Tag

vaticabecera

Browsing

La Obispos de la Selva Peruana ante el COVID-19, en un comunicado instan al gobierno, en coordinación con las organizaciones indígenas y populares, a establecer una estrategia sanitaria de emergencia adecuada a la realidad indígena y rural de la Amazonía, la cual deberá tener en cuenta la diversidad cultural, heterogeneidad existente y los saberes indígenas.

En un comunicado, los obispos de la región amazónica Peruana reconocen el esfuerzo que realiza el gobierno hacia los más vulnerables, pero constatan que aún muchos pobres no han “sido beneficiados”, sobre todo los de la región amazónica, la población “más indefensa ante esta pandemia”.

Los pueblos originarios, se lee en el comunicado, tienen niveles de desnutrición más altos que el resto de la población nacional; además, existe un creciente aumento de enfermos de diabetes e hipertensión. Los obispos señalan, además, que en los últimos años y producto de la pobreza cada vez mayor en las zonas rurales, miles de ellos han migrado, “viven hacinados en las periferias de las ciudades y son víctimas de la exclusión por parte del Estado con una deficiente cobertura sanitaria, la cual se hace más evidente ante esta pandemia”.

Muchos indígenas amazónicos, fueron a laborar temporalmente a regiones agrícolas de la costa, y “ahora pugnan por regresar a sus comunidades porque ya no tienen ingresos económicos y están padeciendo condiciones extremas de falta de alimentos y recursos mínimos para su sobrevivencia”. Los obispos piden al gobierno que los apoyen para el regreso a sus comunidades cumpliendo las medidas restrictivas contra el coronavirus.

Es urgente, afirman, que el gobierno aplique una “una estrategia sanitaria de emergencia adecuada a la realidad indígena y rural de la Amazonía, la cual deberá tener en cuenta la diversidad cultural, heterogeneidad existente y los saberes indígenas”, y asegurarles alimentos y productos de higiene y limpieza para afrontar la pandemia.

Por último, los prelados animan al pueblo de Dios, a fortalecer la Iglesia doméstica en cada hogar. Y a vivir este tiempo pascual siendo más solidarios con los vulnerables y cumpliendo las disposiciones decretadas para combatir el Covid19.  Para asistir a los contagiados, la Iglesia ha cedido al gobierno sus espacios físicos, Cáritas vicariales y parroquiales, ofreciendo además recursos humanos y económicos para aliviar esta crisis.

“La Cuaresma no es el momento de derramar moralismos inútiles sobre la gente, sino de reconocer que nuestras miserables cenizas son amadas por Dios”. Palabras del Papa Francisco este miércoles de ceniza, desde la Basílica de Santa Sabina, en Roma. “Las cenizas recuerdan dos caminos: el camino de nuestra existencia, del polvo a la vida. Y el camino opuesto, que va de la vida al polvo”.

Esta tarde, Francisco celebró desde la Iglesia de San Anselmo en el Monte Aventino de Roma, la “liturgia de las estaciones” seguida de la procesión penitencial hacia la basílica de Santa Sabina, donde presidió la Santa Misa, con el rito de la bendición y la imposición de las cenizas. El tiempo de Cuaresma, dijo es un tiempo de gracia, para acoger la mirada amorosa de Dios sobre nosotros y, de esta manera, cambiar nuestras vidas. Estamos en este mundo para caminar de las cenizas a la vida:

“La Cuaresma se empieza recibiendo las cenizas: “Acuérdate que eres polvo, y al polvo volverás”. El polvo en nuestras cabezas nos devuelve a la tierra, afirmó el Papa, nos recuerda que venimos de la tierra y que volveremos a la tierra. Somos débiles, frágiles, mortales. A lo largo de siglos y milenios estamos de paso, frente a la inmensidad de las galaxias y el espacio somos diminutos. Somos polvo en el universo”.

Francisco nos pide que no convirtamos en polvo la esperanza, no incineremos el sueño que Dios tiene sobre nosotros. Porque Él puede convertir en gloria el polvo del mundo “descristianizado”

Somos el polvo amado por Dios, dijo el Papa y recordó que el Señor ha amado recoger nuestro polvo en sus manos y “soplar en ellas su aliento de vida”. Por eso somos polvo destinado a vivir para siempre. Somos la tierra sobre la que Dios ha vertido su cielo, el polvo que contiene sus sueños. Somos la esperanza de Dios, su tesoro, su gloria.

Las cenizas recuerdan dos caminos:

El camino de nuestra existencia, del polvo a la vida. Y el camino opuesto: que va de la vida al polvo:

Del polvo a la vida, porque somos polvo, tierra, arcilla, pero si nos dejamos moldear por las manos de Dios nos convertimos en una maravilla. Sin embargo, a menudo, especialmente en las dificultades y la soledad, sólo vemos nuestro polvo. Pero el Señor nos anima, dijo el Santo Padre, porque lo poco que somos tiene un valor infinito ante sus ojos. Nacemos para ser amados, nacemos para ser hijos de Dios.

La ceniza que recibimos en nuestras cabezas sacude los pensamientos en nuestras mentes, dijo el Papa, y ante la pregunta negativa que surge: “¿Para qué vivo?”, el Papa dijo, si cada uno de nosotros vive por las cosas del mundo que pasan, volvemos al polvo, negamos aquello que Dios ha hecho en nosotros.

“Si vivo sólo para traer a casa un poco de dinero y divertirme, para buscar un poco de prestigio, hacer una pequeña carrera, vivo en el polvo. Si juzgo mal la vida sólo porque no se me da suficiente consideración o no recibo de los demás lo que creo que merezco, sigo todavía mirando el polvo. No estamos en el mundo para eso. Valemos mucho más, vivimos para mucho más: para realizar el sueño de Dios, para amar”.

Somos ciudadanos del cielo y el amor a Dios y el prójimo es nuestro pasaporte

Las cenizas se depositan en nuestras cabezas para que el fuego del amor se encienda en nuestros corazones, dijo el Pontífice, porque somos ciudadanos del cielo y el amor a Dios y al prójimo es nuestro pasaporte al cielo. Los bienes terrenales que poseemos no nos servirán, son polvo que se desvanecen, pero el amor que damos – en la familia, en el trabajo, en la Iglesia, en el mundo – nos salvará, permanecerá para siempre.

