francisco mantuvo con los obispos y miembros de la Iglesia en todo el mundo. Por eso, no basta con leer este documento, tenemos que reflexionar y ver cómo aplicar las enseñanzas de la carta a nuestras propias vidas, y luego, compartir nuestras experiencias».

Un documento para reflexionar en comunidad.

Uno de los aspectos más interesantes de esta versión popular de Fratelli Tutti, es que al final de cada capítulo incluye una serie de preguntas abiertas para discutir y reflexionar en comunidad: «este ejercicio ayuda a captar en grupo lo que hemos conversado. Como diría el educador brasileño Paulo Freire, un método que solo da información no funciona, tenemos que participar, y desde nuestra experiencia y nuestra propia cultura, descubrir cada lección en nuestra vida para compartirla con los demás», comentó Garr.

El Padre Mateo agregó que la nueva Encíclica de Francisco nos interpela a ampliar nuestros círculos de amor a una amistad social, considerando a personas que son diferentes a nosotros o piensan diferente, a través de un diálogo con las periferias, con las personas pobres y las personas que no comprendemos:

El Papa Francisco habla de luchar en contra del sistema del mercado, del consumismo, imperio del mercado, pero lo hacemos en diálogo con esos grupos, con el convencimiento de que todos tenemos algo que aprender del otro. No estamos diciendo que hay que perdonar y olvidar la corrupción o la violencia en el mundo, sin embargo, se tiene que buscar, en el mismo conflicto, cómo ir dialogando para crear una sociedad nueva.

«Espero que esta versión popular pueda ser tratada en las Parroquias con grupos de adultos, con grupos de jóvenes, y en todas las comunidades, no solo para que conozcamos la lección de que todos somos hermanos y hermanas, sino también, para que busquemos la forma concreta de ir llevando esto haciéndolo una realidad que promueva la hermandad», recalcó Mateo Garr.

¡Cristo ha resucitado! La Iglesia de Lima celebró este domingo la Pascua de Resurrección que presidió Monseñor Carlos Castillo: «la ayuda mutua, la hermandad que constituimos en la Iglesia, nos va sacando adelante, porque somos una comunidad, no somos un funcionariado ni somos una institución caduca, somos una institución flexible que va caminando juntos y que se ayuda en la hermandad y ayuda a la humanidad», reflexionó durante su homilía (leer homilía completa).

Homilía de Monseñor Carlos Castillo (descargar transcripción)

“¿Qué has visto de camino María en la mañana? ¡A mi Señor glorioso, la tumba abandonada!”. Esta afirmación que tenemos en la secuencia es un resultado de un largo camino de hondamiento que la Iglesia va a proclamar después de un cierto tiempo, cuando intente profundizar y comprender este misterio.

Nuestra fe en la resurrección demora, como demoró la primera Iglesia. Y no solamente demora desde los inicios de la fe, sino en la renovación permanente de nuestra fe en circunstancias distintas. Nos hemos debido habituar, justamente, a esta dinámica interna de la fe que requiere todo un proceso de profundización. Por eso, la primera Iglesia no nos dejó un conjunto de reglas para ser cristianos, no nos dejó un catecismo con todas las definiciones de todo lo que había ocurrido. Eso lo fuimos elaborando poco a poco, e inclusive, tiene que modificarse, porque son cosas que adaptan a cada tiempo el sentido que hemos vivido.

La Iglesia nos dejó una narración, un conjunto de narraciones, además, polifacético, 4 Evangelios. Y tenemos varias narraciones de lo que ocurrió, y en ellas se expresan los problemas que tuvo la primera Iglesia para comprender. Y en este Evangelio de Juan, del capítulo 20, se nos ayuda a ver cómo hay distintos modos de acercarse al misterio de la fe, y también distintos modos de ver lo que ha ocurrido y de creer.

Primero, María, va muy temprano, ve que la piedra ha sido quitada y echa a correr, desesperada. Aquí, los textos originales que nos dejó la Iglesia del Evangelio de Juan, dice claramente que “ella vio superficialmente”, empleó un verbo que -todos no tenemos porqué saberlo – pero que en griego se dice “Blepo”, que significa mirada superficial, mirada ligera.

