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«Gracias por estar presentes las distintas confesiones religiosas. Gracias por animarse a vivir el desafío de la paz y a celebrarla hoy juntos como familia. Es hacer la experiencia de que todos somos necesarios, con nuestras diferencias, pero necesarios», expresó el Papa Francisco en el encuentro interreligioso que mantuvo con los jóvenes de Mozambique.

El Papa Francisco tuvo un encuentro interreligioso con los jóvenes mozambiqueños en el Estadio Maxaquene situado en la capital del país en el que les recordó que son importantes y que tienen que creérselo, pero “con humildad”: “ustedes no son sólo el futuro de Mozambique, tampoco de la Iglesia y de la humanidad. Ustedes son el presente que, con todo lo que son y hacen, ya están aportando lo mejor que hoy pueden regalar”.

También les expresó que una de las principales características de los jóvenes de Mozambique es “la alegría de vivir”, algo “que se podía palpitar en el estadio” puntualizó y señaló que ellos, a diferencia de los adultos, caminan con dos pies pero no en paralelo, sino uno delante del otro “dispuestos a partir”. Por otro lado les pidió estar atentos “a todos que los quieren dividir, fragmentar o enfrentar”.

Nuestras diferencias son necesarias

Agradeciendo la participación al encuentro de jóvenes de distintas confesiones religiosas, así como de aquellos que sin ser parte de alguna tradición religiosa estaban presentes, el Papa explicó que este encuentro era un signo de hacer experiencia de que todos somos necesarios, y “nuestras diferencias – puntualizó –  también son necesarias”.

No dejarse robar la alegría ni darse por vencido

En su discurso el Papa dio algunos consejos a los chicos y chicas, ente ellos “no dejarse robar la alegría” ni dejar “de cantar y expresarse de acuerdo a todo lo bueno que aprendieron de sus tradiciones”. También les pidió cuidarse de dos actitudes que matan los sueños y la esperanza: la resignación y la ansiedad. “Son grandes enemigas de la vida, porque nos empujan normalmente por un camino fácil, pero de derrota, y el precio que piden para pasar es muy caro. Se paga con la propia felicidad e inclusive con la propia vida” les explicó. Hay que estar muy atentos porque esa actitud – continuó – “te hace tomar la senda equivocada”.

Es por eso que cuando todo parece paralizado y estancado, cuando los problemas personales nos inquietan, los malestares sociales no encuentran las debidas respuestas, “no es bueno darse por vencido” dijo el Pontífice.

La enemistad social destruye

“¡Qué importante es no olvidar que la enemistad social destruye!” exclamó el Santo Padre a los jóvenes, asegurando que la enemistad destruye la familia, destruye un país y el mundo entero, pero, la enemistad más grande – señaló – “es la guerra”.

En este sentido, volvió a recordar un proverbio que ya ha recordado en otras ocasiones o muchos otros jóvenes: “Si quieres llegar rápido camina solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Se trata – puntualizó – “siempre de soñar juntos, nunca contra otros”.

Frente a la ansiedad el Papa pide paciencia

El Papa también señaló que otra de las actitudes que matan los sueños es la “ansiedad”: “Puede ser una gran enemiga cuando nos lleva a bajar los brazos porque descubrimos que los resultados no son instantáneos”.

El Papa pidió a los jóvenes tener paciencia y empeño, renunciando a las prisas. También les aconsejo no tener miedo de apostar y de cometer errores: “Las cosas más hermosas se gestan con el tiempo y, si algo no te salió la primera vez, no tengas miedo de volver a intentar, una y otra vez. No tengas miedo a equivocarte, nos vamos a equivocar mil veces, pero no caigamos en el error de detenernos porque hay cosas que no nos salieron bien la primera vez”.

No dejar de lado a los ancianos

En sus palabras no faltó una mención a los ancianos, siempre recordados por el Papa Francisco, “quienes pueden ayudar a que sus sueños y aspiraciones no se sequen, no los tire el primer viento de la dificultad o la impotencia” les aseguró Francisco, porque ellos son “nuestras raíces”.

En este sentido el Papa recordó que en ocasiones los mayores prueban a enseñar las cosas de modo impositivo, “como advertencia, metiendo miedo” y esto es “un error”. 

El Papa explica el gesto de “la mano tendida”

Por último, el Pontífice hablo de la importancia de ser “manos amigas”, “una mano tendida”. Un gesto que consiste – explicó – “en buscar crecer en la amistad también con los que piensan distinto, para que la solidaridad crezca entre ustedes y se transforme en la mejor arma para transformar la historia”. “La solidaridad es la mejor arma para transformar la historia” puntualizó.

Al final de su discurso, destaca su reflexión: “Dios los ama, y en esa afirmación estamos de acuerdo todas las tradiciones religiosas”.

Fueron las palabras del Santo Padre durante el encuentro con los Obispos del Sínodo de la Iglesia greco-católica ucraniana, a quienes recibió en audiencia la mañana de este lunes, 2 de septiembre de 2019, en la Sala del Consistorio del Vaticano.

“Si no está el Espíritu Santo, no hay Sínodo. Si el Espíritu Santo no está presente, no hay sinodalidad. Es más, si no hay Iglesia, la identidad de la Iglesia. ¿Y cuál es la identidad de la Iglesia? San Pablo VI lo decía claramente: la vocación de la Iglesia es evangelizar, es más, su identidad es evangelizar”, lo dijo el Papa Francisco a los Obispos del Sínodo de la Iglesia greco-católica ucraniana, a quienes recibió en audiencia la mañana de este lunes, 2 de septiembre de 2019, en la Sala del Consistorio del Vaticano.