“Las cenizas que recibimos nos recuerdan un segundo camino, el camino opuesto, aquel que va de la vida al polvo. Miramos a nuestro alrededor y vemos el polvo de la muerte”.

Vidas reducidas a cenizas, señaló el Papa, escombros, destrucción, guerra. Vidas de pequeños inocentes no bienvenidos, vidas de pobres rechazados, vidas de ancianos desechados. Seguimos destruyéndonos, volviéndonos polvo. ¡Y cuánto polvo hay en nuestras relaciones!, afirmó, miramos en nuestras casas, en nuestras familias, peleas, incapacidad de apaciguar los conflictos. Es difícil para cada uno de nosotros, señaló,  pedir disculpas, perdonar, volver a empezar. Mientras, dijo, que tan fácilmente reclamamos nuestros espacios y nuestros derechos.  

“Hay mucho polvo que ensucia el amor y destruye la vida. Incluso en la Iglesia, la casa de Dios, hemos permitido que se asiente tanto polvo, el polvo de la mundanidad”.

Francisco pidió que no ahoguemos el fuego de Dios con las cenizas de la hipocresía. El Señor pide hacer obras de caridad, rezar y ayunar, sin fingir, sin dobles intenciones. Sin buscar la aprobación de otros, sin impactar o satisfacer nuestro ego.

“¡Cuántas veces nos proclamamos cristianos y en el corazón cedemos a las pasiones que nos hacen esclavos! ¡Cuántas veces predicamos una cosa y hacemos otra! ¡Cuántas veces nos mostramos buenos por fuera y guardamos rencor por dentro! Cuánta dualidad hay en nuestros corazones… Es polvo que ensucia, cenizas que sofocan el fuego del amor”.

Para limpiarnos del polvo depositado en nuestros corazones, Francisco dijo que hay que dejarnos reconciliar con Dios. Porque la santidad no es tarea nuestra, es gracia. Porque por nuestra cuenta no somos capaces de quitar el polvo que ensucia nuestros corazones. Porque sólo Jesús, que conoce y ama nuestro corazón, puede curarlo. La Cuaresma es un tiempo de curación.

Entonces, debemos hacer dos pasos dijo el Papa: el primero, del polvo a la vida, ponernos delante del Crucificado y repetir: “Jesús, tú me amas, transfórmame…”.  Y después de haber aceptado su amor, después de haber llorado delante de este amor, hacer el segundo paso, para no recaer de la vida al polvo. Uno recibe el perdón de Dios, en la Confesión, porque allí el fuego del amor de Dios consume las cenizas de nuestro pecado. El abrazo del Padre en la Confesión nos renueva por dentro, limpia nuestros corazones. Reconciliémonos para vivir como hijos amados, como pecadores perdonados, como enfermos curados, como caminantes acompañados. Dejémonos amar para amar. Dejémonos levantarnos, caminar hacia la meta, la Pascua. Tendremos la alegría de descubrir que Dios nos resucita de nuestras cenizas.

Tuvo lugar este lunes, 24 de febrero, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede la conferencia de presentación del Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2020, cuyo título es: «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20).

“Invoco la intercesión de la Bienaventurada Virgen María sobre la próxima Cuaresma, para que escuchemos el llamado a dejarnos reconciliar con Dios, fijemos la mirada del corazón en el Misterio pascual y nos convirtamos a un diálogo abierto y sincero con el Señor. De este modo podremos ser lo que Cristo dice de sus discípulos: sal de la tierra y luz del mundo”, lo escribe el Papa Francisco en su Mensaje para la Cuaresma 2020, cuyo título es: «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20) y que fue presentado este lunes, 24 de febrero, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Volver continuamente a este Misterio, con la mente y el corazón

En su Mensaje, firmado en San Juan de Letrán el pasado 7 de octubre, Memoria de Nuestra Señora del Rosario, el Santo Padre propone cuatro puntos de reflexión: el Misterio pascual, fundamento de la conversión; la urgencia de conversión; la apasionada voluntad de Dios de dialogar con sus hijos; y una riqueza para compartir, no para acumular sólo para sí mismo, con el fin de “prepararnos a celebrar con el corazón renovado el gran Misterio de la muerte y resurrección de Jesús, fundamento de la vida cristiana personal y comunitaria. Debemos volver continuamente a este Misterio, con la mente y con el corazón”.

De hecho, este Misterio no deja de crecer en nosotros en la medida en que nos dejamos involucrar por su dinamismo espiritual y lo abrazamos, respondiendo de modo libre y generoso

El Misterio pascual, fundamento de la conversión

Un primer punto que destaca el Papa Francisco en su Mensaje es que, “la alegría del cristiano brota de la escucha y de la aceptación de la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesús: el kerygma”. Quien cree en este anuncio, afirma el Pontífice, rechaza la mentira de pensar que somos nosotros quienes damos origen a nuestra vida, mientras que en realidad nace del amor de Dios Padre, de su voluntad de dar la vida en abundancia. En cambio, si preferimos escuchar la voz persuasiva del «padre de la mentira» corremos el riesgo de hundirnos en el abismo del sinsentido, experimentando el infierno ya aquí en la tierra, como lamentablemente nos testimonian muchos hechos dramáticos de la experiencia humana personal y colectiva. Por eso, en esta Cuaresma 2020, el Papa quiere dirigir a todos los cristianos lo que ya escribió a los jóvenes en la Exhortación Apostólica Christus vivit, es decir, «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. […] Así podrás renacer, una y otra vez».

