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Aunque la Pandemia no ha terminado, el 2020 ha sido un año de aprendizajes para nuestra Arquidiócesis de Lima, un llamado a la fraternidad, a la conversión pastoral y social. Por eso, desde la Oficina de Prensa del Arzobispado de Lima, queremos compartir esta breve reflexión que expresa nuestro deseo de continuar el camino de aprendizaje y esperanza de una Iglesia sinodal, para que, unidos a todos los peruanos de esta ‘tierra ensantada’, resucitemos como Perú ¡Ahora!

Este año hemos sido testigos de los esfuerzos de nuestra Arquidiócesis de Lima para actuar en favor de los descartados de nuestra sociedad, acompañarlos, escucharlos y acogerlos. Sí, nuestro país enfermó y se hizo más pobre, pero nuestro corazón más ancho y generoso.

Asamblea Sinodal: el punto de partida de un año duro.

Fruto del proceso de diálogo y de escucha de la Asamblea Sinodal en enero de 2020, Monseñor Carlos Castillo publicó su Carta Pastoral para la Iglesia de Lima, un documento dirigido a todas las generaciones, incluyendo creyentes y no creyentes.

La Carta Pastoral trazó el camino misionero que nuestra Arquidiócesis realizará en los próximos años, e introdujo una serie de propuestas abiertas con el fin de “construir una Iglesia que nace en diálogo con el mundo”. Este fue el inicio de un largo aprendizaje que se acentuó con la llegada de la Pandemia.

Parroquias Misioneras y Solidarias: el camino de la conversión pastoral y social.

El confinamiento conllevó a que pensemos en nuevas formas de acompañar a los más vulnerables. Y mientras vivíamos una Semana Santa inédita, «encerrados en casa» pero unidos espiritualmente, nuestras comunidades de laicos se organizaron junto a Cáritas Lima para llevar ayuda humanitaria a las zonas más pobres y afectadas, preparar ollas comunes en los cerros de la ciudad, juntar menestras o recaudar fondos para conseguir oxígeno.

Fue así que se gestaron las parroquias misioneras y solidarias como parte del proceso de un camino de conversión pastoral, social y humana. La Iglesia trabajó en constante diálogo con las instituciones gubernamentales para brindar una mejor asistencia, responsable y preventiva.

Por otro lado, la Pastoral de Salud de la Arquidiócesis de Lima se organizó para acudir a los hospitales de nuestra ciudad y llevar una palabra de esperanza y aliento. Laicos de diferentes partes nos enseñaron con sus testimonios de vida y entrega, que también es posible evangelizar desde el servicio.

Con el Señor de los Milagros, resucitemos como Perú ¡Ahora!

Llegado octubre, el Papa Francisco envió un fraterno saludo al pueblo peruano por el mes del Señor de los Milagros. Aunque la procesión fue suspendida, las calles de la ciudad se revistieron de morado, y aprendimos a «cargar» al Cristo Moreno en nuestros corazones, dando testimonio de vida.

El año también nos dejó dos momentos inolvidables. Por primera vez, en sus más de 400 años de historia, la Basílica Catedral de Lima se convirtió en un mural fotográfico en homenaje a nuestros muertos por el Covid-19. En este marco de reflexión y unidos a las diócesis hermanas de Lima y Callao, en noviembre oramos por el cese de la Pandemia desde la Plaza Mayor.

Gracias a este camino fecundo, y en palabras de nuestro Arzobispo de Lima, hemos iniciado con esperanza el camino de una Iglesia sinodal, «constituida, básicamente, por aquellos que están para servir y no para ser servidos. Por eso, nos unimos a todos los que son servidores, a los que se unen al gran sufrimiento de la gente para consolarla, alentarla y decirle que nuestro Dios se propuso cambiar el rostro egoísta de la humanidad por el rostro amoroso de una humanidad hermana»

Iglesia de Lima ¿Qué hemos aprendido?

En medio del dolor por la pérdida humana
y la crisis sanitaria de una nueva Pandemia,
en nuestro país renació también la esperanza.

Y aprendimos…

A pesar del confinamiento y el distanciamiento físico,
aprendimos a estar más «cercanos y hermanados».

Aún con los templos cerrados y sin misas presenciales,
aprendimos que evangelizar desde el servicio
y el testimonio son cosas esenciales.

De nuestras parroquias misioneras y solidarias,
aprendimos que el camino de una conversión
es también pastoral, social y humana.

Y juntando menestras y víveres,
aprendimos a unirnos a Cáritas
para preparar las ollas comunes.

Sin andas ni procesiones en octubre,
aprendimos que al Señor de los Milagros
lo podemos llevar «cargado» en nuestros corazones.

Y unidos a las diócesis hermanas en la Plaza Mayor,
oramos por los muertos que se fueron
sin poder decir adiós.

Como sucedió en la primera Navidad,
aprendimos a vivirla con profundidad,
sabiendo que Jesús también nace
en el silencio y en la soledad.

A puertas del Bicentenario,
queremos seguir este camino de aprendizaje y esperanza
de una Iglesia sinodal, para que,
unidos a todos los peruanos en esta ‘tierra ensantada’,
resucitemos como Perú ¡Ahora!

Al cumplirse tres años del Viaje Apostólico del Papa Francisco al Perú, del 18 al 21 de enero, compartimos las palabras de reflexión y agradecimiento de Monseñor Carlos Castillo, Arzobispo de Lima y Primado del Perú.