Y por eso, María se emociona inmediatamente y se queda como sorprendida, y sale corriendo con una suposición. Cuando llega a los discípulos, les dice: “se han llevado el cadáver del Señor, se lo han robado y no sabemos dónde lo han puesto”. Es la desesperación de toda la Iglesia de no comprender lo que ha ocurrido, que es la primera cosa que la Iglesia vivió, para poder avanzar hacia la fe: dejarse conmocionar por el acontecimiento de la desaparición del cuerpo del Señor. Pero eso es muy importante, porque los miedos tienen algo de interesante: del miedo se puede pasar al misterio y del misterio a la hondura de conocimiento, se puede ir tratando de comprender. Es preferible aceptar nuestros miedos que decir: “no, no, no, ya todo está claro, simple y llanamente hay que aplicarlo y ya, automático, digital”, y no es así. La Iglesia vivió todo un drama de comprender lo que había pasado, y justamente, la Iglesia comprende poco a poco la Resurrección, porque el Señor se va explicando y ahondando, y uno puede, entonces, entender.

Cuando los discípulos corren, Juan no entra al sepulcro, porque él era sacerdote, y si era sacerdote se podía impurificar, y espera que entre otro, en este caso, Pedro. Otros dicen que es por respeto a Pedro, pero lo más importante es que él no quería “impurificarse” entrando a un sepulcro. Lo importante es que se asomó y vio desde lejos sin decir nada al respecto.

Luego llega a Pedro, y Pedro entra en el sepulcro, como anoche hemos visto a las mujeres entrar en el sepulcro. Y hace otra cosa, una mirada distinta: observó todo. El Evangelio emplea una palabra que nosotros usamos en castellano: “teoría”, o sea, Teorem, que significa; analizar las cosas, estudiarlas. ¿Por qué? Porque quiere comprender, evidentemente, pero está sorprendido, y como mayor, prefiere calcular un poco y ponderar un poco la situación. Y dice claramente acá el texto: “entró al sepulcro, observó las vendas en el suelo y el sudario con que habían cubierto la cabeza al Señor, no por el suelo y con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte”. También observar las cosas con ponderación es importante para la fe, es un paso, pero a su vez, no es toda la fe.

La fe, finalmente, no se explica racionalmente, para creer en la Resurrección se necesita un poco más, pero también se necesita comprender los signos que nos deja el Señor, sobre todo, el sudario dobladito, eso es lo que más sorprende. Y esto tiene que ver directamente con signos que hoy día nos permiten también caminar, cuando en la Iglesia vamos avanzando y hay muchos desórdenes, y hay ciertas cosas que están ordenaditas, bonitas, como las lindas comunidades que hoy día en las distintas parroquias y en las distintas casas, están viviendo la fe en forma novedosa, y van ordenando nuevas maneras de hacer y vivir en medio de este caos terrible en el que vivimos, obra de esta situación difícil.

Por último, entra el discípulo amado, conocido por todos nosotros como el discípulo amigo de Jesús, a quien más quería y que sabía “sentir con el Señor”, se había recostado en su pecho y había vivido intensamente todo su camino porque era su amigo del alma. Y así, entonces, dice que: “vio y creyó”. Este ‘vio’ es también distinto. Se dice con las mismas palabras que Jesús al inicio de la Pasión, en la última cena, cuando lavó los pies, dice al inicio: “sabiendo que había de pasar de este mundo al Padre, y sabiendo que todo estaba listo, se levantó y lavó los pies de sus discípulos”.

Sabiendo, comprendiendo, entendiendo, por eso, aquí es un ‘ver’ más profundo. Esa palabra en griego se dice ‘Eidem’, que significa comprender hondamente las cosas: “comprendió y creyó”.

Esto es sumamente importante, porque aquí vemos una evolución, y simultáneamente, tres maneras de tener fe, en donde todos estamos llamados a la más profunda, pero en donde no tenemos que preocuparnos de que tengamos la fe de Juan, apuradamente, porque eso es un largo proceso. Y digo esto porque a veces pensamos que, si soy creyente, debo hacer a, b, c, d, e… y eso está mal, porque no todo se puede hace simultáneamente y en todo momento, sino que es un camino difícil y debemos tratar de comprender que no somos perfectos, que el Señor nos va haciendo perfectos y nos va haciendo sus hijos y sus amigos íntimos.