La Pascua de Jesús no es un acontecimiento del pasado: por el poder del Espíritu Santo es siempre actual y nos permite mirar y tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren

Urgencia de conversión

Otro aspecto importante que invita el Obispo de Roma a contemplar más a fondo es el Misterio pascual, por el que hemos recibido la misericordia de Dios. “La experiencia de la misericordia, efectivamente – escribe el Pontífice – es posible sólo en un «cara a cara» con el Señor crucificado y resucitado «que me amó y se entregó por mí». Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Por eso la oración es tan importante en el tiempo cuaresmal”. La oración, señala el Papa, más que un deber, nos muestra la necesidad de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene. De hecho, el cristiano reza con la conciencia de ser amado sin merecerlo. “La oración – precisa el Pontífice – puede asumir formas distintas, pero lo que verdaderamente cuenta a los ojos de Dios es que penetre dentro de nosotros, hasta llegar a tocar la dureza de nuestro corazón, para convertirlo cada vez más al Señor y a su voluntad”.

Cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotros. No dejemos pasar en vano este tiempo de gracia, con la ilusión presuntuosa de que somos nosotros los que decidimos el tiempo y el modo de nuestra conversión a Él

La apasionada voluntad de Dios de dialogar con sus hijos

Este tiempo de Cuaresma, indica el Papa Francisco, es un tiempo favorable para nuestra conversión y nunca debemos darlo por supuesto. Esta nueva oportunidad debería suscitar en nosotros un sentido de reconocimiento y sacudir nuestra modorra. “A pesar de la presencia – a veces dramática, afirma el Pontífice – del mal en nuestra vida, al igual que en la vida de la Iglesia y del mundo, este espacio que se nos ofrece para un cambio de rumbo manifiesta la voluntad tenaz de Dios de no interrumpir el diálogo de salvación con nosotros”. Ese diálogo, precisa el Papa, que Dios quiere entablar con todo hombre, mediante el Misterio pascual de su Hijo, no es como el que se atribuye a los atenienses, los cuales «no se ocupaban en otra cosa que en decir o en oír la última novedad» (Hch 17,21).

Este tipo de charlatanería, dictado por una curiosidad vacía y superficial, caracteriza la mundanidad de todos los tiempos, y en nuestros días puede insinuarse también en un uso engañoso de los medios de comunicación

Una riqueza para compartir, no para acumular sólo para sí mismo

Hacia el final de su Mensaje, el Santo Padre recuerda que, poner el Misterio pascual en el centro de la vida significa sentir compasión por las llagas de Cristo crucificado presentes en las numerosas víctimas inocentes de las guerras, de los abusos contra la vida tanto del no nacido como del anciano, de las múltiples formas de violencia, de los desastres medioambientales, de la distribución injusta de los bienes de la tierra, de la trata de personas en todas sus formas y de la sed desenfrenada de ganancias, que es una forma de idolatría. “Compartir con caridad hace al hombre más humano – afirma el Papa – mientras que acumular conlleva el riesgo de que se embrutezca, ya que se cierra en su propio egoísmo”.

Hoy sigue siendo importante recordar a los hombres y mujeres de buena voluntad que deben compartir sus bienes con los más necesitados mediante la limosna, como forma de participación personal en la construcción de un mundo más justo

Hacia una economía más justa e inclusiva

Finalmente, el Papa Francisco señala que, “podemos y debemos ir incluso más allá, considerando las dimensiones estructurales de la economía”. Por este motivo, en la Cuaresma de 2020, del 26 al 28 de marzo, he convocado en Asís a los jóvenes economistas, empresarios y change-makers, con el objetivo de contribuir a diseñar una economía más justa e inclusiva que la actual. Como ha repetido muchas veces el magisterio de la Iglesia, la política es una forma eminente de caridad (cf. Pío XI, Discurso a la FUCI, 18 diciembre 1927). También lo será el ocuparse de la economía con este mismo espíritu evangélico, que es el espíritu de las Bienaventuranzas.

Vivir los mandamientos de la Ley de Dios como un instrumento de libertad, que nos ayuda a no ser esclavos de las pasiones y el pecado. La gente que hace las guerras no sabe dominar sus propias pasiones. Con estas palabras el Papa Francisco dedicó su alocución previa al rezo mariano de este domingo.

El Papa dedicó su alocución previa al rezo mariano sobre el Evangelio de hoy, que habla del  “Sermón de la Montaña” y del cumplimiento de la Ley. Jesús quiere ayudar a sus oyentes a tener un acercamiento justo con las prescripciones de los Mandamientos dados a Moisés, exhortándolos a estar disponibles para Dios que nos educa a la verdadera libertad y responsabilidad a través de la Ley. 

Cuando cedemos a las tentaciones y pasiones, no somos señores y protagonistas de nuestra propia vida, sino que nos volvemos incapaces de manejarla con voluntad y responsabilidad.

La ley dijo, hay que vivirla como un instrumento de libertad.  Es importante, entender esto, aseveró el Pontífice: vivir la ley como un instrumento de libertad que nos ayuda a ser más libres, a no ser esclavos de las pasiones y del pecado. Las guerras y las calamidades, son fruto de las pasiones afirmó, y la gente que hace las guerras no sabe dominar sus propias pasiones. Cuando se cede a las pasiones no somos protagonistas de la propia vida, somo incapaces de manejarla con voluntad y responsabilidad. 

Las cuatro antítesis 

El discurso de Jesús está estructurado en cuatro antítesis, expresadas con la fórmula “Habéis entendido que se dijo… pero yo os digo”. Estas antítesis se refieren a otras tantas situaciones de la vida cotidiana: asesinato, adulterio, divorcio, juramentos. Jesús, afirmó el Pontífice, nos anima a pasar de una observancia formal de la Ley a una observancia sustancial, aceptando la Ley en nuestro corazón, que es el centro de las intenciones, decisiones, palabras y gestos de cada uno de nosotros. Del corazón salen las buenas y las malas acciones.

Aceptar la ley de Dios en nuestro corazón

El Papa dijo que si aceptamos la Ley de Dios en nuestros corazones entendemos que cuando no amamos a nuestro prójimo, hasta cierto punto, nos matamos a nosotros mismos y a los demás, porque el odio, la rivalidad y la división matan la caridad fraternal que es la base de las relaciones interpersonales. Y esto vale, añadió, por  lo que dije de las guerras, porque la lengua mata. 