Mensaje de Monseñor Carlos Castillo

Hermanos y hermanas, queridos amigos, esta semana, el 18, día de la fiesta de la Ciudad de Lima, tuvimos hace tres años – y todavía están en nuestros recuerdos, en nuestra memoria más profunda – la visita del Santo Padre Francisco al Perú. Esa huella imborrable que dejó él con su encuentro desde la Ciudad de Lima hacia las provincias.

La primera visita, sobre todo, a Madre de Dios. Luego la visita que nos hizo a Trujillo y, luego también, la visita que nos hizo en Lima. Todos nos hemos sentido sumamente renovados por su mensaje y hemos visto nuevos caminos para la Iglesia en nuestro país, con los sectores más marginados y abriendo pasos para que nuestra Iglesia se transforme en una Iglesia verdaderamente misionera y solidaria.

Queremos, desde nuestro país, decirle a todos que el Santo Padre es una huella de luz, una linterna de esperanza para conducirnos en el camino de renovar nuestra Patria y nuestro mundo.

Y hoy día, tenemos la satisfacción de sentirnos testigos de su presencia, porque es la presencia del Señor la que hemos vivido y vivimos todavía. Y al recibir la gracia también del ministerio episcopal, todos los que lo hemos recibido de su decisión pastoral, estamos profundamente alegres, porque tenemos en nuestras manos el crear las condiciones de una esperanza que solamente el Señor Jesús, que se fija en los más humildes y en los más marginados, nos puede permitir desarrollar.

No pensábamos que después de esa visita nos ocurriría esa tragedia mundial de la Pandemia, sin embargo, su visita nos preparó, nos anunció que había un mundo cambiante que tenía debilidades muy grandes y que teníamos que estar a la altura para vencer la corrupción, los vicios de nuestra historia, y para reparar sus heridas, especialmente para recobrar toda la tradición de esta Patria ‘ensantada’ que está llamada a producir frutos de amor, de vida, de santidad, de justicia y de paz para todos los peruanos y peruanas, y también para todos los migrantes que nos visitan y a los cuales hemos de ayudar con el corazón.

Dirigimos nuestra plegaria al Santo Padre que siempre pide que recemos por él. Demos gracias a Dios: Padre bueno que nos diste al Papa Francisco como un signo de tu amor en nuestra historia actual, y así, testigo de Jesús por el mundo, nos invita permanentemente a la conversión, al servicio y a la acción misionera, mantenlo siempre con fuerza, con ánimo, con alegría y con esperanza para que el Evangelio que Tú nos has dado se siga proclamando en toda la humanidad, especialmente entre los descartados de esta sociedad que necesitan de su fuerza, de su ánimo, del Espíritu de Dios que nos inunde, nos proteja, nos acompañe, nos envuelva y suscite en nosotros la alegría.

Dios bendiga al Santo Padre. Gracias Santo Padre por visitarnos y gracias por su mensaje en estos tres años.

«Hemos rescatado del olvido al Cardenal Landázuri», dijo alguna vez Monseñor Luis Bambarén, obispo emérito de Chimbote, durante la Inauguración de la escultura del Cardenal Landázuri Ricketts. A 24 años de su partida, queremos rememorar los testimonios de amigos, familiares y obispos del Perú sobre la formación espiritual y académica, las vivencias y pasajes curiosos de quien fuera el 30º Arzobispo de Lima.

Elogiado por su dedicación y servicio a los más pobres, Bambarén ha sido el principal gestor del monumento que desde enero de 2020 reposa en el corazón de los pobres, en la Alameda de los Bobos, mirando al Cerro San Cristobal.

‘El Rescate de un Cardenal Olvidado’ es un video homenaje producido a inicios de 2020 por la Oficina de Prensa del Arzobispado de Lima, y que recoge los testimonios de personas que conocieron de cerca al Cardenal Landázuri Ricketts, como es el caso del célebre psicoanalista Eduardo Montagne, su sobrino; o Gustavo Noriega Zegarra, autor del libro ‘El Cardenal Amigo (Biografía del Cardenal Landázuri)’.

También podemos ver los testimonios de varios pastores de la Iglesia del Perú como Monseñor Luis Bambarén, Obispo Emérito de Chimbote; Monseñor Miguel Cabrejos, Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y del CELAM; Monseñor Carlos Castillo, Arzobispo de Lima; Cardenal Pedro Barreto, Arzobispo de Huancayo.

“Ya retirado de su cargo Arzobispal, viviendo en su casita del distrito de La Victoria en el barrio de Santa Catalina, solía visitarlo con frecuencia, recuerda Eduardo Montagne, sobrino del Cardenal Landázuri, uno de esos días me lanzó una pregunta realmente sorprendente, me dijo – ‘Eduardo, creo que estoy próximo a partir’ – y guardé un silencio respetuoso y acogedor – ‘¿Sabes qué le diré al padre Dios cuando me encuentre con Él?’ – dijo el Cardenal – ‘nada Eduardo, nada, me quedaré callado esperando que Él diga su primera palabra’. Entonces no pude menos que recordar el inicio del Evangelio de Juan: ‘En el principio era la Palabra y la Palabra era Dios’”.

Tengo que anunciarles que se ha producido un robo… ustedes han robado para siempre mi corazón y mi afecto

MISA DE DESPEDIDA DEL CARDENAL LANDÁZURI – PLAZA DE ARMAS LIMA-PERÚ 1990

A puertas del año 2021, año del Bicentenario en el Perú, reflexionemos juntos como comunidad, las experiencias compartidas durante este 2020 en nuestra Arquidiócesis de Lima.