Por eso, en esta mañana en que celebramos la alegría de la Resurrección, que no sea para nosotros un motivo para no reconocer nuestras diferentes maneras de acercarnos, nuestras debilidades, sino para que el Señor siga entrando en nosotros y pueda ayudarnos a comprender las cosas en lo más profundo, y para que, entonces, nuestra fe sea una fe profunda y fortalecida.

Y allí, entonces, una cosa muy importante. Decía el Papa Benedicto y la ha repetido varias veces el Papa Francisco: “la fe es una relación íntima, no es un conjunto de ideas que se tienen que afirmar”, es la comunicación viva del Señor a nuestra vida, en la cual, se evoluciona poco a poco hasta dar testimonio, como dice hoy día el Libro de los Hechos de los Apóstoles: “la fe se comunica a testigos, para que todos testimoniemos”. Y la fe verdadera es la que, poco a poco, va entendiendo, comprendiendo, calibrando, pero sobre todo, testimoniando, entregando la vida hasta la muerte y muerte de Cruz como el Señor, y como han hecho tantos hermanos nuestros que por su fe, han perdido la vida en este tiempo.

Por eso, hoy día, estamos alegres, la fe cristiana es alegría, pero no es una alegría facilona, es una alegría con razones hondas que no se repite todos los días igual, sino que se va avanzando y se va confrontando, y nos vamos ayudando los que tenemos una fe superficial con los que tienen una fe profunda, los que tienen una fe que se va acercando y va entendiendo algo, con los que no entienden nada y con lo que entienden más hondamente.

La ayuda mutua, la hermandad que constituimos en la Iglesia, nos va sacando adelante, porque somos una comunidad, no somos un funcionariado ni somos una institución caduca, somos una institución flexible que va caminando juntos y que se ayuda en la hermandad y ayuda a la humanidad.

Por esa misma razón, comprende también al no creyente, porque a veces no encuentra razones ni encuentra, en profundidad, las cosas porque son a veces terribles. Y a veces nosotros, los cristianos, por competir con el mundo y querer imponer las cosas, no nos entienden.

Hagamos lo posible porque el testimonio de Cristo Resucitado que resucitó por amor y nos quiere resucitados todos, también en ese mismo amor, pueda permitirnos ya, ahora, la vida eterna.

La palabra vida eterna, para lo cual nos ha llamado el Señor y el Evangelio de Juan subraya, no es ‘la otra vida’, es esta vida, vivida en el amor que se prolonga hasta la otra vida. Ya en esta vida podemos vivir eternamente porque vivimos en su amor y nos dejamos conducir por Él.

Hermanos y hermanas, “¿Qué has visto de camino en la mañana María? ¡A mi Señor glorioso, la tumba abandonada!”. Que esta manifestación de testimonio, nos ayude a todos decirlo desde el corazón, al nivel que podamos comprender.

El Padre Mateo Garr, SJ., acaba de hacer pública la primera edición digital de la versión popular de la nueva Encíclica del Papa Francisco, ‘Fratelli Tutti’, un documento elaborado para acompañar nuestra vida parroquial. Y en el día de su lanzamiento, compartimos la entrevista concedida a la Oficina de Comunicaciones del Arzobispado de Lima.

La primera versión popular de ‘Fratelli Tutti’ ya es una realidad. Desde este Domingo de Resurrección, el Arzobispado de Lima ha puesto a disposición del público la edición digital y descargable de forma gratuita.

El documento es el resultado de la experiencia y la enorme creatividad del Padre Mateo Garr, quien inspirado en el llamado del Santo Padre a la fraternidad y a la hermandad, decidió escribir una versión popular que incluye preguntas para meditar en nuestras Parroquias.

«El texto está escrito para leer en grupo, en una comunidad. Y es presentado en frases cortas, letras grandes y algunos dibujos que hagan más amigable esta importante enseñanza social del Papa Francisco, en una forma que la gente pueda comprender mejor», explicó Mateo Garr.

El Padre Garr indicó que la versión popular de Fratelli Tutti es Â«el producto de una Iglesia realmente participativa», una invitación permanente al diálogo, «el mismo diálogo que el Papa Francisco mantuvo con los obispos y miembros de la Iglesia en todo el mundo. Por eso, no basta con leer este documento, tenemos que reflexionar y ver cómo aplicar las enseñanzas de la carta a nuestras propias vidas, y luego, compartir nuestras experiencias».

Amistad social en diálogo con las periferias.