Si aceptamos la Ley de Dios en el corazón, podremos guiar nuestros deseos, comprenderemos que “hay que abandonar un estilo de vida de promesas rotas, no mantenidas, así como pasar de la prohibición del perjurio a la decisión de no jurar en absoluto, asumiendo la actitud de plena sinceridad con todos”.

Jesús nos ama y nos tiende su mano cada día

“Pero Jesús es consciente de que no es fácil vivir los Mandamientos de una manera total y tan profundamente. Por eso nos ofrece la ayuda de su amor: vino al mundo no sólo para cumplir la Ley, sino también para darnos su gracia, para que podamos hacer la voluntad de Dios, amándolo a él y a nuestros hermanos y hermanas”. Porque, como afirmó, todopodemos hacer con la gracia de Dios, la santidad no es más que el custodiar esta gratuidad que Dios nos ha dado, esta gracia. 

Por último, el Santo Padre nos dijo que confiemos en Jesús, acojamos su mano que nos tiende constantemente, para que nuestros esfuerzos y nuestro compromiso puedan ser sostenidos por su ayuda, llena de bondad y misericordia.

Hoy Jesús nos pide que avancemos en el camino del amor que nos ha mostrado y que comienza desde el corazón. Esta es la manera de vivir como cristianos.

Publicada la Exhortación post-sinodal sobre la Amazonia (leer aquí). El documento traza nuevos caminos de evangelización y cuidado del ambiente y de los pobres. Francisco desea un nuevo impulso misionero y alienta el papel de los laicos en las comunidades eclesiales.

“La querida Amazonia se muestra ante el mundo con todo su esplendor, su drama, su misterio”. Así comienza la Exhortación apostólica post-sinodal, Querida Amazonia. El Pontífice, en los primeros puntos (2-4) explica “el sentido de esta Exhortación” llena de referencias a documentos de las Conferencias Episcopales de los países amazónicos, pero también a poemas de autores relacionados con la Amazonia. Hace hincapié en que desea “expresar las resonancias” que el Sínodo ha provocado en él. Y precisa que no pretende sustituir ni repetir el Documento Final que nos invita a leer “íntegramente”, esperando que toda la Iglesia se deje “enriquecer e interpelar” por él y que la Iglesia de la Amazonia se comprometa “en su aplicación”. Francisco comparte sus “Sueños para la Amazonia” (5-7), cuyo destino debe preocupar a todos, porque esta tierra también es “nuestra”. Formula “cuatro grandes sueños”: que la Amazonia “luche por los derechos de los más pobres”, “preserve la riqueza cultural”, “custodie celosamente la abrumadora hermosura natural” y, por último, que las comunidades cristianas sean “capaces de entregarse y encarnarse en la Amazonia”.

El sueño social: Que la Iglesia esté al lado de los oprimidos

El primer capítulo de Querida Amazonia se centra en el “Sueño social” (8). Destaca que “un verdadero planteo ecológico” es también un “planteo social” y, si bien aprecia el “buen vivir” de los indígenas, advierte contra el “conservacionismo” que solo se preocupa por el medioambiente. En tonos vibrantes, habla de “injusticia y crimen” (9-14). Recuerda que Benedicto XVI ya había denunciado “la devastación ambiental de la Amazonia”. Los pueblos originarios, advierte, sufren el “sometimiento” tanto de los poderes locales como de los externos. Para el Papa las operaciones económicas que alimentan la devastación, los asesinatos, la corrupción, merecen el nombre de “injusticia y crimen”. Y con Juan Pablo II reitera que la globalización no debe convertirse en un nuevo colonialismo.

Que los pobres sean escuchados sobre el futuro de la Amazonia

Ante tal injusticia, el Pontífice pide “indignarse y pedir perdón” (15-19). Para Francisco son necesarias “redes de solidaridad y desarrollo” y llama al compromiso de todos, incluyendo a los líderes políticos. A partir de aquí, el Papa se detiene en el tema del “sentido comunitario” (20-22). Recuerda que para los pueblos amazónicos las relaciones humanas “están impregnadas por la naturaleza circundante”. Por esta razón, escribe, viven como un verdadero “desarraigo” cuando son “obligados a emigrar a la ciudad”. La última parte del primer capítulo está dedicada a las “Instituciones dañadas” (23-25) y al “Diálogo social” (26-27). El Papa denuncia el mal de la corrupción que envenena al Estado y sus instituciones. Y espera que la Amazonia se convierta en “un lugar de diálogo social”, en primer lugar, “con los últimos”. La de los pobres, advierte, ha de ser “la voz más potente” en la Amazonia.

El sueño cultural: cuidar el poliedro amazónico

El segundo capítulo está dedicado al “Sueño cultural”. Francisco inmediatamente deja claro que “promover la Amazonia” no significa “colonizarla culturalmente” (28). Así, utiliza una imagen que le es muy querida: “el poliedro amazónico” (29-32). Es necesario luchar contra la “colonización postmoderna”. Para Francisco es urgente “cuidar las raíces” (33-35). Citando a Laudato si’ y Christus vivit, subraya que la “visión consumista del ser humano” tiende a “homogeneizar las culturas” y esto repercute especialmente en los jóvenes. A ellos, el Papa les pide “hacerse cargo de las raíces”, que “recuperen la memoria dañada”.

No a un indigenismo cerrado, sino a un encuentro intercultural

La Exhortación se centra entonces en el “encuentro intercultural” (36-38). Incluso las “culturas supuestamente más evolucionadas”, observa, pueden aprender de los pueblos que “desarrollaron un tesoro cultural estando enlazadas con la naturaleza”. La diversidad, por lo tanto, no es “una frontera”, sino “un puente”, y dice no a un “indigenismo completamente cerrado”. La última parte del capítulo II está dedicada al tema “culturas amenazadas, pueblos en riesgo” (39-40). En cualquier proyecto para la Amazonia, es su recomendación, “hace falta incorporar la perspectiva de los derechos de los pueblos”. Estos, añade, difícilmente podrán “quedar indemnes” si el entorno en el que nacieron y se desarrollaron “se daña”.