El año 2020 quedará grabado en nuestra memoria como uno de los más trágicos de nuestra historia. La irrupción de una nueva Pandemia ha provocado la pérdida de millones de vidas humanas, además de una fuerte crisis sanitaria y económica que dejó a muchas familias en desolación. De un momento a otro, tuvimos que acostumbrarnos a vivir en distanciamiento físico, y en medio del dolor y la tragedia, surgió también la esperanza, la solidaridad y la fraternidad.

Este año 2020 hemos sido testigos de los grandes esfuerzos de nuestra Arquidiócesis de Lima para actuar en favor de los más vulnerables, acompañarlos, escucharlos y acogerlos. Sí, nuestro país enfermó y se hizo más pobre, pero nuestro corazón más ancho y generoso.

Enero 2020: Asamblea Sinodal.

En un encuentro histórico que congregó a más de 800 representantes de las parroquias de nuestra Arquidiócesis, el año 2020 inició con una Asamblea Sinodal Arquidiocesana. Bajo el lema: «Iglesia de Lima, a ti te digo ¡Levántate!», nuestras comunidades de jóvenes, religiosos, párrocos y vicarios se encontraron en un diálogo fecundo (leer aquí).

También ocurrió: desde el viernes 24 de enero, la escultura en homenaje al Cardenal Landázuri Ricketts, OFM., quien fuera el 30º Arzobispo de Lima, reposa en el corazón del Rímac, en la Alameda de los Bobos, mirando hacia el Cerro San Cristóbal (leer aquí).

Febrero 2020: Carta Pastoral.

Fruto del proceso de diálogo y de escucha en la Asamblea Sinodal, Monseñor Carlos Castillo publicó la Carta Pastoral para la Iglesia de Lima, un documento dirigido a todas las generaciones, incluyendo creyentes y no creyentes, trazando así el camino pastoral que la Iglesia realizará en los próximos años, e introduciendo una serie de orientaciones abiertas con el fin de “construir una Iglesia que nace en diálogo con el mundo”. (leer aquí).

Padre Luis Sarmiento comenta la Carta Pastoral del Arzobispo de Lima

También ocurrió: el último miércoles de febrero inició el Tiempo de Cuaresma. «Que podamos aprender desde el corazón de nuestras situaciones humanas y sociales, que nuestro país, nuestra sociedad y nosotros mismos, estamos siendo llamados a salir urgente a levantarnos, a levantarnos para arrodillarnos a servir», comentó Monseñor Castillo en aquella ocasión (leer aquí).

Marzo 2020: Inicia la Pandemia.

Tres meses después del primer caso de coronavirus en China, la Organización Mundial de la Salud declaró el inicio de la Pandemia. Por entonces, Perú registraba 22 casos confirmados, mientras que el Gobierno anunciaba las primeras medidas de confinamiento en todo el territorio nacional.

«Con la esperanza en nuestro Señor vamos a superar este momento», fueron las primeras palabras del Arzobispo de Lima, quien inició un ciclo de meditaciones y reflexiones desde la cuarentena (leer aquí).

También ocurrió: a inicios del mes de marzo celebramos con alegría el Primer Aniversario Episcopal de Monseñor Castillo. Pocos días después, la Iglesia reconocía la presencia generosa, solidaria y valerosa de nuestras hermanas laicas en la vida parroquial, con motivo del Día Internacional de la Mujer.

Abril 2020: Una Semana Santa «más que nunca verdadera»

«Â¿Quién ha dicho esas historias, que el Cristo este año no sale, si está vestido de blanco, de azul o de verde, en los hospitales?». Con este precioso preámbulo, iniciamos una Semana Santa histórica en el Perú y el mundo. Los Párrocos de nuestra Arquidiócesis celebraban misas a puertas cerradas, transmitidas por redes sociales.

El Domingo de Ramos, Monseñor Castillo presidió, junto a sus obispos auxiliares, la primera misa sin fieles desde la Basílica Catedral de Lima: «Dios está en el rincón más débil de nuestro ser y no nos abandona», expresó durante su homilía (leer aquí).

Más adelante, el Arzobispo de Lima precisó que estos días de incertidumbre coincidentes con la Semana Santa son una oportunidad para vivir intensa y verdaderamente en la unidad de la comunidad cristiana pequeña: «Quién iba a pensar que en el año 2020 se daría una situación donde rememoraríamos a Jesús tal como Él hizo la Eucaristía: en pequeños grupos de cenáculo, lejos de la familia, esperando comer el Cuerpo esperanzado y glorioso del Señor, maltratado y destruido por el mal de este mundo» (leer aquí).

Carmen Toledano: primera mujer en predicar en el Sermón de las Siete Palabras.

En el día de la Pasión del Señor, Carmen Toledano, Priora del Monasterio de las Agustinas en Lima, se convirtió en la primera mujer en predicar en el Sermón de las Siete Palabras: «‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’ ¿Acaso no es el grito que hoy resuena en todos los rincones de nuestra tierra? ¿Por qué nos has abandonado, Señor? Ante el dolor, el sufrimiento, la enfermedad, la muerte, el desconcierto de la Pandemia que todavía no acabamos de asumir, gritamos a nuestro Dios, le preguntamos desconcertados buscando una respuesta, le pedimos cuentas» (leer reflexión).

Campaña solidaria: Lima, levántate ¡Estamos contigo!