El Sínodo no es un Parlamento

Haciendo referencia a la edición del Ossservatore Romano que fue publicado este sábado, el Papa Francisco señaló que, hay un bonito artículo sobre la presencia del Espíritu Santo en el camino sinodal. “Porque hay un peligro – advierte el Pontífice – creer, hoy, que hacer un camino sinodal o tener una actitud de sinodalidad quiere decir hacer una encuesta de opinión, que piensa este, este, este…. y luego tener un encuentro, ponerse de acuerdo… ¡No, el Sínodo no es un Parlamento! Hay que decir cosas, discutirlas como se hace normalmente, pero no es un Parlamento”.

El Sínodo no es hacer investigaciones sociológicas

Papa Francisco durante el encuentro con los Obispos del Sínodo de la Iglesia greco-católica ucraniana

En este sentido, el Santo Padre dijo que, el Sínodo no es un acuerdo como en la política, no se trata de realizar investigaciones sociológicas, como algunos creen. Ciertamente ustedes necesitan saber lo que piensan los laicos, pero no es una investigación, es otra cosa. “Si no está el Espíritu Santo, no hay Sínodo. Si el Espíritu Santo no está presente, no hay sinodalidad. Es más – afirmó el Papa – si no hay Iglesia, la identidad de la Iglesia. ¿Y cuál es la identidad de la Iglesia? San Pablo VI lo decía claramente: la vocación de la Iglesia es evangelizar, es más, su identidad es evangelizar”.

No una Iglesia Congregacionalista, sino una Iglesia Sinodal

Antes de concluir, el Papa Francisco invitó a los Obispos greco-católicos de ucrania a entrar en este Sínodo con este espíritu, con el Espíritu Santo. “Oren al Espíritu. Discutan entre ustedes, lo que quieran … ¡Piensen en Éfeso, cómo se pelearon! Pero eran buenos…. Y al final fue el Espíritu quien los llevó a decir: ‘María, Madre de Dios’. Este es precisamente el camino. Es el Espíritu. Porque nosotros no queremos ser una Iglesia Congregacionalista, sino una Iglesia Sinodal. Y seguir adelante en este camino”.

«Dios vio que era bueno» (Gn 1,25). La mirada de Dios, al comienzo de la Biblia, se fija suavemente en la creación. Desde la tierra para habitar hasta las aguas que alimentan la vida, desde los árboles que dan fruto hasta los animales que pueblan la casa común, todo es hermoso a los ojos de Dios, quien ofrece al hombre la creación como un precioso regalo para custodiar.

Trágicamente, la respuesta humana a ese regalo ha sido marcada por el pecado, por la barrera en su propia autonomía, por la codicia de poseer y explotar. Egoísmos e intereses han hecho de la creación —lugar de encuentro e intercambio—, un teatro de rivalidad y enfrentamientos. Así, el mismo ambiente ha sido puesto en peligro, algo bueno a los ojos de Dios se ha convertido en algo explotable en manos humanas. La degradación ha aumentado en las últimas décadas: la contaminación constante, el uso incesante de combustibles fósiles, la intensiva explotación agrícola, la práctica de arrasar los bosques están elevando las temperaturas globales a niveles alarmantes. El aumento en la intensidad y frecuencia de fenómenos climáticos extremos y la desertificación del suelo están poniendo a dura prueba a los más vulnerables entre nosotros. El derretimiento de los glaciares, la escasez de agua, el descuido de las cuencas y la considerable presencia de plásticos y microplásticos en los océanos son hechos igualmente preocupantes, que confirman la urgencia de intervenciones que no pueden posponerse más. Hemos creado una emergencia climática que amenaza seriamente la naturaleza y la vida, incluida la nuestra.

En la raíz, hemos olvidado quiénes somos: criaturas a imagen de Dios (cf. Gn 1,27), llamadas a vivir como hermanos y hermanas en la misma casa común. No fuimos creados para ser individuos que mangonean; fuimos pensados y deseados en el centro de una red de vida compuesta por millones de especies unidas amorosamente por nuestro Creador. Es la hora de redescubrir nuestra vocación como hijos de Dios, hermanos entre nosotros, custodios de la creación. Es el momento de arrepentirse y convertirse, de volver a las raíces: somos las criaturas predilectas de Dios, quien en su bondad nos llama a amar la vida y vivirla en comunión, conectados con la creación.

Por lo tanto, insto a los fieles a que se dediquen en este tiempo a la oración, que a partir de una oportuna iniciativa nacida en el ámbito ecuménico se ha configurado como Tiempo de la creación: un período de oración y acción más intensas en beneficio de la casa común que se abre hoy, 1 de septiembre, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, y finalizará el 4 de octubre, en memoria de san Francisco de Asís. Es una ocasión para sentirnos aún más unidos con los hermanos y hermanas de las diferentes denominaciones cristianas. Pienso, de modo particular, en los fieles ortodoxos que llevan treinta años celebrando esta Jornada. Sintámonos también en profunda armonía con los hombres y mujeres de buena voluntad, llamados juntos a promover, en el contexto de la crisis ecológica que afecta a todos, la protección de la red de la vida de la que formamos parte.