El sueño ecológico: Unir el cuidado del ambiente y el de las personas

El tercer capítulo, “Un Sueño Ecológico”, es el que se relaciona más inmediatamente con la Encíclica Laudato si’. En la introducción (41-42) se destaca que en la Amazonia existe una estrecha relación del ser humano con la naturaleza. El cuidado de nuestros hermanos como el Señor nos cuida, reitera, “es la primera ecología que necesitamos”. El cuidado del medioambiente y el cuidado de los pobres son “inseparables”. Francisco, entonces, vuelca su atención al “sueño hecho de agua” (43-46). Cita a Pablo Neruda y a otros poetas locales sobre la fuerza y la belleza del río Amazonas. Con sus poemas, escribe, “nos ayudan a liberarnos del paradigma tecnocrático y consumista que destroza la naturaleza”.

Escuchar el grito del Amazonas, que el desarrollo sea sostenible

Para el Papa, es urgente escuchar “el grito de la Amazonia” (47-52). Recuerda que el equilibrio planetario depende de su salud. Hay, escribe, fuertes intereses no solo locales, sino también internacionales. La solución, por lo tanto, no es la “internacionalización” de la Amazonia, sino que debe crecer “la responsabilidad de los gobiernos nacionales”. El desarrollo sostenible, continúa, requiere que los habitantes estén siempre informados sobre los proyectos que les conciernen y espera la creación de “un sistema normativo” con “límites infranqueables”. Así, invita a la “Profecía de la contemplación” (53-57). Escuchando a los pueblos originarios, subraya, podemos amar a la Amazonia “y no solo utilizarla”; podemos encontrar en ella “un lugar teológico, un espacio donde Dios mismo se muestra y convoca a sus hijos”. La última parte del capítulo III se centra en la “Educación y los hábitos ecológicos” (58-60). El Papa señala que la ecología no es una cuestión técnica, sino que siempre incluye “un aspecto educativo”.

El sueño eclesial: Desarrollar una Iglesia con rostro amazónico

El último capítulo, el más contundente, está dedicado “más directamente” a los pastores y fieles católicos y se centra en el “Sueño eclesial”. El Papa invita a “desarrollar una Iglesia con rostro amazónico” a través de un “gran anuncio misionero” (61), un “anuncio indispensable en la Amazonia” (62-65). Para el Papa no basta con llevar un “mensaje social”. Estos pueblos tienen “derecho al anuncio del Evangelio”, de lo contrario “cada estructura eclesial se convertirá” en una ONG. Una parte sustancial se dedica entonces a la inculturación. Retomando la Gaudium et Spes, habla de la “inculturación” (66-69) como un proceso que lleva “a la plenitud a la luz del Evangelio” lo bueno que existe en las culturas amazónicas.

Una renovada inculturación del Evangelio en la Amazonia

El Papa mira más profundamente, señalando los “Caminos de inculturación en la Amazonia” (70-74). Los valores presentes en las comunidades originarias, escribe, deben ser “recogidos en la evangelización”. Y en los dos párrafos siguientes se centra en la “inculturación social y espiritual” (75-76). El Papa señala que, dada la pobreza de tantos habitantes de la Amazonia, la inculturación debe tener un “perfume marcadamente social”. Al mismo tiempo, sin embargo, la dimensión social debe integrarse con la dimensión “espiritual”.

Sacramentos accesibles a todos, especialmente a los pobres

La Exhortación indica entonces los “puntos de partida para una santidad amazónica” (77-80) que no deben copiar “modelos de otros lugares”. Destaca que “es posible recoger de alguna manera un símbolo indígena sin calificarlo necesariamente de idolatría”. Se puede valorar, añade, un mito “cargado de sentido espiritual” sin considerarlo necesariamente “un error pagano”. Lo mismo se aplica a algunas fiestas religiosas que, aunque requieren un “proceso de purificación”, “contienen un significado sagrado”.

Otro pasaje significativo de Querida Amazonia es sobre la inculturación de la liturgia (81-84). El Pontífice constata que el Concilio Vaticano II había pedido un esfuerzo de “inculturación de la liturgia en los pueblos indígenas”. También recuerda, en una nota al texto, que en el Sínodo “surgió la propuesta de elaborar un rito amazónico”. Los sacramentos, exhorta, “deben ser accesibles, sobre todo para los pobres”. La Iglesia, enfatiza recordando a Amoris laetitia, no puede convertirse en una “aduana”.

Que los obispos latinoamericanos envíen misioneros a la Amazonia

Vinculado a esto está el tema de “la inculturación de la ministerialidad” (85-90) al que la Iglesia debe dar una respuesta “valiente”. Para el Papa debe garantizarse “una mayor frecuencia de la celebración de la Eucaristía”. A este respecto, reitera, es importante “determinar qué es lo más específico del sacerdote”. La respuesta, se lee, está en el sacramento del Orden que habilita solo al sacerdote para presidir la Eucaristía. ¿Cómo, entonces, “asegurar ese ministerio sacerdotal” en áreas remotas? Francisco exhorta a todos los obispos, especialmente a los latinoamericanos, “a ser más generosos”, orientando a aquellos que “muestran vocación misionera” a elegir la Amazonia y los invita a revisar la formación de los sacerdotes.

Favorecer un protagonismo de los laicos en la comunidad

Después de los sacramentos, Querida Amazonia se detiene en las “comunidades repletas de vida” (91-98) en las que los laicos deben asumir “responsabilidades importantes”. Para el Papa, de hecho, no se trata “solo de facilitar una mayor presencia de ministros ordenados”, un objetivo “limitado” si no se suscita “nueva vida en las comunidades”. Por lo tanto, se necesitan nuevos “servicios laicales”. Solo a través de un “contundente protagonismo de los laicos”, reitera, la Iglesia podrá responder a los “desafíos de la Amazonia”. Para el Pontífice, las personas consagradas ocupan también un lugar especial, al tiempo que recuerda el papel de las comunidades de base que han defendido los derechos sociales y alienta en particular la actividad de la REPAM y de los “equipos misioneros itinerantes”.