A través de la organización de laicos, la Arquidiócesis de Lima inició una etapa de acompañamiento espiritual y ayuda solidaria a las poblaciones más vulnerables. La campaña fue encabezada por Monseñor Guillermo Elías, Obispo Auxiliar de Lima, y tuvo como principal lema: «Lima, levántate ¡Estamos contigo! Como primeras medidas, se amplió la capacidad solidaria de Cáritas Lima, se habilitó una Central Telefónica de acompañamiento espiritual, y se celebraron las primeras misas en los hospitales de nuestra ciudad (cumpliendo todos los protocolos de bioseguridad).

Mayo 2020: «Mamá, la Pandemia ha roto tu país».

«Mamá, la Pandemia ha roto tu país, en toda la ruta de Chiclayo a Lima los muertos caen sin consuelo, las familias lloran sin descanso, se contagian sin medida y salen a comprar con peligro de sus vidas», dicta parte del poema creado por Monseñor Castillo en homenaje al mes de la Madre.

Por otro lado, las comunidades parroquiales se organizaron para realizar más gestos solidarios y de servicio a los grupos humanos más afectados por la Pandemia. La Iglesia trabajó en constante diálogo con las instituciones gubernamentales para brindar una mejor asistencia, responsable y preventiva.

También ocurrió: a mediados de mayo, los principales líderes religiosos en todo el país se congregaron en la Plaza Mayor de Lima para orar por todas las víctimas del Covid-19 y por el fin de la Pandemia (leer aquí).

Junio 2020: «Con tu cuerpo, Oh Cristo, toca y resucita a nuestros muertos».

El domingo 14 de junio, Solemnidad del Corpus Christi, quedará grabado en la memoria y en el corazón de los peruanos, creyentes y no creyentes. Por primera vez, en sus más de 400 años de historia, la Basílica Catedral de Lima se convirtió en un mural fotográfico en homenaje a nuestros muertos por el Covid-19. Fueron más de cinco mil imágenes que revistieron la histórica Catedral de la capital peruana, ocupando las bancas, paredes y paneles de la Basílica.

Médicos, bomberos, policías, militares, periodistas, historiadores, padres, madres, ancianos, niños, personas de todas las edades y estratos sociales, ‘reunidos’ para ser despedidos simbólicamente en un acto de dignidad y reconocimiento a sus vidas: «A través de este signo sencillo, queremos recordar el clamor de todo nuestro pueblo por no haber podido enterrar dignamente a sus muertos. Hoy queremos agradecer a Dios por la vida de todos ellos, bendecirlos y entregarlos al Señor en forma digna, humana y cristianamente», dijo el Arzobispo de Lima durante su homilía (leer aquí).

Julio 2020: 199º Aniversario Patrio

Continuando con las medidas de confinamiento, el Arzobispo de Lima presidió la primera Misa y Te Deum de la historia sin asistentes. En su homilía, Monseñor Carlos señaló que el Señor agudiza nuestra sensibilidad e inteligencia para percibir su luz en medio de nuestras tinieblas (leer aquí).

Por otro lado, la Pastoral de Salud de la Arquidiócesis de Lima se organizó para acudir a los hospitales de nuestra ciudad y llevar una palabra de esperanza y aliento. Laicos de diferentes partes nos enseñaron, con sus testimonios de vida, que aún es posible evangelizar desde el servicio, compartiendo el pan con el hambriento.

También ocurrió: al finalizar el mes, Monseñor Carlos Castillo nos regaló una conmovedora interpretación musical del poema ‘Masa’ de César Vallejo, un retrato de la fuerte crisis sanitaria que azotaba al Perú entonces.

Agosto 2020: Rosa de Lima en el corazón de los pobres.

En la Solemnidad de Santa Rosa de Lima, Monseñor Carlos presentó las intenciones de las cuatro mil cartas enviadas a la Oficina de Prensa del Arzobispado. Al término de la Misa Televisada, el Primado del Perú arrojó las cartas al Pozo de los deseos de Santa Rosa: «En una sociedad donde la riqueza fascinó y desarrolló un mundo global enormemente depredador que olvidó la salud de las personas, hoy también Rosa de Lima vibra y brilla de esperanza para una humanidad que necesita ser solidaria como ella lo fue», reflexionó en su homilía (leer aquí).

También ocurrió: en la Arquidiócesis de Lima, las comunidades juveniles parroquiales también se manifestaron en solidaridad con los más necesitados. Gracias a su espíritu creativo y el testimonio de sus vidas, miles de personas recibieron acompañamiento y ayuda humanitaria en tiempos de Pandemia (leer aquí).

Septiembre 2020: Menestras solidarias.

En el mes de septiembre, la Iglesia de Lima hizo una importante convocatoria para ofrecer una mejor y sincera solidaridad a nuestros hermanos, a través de una campaña de donaciones de menestras y alimentos nutritivos que ayudan a fortalecer el sistema inmune.

El resultado de esta iniciativa permitió que Cáritas Lima logre recaudar más de 10 mil kilos de menestras, destinados principalmente a la preparación de ollas comunes en las zonas más afectadas de nuestra ciudad por la crisis sanitaria (leer aquí).

Octubre 2020: Con el Señor de los Milagros, resucitemos como Perú ¡Ahora!

A inicios de octubre, el Papa Francisco envió un fraterno saludo al pueblo peruano por el mes del Señor de los Milagros. De igual manera, Monseñor Carlos compartió su Carta Pastoral por el Mes Morado e hizo un llamado a renovar nuestra fe participando de un ‘gran retiro espiritual’.