Este es el tiempo para habituarnos de nuevo a rezar inmersos en la naturaleza, donde la gratitud a Dios creador surge de manera espontánea. San Buenaventura, cantor de la sabiduría franciscana, decía que la creación es el primer “libro” que Dios abrió ante nuestros ojos, de modo que al admirar su variedad ordenada y hermosa fuéramos transportados a amar y alabar al Creador (cf. Breviloquium, II,5.11). En este libro, cada criatura se nos ha dado como una “palabra de Dios” (cf. Commentarius in librum Ecclesiastes, I,2). En el silencio y la oración podemos escuchar la voz sinfónica de la creación, que nos insta a salir de nuestras cerrazones autorreferenciales para redescubrirnos envueltos en la ternura del Padre y regocijarnos al compartir los dones recibidos. En este sentido, podemos decir que la creación, red de la vida, lugar de encuentro con el Señor y entre nosotros, es «la red social de Dios» (Audiencia con guías y scouts de Europa, 3 agosto 2019), que nos lleva a elevar una canción de alabanza cósmica al Creador, como enseña la Escritura: «Cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos» (Dn3,76).

Este es el tiempo para reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre cómo nuestra elección diaria en términos de alimentos, consumo, desplazamientos, uso del agua, de la energía y de tantos bienes materiales a menudo son imprudentes y perjudiciales. Nos estamos apoderando demasiado de la creación. ¡Elijamos cambiar, adoptar estilos de vida más sencillos y respetuosos! Es hora de abandonar la dependencia de los combustibles fósiles y emprender, de manera rápida y decisiva, transiciones hacia formas de energía limpia y economía sostenible y circular. Y no olvidemos escuchar a los pueblos indígenas, cuya sabiduría ancestral puede enseñarnos a vivir mejor la relación con el medio ambiente.

Este es el tiempo para emprender acciones proféticas. Muchos jóvenes están alzando la voz en todo el mundo, pidiendo decisiones valientes. Están decepcionados por tantas promesas incumplidas, por compromisos asumidos y descuidados por intereses y conveniencias partidistas. Los jóvenes nos recuerdan que la Tierra no es un bien para estropear, sino un legado que transmitir; esperar el mañana no es un hermoso sentimiento, sino una tarea que requiere acciones concretas hoy. A ellos debemos responder con la verdad, no con palabras vacías; hechos, no ilusiones.

Nuestras oraciones y llamamientos tienen como objetivo principal sensibilizar a los líderes políticos y civiles. Pienso de modo particular en los gobiernos que se reunirán en los próximos meses para renovar compromisos decisivos que orienten el planeta a la vida, en vez de conducirlo a la muerte. Vienen a mi mente las palabras que Moisés proclamó al pueblo como una especie de testamento espiritual antes de entrar en la Tierra prometida: «Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia» (Dt 30,19). Son palabras proféticas que podríamos adaptar a nosotros mismos y a la situación de nuestra Tierra. ¡Así que escojamos la vida! Digamos no a la avaricia del consumo y a los reclamos de omnipotencia, caminos de muerte; avancemos por sendas con visión de futuro, hechas de renuncias responsables hoy para garantizar perspectivas de vida mañana. No cedamos ante la lógica perversa de las ganancias fáciles, ¡pensemos en el futuro de todos!

En este sentido, la próxima Cumbre de las Naciones Unidas para la Acción Climática es de particular importancia, durante la cual los gobiernos tendrán la tarea de mostrar la voluntad política de acelerar drásticamente las medidas para alcanzar lo antes posible cero emisiones netas de gases de efecto invernadero y contener el aumento medio de la temperatura global en 1,5°C frente a los niveles preindustriales, siguiendo los objetivos del Acuerdo de París. En el próximo mes de octubre, una asamblea especial del Sínodo de los Obispos estará dedicada a la Amazonia, cuya integridad está gravemente amenazada. ¡Aprovechemos estas oportunidades para responder al grito de los pobres y de la tierra!

Cada fiel cristiano, cada miembro de la familia humana puede contribuir a tejer, como un hilo sutil, pero único e indispensable, la red de la vida que abraza a todos. Sintámonos involucrados y responsables de cuidar la creación con la oración y el compromiso. Dios, «amigo de la vida» (Sb 11,26), nos dé la valentía para trabajar por el bien sin esperar que sean otros los que comiencen, ni que sea demasiado tarde.

Vaticano, 1 de septiembre de 2019

Francisco

“La Creación es un proyecto del amor de Dios hacia toda la humanidad” El Papa Francisco orienta su intención de oración hacia la protección de los mares y los océanos, “muchos de ellos amenazados hoy por diversas causas”.

Francisco hace un llamado de atención sobre los espacios que “contienen la mayor parte del agua del planeta y también la mayor variedad de seres vivientes”: los mares y océanos. Preocupado por el estado actual de muchos de ellos, pide a todos los católicos que recen y actúen para que los políticos, los científicos y los economistas trabajen juntos en medidas de protección.

Este video se lanza en el marco del Tiempo de la Creación, la celebración anual y global que une a cristianos de todo el mundo. Este año, se desarrollará desde el 1 de septiembre hasta el 4 de octubre.