Uno de los aspectos más interesantes de esta versión popular de Fratelli Tutti, es que al final de cada capítulo incluye una serie de preguntas abiertas para discutir y reflexionar en comunidad: Â«este ejercicio ayuda a captar en grupo lo que hemos conversado. Como diría el educador brasileño Paulo Freire, un método que solo da información no funciona, tenemos que participar, y desde nuestra experiencia y nuestra propia cultura, descubrir cada lección en nuestra vida para compartirla con los demás», comentó Garr.

El Padre Mateo agregó que la nueva Encíclica de Francisco nos interpela a ampliar nuestros círculos de amor a una amistad social, considerando a personas que son diferentes a nosotros o piensan diferente, a través de un diálogo con las periferias, con las personas pobres y las personas que no comprendemos:

El Papa Francisco habla de luchar en contra del sistema del mercado, del consumismo, imperio del mercado, pero lo hacemos en diálogo con esos grupos, con el convencimiento de que todos tenemos algo que aprender del otro. No estamos diciendo que hay que perdonar y olvidar la corrupción o la violencia en el mundo, sin embargo, se tiene que buscar, en el mismo conflicto, cómo ir dialogando para crear una sociedad nueva.

«Espero que esta versión popular pueda ser tratada en las Parroquias con grupos de adultos, con grupos de jóvenes, y en todas las comunidades, no solo para que conozcamos la lección de que todos somos hermanos y hermanas, sino también, para que busquemos la forma concreta de ir llevando esto haciéndolo una realidad que promueva la hermandad», recalcó Mateo Garr.

Durante la Vigilia Pascual, Monseñor Carlos Castillo, meditó sobre el camino que hemos llevado en esta Semana Santa a partir de la Pandemia: «así como la muerte de Jesús fue injusta doblemente, hoy día sentimos y comprendemos más la muerte de Jesús, porque nos ha azotado una enfermedad que nosotros no hemos promovido, pero que, probablemente, ciertas fuerzas en el mundo, errores de la humanidad y pecados, han generado estos problemas. Al conducirnos por cierto individualismo, hemos creado del mundo un sepulcro, un panteón, un camposanto», resaltó en su homilía. (leer homilía completa).

Leer transcripción de homilía de Monseñor Carlos Castillo

El Arzobispo de Lima señaló que en este tiempo tan duro y tan difícil, es necesario revisar nuestras vidas y que entremos en ‘nuestros sepulcros’ para esperar lo más nuevo: «vivamos abiertos para entrar en nosotros mismos, en los problemas de nuestro país, en este sepulcro en que se ha convertido el Perú, en este sepulcro en que se ha convertido el mundo», acotó.

Comentando el Evangelio de Marcos (16, 1-7), Monseñor Carlos remarcó la actitud de las mujeres que fueron a ver a Jesús en el sepulcro: «dice exactamente el texto que se asustaron, porque estamos acostumbrados a que todo es muerte y que no hay nada más que la muerte, y que solo que hacemos los ritos para embalsamar y para terminar».

Dios no nos creó para la muerte, Dios nos creó para Él, y por lo tanto, para la vida. Cuando penetramos nuestros ‘sepulcros’ y nos atrevemos a ‘bajar al sepulcro con las mujeres’, estamos, en cierto modo, con una pizca de apertura a recibir la novedad de Dios.

Una Iglesia que salga de su anquilosamiento.

Carlos Castillo explicó que ‘salir del sepulcro’ significa «una Iglesia que sale de su anquilosamiento, una Iglesia que sale de un concepto cíclico y cerrado de la vida, de una humanidad que ha perdido la fe, no porque no tenga religión, sino porque su religión se basa muchas veces en sus propios intereses y proyecciones que terminan en construir muerte».

Jesús ha venido a reparar nuestro ser con la esperanza, pero también a reparar nuestra fe para que sea un don y no una construcción nuestra.

Finalmente, el prelado hizo un llamado a redescubrir nuestra fe cristiana y renovar nuestra historia después de la experiencia vivida con Jesús: «conocimos a un Dios que no se bajó de la cruz para vengarse de sus enemigos, un Dios que no recrimina, que no maltrata, que no juzga, sino que ama, Él se ofrece para que no nos autocondenemos y aceptemos su amor», agregó.