Debido a la Pandemia, y por segunda vez en la historia peruana, la procesión del Señor de los Milagros fue suspendida. En cambio, vivimos una ‘cuaresma peruana’ de reflexión, meditaciones nocturnas y acciones solidarias.

Noviembre 2020: Histórica Misa en Plaza Mayor.

La noche del domingo 1 de noviembre, la Plaza Mayor de Lima fue el escenario de una histórica Misa en memoria de nuestros muertos. La Celebración Eucarística contó con la participación de los obispos titulares y auxiliares de las diócesis de Callao, Chosica, Lurín, Carabayllo y Lima.

En este marco de reflexión y solemnidad, se proyectaron las fotos de más de 10 mil peruanos fallecidos por el Covid 19 en el Atrio de la Catedral de Lima: «La Iglesia está constituida, básicamente, por aquellos que están para servir y no para ser servidos. Por eso, nos unimos a todos los que son servidores, a los que se unen al gran sufrimiento de la gente para consolarla, alentarla y decirle que nuestro Dios se propuso cambiar el rostro egoísta de la humanidad por el rostro amoroso de una humanidad hermana», precisó el Arzobispo en su homilía (leer aquí).

También ocurrió: después de once meses, la Arquidiócesis de Lima anunció la apertura gradual y responsable de los templos de nuestra ciudad. Para este fin se estableció una comisión especial de acompañamiento, capacitación y asesoría conformada por laicos. Cada Parroquia constituyó un Equipo de Seguridad para garantizar el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad (leer aquí).

Diciembre 2020: «Abramos los ojos, el Señor Jesús viene».

Con el lema «Abramos los ojos, el Señor Jesús viene, salgamos a encontrarlo en el hermano que sufre», Monseñor Castillo compartió la Carta Pastoral por el Tiempo de Adviento, una invitación a vivir una espiritualidad «de ojos abiertos, no cerrados», sabiendo identificar a Jesús en los más vulnerables y descartados de nuestra sociedad (leer aquí).

Por otro lado, Cáritas Lima organizó la campaña solidaria ‘Navidad es Compartir’, que logró implementar más de treinta ollas comunes que benefició a alrededor de 15 mil familias (leer aquí).

También ocurrió: el día de Nochebuena la Basílica Catedral de Lima se transformó en un «gran pesebre» que albergó las intenciones de miles de familias. A través de este gesto, nos unimos espiritualmente a la oración de cada familia y le pedimos al Dios de la vida que nuestro país pueda renacer en este año 2021, año del Bicentenario, y que desde el corazón de nuestras familias, podamos construir un Perú más justo y solidario.

Por estos días, la Basílica Catedral de Lima permanece revestida y transformada en un «gran pesebre» que alberga las intenciones, oraciones y deseos de miles de familias.

Bajo el lema: «Nace Jesús en el corazón de los peruanos», con gran alegría compartimos la siguiente fototeca virtual compuesta con las imágenes de más de cinco mil familias con sus nacimientos:

Desde el Arzobispado de Lima, agradecemos a todas las familias que enviaron sus fotografías. Nos unimos espiritualmente a la oración de cada familia y le pedimos al Dios de la vida que nuestro país pueda renacer en este año 2021, año del Bicentenario, y que desde el corazón de nuestras familias, podamos construir un Perú más justo y solidario.

A pocos días de celebrar el Nacimiento de Jesús en el corazón de cada peruano y peruana, compartimos este precioso poema compuesto por el Padre Javier Leoz, en la voz de nuestro Arzobispo de Lima, Monseñor Carlos Castillo.

¿Que no habrá Navidad?
Autor: Padre Javier Leoz

¿Que no habrá Navidad?
¡Claro que sí!
Más silenciosa y con más profundidad
Más parecida a la primera en la que Jesús nació en soledad.
Sin muchas luces en la tierra
pero con la de la estrella de Belén
destellando rutas de vida en su inmensidad.

Sin cortejos reales colosales
pero con la humildad de sentirnos
pastores y zagales buscando la Verdad.
Sin grandes mesas y con amargas ausencias
pero con la presencia de un Dios que todo lo llenará

¿Que no habrá Navidad?
¡Claro que sí!
Sin las calles a rebosar
pero con el corazón enardecido
por el que está por llegar
Sin ruidos ni verbenas,
reclamos ni estampidas…
pero viviendo el Misterio sin miedo
al «covid-Herodes» que pretende
quitarnos hasta el sueño de esperar.

Habrá Navidad porque Dios está de nuestro lado
y comparte, como Cristo lo hizo en un pesebre,
nuestra pobreza, prueba, llanto, angustia y orfandad.
Habrá Navidad porque necesitamos
una luz divina en medio de tanta oscuridad.
Covid19 nunca podrá llegar al corazón ni al alma
de los que en el cielo ponen su esperanza y su alto ideal

¡Habrá Navidad!
¡Cantemos Villancicos!
¡Dios nacerá y nos traerá libertad!

En los últimos años, millones de personas de distintas partes del mundo, salen de sus países de origen con la esperanza de encontrar mejores oportunidades de trabajo, de estudio y de calidad de vida. Hoy que celebramos el Día Internacional del Migrante, queremos compartir los testimonios de solidaridad y acompañamiento hacia nuestros hermanos migrantes, afectados duramente por la Pandemia, como un gesto de reconocimiento a la dignidad de sus vidas.

El Día Internacional del Migrante es una oportunidad para reflexionar sobre el respeto de los derechos y las libertades fundamentales de todos los migrantes en el mundo. Según un informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática, en nuestro país residen más de 960 mil extranjeros, de los cuales el 84,4 % provienen de Venezuela.