Plásticos amenazan los océanos

Actualmente, 13 millones de toneladas de plástico se filtran en el océano cada año, lo que provoca, entre otros daños, la muerte de 100 mil especies marinas. La gravedad no reside únicamente en el hecho de que la mayoría de los plásticos quedan intactos durante décadas o siglos después de su uso. Además, aquellos que se deterioran acaban convirtiéndose en microplásticos, que tanto peces como otros animales marinos terminan consumiendo.

Este Video del Papa aborda el grave desafío de proteger los océanos. El fitoplancton oceánico es responsable de la producción de más de la mitad del oxígeno del planeta, por lo que se puede afirmar que los océanos son unos de los pulmones del mundo. Para afrontar la gestión injusta de los mares, hace falta un “enfoque interdisciplinario” que no puede dejar de lado a la persona humana.

Caminemos juntos por un Perú mejor para todos

Los Obispos del Perú, ante la prolongada crisis política y social, y sus efectos en la sociedad y en la economía, manifestamos que urge tomar un camino de diálogo fundado en los principios de unidad, paz, solidaridad y justicia, por ser las bases sólidas y esperanzadoras de una sociedad que mira al futuro y se esfuerza por construir el bien común, pues “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (Vaticano II, Constitución Gaudium et spes 1).

Somos un país de “todas las sangres”, multiétnico y pluricultural, en el cual hay lugar para todos y a todos nos toca trabajar por una vida digna, sobre la base de la interculturalidad, para la plena integración social, desde la realidad de nuestra inmensa, variada y rica geografía, cuyas muchas riquezas debemos saber administrar, priorizando las necesidades de los más empobrecidos y marginados.  

En esta lectura, que no está exenta de las formas de discriminación cultural, étnica y socioeconómica, se vislumbra, sin embargo, una perspectiva esperanzadora que apuesta por los procesos de integración y la construcción de la identidad peruana, a partir del fortalecimiento de las identidades que configuran nuestra patria.

Nos sigue conmocionando la gravedad de los casos de corrupción; sin embargo, alientan nuestra esperanza los avances logrados en los procesos de lucha contra ese virus social que “lo corroe todo” (Papa Francisco). No debemos desmayar en esta tarea que permitirá revertir los costos que ya impactan negativamente en inversiones, educación, salud y bienestar, con mayor incidencia en los más pobres.

Con frecuencia aparece como problemática, la relación entre la seguridad jurídico-económica requerida por las grandes inversiones, como es el caso de la minería, y las demandas ambientales que priorizan la agricultura y la seguridad de las poblaciones vulnerables. Frente a esto, urge encontrar nuevos puntos de equilibrio que tengan como objetivo el bien de todos. Por eso el Estado, las empresas y las organizaciones sociales deben llegar a acuerdos concretos, mediante un diálogo justo y sin violencias de ningún tipo. Los recientes casos emblemáticos de Tía María y otros deben abordarse en esa perspectiva.

Estamos igualmente preocupados por la Amazonía, fuente de vida que abarca dos tercios   de nuestro territorio nacional; su gran biodiversidad y los pueblos originarios que la habitan y cuidan ejemplarmente desde tiempos inmemoriales deben ser atendidos. En ese sentido, esperamos que el Sínodo Panamazónico, convocado por el Papa Francisco, que se realizará en octubre del presente año y que congregará a los obispos de los nueve países amazónicos y representantes de sus comunidades originarias y de la Iglesia Universal, dé importantes aportes para descubrir nuevos caminos para una ecología integral.  

Con la mirada puesta en el bicentenario ya próximo, queremos preguntar a nuestras Autoridades: si afirmamos que amamos nuestra patria, que nos interesa la vida y el futuro de los ciudadanos, especialmente de los más pobres;

  1. ¿Seremos capaces de dar muestras de desprendimiento político, social y económico, a fin de transitar el camino hacia el desarrollo humano integral?
  2. ¿Queremos contribuir al buen entendimiento entre los poderes del Estado, la clase política y la sociedad civil, de modo que prime la ética en la política, por el bien del país?

En este sentido, queremos recordar la responsabilidad del Estado de â€œgarantizar cohesión, unidad y organización a la sociedad civil de la que es expresión” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 168).

Llamamos a la responsabilidad y solidaridad de todos los actores y sectores en estos momentos cruciales que vive el país. La Iglesia continuará caminando al lado de su pueblo, compartiendo su destino, para lograr un Perú mejor para todos, pues la Iglesia “no puede ni debe quedarse al margen de la lucha por la Justicia” (Cfr. Deus Caritas est 28, Benedicto XVI).

Que Dios nuestro Padre, por la intercesión de Santa Rosa de Lima, nos ilumine para caminar a la luz del Evangelio como la Madre de Cristo, siempre atentos para responder a las necesidades de los más humildes de nuestro Perú.

Lima 26 de agosto 2019

Los Obispos del Perú

«El Señor no nos reconocerá por nuestros títulos, sino por una vida humilde y buena, una vida de fe que se traduce en obras», comentó el Papa Francisco este domingo a la hora del Ángelus, reflexionando sobre el Evangelio del día, Lucas 13, 22-30.

El Sumo Pontífice señaló que la respuesta de Jesús, no se enfoca en la “cantidad” sino en la “responsabilidad”, con lo que nos invita a “usar el bien”, en el tiempo presente. En efecto, el Maestro dice: «Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán» (v. 24).