Hemos de acoger al Señor en ‘nuestras Galileas’, en nuestros caminos distintos, en nuestras historias, en nuestros pueblos, en nuestras provincias, en nuestras zonas de la Selva, de la Sierra y de la Costa, donde hay más pobreza y necesidad, en las contrariedades de nuestras familias, en el dolor que sentimos por la enfermedad, en todos los esfuerzos que hacemos por identificar la Luz en medio de la oscuridad

«Este Dios nos abre caminos y nos hace esperar contra toda esperanza. Y esa esperanza está en la Resurrección, que no solamente es un acto que le tocó a Jesús, si no es la Resurrección de toda la humanidad y de toda la creación, para superar los límites y las trabas creadas por el pecado, por la intolerancia, por la indecencia, por el abuso y por la maldad», concluyó.

Compartimos los gestos complementarios que podemos realizar desde el hogar en este Domingo de Resurrección. Al llegar las 11 de la mañana, los invitamos a participar de la Celebración Eucarística que presidirá Monseñor Carlos Castillo y se transmitirá por el Canal del Estado.

En el almuerzo de Resurrección que la familia pueda tener, el padre o la madre cambia el clavo que se dejó al pie de la Cruz el Viernes Santo, por una flor blanca que se entregará a cada integrante de la familia, indicando que ese clavo, con la Resurrección de Jesús, se ha convertido en esta flor que recuerda la vida.

Responder a las siguientes preguntas: Como familia cristiana católica ¿Cómo testificará nuestra familia a otras familias del barrio, de amigos, familiares cercanos y lejanos que Cristo ha resucitado?

En este Sábado Santo, iniciamos el día reunidos en familia y compartiendo la última reflexión de Monseñor Guillermo Elías.

En este Sábado Santo, como un primer gesto, se invita a todas las familias a reflexionar a partir de las siguientes preguntas: ¿Por qué invocar y tener presente a María en nuestra casa? ¿Quién es ella para nosotros?

Después de abordar estas preguntas, se sugiere el rezo del Santo Rosario en familia y participar de la Gran Vigilia Pascual que inicia en nuestras Parroquias (por redes sociales) o la que presidirá nuestro Arzobispo de Lima a las 10pm. (TV Perú).

Elaborar un pacto en familia.

Finalmente, se invita elaborar un pergamino (en hojas decoradas) te invitamos a realizar un pacto en el que cada miembro de la familia se compromete a vivir como resucitado en medio de esta Pandemia que no puede quitarnos la esperanza.

Yo, …, como padre ¿a qué me comprometo?
Yo, …, como madre ¿a qué me comprometo?
Yo, …, como hijo ¿a qué me comprometo?

Compartimos los gestos complementarios que podemos realizar desde el hogar en este Sábado Santo. Al llegar las 10 de la noche, los invitamos a participar de la Vigilia Pascual que presidirá Monseñor Carlos Castillo y se transmitirá por el Canal del Estado.

En el contexto de esta noche de Pascua un hermoso secreto para celebrarla es hacer de nuestra vida una aventura constructiva. Nadie puede pelear la vida aisladamente. Se necesita de una comunidad, una familia, amigos, equipo de trabajo que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante.

Como un primer gesto, se invita a todas las familias a reflexionar a partir de las siguientes preguntas: ¿Por qué invocar y tener presente a María en nuestra casa? ¿Quién es ella para nosotros?

Después de abordar estas preguntas, se sugiere el rezo del Santo Rosario en familia y participar de la Gran Vigilia Pascual que inicia en nuestras Parroquias (por redes sociales) o la que presidirá nuestro Arzobispo de Lima a las 10pm. (TV Perú).

Elaborar un pacto en familia.

En un pergamino (en hojas decoradas) te invitamos a realizar un pacto en el que cada miembro de la familia se compromete a vivir como resucitado en medio de esta Pandemia que no puede quitarnos la esperanza.

Yo, …, como padre ¿a qué me comprometo?
Yo, …, como madre ¿a qué me comprometo?
Yo, …, como hijo ¿a qué me comprometo?

(Por: Rafael Luciani).

Justificar la muerte de un inocente, como la de Jesús y, más aún, decir que era voluntad divina, sería hacer del mal un modo humano de actuar justificable por parte de Dios y los hombres. De ahí que sea tan relevante comprender el hecho histórico y el sentido teológico de la muerte y pasión de Jesús, no como un simple relato que se escucha en Cuaresma, sino como un acontecimiento que revela una realidad trágica y que nos debe poner a pensar hasta dónde somos capaces de llegar si nos dejamos convertir en verdugos, seducidos por el poder y el dinero.