A raíz de la Pandemia, la situación de muchos venezolanos se ha agudizado, una necesidad que demanda una respuesta humana y cristiana. Por eso, inspirados en el llamado del Papa Francisco a poner en práctica la caridad y restaurar la humanidad sin excluir a nadie, en la Arquidiócesis de Lima se vienen ejecutando diferentes acciones humanitarias a través de nuestras parroquias y otras organizaciones laicas. A continuación compartimos algunos testimonios:

Almuerzos diarios y ollas comunitarias en la Parroquia San Miguel Arcángel

Desde el año 2017, la comunidad parroquial San Miguel Arcángel vio la necesidad de afrontar los retos que suponía el aumento de hermanos migrantes en su distrito, en especial en la zona de Pando 9 etapa, donde comenzaron a llegar familias venezolanas en gran cantidad.

“Los hermanos venezolanos tenían problemas para pagar los alquileres, no traían la ropa adecuada para el clima limeño, carecían de alimentos, medicinas y los niños no tenían las vacunas conforme a su edad, también había madres embarazadas. Al ver todas estas carencias, empezamos a acompañarlos a través de diferentes campañas”, expresó el Párroco Benito García.

De esta forma, la comunidad de laicos de la Parroquia San Miguel Arcángel se organizó para realizar un censo en la zona e identificar las situaciones más vulnerables. Posteriormente se ejecutaron campañas de entrega de alimentos, pañales, gestión de vacunación a niños, entre otras acciones solidarias

A raíz de la Pandemia, la Parroquia debió asumir un nuevo desafío: «en ese momento es que intensificamos la entrega de bolsas con alimentos y activamos nuestras ollas comunitarias, llegando a entregar, en su punto más álgido, hasta 400 almuerzos diarios”, explicó el Padre García.

En la actualidad, las ollas comunitarias ofrecen un promedio de 260 almuerzos diarios, beneficiando directamente a más de 100 venezolanos. Adicionalmente, como un signo de la necesidad de acogida, la comunidad parroquial contrató a un hermano extranjero para crear un modo de concientización en la población respecto al modo de ver a los migrantes.

«En este Tiempo de Adviento, Jesús nos invita a mirar a nuestro prójimo sin distinciones, ya que muchos de ellos se ven obligados a salir de su país para poder vivir dignamente. Son ellos quienes nos convierten en prójimos. Los cristianos y las cristianas somos un pueblo migrante, está en nuestro ADN. La patria, para el cristiano, no es un territorio, es un modo de ser en el mundo donde la hermandad es la carta de ciudadanía”, resaltó el Padre Benito.

COOPI: promover la integración socio-económica de migrantes en el Perú.

La Cooperación Internacional (COOPI) es una ONG internacional que ejecuta proyectos de desarrollo para contribuir a la lucha contra la pobreza en el mundo desde áreas particularmente degradadas. Conversamos con Daniele Ingratoci, representante de COOPI en el Perú, quien resaltó el trabajo estratégico que viene realizando junto a la Vicaría de la Pastoral Social y de la Dignidad Humana, Cáritas Lima, en beneficio de los migrantes:

«Junto a Cáritas Lima y otras instituciones venimos trabajando en un proyecto para promover, a través de medios de vida digna, una mayor protección e integración socio-económica de venezolanos y venezolanas en el Perú. A la fecha, hemos logrado apoyar a más de 200 personas», indicó Ingratoci.

COOPI no sólo ha brindado asistencia humanitaria desde los almacenes de Cáritas Lima, también ofrece asesoría legal a casos de regularización migratoria, apoyo psicológico para casos de estrés y depresión, iniciativas de inserción laboral y mejora de competencias a través de cursos de capacitación. Otro aspecto importante es el apoyo que vienen brindando en la revalidación y reconocimiento de títulos universitarios.

Daniele Ingratoci está convencido de que la presencia de migrantes y refugiados es un elemento enriquecedor para alimentar la cultura y comprender otras realidades: “desde la perspectiva de los derechos humanos, la presencia de migrantes representa para la sociedad peruana, la ocasión de demostrar su modelo de acogida, un modelo que, a pesar de las claras dificultades que atravesaba, se reveló respetuoso y acogedor de las necesidades de los hermanos venezolanos”, finalizó.

A través de los gestos humanos y cristianos que hemos compartido, nos unimos espiritualmente para orar por nuestros hermanos migrantes en todo el mundo, por los voluntarios, religiosos y laicos que dedican su vida para servir a los más necesitados. Que este ejemplo sea una inspiración para construir un país más justo, equitativo y consciente del sufrimiento del prójimo.

Cada 5 de diciembre, en diferentes partes del mundo, se celebra el Día Internacional del Voluntario, fecha creada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el objetivo de transformar el mundo desde una actitud más solidaria y comprometida con sus causas sociales, ambientales y económicas.

A través de diferentes acciones, miles de voluntarios salen al encuentro de nuestros hermanos más necesitados, aún en situaciones extremas, como la que venimos viviendo desde marzo a causa de la Pandemia.

Como Arquidiócesis de Lima, nos enorgullece compartir el testimonio de laicos y laicas que se organizan desde sus parroquias y vicarías, para brindar ayuda humanitaria y acompañamiento espiritual en tiempos de Covid-19.

En esta ocasión, queremos compartir cuatro experiencias de voluntariado que nos inspiran y nos enseñan que es posible evangelizar a través del servicio generoso, gratuito y misionero:

Equipo de Seguridad Parroquial – San Pedro de Chorrillos.