Nuevos espacios para las mujeres, pero sin “clericalizaciones”

El Papa dedica un espacio propio a la fuerza y al don de las mujeres (99-103). Reconoce que en la Amazonia algunas comunidades se han mantenido solo “gracias a la presencia de mujeres fuertes y generosas”. Sin embargo, advierte que no se debe reducir “la Iglesia a estructuras funcionales”. Si este fuera el caso, de hecho, solo se les daría un papel si tuvieran acceso al Orden Sagrado. Para el Papa la clericalización de la mujer debe ser rechazada, aceptando en cambio la contribución según el modo femenino que prolonga “la fuerza y la ternura de María”. Él alienta el surgimiento de nuevos servicios femeninos, que – con el reconocimiento público de los obispos – incidan en las decisiones de las comunidades.

Que los cristianos luchen unidos para defender a los pobres de la Amazonia

Para el Papa es necesario “ampliar horizontes más allá de los conflictos” (104-105) y dejarnos desafiar por la Amazonia para “superar perspectivas limitadas” que “se quedan clausuradas en aspectos parciales”. El capítulo IV termina con el tema de la “Convivencia ecuménica e interreligiosa” (106-110). El Papa invita a los creyentes a “encontrar espacios para conversar y para actuar juntos por el bien común”. “¿Cómo no luchar juntos? – pregunta Francisco- ¿Cómo no orar juntos y trabajar codo con codo para defender a los pobres de la Amazonia?”

Confiemos la Amazonia y sus pueblos a María

Francisco concluye Querida Amazonia con una oración a la Madre de la Amazonia (111). “Madre, mira a los pobres de la Amazonia”, recita un pasaje de su oración, “porque su hogar está siendo destruido por intereses mezquinos (…) Toca la sensibilidad de los poderosos, porque aunque sentimos que ya es tarde nos llamas a salvar lo que todavía vive”.

En el marco de 115° Asamblea Ordinaria del Episcopado Peruano, este martes 21 de enero, los Obispos del Perú, encabezados por su Presidente, Monseñor Miguel Cabrejos OFM, también Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), analizaron la realidad política y social del Perú y del ámbito latinoamericano.

Por tal motivo, recibieron a los expertos en análisis político y social: los politólogos Óscar Vidarte Arévalo y Rolando Ames Cobián y el periodista Augusto Álvarez Rodrich.

El doctor Óscar Vidarte, experto en Relaciones Internacionales y docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, presentó un panorama de la realidad latinoamericana, en especial la crisis acontecida en el último trimestre del año pasado en países como Chile, Bolivia, Colombia y Ecuador. Por su parte, el doctor Rolando Ames, sociólogo y docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, presentó un análisis sobre el estado de nuestra democracia a puertas de realizarse las Elecciones Parlamentarias de este domingo 26 de enero. A su turno, el economista y periodista Álvarez Rodrich expuso las perspectivas del Perú con miras a la próxima elección presidencial del 2021.

La Asamblea de los Obispos del Perú continúa este miércoles con la elección del Secretario General, el Presidente del Consejo Económico y el miembro del Consejo Permanente por la Selva, lugar que ocupó Monseñor Miguel Olaortúa OSA, fallecido en noviembre del año pasado.

El jueves se realizará la entrega de la Medalla de Santo Toribio de Mogrovejo del Episcopado Peruano a las personas e instituciones que trabajan a favor de la Iglesia en el Perú. El viernes 24 culmina la Asamblea con la develación del busto del Cardenal Juan Landázuri Ricketts, Arzobispo de Lima y Primado del Perú entre 1954 y 1989.

“Todos somos miembros de la única familia humana”: de allí emana “el deber moral de cuidar unos de otros”, y, por este motivo, “es necesario situar a la persona humana en el centro mismo de la política”. Lo dice el Papa Francisco a los participantes en el Foro Mundial de Davos, que estos días reflexionarán bajo el tema “Stakeholders for a Cohesive and Sustainable World “, traducible como “Grupos de interés para un mundo Coherente y Sostenible”.

La reunión anual del Foro Económico Mundial se lleva a cabo en Davos, Suiza, en su cincuenta edición, del 21 al 24 enero 2020. Convoca jefes de estado, políticos, empresarios, académicos, representantes de la sociedad civil y asociaciones no gubernativas. El Papa Francisco se hizo presente con un mensaje dirigido al profesor Klaus Schwab, Presidente Ejecutivo del encuentro, a través del cual quiso enviar sus saludos y asegurar su oración por todos los que participan en el mismo.

En el mensaje el Papa se refiere en primer lugar a las transformaciones geopolíticas y los cambios de los últimos cincuenta años, “desde la economía y los mercados laborales hasta la tecnología digital y el medio ambiente”, y constata que si bien “muchos de estos desarrollos han beneficiado a la humanidad”, otros “han tenido efectos adversos y han creado importantes lagunas en el desarrollo”. Aunque los desafíos actuales “no son los mismos que los de hace medio siglo”, observa, “hay una serie de aspectos que siguen siendo relevantes al comenzar una nueva década”.

Somos miembros de una única familia humana

El primer y “primordial” aspecto que señala es que “todos somos miembros de la única familia humana”: de allí emana “el deber moral de cuidar unos de otros”, y, por este motivo, “es necesario situar a la persona humana en el centro mismo de la política”. Se trata de un deber que “incumbe tanto a los sectores empresariales como a los gobiernos”, y que es “indispensable en la búsqueda de soluciones equitativas a los desafíos que enfrentamos”, afirma. De ahí que según él sea necesario “ir más allá de los enfoques tecnológicos o económicos a corto plazo y tener plenamente en cuenta la dimensión ética”, tanto “en la búsqueda de soluciones a los problemas actuales” como “en la propuesta de iniciativas para el futuro”.