Las palabras de Jesús, hacen comprender que “no se trata de una cuestión de número”, pues “no hay ‘número cerrado’ en el Paraíso”. Se trata, dijo Francisco, de atravesar desde ahora el pasaje correcto, que está ahí para todos, pero es estrecho:

«Este es el problema. Jesús no quiere ilusionarnos diciendo: “Sí, tranquilos, es fácil, hay una hermosa carretera y en el fondo una gran puerta…”. No, Jesús nos dice esto: nos habla de la puerta estrecha. Nos dice las cosas como son: el pasaje es estrecho. ¿En qué sentido? En el sentido de que para salvarse uno debe amar a Dios y al prójimo, ¡y esto no es cómodo! Es una “puerta estrecha” porque es exigente, el amor es exigente siempre, requiere compromiso, más aún, esfuerzo, es decir, una voluntad firme y perseverante de vivir según el Evangelio. San Pablo la llama “la buena batalla de la fe”. Se necesita el esfuerzo de todos los días, de todo el día para amar a Dios y al prójimo».

El Señor no reconocerá a los “operadores de injusticia”

Ahondando en la parábola narrada por Jesús a estos hombres, el Santo Padre explicó que hay un “dueño” de una casa que “representa al Señor”, y su casa “simboliza la vida eterna, la salvación”:

«Aquí vuelve la imagen de la puerta. Jesús dice: “En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Y él les responderá: ‘No sé de dónde son ustedes’”.».

Estas personas, “tratarán de ser reconocidas», recordando al propietario que han comido y bebido con él y que han escuchado sus consejos, sus enseñanzas en público. Pero el Señor repetirá que no los conoce y los llama «agentes de injusticia”. “Este es el problema”, señaló Francisco. Pues, “el Señor nos reconocerá no por nuestros títulos, – mira, Señor, que yo pertenecía a aquella asociación, que era amigo de aquel monseñor, de tal cardenal, de tal sacerdote…’, no. Los títulos no cuentan. El Señor nos reconocerá solo por una vida humilde, una vida buena, una vida de fe que se traduce en obras”.

Luchar contra todas las formas de maldad e injusticia

El obispo de Roma concluyó señalando el significado que esto tiene para nosotros los cristianos. Y es que estamos llamados a establecer una verdadera comunión con Jesús “orando, yendo a la iglesia, acercándonos a los Sacramentos y nutriéndonos con su Palabra”.

«Esto nos mantiene en la fe, alimenta nuestra esperanza, reaviva la caridad. Y así, con la gracia de Dios, podemos y debemos prodigar nuestras vidas por el bien de nuestros hermanos y hermanas, luchando contra todas las formas de maldad e injusticia».

Durante el rezo mariano del Ángelus, el Papa Francisco se mostró bastante preocupado ante los incendios que se vienen desarrollando en la región amazónica durante los últimos días, y pidió rezar para que, con el compromiso de todos, puedan ser domados lo antes posible.

“Estamos todos preocupados por los grandes incendios que se han desarrollado en el Amazonas. Recemos para que, con el compromiso de todos, puedan ser domados lo antes posible. Ese pulmón de bosques es vital para nuestro planeta”, comentó el Sumo Pontífice.

El mundo sufre junto con el Amazonas

En Latinoamérica la Iglesia Católica ha expresado su sentir acerca de este desastre natural mediante la publicación de diversos comunicados, entre los que destacan el del Consejo Episcopal Latinoamericano que pidió con urgencia “a los gobiernos de los países amazónicos, especialmente de Brasil y Bolivia, a las Naciones Unidas y a la comunidad internacional a tomar serias medidas para salvar al pulmón del mundo. Lo que le pasa al Amazonas no es un asunto solo local sino de alcance global”.

Medidas serias y urgentes por parte de los gobiernos

Por su parte, los obispos brasileños manifestaron la urgencia de que “a los gobiernos de los países amazónicos, especialmente de Brasil y Bolivia, a las Naciones Unidas y a la comunidad internacional a tomar serias medidas para salvar al pulmón del mundo. Lo que le pasa al Amazonas no es un asunto solo local sino de alcance global”.

Unir esfuerzos en el compromiso

En México, los obispos también se pronunciaron e hicieron un llamado a “unir esfuerzos en el compromiso”: “El desastre en la Amazonía nos recuerda que nuestro territorio está en peligro, ya que en nuestra Casa Común todo está interconectado. Es urgente que en el consenso de las naciones se tomen decisiones que corrijan las actitudes egoístas y destructivas emergidas del modelo económico tecnocrático, pero que también cada uno de los habitantes de esta Casa Común asumamos con seriedad compromisos y prácticas que protejan el Medio Ambiente”.

Hay que actuar rápidamente

La secretaria general de la Conferencia Episcopal Boliviana, otro de los países afectados directamente por el desastre, se dirigió al gobierno de su país para solicitar que declare a la región amazónica como: “zona de desastre nacional y que no se excluya incluso el acudir a la ayuda internacional”.

Mientras que los obispos de Paraguay expresaron que “este desastre natural no debe ser minimizado” e hicieron énfasis en que esto “debe alertarnos a actuar rápidamente como Latinoamérica y como país vecino”.

«Probablemente los pueblos amazónicos originarios nunca hayan estado tan amenazados en su territorio como lo están ahora”, ya lo había adelantado Francisco durante su visita a Puerto Maldonado en 2018. Un año después, el mayor pulmón que tiene nuestro mundo arde sin control y está más expuesto que nunca.