Claudia Cabrera y su esposo participan activamente en la Parroquia San Pedro, en el distrito de Chorrillos. La Pandemia ha provocado que toda la comunidad se reivente para el retorno gradual y responsable a los templos. Por eso, no dudó en aceptar la invitación de conformar el Equipo de Seguridad Parroquial, comisión responsable del cumplimiento de los protocolos de bioseguridad antes, durante y después de las misas.

“Para nosotros es una experiencia reconfortante, porque nos permite aprender, enseñar y ayudar a nuestros hermanos. Sentimos que no sólo trabajamos para Dios, también es un servicio para el prójimo que hacemos con mucho amor”, expresa Claudia.

El Equipo de Seguridad Parroquial cuenta con 18 voluntarios que se organizan en grupos de seis para acudir 2 a 3 veces por semana y cumplir con todas las tareas de limpieza, desinfección y control de seguridad.

Como es sabido, cientos de laicos voluntarios vienen capacitándose y organizándose para la apertura progresiva de los templos en los barrios de nuestra ciudad. Este es un trabajo que requiere planificación, comprensión y respeto por la vida de nuestro prójimo.

Voluntariado en la Comunidad Sant’Egidio Perú.

Liliana López es la representante en el Perú de la Comunidad Sant’Egidio, conocida por su gran compromiso con los más pobres en el mundo. A la fecha, Sant’Egidio Perú ha logrado convocar 120 voluntarios, quienes ofrecen su tiempo y dedicación para atender la necesidad de niños, adultos y ancianos:

Durante los fines de semana, los voluntarios se organizan para acompañar a los ancianos que viven en las calles: «cumpliendo todos los protocolos de distanciamiento y bioseguridad, preparamos almuerzos diarios, entregamos kits de desinfección y mascarillas, para que nuestros amigos de la calle puedan protegerse del virus», explicó López.

El único requisito para participar de la Comunidad Sant’Egidio es «tener la voluntad de llevar un poco de esperanza y alegría a nuestros ancianos y niños de la calle», cuenta Liliana, una mujer convencida de que podemos encontrar el rostro de Jesús en el rostro del pobre: «los pobres y los ancianos son grandes maestros de fe. Es al lado de los pobres donde fortalecemos nuestra fe”, reiteró.

Centro de Atención de Urgencias de la Parroquia Santa Rosa de Lince.

Yoshie Cisneros es una de las 45 voluntarias de salud de la Parroquia Santa Rosa de Lince, dedicada enteramente a brindar asistencia humanitaria y médica a miles de personas, a través de los servicios de psicología, medicina general, control de gestantes, primeros auxilios, cirugías menores, entre otros.

Cisneros forma parte de la Unidad de Control de Emergencias (UCE), una experiencia que le permitió acrecentar el sentido de solidaridad y de fraternidad: “en este servicio he aprendido mucho, siento que el tiempo invertido ayudando  a los demás me enseña a ser más empática, solidaria, tolerante, respetuosa y paciente con las personas”, sostiene.

“Hay que creer con total certeza que en el hermano, sobre todo en aquel que sufre, en el que está pasando necesidad, está el rostro de Cristo invitándonos a vivir en la caridad. Espero que el Señor actúe en nuestra comunidad parroquial, en todos los sectores de nuestra Arquidiócesis y a través de los médicos que llevan esperanza y amor, replicando la iniciativa y logrando, desde su servicio, un verdadero acto de fe y amor al prójimo”, dijo hace poco el Párroco Víctor Solís.

Voluntariado de la Pastoral de Escucha en la Arquidiócesis de Lima.

Finalmente tenemos el testimonio de la Pastoral de Escucha de nuestra Arquidiócesis de Lima. Desde el inicio del confinamiento en nuestro país, un grupo de 40 laicos, religiosos y profesionales de la salud, decidieron constituir una comisión de acompañamiento espiritual y apoyo psicológico a través de llamadas telefónicas.

A la fecha, la Pastoral de Escucha, a través de la Central Telefónica de acompañamiento espiritual, ha recibido más de dos mil llamadas. La comisión dedica ocho horas diarias de lunes a sábado para escuchar a cualquier persona que necesite del consuelo y la palabra, especialmente quienes pasan por un proceso de duelo a causa de la Pandemia.

“Los voluntarios están muy felices de poder ayudar y acompañar a los que más necesitan, hablándoles con amor y mucha paciencia. Las llamadas pueden durar dos minutos como treinta. Creo que las personas necesitan ser escuchadas hoy más que nunca», comentó Ever Loja, responsable de la comisión.

Este servicio, señala Ever, continuará indefinidamente para acompañar a todos los que deseen. Puedes comunicarte a la Central Telefónica de acompañamiento espiritual marcando al 01 203 7700 / Opción 2. Recuerda que la atención es de lunes a sábado de 9:00 a 13:00 / de 14:00 a 18:00.

La campaña «Menestras Solidarias» promovida por el Arzobispado de Lima y la Vicaría de la Pastoral Social y de la Dignidad Humana – Cáritas Lima, ha logrado recaudar poco más de 10 mil kilos de menestras que se vienen destinando a la preparación de ollas comunes en las zonas más afectadas de nuestra ciudad por la crisis sanitaria.