El modo como asesinaron a Jesús, en una cruz, representa un gran escándalo para cualquier ser humano más allá de sus creencias. El madero era símbolo de la negatividad humana, el peor de los males deseados; también simbolizaba el rechazo divino, porque quien así moría era considerado un maldito de Dios (Dt 21,23).

¿Se podía, entonces, decir que el Padre bueno en quien Jesús creía había permitido una muerte así?

La muerte de Jesús no fue casual, ni fruto del azar o de la voluntad divina. Fue meditada, decidida y ejecutada por personas concretas (Jn 11,47.53), por hermanos de un mismo pueblo (Jn 7,1) que regían los destinos de una nación.

Fue justificada por representantes de instituciones religiosas y políticas oficiales (Jn 11,49-50) que veían en él a un peligro porque manifestaba una nueva forma de vivir —humanizadora—, cuya pretensión era reconciliar al pueblo disperso (Jn 11, 52) y proclamar una relación personal con Dios basada en un pacto inédito, sin la mediación sacerdotal ni la economía sacrificial del Templo (Jr 31,31-34).

Su vida hacía temer a quienes no querían perder el poder otorgado por los romanos, de cuyo estatus social y beneficio económico vivían (Jn 11,48-50).

Aunque la conflictividad fue creciendo de cara a las autoridades religiosas que lo entregaron (Jn 11,53), fue el poder político romano el que volteó la mirada ante un inocente y dictó la sentencia para que lo torturaran y asesinaran (Mt 27,24).

Las autoridades religiosas no tenían el derecho de ius gladii. Por eso armaron un expediente para justificar formalmente su muerte. Lo acusaron de ser un falso profeta (Dt 13,5). Así ganaban dos cosas: sumar a otros grupos religiosos que detestaban a Jesús, y darle una razón formal al poder imperial para que lo condenara y procesara como reo político (Mc 15,26). Todos podían seguir disfrutando sus cuotas de poder (Jn 11,50).

La muerte de Jesús, como la de cualquier inocente, nunca ha sido querida por Dios. Justificarla es sacralizar la acción del victimario y hacer que la desgracia que se inflige a otro sea aceptada como un sacrificiodivino, y es además negar las consecuencias de la responsabilidad de los sujetos concretos que torturan y asesinan, cuyas acciones los deshumanizan hasta el punto de convertirlos en verdugos y victimarios de otros.

Decir que Jesús murió por voluntad divina como víctima sacrificial es, pues, hacer de Dios un cómplice del mal ejecutado por los hombres (Sal 35), o un sádico que justifica el sufrimiento del inocente.

Jesús siempre tuvo la conciencia de que Dios estaba de su lado, acompañándolo en sus decisiones (Mc 12,6), pero actuaba con el realismo de quien sabe que su predicación del Reino y las duras críticas en contra del sistema religioso (Mt 23,1-36) y del político (Lc 13,31-32) le traerían como resultado su propia muerte (Lc 13,34).

Tengamos en cuenta, pues, que fue su vida vivida como entrega en el servicio y el amor al otro, la razón por la cual murió; y no olvidemos que el espíritu fraterno con el que vivió fungió como la razón por la cual lo mataron personas e instituciones concretas.

La humanidad de uno como Jesús es insoportable y se convierte en estorbo para las conciencias de aquellos que sólo viven del poder, el dinero y la muerte.

La clave para comprender el sentido de la pasión de Jesús no está en la muerte, como si esta tuviera un efecto salvífico en sí misma, sino en el modo filial y fraterno como él vivió su vida, y las consecuencias que esto le trajo (Neh 9,26).

La muerte de Jesús no tiene sentido, como no lo tienen la de tantas personas que mueren cada día a causa del hambre, la criminalidad, la violencia política que arrebata la vida. Sería inhumano justificarlas.

Lo que sí tiene sentido, y es salvífico —humanizador— es el modo en que Jesús asumió su muerte, y cómo se identificó a lo largo de su vida con los que sufren y así mueren, sin miedo alguno para denunciar que el Dios del Reino, a quien él le oró, no quería que esto ocurriese más en nuestro mundo, y rechazando a quien así actuase.