Con una gran diversidad de flora y fauna, la selva amazónica absorbe millones de toneladas de las emisiones de carbono del mundo, lo que la convierte en una de las herramientas más importantes que tenemos contra el cambio climático. Pese a a ello, humanidad parece no tomar conciencia de su importancia, y cada año vemos cómo se va reduciendo su territorio debido a la deforestación, la explotación desmedida de sus recursos, y recientemente, los incendios forestales.

Incendios forestales en incremento

Los incendios forestales siempre han sido un enemigo difícil de combatir, ya sea por su tardía detección, por su rápida propagación o por la imposibilidad de accesos a los sitios afectados. Solo en lo que va del año, el territorio amazónico ha sido testigo de al menos 72,850 incendios forestales, un incremento del 80% en comparación al año anterior, pero lo más preocupante es que más de nueve mil de estos incendios han empezado en los últimos días.

Esta catástrofe afecta a 5,5 millones de kilómetros cuadrados que albergan una cuarta parte de las especies de la Tierra, es decir, 30.000 tipos de plantas, 2.500 especies de peces, 1.500 de aves, 500 de mamíferos, 550 de reptiles y 2,5 millones de insectos.

Fuego y humo: la amenaza actual

Pero esta no es la única amenaza: muchas comunidades indígenas y culturas ancestrales en peligro de extinción están a punto de perderlo todo. Las pérdidas que hoy sufrimos tendrán un alto costo: deberán pasar muchos años para recuperar la biodiversidad.

“La amazonia, además de ser una reserva de biodiversidad, es también una reserva de cultura que debe preservarse”

Papa Francisco en Puerto Maldonado РPer̼

Por si fuera poco, la expansión de humo generado por la magnitud de los incendios atenta contra la salud de los pueblos y comunidades cercanas. A pesar de que el fuego no ha llegado a la frontera peruana, algunas zonas de la región Madre de Dios se están viendo afectadas por la contaminación del aire que ingresa a través de la cuenca amazónica.

Crisis ambiental que se genera desde las ciudades

Muchos de los problemas que hoy se tienen a nivel ecológico, y sobre todo en la región amazónica, son generados en las ciudades. Nuestra acelerada vida de consumo es la principal fuente del calentamiento y destrucción masiva de la naturaleza, por lo que estamos llamados a tomar una mayor conciencia sobre nuestra manera de vivir para ayudar a la naturaleza que tanto nos necesita.

Tenemos la tarea de «repensar nuestra ciudad», como bien lo señala nuestro Arzobispo de Lima, Mons. Carlos Castillo, «repensar nuestra manera de vivir el cristianismo en las ciudades en función de aquello que está siendo destruido, y de las personas y pueblos que están siendo destruidos por obra de nuestro calentamiento”.

En el marco del Día Mundial Humanitario, las Naciones Unidas saludó a todas las personas que se encargan de trabajar en la ayuda humanitaria, recordando a la población el apoyo necesario para ayudar a los afectados por las crisis mundiales.

Este año, el Papa Francisco ha querido dedicar un mensaje vía twitter a todas las mujeres que se encargan de realizar acciones en favor de los más vulnerados por las crisis que tienen lugar en diferentes partes del mundo: 

El importante papel de la mujer

Karin Manente es uno de los trabajadores nombrados por el Papa, la líder brasileña, cuyo primer contacto con los afectados por el ciclón Idai en Mozambique marcó su papel como directora del Programa Mundial de Alimentos, en el país.

«Creemos que en nuestra respuesta es importante aprovechar y poner en primer plano el papel de la mujer. Esto se basa en el hecho de que tienen un papel fundamental en la sociedad, y también en la cuestión de la lucha contra el hambre. Así, por ejemplo, a nivel de las comunidades donde interactuamos, trabajamos con las comunidades, sus líderes y nuestra contraparte del gobierno para poner a las mujeres a la vanguardia».

El fenómeno natural causó cientos de muertes y afectó a más de 1,8 millones de personas cuando pasó por Mozambique en marzo.

Las mujeres en primera línea

El Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, también se pronunció en un video sobre la fecha donde dijo que «las mujeres en las acciones humanitarias están en primera línea” desde el apoyo a los civiles hasta la actuación ante los brotes de enfermedades.

Para Guterres, la presencia de la mujer es indispensable ya que «hace más eficaces las operaciones de socorro, aumentando su alcance. También mejora la respuesta humanitaria a la violencia de género, que aumenta durante las emergencias”

La organización de las Naciones Unidas, reafirma «el compromiso de fortalecer el papel de la mujer en las operaciones humanitarias» y para esto, una de las actividades que realiza es impulsar el intercambio de experiencias usando el hashtag #WomenHumanitarians, en los medios sociales.

Guterres dijo que los líderes mundiales y todas las partes en los conflictos, deben garantizar que los trabajadores humanitarios estén protegidos contra todo daño, tal como lo exige el derecho internacional y destaca que a pesar de los esfuerzos, las graves violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos continúan en todo el mundo y hace un llamamiento para que sean investigadas y enjuiciadas.

Arriesgarse en favor del prójimo

Desde el 19 de agosto de 2003, más de 4.500 trabajadores humanitarios han sido asesinados, heridos, detenidos, secuestrados o impedidos de cumplir con sus obligaciones de salvar vidas. Las Naciones Unidas estiman que un promedio de 280 trabajadores de este sector sufre ataques cada año, cifra que corresponde a cinco víctimas por semana.