Pisotear la dignidad del otro es disminuir el propio valor

El Santo Padre también observa cómo, con “demasiada frecuencia”, las visiones “materialistas o utilitarias conducen a prácticas y estructuras motivadas en gran parte, o incluso únicamente, por el interés propio”: “Esto suele considerar a los demás como un medio para alcanzar un fin y conlleva una falta de solidaridad y de caridad, que a su vez da lugar a una verdadera injusticia, mientras que un desarrollo humano verdaderamente integral – asegura – sólo puede prosperar cuando todos los miembros de la familia humana están incluidos en la búsqueda del bien común y contribuyen a él”.  â€œEn la búsqueda de un verdadero progreso – añade – no olvidemos que pisotear la dignidad de otra persona es, de hecho, disminuir el propio valor”.

Una mirada “más integral e integradora”

Recordando cuanto afirmado en su Encíclica Laudato si’ sobre la necesidad de una “ecología integral”, el Santo Padre hace presente también la necesidad de una visión humanista que convoque a los distintos saberes, “también al económico”, hacia una mirada “más integral e integradora”.

Por último, deseando que las deliberaciones de los participantes conduzcan a un “crecimiento de la solidaridad, especialmente con los más necesitados, que experimentan la injusticia social y económica y cuya existencia misma está incluso amenazada”,  y reiterando la responsabilidad moral que todos tenemos de “buscar el desarrollo integral de todos”, invoca sobre los participantes “las bendiciones de sabiduría de Dios”.

En el inicio de la 115ª Asamblea Plenaria del Episcopado Peruano, Monseñor Miguel Cabrejos OFM, Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), presidió la Celebración Eucarística en compañía de los obispos del Perú, en la Parroquia San Antonio de Padua, en el distrito de Jesús María.

También se hicieron presentes el Cardenal Pedro Barreto, Arzobispo de Huancayo y Primer Vice Presidente de la CEP; Mons. Carlos Castillo, Arzobispo de Lima y Primado del Perú; Mons. Nicola Girasoli, Nuncio Apostólico en el Perú; los obispos Auxiliares de Lima, Mons. Rodríguez y Mons. Elías; Mons. Robert Prevost, Obispo de Chiclayo y Segundo Vice Presidente de la CEP; Mons. Norberto Strotmann, Obispo de Chosica y Secretario General de la CEP;

Durante su homilía, Mons. Cabrejos destacó la importancia de “vivir el Evangelio en el orden social, cultural, económico, político y en el mundo de las comunicaciones”.

También resaltó las “características indispensables en el ser y en el actuar de cada Obispo” empezando por ser “animador del Evangelio”, porque un obispo debe  “acompañar al pueblo de Dios en sus desafíos y angustias”, pero teniendo en cuenta que el acompañamiento “no debe ser impersonal, sino al estilo de Jesús, con compasión y sanando heridas”.

“La tercera característica es servir”– expresó el Presidente del CELAM – “ejercer el ministerio con el corazón propio y siendo humilde es un reto, pero es una forma de gobierno verdaderamente única en el mundo”.

Otra característica mencionada por el Obispo es el discernimiento: “discernir requiere tiempo, paciencia y la ayuda incesante del Espíritu Santo, ante la complejidad de los asuntos que se nos presentan diariamente” – y agregó que el discernimiento es necesario para “conocer la voluntad de Dios”.

Para finalizar, el Arzobispo de Trujillo hizo énfasis en que la única forma que tienen los Obispos de mostrar su gran amor a Dios es “amando inmensamente a sus ovejas, a su pueblo, no hay otra forma”.

Al concluir la Celebración Eucarística, los 52 Obispos de las 46 jurisdicciones eclesiásticas del Perú se dirigieron a la sede de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), para dar inicio a las sesiones de la 115ª Asamblea Plenaria donde los Obispos trabajarán sobre diversos temas, en espíritu de comunión y sinodalidad, por el bien de la Iglesia, y analizarán, también, los últimos acontecimientos que vive el país. 

María, José y Jesús, representan una respuesta “coral a la voluntad del Padre”: ellos se ayudan recíprocamente a realizar el proyecto de Dios, rezando, trabajando y comunicándose. Que ellos, dijo el Papa en su reflexión de hoy, “sean modelo” para nuestras familias, a fin de que padres e hijos “se sostengan mutuamente en la adhesión al Evangelio, fundamento de la santidad de la familia”.

En la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret el Papa Francisco se asomó a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico Vaticano, para rezar junto con los fieles y peregrinos la oración mariana del Ángelus. A María, “Reina de la familia”, encomendó a todas las familias del mundo, especialmente a las probadas por el sufrimiento o el malestar.

En su meditación antes del rezo mariano, fue puesta de manifiesto la obediencia de María, la de José y la del mismo Jesús, que es “la voluntad del Padre”. Ellos, dijo el Pontífice, adhirieron “libre y responsablemente” al proyecto de Dios. La Sagrada Familia de Nazaret “estuvo totalmente disponible a la voluntad de Dios”.

La obediencia en la docilidad de María

Centrándose en cada uno de los miembros de esta familia, el Santo Padre destacó primeramente la “docilidad” de María a la acción del Espíritu Santo, que le pide que se convierta en la Madre del Mesías:  

María, como toda joven mujer de su tiempo, estaba a punto de realizar su proyecto de vida, es decir, casarse con José. Pero cuando se da cuenta de que Dios la llama a una misión particular, no duda en proclamarse su “sierva” (cf. Lc 1,38).

El Papa señaló que de María, Jesús exalta su grandeza, y lo hace “no tanto por su papel de madre, sino por su obediencia a Dios”. Aun cuando Ella “no comprende plenamente los acontecimientos que la involucran”, en silencio “medita, reflexiona y adora la iniciativa divina”. Y su presencia al pie de la Cruz “consagra” esta disponibilidad total suya.

La obediencia en la acción de José

De José, Francisco resaltó su obediencia en la acción, puesto que el Evangelio “no nos deja ni una sola palabra”, porque “él no habla, sino que actúa obedeciendo”. José es “el hombre del silencio, el hombre de la obediencia”, dijo. Y recordó que la página del Evangelio del día (cf. Mt 2,13-15.19-23) alude bien tres veces a la obediencia del “justo José”, quien “bajo la guía de Dios, representado por el ángel” “aleja a su familia de las amenazas de Herodes y la salva”.