Sobre este tema, la Oficina de Prensa del Arzobispado de Lima conversó con Cinthia Tello, Directora General de Cáritas Lima, quien nos comentó que la campaña representa una oportunidad para asumir un sentido de la solidaridad responsable, donando alimentos nutritivos, y al mismo tiempo, beneficiando a nuestros hermanos campesinos: «Hoy como Iglesia, tenemos la tarea de promover el bien común a través de la incidencia, el diálogo, mostrando acciones concretas de acompañamiento y ayuda humanitaria», reflexionó.

«La campaña ‘Menestras Solidarias’ es una caravana de solidaridad que apoya a los asentamientos humanos organizados en ollas comunes, indica Cinthia Tello, esta forma de organización es un modelo de sostenibilidad porque cuenta con la colaboración de la misma población, allí es donde nos estamos concentrando y focalizando, trabajando junto con las Parroquias, articulando la cadena de solidaridad para hacerles llegar alimentos, soporte y apoyo”.

A continuación compartimos la entrevista realizada a la Directora de Cáritas Lima:

¿Por qué hacer una campaña de menestras?

Las menestras contienen un alto contenido de proteínas y otras vitaminas que contribuyen a la salud de niños, adolescentes y adultos mayores. Este año se han elevado los casos de anemia y desnutrición crónica en los asentamientos humanos, donde actualmente estamos desarrollándonos.

¿A quiénes se dirigen las donaciones?

Caritas Lima está trabajando con sectores de extrema pobreza en los distritos del Rímac, Manchay, Chorrillos, Cieneguilla, El Agustino y La Victoria. Actualmente cuentan con 108 ollas comunes organizadas y más de 11 mil beneficiarios entre niños, jóvenes y adultos.

La campaña inició a fines de agosto, y hasta el momento ya hemos recolectado más de 10 mil kilos de menestras. La campaña es muy provechosa porque contribuye a que nuestros niños, jóvenes y ancianos puedan subir sus niveles de hierro, en especial.

¿Cómo se desarrolla la acción solidaria a través de la donación de menestras?

Cáritas Lima recibe las donaciones, y en trabajo conjunto con las parroquias y sus equipos, realizan el levantamiento de información, revisan el estado en el que se encuentra la olla y evalúan su sostenibilidad. 

Las ollas se organizan a través de un equipo de vecinos de la comunidad para la preparación de sus alimentos y su repartición, cumpliendo con los protocolos de bioseguridad como la marcación de círculos en el piso, la desinfección y otros cuidados.

Por otro lado, las ollas se sostienen con la colaboración simbólica de un nuevo sol. Lo recaudado les permite comprar otros productos e insumos como: verduras, alimentos nutritivos y agua.

¿Tienen pensado seguir recibiendo donaciones de menestras?

¡Claro que sí! Esta tarea continúa, por eso los invito a sumarse a esta noble causa y entregar sus donaciones de menestras o víveres en el Arzobispado de Lima, ubicado en Jr. Chancay 282 – Cercado de Lima, en el horario de lunes a viernes de 9:00 a. m. a 4:00 p. m. 

Si eres adulto mayor y no tienes cómo movilizarte, puedes escribirnos a info@vicariadelacaridad.org.pe y nos acercaremos a tu domicilio a recoger tu donativo. De igual manera, también podemos colaborar a través de YAPE al 932411126. 

Con la esperanza en la resurrección de nuestros muertos, con la esperanza en la resurrección de nuestro país, este es el sentido tributo de nuestra Iglesia de Lima a todos nuestros difuntos por el Covid-19.

Fototeca compuesta con las 10 mil fotografías de nuestros difuntos por Covid-19 enviadas a la Oficina de Prensa del Arzobispado de Lima. A través de este gesto sencillo pero significativo, queremos rememorar todas las vidas que han partido y recordar la huella que dejaron en nosotros:

Histórica Misa en la Plaza Mayor de Lima.

Como se recuerda, la noche del domingo 1 de noviembre se celebró una Misa en memoria de todos nuestros difuntos por la Pandemia. Al promediar las 19:00 horas, la Plaza Mayor de Lima se mostró sin fieles y revestida de velas, al mismo tiempo que las campanas de la Catedral de Lima resonaban para dar inicio a la Celebración Eucarística, con la participación de los obispos titulares y auxiliares de las diócesis de Callao, Chosica, Lurín, Carabayllo y Lima.

Y con el sonido de los pututos (instrumento de viento andino), se fueron proyectando, una a una, las fotografías de más de 10 mil compatriotas que perdieron la batalla contra el coronavirus. Pero esta vez no estaban solos, “una muchedumbre inmensa” (Apocalipsis 7:9) de familias peruanas se unieron espiritualmente desde sus hogares para darles una despedida digna.

En este marco de reflexión y solemnidad se llevó a cabo la histórica Misa en memoria de todos los fallecidos por Covid-19, con la participación de la comunidad quechuahablante y shipiba, quienes cantaron el Salmo 23 y leyeron la Primera Carta del Apóstol San Juan en sus idiomas nativos, respectivamente.

«La Iglesia está constituida, básicamente, por aquellos que están para servir y no para ser servidos. Por eso, nos unimos a todos los que son servidores, a los que se unen al gran sufrimiento de la gente para consolarla, alentarla y decirle que nuestro Dios se propuso cambiar el rostro egoísta de la humanidad por el rostro amoroso de una humanidad hermana», expresó Monseñor Carlos Castillo durante su homilía.

Antes de dar culminar la Celebración Eucarística, todos los obispos presentes bendijeron con agua bendita e incienso las 10 mil fotografías que se proyectaron en la fachada de la Catedral de Lima.

Central telefónica
(511)2037700