El año pasado se produjo el segundo mayor número de ataques contra trabajadores humanitarios, con 405 empleados atacados, 131 muertos, 144 heridos y 130 secuestrados. En 2018 se produjeron un total de 226 incidentes.

Con un prefacio de su puño y letra, el Santo Padre presenta un libro editado por la LEV que recoge cinco años de reflexión sobre el trabajo de miles de asociaciones que luchan por un estilo de desarrollo justo e inclusivo.

El profundo valor y los desafíos de cientos de asociaciones sociales que luchan contra la exclusión en el mundo es el tema central de la presentación que el Papa Francisco ha escrito para el libro “La irrupción de los Movimientos Populares: Rerum novarum de nuestro tiempo”. Esta publicación de la Libreria Editrice Vaticana, preparada por la Pontificia Comisión para América Latina, será presentada en septiembre.

Para este volumen han dado una especial y valiosa contribución diversas personas – estudiosos, expertos, periodistas, eclesiásticos – coordinados por G. Carriquirry. Los textos son de Gianni La Bella, padre Michael Czerny, cardenal Peter Turkson, el sociólogo italiano Thomas Leoncini y el mexicano Rodrigo Gerra.

Presentación del libro:
“La irrupción de los movimientos populares. Rerum Novarum de nuestro tiempo”

Estoy particularmente gozoso de dar la salida a este volumen, fruto de la reflexión a más voces, de un grupo de estudiosos de distintas extracciones y competencias, que han hecho una relectura de la experiencia de los llamados «Movimientos Populares», reconstruyendo la génesis, los eventos, el desarrollo y el significado que este ciclo de encuentros ha tenido. Un evento de verdad inédito en la historia reciente de la Iglesia, sobre el cual es útil volver.

Este archipiélago de grupos, asociaciones, movimientos, trabajadores precarios, familias sin techo, campesinos sin tierra, ambulantes, limpia-vidrios de los semáforos, artesanos de la calle, representantes de un mundo de pobres, de excluidos, de los no considerados, de irrelevantes, que tienen olor “a barrio, a pueblo, a lucha” representan, en el panorama de nuestro mundo contemporáneo, una semilla, un renuevo que como el grano de mostaza dará mucho fruto: la palanca de una gran transformación social.

El futuro de la humanidad “no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio” [1].

Este pueblo de pequeños que he definido como “poetas sociales”, hombres de la periferia, de una vez al centro, como es bien narrado en el volumen, con su propio bagaje de luchas desiguales y de sueños de resistencia, han venido a poner en la presencia de Dios, de la Iglesia y de los pueblos, una realidad muchas veces ignorada, que gracias al protagonismo y la tenacidad de su testimonio, ha salido a la luz. Pobres que no se han resignado a sufrir en la propria carne de su vida la injusticia y el despojo sino que han escogido, como Jesús, dócil y humilde de corazón, de rebelarse pacíficamente “a manos desnudas” contra ello. Los pobres no son solamente los destinatarios preferidos de la acción de la Iglesia, los privilegiados de su misión, sino que también son sujetos activos. Por eso tenía la intención de expresar, a nombre de la Iglesia, a esta galaxia de hombres y asociaciones, que anhela la felicidad del “vivir bien” y no de aquel ideal egoísta de la “buona vida”, mi genuina solidaridad. Decidiendo acompañarlos en su caminar autónomo. Esta red de movimientos transnacionales, transculturales y de diversas culturas religiosas representa una expresión histórica tangible, en el modelo poliédrico [2] donde a la base se encuentra un diverso paradigma social, el de la cultura del encuentro. Una cultura que tiene que ver con el otro, el diverso a sí.

De la lectura de este volumen, que espero que ayude a tantos a comprender en profundidad, a dar mayor luz y significado al valor de estas experiencias, quiero brevemente subrayar algunos aspectos que me parecen importantes, en la esperanza que las palabras que les he dirigido a ellos hayan contribuido a solicitar en las conciencias de quienes rigen los destinos de este mundo, un renovado sentido de humanidad y de justicia, a mitigar las condiciones hostiles en las que los pobres viven en el mundo.

Los Movimientos Populares, y esto es lo primero que quiero subrayar, en mi opinión representan una gran alternativa social, un grito profundo, un signo de contradicción, una esperanza de que “todo puede cambiar”. En su deseo de no uniformarse en ese sentido único centrado sobre la tiranía del dinero, mostrando con su vida, con su trabajo, con su testimonio, con su sufrimiento que es posible resistir, actuando con coraje buenas decisiones y a contracorriente. Me gusta imaginar este archipiélago de “descartados” del sistema, que está comprometiendo al planeta entero, como “centinelas” que — aún en lo obscuro de la noche — escrutan con esperanza un futuro mejor.