Jesús había vivido el amor en sus muchas formas: como perdón, liberación, sanación, reconciliación. Pero, especialmente, lo vivió de manera solidaria en su entrega a las víctimas, los rechazados por la sociedad y los enfermos (Mt 8,17). Y entendió que Dios solo actuaba con compasión y se oponía a los sacrificios (Mt 9,13; Sal 50).

Desde la Iglesia de Las Nazarenas, Monseñor Carlos Castillo, Arzobispo de Lima y Primado del Perú presidió el Oficio de la Pasión del Señor de este Viernes Santo: «desde el dolor más extremo de la Cruz, le pedimos al Señor que nos haga beber de su Espíritu, para renacer a una forma de vivir diferente, pacífica, verdaderamente fraterna en la humanidad, en la Iglesia y en nuestro país», reflexionó (leer homilía completa).

Leer homilía de Monseñor Carlos Castillo (transcripción)

Tras escuchar el relato de la Pasión (Juan 18, 1–19, 42), Monseñor Castillo resaltó las palabras con que inicia el Evangelio de Juan:

En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba orientada, dirigida hacia Dios. Y la Palabra era Dios y todo se hizo por ella y nada se hizo sin ella. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilló en medio de las tinieblas y las tinieblas no la reconocieron.

Ante esto, el Arzobispo dijo: «Jesús es la Palabra que se encarna en el corazón de la historia humana, de nuestras vidas, pero en especial, en la carne humana débil y en la carne de los débiles, (sarx) carne débil, sencilla, humilde, deshilachada, golpeada, maltratada. Y por eso, en lo más recóndito de todos nuestros sufrimientos, en primer lugar, está Aquel que se encarnó desde el inicio de su vida en la debilidad y en la pobreza».

Monseñor Castillo indicó que la Verdad más grande que Dios nos ha venido a revelar con Jesús, es que Él es el Hijo y existe un Padre que nos ama a todos: «la Verdad es siempre un camino que, inspirados, construimos juntos. En este camino podemos realizar nuestra condición de hijos-hermanos, cuando estamos dispuestos a amarnos como Dios nos ama, a vivir en el Espíritu que Él acaba de entregar, el Espíritu de hijos que nos hace hermanos los unos de los otros y nos revela lo que realmente somos: ser hijos del mismo Padre», agregó.

Una religión que se dedica a los juegos y a los amarres de intereses económicos, políticos, culturales, de fama, de exhibición y de frivolidad, es una religión que niega la Verdad.

El Obispo de Lima recalcó que Jesús ha venido para que todas las religiones aprendamos el camino de dar testimonio de la verdad más trascendente: «todos somos hijos en el Hijo, y hermanos los unos a los otros, y no tenemos derecho, desde nuestra más honda humanidad, a dividirnos estúpidamente, confrontándonos y “comiéndonos” unos a otros, despreciando especialmente a los débiles que nos sufren».

No hay Espíritu nuevo cuando polarizamos nuestra vida con acusaciones y mentiras, los unos contra los otros, y rompemos lo que somos: hermanos. Y si lo hacemos, porque somos pecadores, podemos repararlo abriendo el corazón, dejando que lo más hondo de nuestro ser, en donde mora el Señor, en lo más secreto de nuestras heridas y problemas, el Señor pueda hablar desde allí y convertirnos en testigos de la Verdad.

El Primado del Perú señaló que «el Señor tiene sed de que recurramos a Él, para que nos sacie con el agua viva de su amor y nos limpie la des-hermandad, la enemistad y la convierta en hermandad humana, mucho más en este tiempo en que, la Pandemia, nos ha invadido mundialmente, y a partir de lo cual, el Santo Padre Francisco ha escrito la Encíclica de la hermandad “Fratelli Tutti” (Todos Hermanos)»

Desde el dolor más extremo de la Cruz, desde lo más profundo y difícil que es aceptar que Dios acepta la muerte de su Hijo, nosotros le pedimos al Señor que nos haga beber de su Espíritu, para renacer a una forma de vivir diferente, pacifica, verdaderamente fraterna en la humanidad, en la Iglesia y en nuestro país, y para que ninguna religión y ninguna Iglesia sea testigo de la mentira, de la artimaña, de los enjuagues y de los amarres bajo la mesa, sino que sea una religión que transparente al Señor, que sea hermana y que sufra por y con todos los seres humanos, especialmente los mas maltratados y víctimas.

Central telefónica
(511)2037700