De este modo la Sagrada Familia se solidariza con todas las familias del mundo que se ven obligadas al exilio; se solidariza con todos aquellos que se ven constreñidos a abandonar su propia tierra a causa de la represión, de la violencia y de la guerra.

Jesús, la voluntad del Padre

“Finalmente, – continuó el Papa – la tercera persona de la Sagrada Familia, Jesús. Él es la voluntad del Padre: en Él – dice san Pablo – no hubo ni ‘sí’ y ‘no’, sino sólo ‘sí'”.  (cf. 2 Co 1,19).

Francisco señaló que la obediencia de Jesús “se manifestó en muchos momentos de su vida terrenal”, y puso como ejemplo el episodio en el templo, cuando sus padres, angustiados, lo buscaban. A ellos Jesús respondió: “¿No saben que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre” (Lc 2,49). También recordó el constante repetir del Maestro: “Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me ha enviado”. Y su oración en el Huerto de los Olivos: “Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, que se cumpla tu voluntad” (Mt 26,42).

Todos estos eventos – aseguró el Santo Padre – son la realización perfecta de las mismas palabras de Cristo que dice: “Tú no has querido ni sacrificio ni ofrenda […]. Entonces he aquí que vengo […] a hacer, oh Dios, tu voluntad”. (Heb 10.5-7; Sal 40.7-9).

Es necesario retomar la comunicación en la familia

María, José y Jesús “rezaban, trabajaban, se comunicaban”, continuó diciendo el Papa, y, he aquí que la pregunta que le surgió espontánea en este día fue: “¿tú, en tu familia, sabes comunicarte, o eres como esos chicos en que la mesa, cada uno con el teléfono móvil, está chateando?”

Debemos retomar la comunicación en familia: los padres con los hijos, con los abuelos, los hermanos entre sí… Es una tarea que hay que hacer hoy, precisamente en el Día de la Sagrada Familia.

La Sagrada Familia de Nazaret, respuesta “coral” a la voluntad del Padre

La Sagrada Familia de Nazaret representa “una respuesta coral a la voluntad del Padre”: ellos se ayudan recíprocamente a realizar el proyecto de Dios, rezando, trabajando y comunicándose. “Que ellos -concluyó el Papa en su reflexión de hoy, – sean modelo para nuestras familias, a fin de que padres e hijos se sostengan mutuamente en la adhesión al Evangelio, fundamento de la santidad de la familia”.

Encomendamos a María “Reina de la familia” a todas las familias del mundo, especialmente a las que están extenuadas por el sufrimiento o las dificultades, e invocamos sobre ellas la protección divina.

A la hora del rezo mariano del Ángelus el Santo Padre Francisco reflexionó sobre el Evangelio dominical y pidió por intercesión de la Virgen María que vivamos el Adviento como un tiempo de gracia, “sin dejarnos distraer por cosas externas”, “haciendo un espacio en el corazón para Jesús, que quiere sanar nuestras enfermedades y darnos su alegría”; ya que para volver a nacer “no es suficiente creer en Dios, sino que hay que purificar nuestra fe todos los días”.

El 15 de diciembre, tercer domingo de Adviento, también conocido como “domingo de la alegría”, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus asomado desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano, acompañado de miles de fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.

En alusión al Evangelio del día que narra la duda planteada por Juan el Bautista desde la cárcel al haber oído las obras del Mesías, quien manda a preguntar a Jesús “si es Él quien ha de venir o si en su lugar tenemos que esperar a otro”; el Papa destaca la respuesta del Maestro: Â«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí».

La salvación envuelve al hombre por completo

Esta descripción nos muestra -dice Francisco- que la salvación envuelve al hombre por completo y lo regenera. Se trata en definitiva de que para salvarnos y nacer a la vida eterna, es necesario que muera nuestro pecado.

“Pero este nuevo nacimiento, con la alegría que lo acompaña-continúa argumentando el Papa- siempre presupone una muerte para nosotros y para el pecado que está en nosotros. De ahí el llamado a la conversión, que es la base de la predicación tanto del Bautista como de Jesús; y que puntualmente se trata de convertir la idea que tenemos de Dios”.

El Adviento nos anima a volver a nacer

En este sentido, el Pontífice afirma que el tiempo de Adviento nos anima a volver a nacer, precisamente con la pregunta que Juan el Bautista le hace a Jesús: “¿Eres tú quien tiene que venir o debemos esperar a otro?” (Mt 11,3).

Una pregunta totalmente natural teniendo en cuenta- explica el Papa- que durante toda la vida, “Juan ha estado esperando al Mesías; su estilo de vida, su propio cuerpo está plasmado por esta espera”.

Es necesario purificar la fe todos los días

“Esta es también la razón por la cual Jesús lo alaba con estas palabras: nadie es más grande que el que nació de una mujer (ver Mt 11,11). Y sin embargo, él también tuvo que convertirse a Jesús. Al igual que Juan, nosotros también estamos llamados a reconocer el rostro que Dios ha elegido asumir en Jesucristo, humilde y misericordioso”, añade Francisco en su reflexión.

Asimismo, el Santo Padre recuerda que el Adviento, “tiempo de gracia”, nos dice que no basta solo con creer en Dios: “es necesario purificar nuestra fe todos los días. Tenemos que prepararnos para dar la bienvenida no a un personaje de cuento de hadas, sino al Dios que nos llama, nos involucra y ante quien se impone una elección: el Niño que yace en el Pesebre tiene el rostro de nuestros hermanos y hermanas más necesitados, de los pobres que son los privilegiados de este misterio y, a menudo, los que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros” (Carta a Admirabile signum, 6).

No dejarnos distraer por cosas externas

Y con el fin de lograr este compromiso, el Papa concluye pidiendo que la Virgen María nos ayude, para que “a medida que nos acercamos a la Navidad, no nos dejemos distraer por cosas externas, sino que hagamos espacio en el corazón para Aquel que ya ha venido y quiere volver para sanar nuestras enfermedades y darnos su alegría”.