El momento que estamos viviendo está caracterizado por un escenario inédito en la historia de la humanidad, que he tratado de describir a través de una expresión sintética: “más que como una época de cambios, como un cambio de época”, que es necesario comprender. Una de la manifestaciones más evidentes de esta mutación es la crisis transnacional de la democracia liberal, fruto de la transformación humana y antropológica, producto de la “globalización de la indiferencia”, a la que he aludido tantas veces, ha generado un “nuevo idolo”: el del miedo y la seguridad, de donde hoy uno de los signos más tangibles es la familiaridad que tantos tienen con las armas y la cultura del desprecio, característica de nuestra época, que un notorio histórico de nuestro tiempo ha definido como: “la edad de la rabia”. El miedo es hoy el medio de manipulación de las civilizaciones, el agente creador de xenofobias y de racismo. Un terror sembrado en las periferias del mundo, con saqueos, opresiones e injusticias, que explota como hemos visto en nuestro pasado reciente también en los centros del mundo Occidental.

Los Movimientos Populares pueden representar una fuente de energía moral, para revitalizar nuestras democracias, cada vez más claudicantes, amenazadas y puestas en mesa de discusión en innumerables factores. Una reserva de “pasión civil”, de “interés gratuito por el otro”, capaz de regenerar un renovado sentido de participación, en la construcción de nuevos agregados sociales que afronten la solicitud, mostrando una conciencia más positiva del otro. El antídoto al populismo y a la política-espectáculo está en el protagonismo de los ciudadanos organizados, en particular de aquellos que crean – como lo es en el caso de tantas experiencias presentes en los Movimientos – en su cotidianeidad, fragmentos de otros mundos posibles que luchan por sobrevivir a la oscuridad de la esclusión, de donde “crecerán árboles grandes, surgirán bosques tupidos de esperanza para oxigenar este mundo”. [3] Los Movimientos Populares expresan cómo la “fuerza del nosotros” sea la respuesta a la “cultura del yo” que mira únicamente a la satisfacción de los propios intereses, cultivando – a pesar de su propia precariedad – el sueño de un mundo distinto y más humano.

El crecimiento de las desigualdades, ahora globalizadas y transversales – y no solamente, económicas, sino sociales, cognitivas, relacionales e intergeneracionales -, es reconocido unánimemente como uno de los más graves desafíos con los cuales la humanidad tendrá que medirse en las próximas décadas. Fruto de una economía cada vez más separada de la ética, que privilegia el lucro y estimula la competencia, provocando una concentración de poder y de riqueza, que excluye y que pone a la puerta como “al pobre Lázaro” a miles de millones de hombres y mujeres. El “presente” para millones de personas es hoy una condena, una prisión, marcada por la pobreza, por el despojo, por la falta de trabajo, pero sobre todo por la ausencia de futuro. Un infierno al debemos ponerle fin.

En este sentido, los Movimientos Populares, – con su “resiliencia” – representan una resistencia activa y popular a este sistema indolátrico, que excluye y que degrada, y con su experiencia cuentan cómo la rivalidad, la envidia y la opresión no son necesariamente agentes de crecimiento, mostrando – por el contrario – que también la concordia, la gratuidad y la igualdad pueden hacer crecer el producto interno bruto.

Las tres T

El derecho a las “tres T”: tierra, techo, trabajo, derechos inalienables y fundamentales, representan los prerequisitos indispensables de una democracia no solo formal, sino real, en la cual todos los hombres, independientemente de su ingreso o de su posición en la escala social, son protagonistas activos y responsables, actores del propio destino. Sin participación, como algunos ensayistas contenidos en este libro han argumentado bien, la democracia se atrofia, llega a ser una formalidad porque deja fuera al pueblo de la construcción de su propio destino.

Quiero empeñar una palabra sobre la tercera de estas «T», que según la Doctrina social de la Iglesia es un derecho sagrado. En los últimos años el mundo del trabajo ha cambiado vertiginosamente. Las recaídas antropológicas de estas transformaciones son profundas y radicales, y sus efectos no son del todo claros. Estoy convencido desde hace tiempo que en el mundo postindustrial no hay futuro para una sociedad en la que solamente existe el “dar para tener” o el “dar por deber”.

Se trata “de crear una nueva via de salida a la sofocante alternativa entre las tesis neoliberales y las neoestatales. Los Movimientos Populares son, en este sentido, un testimonio concreto, tangible, que muestra que es posible contrastar la cultura del descarte, que considera a los hombres, mujeres, infantes y ancianos como excedencias inútiles — y muchas veces dañinas — del proceso productivo, a través de generar nuevas formas de trabajo, centradas en la solidaridad y la dimensión comunitaria, en una economía artesanal y popular. Por todo esto he decidido unir mi voz y de sostener la causa de tantos que realizan los oficios más humildes — las más de las veces, privados del derecho de remuneración digna de la seguridad social y de una cobertura de pensiones —. En este estado de parálisis y desorientación la participación política de los Movimientos Populares puede vencer a la políitica de los falsos profetas, que explotan el miedo y la desesperación y que predican un bienestar egoísta y una seguridad ilusoria.

Todo cuanto les he dicho a ellos, como bien demuestra este volumen, está en plena sintonía con la Doctrina social de la Iglesia y con el Magisterio de mis predecesores. Espero, en este sentido, que la publicación de este libro sea un modo para continuar — aunque sea a la distancia — a reforzar estas experiencias, que anticipan con sus sueños y con sus luchas, la urgencia de un nuevo humanismo, que ponga fin al analfabetismo de compasión y al progresivo eclipse de la cultura y de la noción de bien común.

Francisco

  • [1] Encuentro con los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, 9 de julio de 2015.
  • [2] Evangelii Gaudium.
  • [3] Encuentro con los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, 9 de Julio de 2015.